Noventa años del nacimiento de Amílcar Cabral

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El próximo 12 de septiembre se cumplirán noventa años del nacimiento de un desconocido y al mismo tiempo singular pensador, revolucionario y héroe de las luchas de la independencia africanas: Amílcar Lopes Cabral, líder del PAIGC (Partido Africano pela Independência da Guiné e Cabo Verde) y cabeza visible del movimiento independentista de Guinea-Bissau y Cabo Verde en su lucha contra el dominio colonial del Portugal salazarista. Su nombre no ha traspasado fronteras ni forma parte hoy día del imaginario colectivo mundial como pueden hacerlo otras personalidades como Nelson Mandela, Mahatma Gandhi o Yasser Arafat, pero a su pensamiento y obra merecen la pena darles un repaso, más aún si cabe en esta singular efeméride.

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Amílcar Cabral con los colores del PAIGC, el partido-movimiento independentista de Guinea Bissau y Cabo Verde que fundó y lideró.

Amílcar Cabral nació en 1924 en Bafatá, localidad de la entonces Guinea portuguesa, hijo de Juvenal Lopes Cabral, natural de Cabo Verde, y de Iva Pinhel Évora, guineana. El hecho de que sus padres fueran naturales de estas entonces dos colonias portuguesas y de que su infancia transcurriera entre Cabo Verde y Guinea-Bissau pudo llevarle, desde una perspectiva sentimental, que luego refrendaría en análisis y escritos, a propugnar la unión de ambos en un solo país, o al menos una federación de estados. Sus consideraciones unitarias, sus puntos de vista igualitarios y meritocráticos y su pensamiento para el desarrollo de las modernas sociedades africanas independientes, en las que la tradición no debía ser un obstáculo para la justicia, iban a ser, sin embargo, hechos que acabarían mezclándose trágicamente para acabar con su vida.

ESTUDIANTE BRILLANTE Y SENSIBLE LITERATO

A los ocho años de edad de Amílcar -un nombre escogido en homenaje precisamente a un héroe africano mucho más lejano en el tiempo, el general cartaginés Amílcar Barca-, la familia se desplaza desde la Guinea portuguesa a Cabo Verde. El padre, Juvenal, es un profesor de afición por la Agronomía y con especial sensibilidad por los temas sociales, algo que inculcará a su hijo. La faceta de Juvenal, sin embargo, tiene que realizarse de forma muy respetuosa y cauta, habida cuenta de que delante está una potencia colonizadora que, además, está gobernada por un régimen autoritario de corte fascista como el “Estado Novo” instaurado tras el golpe de Braga de 1926 y diseñado y construido por António de Oliveira Salazar a lo largo de los años treinta. Juvenal Cabral escribe al ministro de Colonias, proponiéndole una mejora de las condiciones de la agricultura caboverdiana, afectada por la sequía; habla y expone a su hijo Amílcar sus preocupaciones e ideas; escribe un libro, “Memórias e Reflexões”, donde refleja su pensamiento. Portugal, en aquellos años -década de los cuarenta- actúa sin embargo enviando un fuerte contingente militar mientras la población local, fuertemente castigada por la sequía y el hambre, emigra a Angola y otras colonias portuguesas o atraviesa el océano en dirección a América.

Las ideas reformadoras del padre y el sacrificio y entrega de la madre, Iva -mujer cuyo ejemplo de coraje en un contexto de necesidad familiar, que se pasa las noches realizando labores de costura para ayudar a la economía doméstica, le servirá para concienciar a los jóvenes que se unan al PAIGC del valor del esfuerzo y del trabajo- formarán parte del imaginario de luchador de Amílcar, algo que tratará de inculcar en sus compañeros de lucha por la independencia.

En Cabo Verde desarrolla sus estudios de Primaria y Secundaria. Sus notas son extraordinarias, y muestra su faceta literaria, publicando sus primeros poemas con el sobrenombre de Larbac (su apellido al revés). Una literatura muy unida a África y que seguirá viva en su adolescencia y juventud y que le llevará a frecuentar, ya en Lisboa, en la universidad, a otros jóvenes de las colonias con sus mismas inquietudes, no sólo literarias, sino también políticas: los angoleños Agostinho Neto y Mário de Andrade, Marcelino dos Santos, Viriato da Cruz…

Antes de partir para la metrópoli, donde cursará estudios en la Escuela de Ingenieros Agrónomos de Lisboa -carrera que escoge por las charlas con su padre, que le transmite sus inquietudes por el campo y la agricultura de Cabo Verde-, se emplea como aprendiz en la delegación del archipiélago de la Imprenta Nacional lusa. Espera la concesión de una beca.

EN LA METRÓPOLI

Amílcar Cabral llega a Lisboa en 1945. La Segunda Guerra Mundial acaba, con la derrota de las potencias fascistas del Eje Roma-Berlín y del militarismo japonés, aliado de los primeros. En la península Ibérica, las esperanzas de los demócratas renacen, esperando que los aliados restauren la República en España, sangrientamente derrocada por los militares rebeldes encabezados por Franco en la Guerra Civil, y que finiquiten igualmente el “Estado Novo” de Salazar en Portugal. Unas esperanzas que, sin embargo, la política internacional de posguerra y el inicio de la “Guerra Fría” acabarán por diluir como una gota en un océano.

En ese ambiente, Amílcar se adhiere a manifiestos de adhesión de los movimientos democráticos, participa en asambleas de estudiantes antifascistas, de forma activa, pues su atractivo personal y su manera de expresarse, más allá del hecho de ser el único estudiante de color participante en las mismas, le confieren una gran popularidad. “Todo el mundo hablaba de él. Elogiaban su inteligencia y él, era, además, simpático y extrovertido”, recuerda su primera mujer, Maria Helena de Athayde Vilhena Rodrigues, a la que conoció en la universidad. Otros compañeros y amigos recuerdan a Amílcar como un individuo de dinamismo contagioso, gran sentido del humor y enorme capacidad de hacer amistades. “Mi hermano conseguía hacer amigos en todas partes”, dice su hermano Luís Cabral, quien sería el primer presidente de la Guinea-Bissau independiente. Y para corroborar esa capacidad de hacer amistades, hasta de las más variopintas, añade que, para la época de la actividad armada del PAIGC, “fue por amistad que los soviéticos nos proporcionaron los misiles con los que conseguíamos mantener a raya a la aviación portuguesa. El magnate italiano Pirelli era amigo suyo y nos proporcionó los trajes de oficial que utilizábamos. Todo por su amistad y simpatía.”

Imagen3Será allí, en el Portugal metropolitano, tan lejos de África, donde tomará cuerpo en la mente de Amílcar Cabral la necesidad de que las colonias portuguesas en el continente, y en su caso particular Guinea y Cabo Verde, recobren su libertad y hagan su propio camino. Un “regreso a África” que otros estudiantes procedentes de las colonias, llamadas por el régimen salazarista “provincias de Ultramar” en un intento de reflejar la continuidad de la patria portuguesa más allá de la metrópoli (de que Braganza y Cabinda, el Alentejo y Angola o las tierras del Miño y Cabo Verde eran todo un inmenso e indivisible Portugal) tendrán también presente. Escribe: “millones de individuos necesitan de mi contribución a esa lucha difícil que realizan contra la naturaleza y los propios hombres (…) Allí, en África, a pesar de las ciudades modernas y bellas de la costa, hay todavía millares de seres humanos que viven en los abismos más profundos”. Es la expresión de una toma de conciencia que le llevará, durante los años siguientes, a oponerse al colonialismo portugués.

Es la literatura, esa su pasión juvenil que cultivaba en Cabo Verde con el seudónimo de Larbac, lo que despierta durante su estancia en Lisboa esa “conciencia africana”. En los años cuarenta del siglo pasado en Portugal se fundaron las casas de estudiantes mozambiqueños, angoleños y “del Imperio”. Algunas de estas editaron pequeñas revistas de difusión literaria, siendo Mensagem la más importante. En ese ambiente circularon Agostinho Neto, Viriato da Cruz, Mario de Andrade, y el propio Amílcar. Allí se darían a conocer, siquiera modestamente,  la literatura y el pensamiento literario más vinculado a la africanidad: Harlem Renaissance, el panafricanismo, pero sobre todo la literatura brasileña tanto de poesía y ficción como de ideas. Y la “Anthologie de la nouvelle poésie négre et malgache, de Léopold Sédar Senghor, intelectual y político africano que sería héroe de la independencia del Senegal, y su primer presidente. Esta obra marcará profundamente a Amílcar Cabral, base para sus posteriores reflexiones sobre la “negritud” y la conciencia africana.

Esa conciencia africana, de la que se ven imbuidos otros compañeros estudiantes de las colonias y que formarán parte también de los posteriores movimientos de liberación en Angola, Mozambique, hará que Amílcar y esos otros colegas de estudio formen el Centro de Estudos Africanos, en casa de la santomense Alda Espírito Santo y su familia. La premisa: una “reafricanización de los espíritus”. “Demos a conocer Cabo Verde a los caboverdianos”, dirá en el archipiélago, en correspondencia a lo que acontece en Angola: “Partamos al descubrimiento de Angola”, como reza la divisa de un grupo de jóvenes intelectuales agrupados en torno al poeta Viriato da Cruz.

NEGRITUD Y AFRICANIDAD EN AMÍLCAR CABRAL

Amílcar Cabral, durante la segunda mitad de los sesenta, elabora una teorización sobre la crítica y “discernimiento” cultural del África y en especial del África bajo el dominio portugués, en relación a las necesidades de la lucha de liberación, jugando con tres elementos: personalidad cultural, resistencia al colonialismo y discernimiento de los elementos “positivos” de las culturas africanas. Su retorno al archipiélago, tras sus estudios en Lisboa y su primer trabajo en la Estación Agronómica de Santarém (capital de la región del Ribatejo, en el centro de Portugal) como empleado de los Servicios Forestales, le llevan a teorizar sobre el “espíritu caboverdiano” y a concluir la existencia de una “caboverdianidad”, forjada de un modo interracial -una fusión de los primeros habitantes de las islas, blancos y negros. Los mulatos en las islas son mayoría frente a los negros y ambos lo son frente a la población blanca- y por una historia que es común a la de la Guinea, a la que los portugueses llegaron a la vez que a Cabo Verde, y en la que el hombre se enfrentó al esclavismo y el dominio de una población foránea. Este conocimiento teórico debe ser, asimismo, coherente con la militancia. Para Cabral, el conocimiento de los problemas por parte de la élite intelectual africana, formada en las metrópolis y procedente de la pequeña burguesía, como es su caso, es un deber que estos individuos tienen con la colectividad: “concienciar al hombre de a pie”. “Los cuadros tienen que ilustrar a aquellos que viven en la ignorancia”. Su preocupación por la educación del pueblo será patente cuando, en las zonas liberadas por el PAIGC en Guinea, sean creadas escuelas y lugares de formación laboral para ese hombre corriente.

La recuperación de las raíces culturales de los pueblos colonizados, negadas o distorsionadas por el dominador colonial europeo, será también un elemento importante en el pensamiento de Amílcar. Escribe que para las potencias coloniales “no es posible armonizar la dominación política y económica de un pueblo con la preservación de su personalidad cultural” y que, por ello, el colonialismo precisa de “la negación del proceso histórico de un pueblo, usurpándole la libre gestión del desarrollo de sus fuerzas productivas”, desarrollando conceptos como “asimilación” o “apartheid”. El objetivo de la liberación nacional, que es recuperar el derecho usurpado por la dominación, es decir la liberación de las fuerzas productivas nacionales, es a su vez correlativa de la acción de volver sobre los pasos de la propia cultura del pueblo. Es por ello decisiva la tarea de reafricanización de la cultura del pueblo -una cultura que no ha desaparecido, sino que sigue latente en la memoria, en las tradición oral y en las zonas rurales, tales como aldeas y bosques, en las que el dominio colonial es menos potente- y particularmente de los líderes revolucionarios de las luchas por la independencia.

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Amílcar Cabral y Fidel Castro. Un grupo de voluntarios cubanos estuvieron en la entonces Guinea portuguesa, luchando del lado de los guerrilleros del PAIGC.

Se aprecia en Amílcar un lenguaje marxista.  Él, que ha convivido en Portugal con opositores al régimen de Salazar, entre los que destacan miembros del Partido Comunista Português, y ha vivido, como otros hombres de su generación, el magnético influjo de la victoria revolucionaria y a un tiempo con un claro viso de independencia nacional de los rebeldes de Fidel Castro en Cuba y la importancia que los movimientos socialistas han tenido en la independencia de antiguos dominios coloniales -el Vietnam de Ho Chi Min, la Argelia de Ahmed Ben Bella o la RD del Congo de Patrice Lumumba- será uno de aquellos hombres de su tiempo que verán en el socialismo el complemento necesario para que la independencia de los pueblos sea una realidad completa. Propugna que el PAIGC, el movimiento libertador que fundará en 1956, esté formado por los elementos más honrados, conscientes y trabajadores. Su conducta ha de ser intachable y su lucha el reflejo de las aspiraciones de guineanos y caboverdianos. Nada de divisiones étnicas, nada de discriminaciones por motivos de origen social o del lugar donde se nazca. Sin embargo, la realidad no hará posible que esto se cumpla, y dará pie a que la dificultad con que miembros del PAIGC nacidos en Guinea y Cabo Verde se unen inicialmente a la lucha común acaben por dividir el partido y, a la postre, el sueño de la nación común.

Volviendo a su análisis sobre la cultura africana, Cabral va a referirse al hecho que existen en una cultura elementos “positivos” y “negativos”, por lo que debe procederse al “análisis crítico de las culturas africanas en relación a los movimientos de liberación y a las exigencias del progreso”. En este sentido, debe determinarse cuáles son las contribuciones que la cultura africana ha hecho o puede hacer en la lucha por el progreso y cuáles contribuciones deben recibirse desde otras partes. Amílcar va mostrarse muy crítico con aspectos regresivos de las culturas africanas: gerontocracias, nepotismo, inferioridad social de las mujeres, ritos y prácticas que son incompatibles con el carácter racional y nacional de la lucha. Clama contra el espíritu y contra las costumbres de arrinconar a las mujeres a las tareas tradicionales, incompatibles con una lucha y una política modernas y revolucionarias. “Un miembro del partido no puede tomar varias esposas”, dirá, refiriéndose a la práctica habitual de la poligamia. 

EL PAIGC Y LA LUCHA ARMADA

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Insignia del PAIGC. Esta será posteriormente, sin las siglas correspondientes al partido, la bandera de la Guinea Bissau independiente.

Amílcar Cabral regresa a África, a la Guinea portuguesa, en 1954, como ya se dijo como empleado de los servicios agrícolas y forestales de la colonia. En 1969 escribirá “No fue por casualidad que volviéramos [su hermano Luís y él] para Guinea. No había necesidad material alguna que determinase nuestro regreso a nuestro país natal. Todo estaba calculado, paso a paso. Teníamos enormes posibilidades de trabajar en las otras colonias portuguesas e igualmente en Portugal. Abandonamos un buen puesto de investigador en la Estación Agronómica y lo cambiamos por uno de ingeniero de segunda clase en Guinea (…) Esto obedecía a un cálculo, a un objetivo, a la idea de hacer cualquier cosa, de contribuir al levantamiento popular, para luchar contra los portugueses. Es lo que hemos hecho desde el primer día que llegamos a Guinea”. Algunos años más tarde, el 19 de septiembre de 1959, Amílcar, junto con un pequeño grupo de compañeros (entre los que estarán caboverdianos como Aristides Pereira, Fernando Fortes o Abílio Duarte y guineanos como su hermano Luís, Júlio de Almeida o Elisée Turpin), celebró una reunión secreta en la que se fundó el PAIGC, que llevará el peso de la lucha armada contra el colonialismo.

En un principio, Amílcar quiere actuar dentro de la legalidad -cosa harto difícil, teniendo en cuenta que en Portugal, sea en la metrópoli o en las denominadas “provincias ultramarinas”, no existen más partidos políticos que el oficial del régimen de Salazar, la União Nacional, y derechos como los de huelga o manifestación están en suspenso desde la aprobación de la constitución del “Estado Novo” de 1933-. Hay que buscarse las vueltas, reajustando los estatutos de una asociación deportiva, sin éxito: las autoridades de la colonia no permiten el funcionamiento de la asociación porque la mayoría de los miembros no posee carné de identidad.

Cabral es un personaje molesto: su trabajo como ingeniero agrícola es excelente, pero sus opiniones políticas, conocidas desde los tiempos en que toma contacto con los jóvenes demócratas portugueses, hacen que el gobernador de Guinea, Melo e Alvim, le expulse a Angola. Allí tomará contacto activo con Agostinho Neto y Marcelino dos Santos, algunos de los jóvenes del Centro de Estudos Africanos y la revista “Mensagem” que tanta importancia tuvieron para la creación de una conciencia propia entre los miembros de los grupos de liberación anticolonialista. Ellos, fundadores del MPLA (Movimento Popular pela Libertação de Angola) acogerán a Cabral, que se liga desde el principio a los resistentes angoleños.

En una de las visitas que tiene permitidas realizar a Guinea, en 1959, fundará el PAIGC. La dictadura salazarista y el colonialismo que fomenta no dejan más alternativa que la de las armas. Eso se demuestra ese mismo año: pocas semanas antes de la fundación del partido, el 3 de agosto, tiene lugar una masacre perpetrada por fuerzas policiales y militares, con auxilio de residentes portugueses, contra unos manifestantes en huelga del muelle de Pidjiguití, en Bissau. Los disparos de las fuerzas coloniales y los simpatizantes del régimen dejan 50 muertos y más de un centenar de heridos.

Amílcar Cabral se desplaza por multitud de lugares del globo, tratando de recabar apoyos para la causa independentista. En 1957, previamente a la fundación del PAIGC, acude a París y allí toma contacto con anticolonialistas y demócratas portugueses en el exilio. Más tarde, en la Conferencia Panafricana de Accra (capital de Ghana); en Túnez, en la II Conferencia de los Pueblos Africanos; en La Habana; en Londres; incluso será recibido en audiencia en el Vaticano por el Papa Pablo VI, en un encuentro al que acudirá con Agostinho Neto y Marcelino dos Santos, líderes del MPLA. En 1963, el PAIGC saldrá de las catacumbas de la ilegalidad al que está condenado en las colonias portuguesas, instaurando en Conakry (capital de la entonces República de Guinea, hoy República de Guinea Conakry para distinguirla de la ex Guinea portuguesa) su delegación exterior.

En Londres, en 1960, proclamará abiertamente su condena al colonialismo lusitano, subrayando especialmente que la lucha del PAIGC no se realiza contra Portugal y su pueblo, sino contra el sistema colonial implantado por las autoridades lusitanas. Algo que mantendrá a lo largo de sus años de lucha. La intensa labor de contactos internacionales de Amílcar dará sus frutos, tantos como la actividad guerrillera desempañada sobre el terreno por los hombres y mujeres del PAIGC, especialmente en Guinea Bissau.

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Cabral con un grupo de sus hombres, durante la guerra contra las fuerzas coloniales portuguesas.

Sin embargo, Cabral y el PAIGC no renunciaron a una solución dialogada con el gobierno de Lisboa, y de ello dan fe recientes pruebas documentales y testimonios de la época. Lamentablemente, la postura del salazarismo nunca contempló una negociación que pusiera fin a la guerra en Guinea y supusiera, al final, la liquidación no sólo de la presencia portuguesa en la colonia sino de todo el imperio.

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Proclamación unilateral de la independencia de Guinea Bissau en las zonas liberadas por los guerrilleros del PAIGC, septiembre de 1973.

En 1973, no obstante, la situación era angustiosa para las fuerzas portuguesas. La guerra estaba perdida, tal y como le confesó el nuevo gobernador militar, el general António de Spínola -el primer presidente de la República en Portugal tras la Revolución de los Claveles- al dictador Salazar y sería necesaria una proporción de 10 soldados portugueses por cada guerrillero del PAIGC no para ganar la guerra, sino para estabilizarla, algo que no entraba en la cabeza del presidente del Consejo. En el plano exterior, la Organización para la Unidad Africana reconoció, en una reunión extraordinaria en Addis Abeba, capital de Etiopía, al recién proclamado Estado de Guinea Bissau, creado en las zonas liberadas por el PAIGC -que en 1966 ya podía proclamar haber liberado un cincuenta por ciento del territorio del país-. La nueva nación se convertía en el miembro número 42 de la misma. Eran muchos más los países del continente que reconocían a Guinea Bissau que los que reconocían a Portugal -sólo los regímenes racistas blancos de Sudáfrica y Rodesia (que, tras el derrocamiento del sistema de “apartheid” comandado por Ian Smith, pasaría a llamarse Zimbabue) lo hacían- y el régimen de Salazar se enfrentaba a sanciones en Naciones Unidas, había sido expulsado de la UNESCO y se encontraba con una hostilidad y un aislamiento mayores, venidos incluso por parte de quienes eran sus aliados en la OTAN.

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El mayor Otelo Saraiva de Carvalho, jefe del COPCON (Comando de Operaçoes no Continente) durante el 25 de Abril y cerebro de la propia Revolución de los Claveles en Portugal, estuvo muy influido por el ideario de Amílcar Cabral.

Será el pensamiento de Amílcar, su ejemplo y el de otros por aquella lucha por libertar a sus compatriotas y el cansancio acumulado por la guerra colonial, la falta de libertades públicas y la pobreza y el descrédito al que se veía sometido el pueblo portugués y el propio país lo que llevará a un grupo de jóvenes oficiales portugueses a poner fin, un año más tarde, a la dictadura salazarista, comandada ahora por el delfín Marcelo Caetano. El Movimento das Forças Armadas (MFA) desencadenará, el 25 de abril de 1974, un golpe militar que pasaría a la historia bajo el nombre de la Revolución de los Claveles. Fue el día de Otelo Saraiva de Carvalho, de Fernando Salgueiro Maia, de Ernesto Melo Antunes, Vasco Lourenço que devolvieron el protagonismo al pueblo portugués con las notas de una canción, “Grândola vila morena”, del genial José Afonso, y desinteresadamente pasaron al anonimato, con la satisfacción del deber cumplido. Las colonias portuguesas podían por fin acceder a su independencia. Algo que, sin embargo, Cabral no iba a poder ver.

LA MUERTE DE AMÍLCAR

Para cuando Guinea Bissau proclamó su independencia en las zonas liberadas por el PAIGC en Madina do Boé y fuera reconocida por la Organización para la Unidad Africana en la reunión de Addis Abeba, todo ello en el otoño de 1973, Amílcar Cabral ya había muerto asesinado en Conakry, en enero de ese año.

La historia oficial del PAIGC y de la independencia de Guinea y Cabo Verde contó, durante muchos años, que Amílcar había sido asesinado por agentes del régimen de Salazar. Al comienzo de la década de los setenta, Melo e Alvim, el mismo gobernador que expulsara de la Guinea portuguesa a Cabral, diseñó la operación “Mar Verde”, con el objetivo de capturar o eliminar a los miembros más destacados del PAIGC, incluyendo por descontado a su jefe. La operación, pese a no tener éxito, no significó que Cabral y los líderes independentistas guineanos y caboverdianos dejaran de ser un objetivo de la PIDE (Policia Internacional e de Defesa do Estado, la policía política del salazarismo).

Sin embargo, como profetizara el propio Amílcar -“Si alguien ha de hacerme algún mal, se encuentra aquí, entre nosotros. Nadie más puede acabar con el PAIGC, sólo nosotros mismos”- serán dos camaradas suyos los que acaben con su vida. Pero, ¿qué móviles influyeron para la comisión de tal crimen?

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Bandera de Cabo Verde entre 1975 y 1992. Era muy parecida a la de Guinea Bissau precisamente por aquella idea de unión o federación entre ambos países teorizada por Cabral.

En primer lugar, para cuando Amílcar es asesinado, el 20 de enero de 1973, la guerra de independencia de Guinea Bissau avanza muy favorablemente para los intereses del PAIGC. Surgen entonces incertidumbres sobre el mañana, qué pasará después de que se haya conseguido la independencia; y rencillas por el poder. Asimismo, influirán las diferencias entre caboverdianos y guineanos: los primeros llevan la manija de la dirección; los segundos, luchan sobre el terreno. Aunque esto no sea del todo cierto -hay también guineanos en los puestos de dirección, como se ha enumerado con anterioridad- será una excusa para acabar precisamente con quien más puede combatir, y con más clarividencia, tal división. Amílcar, que es guineano de nacimiento, ha pasado su infancia y sus estudios de muchacho en Cabo Verde, y es considerado también caboverdiano por quienes expresan su descontento con esa discriminatoria “especialización del trabajo”. Esta diferencia se resolverá, asimismo y ya con el cadáver de Cabral sobre la mesa, a favor de la separación de Guinea Bissau y Cabo Verde, frente a los defensores de su unión en un único país o su federación.

En segundo lugar, el presidente de Guinea Conakry, el otrora carismático líder Séku Turé, está celoso de la popularidad de Amílcar, que encuentra apoyos desde países y regímenes tan dispares como China, Cuba, el Vaticano, las avanzadas democracias de los países escandinavos o los regímenes socialistas del este europeo. Turé mantiene contactos con quienes se proponen acabar con él, y está convencido de que las divisiones en el seno del PAIGC y la muerte de Amílcar favorecerán sus intereses, que no son otros que los de unir su país con Guinea Bissau y hacer posible así el sueño de la “Gran Guinea”. El 21 de enero, un día después del asesinato, Séku Turé recibe en el palacio presidencial, a los cabecillas de la rebelión, quienes además han prendido a los dirigentes del PAIGC próximos a Amílcar: Aristides Pereira, Vasco Cabral, José Araújo, entre otros. Todo hace pensar que apoya a los asesinos de Cabral. Sin embargo, el presidente manda prender a los conspiradores, ordena al ejército que detenga para su interrogatorio a todos los elementos del PAIGC, e intercepta, en alta mar, el barco que lleva a los prisioneros para Bissau. A pesar de esta toma de cartas en el asunto para esclarecerlo -quién sabe si motivado por el hecho de tapar su intervención en el asunto -, otro hombre carismático del África de aquellos tiempos, el presidente senegalés Sedar Senghor, no dudará en afirmar en mayo de 1974 -un mes después de la revolución portuguesa y el inicio de las negociaciones entre Portugal y las colonias para la independencia de éstas- al embajador luso en Dakar, Nunes Barata, y al coronel Carlos Fabião, que Séku Turé estaba detrás del crimen.

En tercer lugar, no puede descartarse la intervención -por otro lado, infructuosa, a tenor del desarrollo de los acontecimientos militares en Guinea y la cada vez mayor ventaja del PAIGC sobre las fuerzas portuguesas- del propio régimen portugués y su policía política, la PIDE. Pese a que no fueron los autores materiales directos, es posible que el salazarismo decidiera dar un empujón a las querellas internas en el seno del partido independentista, siguiendo la máxima napoleónica “divide y vencerás”, en este caso dividiendo al oponente. La PIDE entrenó a algunos prisioneros de la guerrilla para que participaran en el atentado, y así queda demostrado en el caso de algunos de los intervinientes.

EL FIN DEL SUEÑO DE AMÍLCAR CABRAL

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Amílcar Cabral fue un revolucionario romántico, a la antigua usanza: un creyente en el socialismo, un intelectual que quería dar a su pueblo la esperanza de la cultura que él había tenido la oportunidad de recibir, un luchador por la independencia no sólo política de un país sometido al dominio colonial, sino también económica, sin sometimiento al neocolonialismo de nuevo cuño practicado por las potencias occidentales que arrebatan sus recursos a los pueblos del Tercer Mundo en provecho de una economía insolidaria y destructiva. Y deseaba que los dirigentes de su país fueran hombres íntegros, con un alto concepto de la moral pública, ejemplares en su conducta: “Aquellos que no respetan al pueblo y fingen hacerlo ante la dirección del partido, pero a sus espaldas, en su área de mando, tratan al pueblo como administradores colonialistas, esos se van fuera […] Porque hay algunos camaradas que están por sacrificarse mucho, pero con la idea de que mañana van a disfrutar, con un buen coche, criados, varias esposas, etc. Esos se engañan. Ya pueden despedirse de nuestro partido y lo van a ver”, escribió.

Con su muerte, sin embargo, se dio entrada en el PAIGC, en Guinea Bissau y en Cabo Verde a todo lo que él quería evitar. Amílcar Cabral murió por segunda vez con el golpe de estado de Nino Vieira del 14 de noviembre de 1980 en Bissau contra el gobierno de Luis Cabral, que desmembró el PAIGC y arrasó su gran sueño de hacer de Guinea Bissau y Cabo Verde un solo país, o, al menos, un unión de Estados capaz de imponerse a los designios hegemónicos de los gobiernos de Dakar e Conakry. Vieira desmontó el programa de reconstrucción y desarrollo de inspiración socialista ejecutado por el hermano de Amílcar, que tenía el apoyo de China o la URSS, pero asimismo también de los países nórdicos. En el golpe estaban presentes, de nuevo, las rencillas entre caboverdianos y guineanos. El derrocamiento de Luis Cabral no fue trágico: no acabó en la muerte de éste, como en el caso de Amílcar. Sin embargo, en él estaban presentes las motivaciones nacional-tribalistas y las aspiraciones de ganar cotas de poder que éste rechazaba fueran las aspiraciones del PAIGC.

Murió cuando los viejos camaradas de armas se dejaron vencer por el lujo, la ostentación, la corrupción y la prepotencia de un poder en cuyos laureles se dejaron dormir, mientras el pueblo, aquel pueblo en el que Amílcar pensaba y en cuya independencia política y económica pensaba – “Lutamos para liberar a nuestro pueblo, no solo del colonialismo, sino de todo tipo de explotación. No queremos que nadie más lo explote, ni blancos ni negros, porque la explotación no solo es cosa de los blancos; hay negros que quieren explotar más aún de lo que lo hacen los blancos”, escribió quizá premonitoriamente- pasa hambre y calamidades. Y muere también cuando esos viejos camaradas desean conservar el poder a costa, precisamente, de someter a un nuevo dominio colonial al país o de sembrar en su suelo la destrucción de una guerra aún más dolorosa que la librada a lo largo de once años contra el colonialismo portugués.

 

La triste historia de una muerte múltiple. La belleza de un sueño que no muere nunca.

Centro Cultural y Juvenil Amílcar Cabral (João Galego, Cabo Verde)

Centro Cultural y Juvenil Amílcar Cabral (João Galego, Cabo Verde)

ILHA

– poema de Amílcar Cabral – Praia, Cabo Verde, 1945 –

                Tu vives — mãe adormecida —

                nua e esquecida,

                seca,

                fustigada pelos ventos,

                ao som de músicas sem música

                das águas que nos prendem…

                Ilha:

                teus montes e teus vales

                não sentiram passar os tempos

                e ficaram no mundo dos teus sonhos

                —    os sonhos dos teus filhos   —

                a clamar aos ventos que passam,

                e às aves que voam, livres,

                as tuas ânsias!

                Ilha:

                colina sem fim de terra vermelha

                —    terra dura   —

                rochas escarpadas tapando os horizontes,

                mas aos quatro ventos prendendo as nossas ânsias!

FUENTES:

“Amílcar Cabral”, Wikipédia em português (pt.wikipedia.org)

“João Bernardo Vieira” y “Luis Cabral”, Wikipedia en español (es.wikipedia.org)

Carlos Pinto Santos, “Amílcar Cabral”, vidaslusofonas.pt

Eduardo Devés Valdés, “Amílcar Cabral: independencia y revolución”, Seminario de Investigación Interdisciplinaria. Facultad de Estudios Generales, Universidad de Puerto Rico, Recinto Río Piedras. Ciclo de conferencias “Cuatro figuras del pensamiento africano del siglo XX: Propuestas para una sociedad regional y mundial.” Febrero – Mayo 2007. III Sesión, 23/03/2007 (disponible para su descarga en pdf)

Amílcar Cabral, “Livro”, fundaçaoamilcarcabral.org (disponible para su descarga en pdf)

“Un héroe africano: Amílcar Cabral, el visionario” (Nedobandam, guinguinbali.com)

Julio Diego Carcedo, “Fusiles y Claveles. La Revolución del 25 de Abril en Portugal”. Madrid, Temas de Hoy, 1999

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