La Copa de España Libre: un trofeo en el limbo

Escudos Levante y Copa de España Libre 1937

El 25 de septiembre de 2007, el Congreso de los Diputados adoptaba una decisión histórica para los intereses de una modesta sociedad deportiva cuyos aficionados casi ni siquiera recordaban que habían sido campeones de un trofeo oficial de fútbol en España setenta años atrás. A propuesta del grupo parlamentario de Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds, el Congreso instaba al gobierno a que se dirigiera a la RFEF para que reconociera al Levante Unión Deportiva, sucesor del Levante F.C., como campeón de la Copa de la España Libre – Trofeo Presidente de la República, que el equipo levantinista había conseguido tras derrotar en la final de Barcelona, el 18 de julio de 1937, a su rival ciudadano, el Valencia Foot-ball Club.

La introducción de una enmienda del grupo parlamentario socialista, que daba “manga ancha” a la Federación Española para que estudiara la oficialidad o no del torneo, dio sin embargo al traste con las aspiraciones de reconocimiento del Levante como campeón de un trofeo jugado en medio de las turbulentas aguas del conflicto civil.

EL FORMATO DE DISPUTA DE LA COPA ANTES Y DURANTE LA GUERRA

Para quien diga que el fútbol no debe mezclarse con la política -como si en la vida humana, y el deporte forma parte de ella, la política no estuviera presente desde que abrimos el grifo para ducharnos al despertar (¿por qué se privatizan los servicios de aguas?) o cerramos el gas al acostarnos (¿por qué expresidentes del gobierno forman parte de empresas energéticas favorecidas por decretos y leyes gubernamentales?-, bien vale recordar los siguientes extremos.

La RFEF de aquel 2007 en cierto modo retomó un argumento que venía de la federación surgida en San Sebastián, en el bando rebelde, y que la victoria de las armas haría que fuera la única con validez frente a la federación legal, con base en Madrid primero y luego Barcelona. Por este motivo, debemos considerar que el organismo presidido por Ángel María Villar, dirigente al que al parecer y según las “malas lenguas” (¿o no son tan malas?) le importa sobre todo el color verde del dinero y no el del césped, es el continuador no de la FEF surgida en 1913 -si hasta celebró a deshoras su centenario, anticipándose en varios años-, sino de la FEF “nacional” de 1937, la del general Moscardó y el coronel Troncoso, que desterraron la legalidad vigente, los estatutos, el modo de hacer las cosas que se había ido manteniendo e intentando perfeccionar hasta el conflicto… Dicho de otro modo, se implantó el método “estos son mis huevos” (que es un método muy al gusto de Villar). Como tantas cosas perdidas, olvidadas y archivadas con objeto de que se apolillen, la memoria de la FEF republicana, como casi todo lo republicano, se perdió en la transición. Así, nos quedamos con la misma federación de fútbol que castigó a Hércules y Alicante, los dos equipos de la ciudad levantina -y último bastión republicano- con la fusión obligatoria y negó al Barcelona la validez de su contrato con el genial Alfredo di Stéfano, para mayor gloria de los hinchas madridistas. Decisiones todas estas -curiosidad para los “apolíticos”- meramente políticas de las que la RFEF no ha pedido ni siquiera disculpas y menos ha dado desagravio alguno a los implicados.

Así, como escribe Vicent Masiá en su artículo sobre este torneo, lo que la actual (y la victoriosa) Federación Española de Fútbol hacen es “negarse a sí misma”, no sólo porque habría que ver qué les parecería a los dirigentes de la misma si alguien les moviera del sillón por un “golpe palaciego” en el seno de la propia organización o por un golpe de Estado general en todo el país que de repente negara a los órganos electos y legales validez alguna, desde el gobierno de la Nación hasta los colegios de abogados. Pero además es que, desde que se resolvió el cisma que había dado lugar a dos federaciones -la Unión Española de Clubes de Fútbol y la Federación Española de Clubes de Fútbol- a principios de siglo y se unieron ambas en la FEF en 1913, los estatutos de ésta última señalaban de modo bastante meridiano que la Federación Española era la Federación de Federaciones y que en éstas estaba su poder”. Las federaciones territoriales tenían poder para llevar a cabo sus propios campeonatos regionales y además, con la reorganización del tercer escalón del fútbol español (Tercera División hasta 1977, Segunda División “B” desde entonces) en los años de la Segunda República, entre dos o más también los llamados campeonatos superregionales, que junto con algunos campeonatos regionales que seguirían existiendo -por ejemplo, el de Cataluña- daban el pase a la disputa del Campeonato de España- Copa Presidente de la República (la Copa del Rey anterior y actual).

Los campeones regionales y superregionales eran reconocidos oficialmente por las federaciones y la FEF, que las aglutinaba a todas. Además, los equipos más pequeños que ganaban o quedaban en una posición buena en su respectivo campeonato, ascendían a Segunda. Así lograron ascensos clubes que pronto iban a informar el panorama futbolístico, tales como Granada, Valladolid, Zaragoza, Elche, Malacitano (futuro Málaga) o el propio Levante. Algunos incluso meteóricos desde ese tercer escalón a Primera, como el anteriormente mencionado Hércules.

Por eso, no hay que perder de vista que tanto la Copa de España Libre levantinista como la Liga del Mediterráneo o Liga Valencia-Cataluña (ganada por el Foot-ball Club Barcelona) disputadas ambas en la temporada 1936-1937 “a los que hay que sumar los organizados durante 1938 en Cataluña, son todos oficiales y legales al ser promovidos por las federaciones catalana y valenciana, órganos legítimos y plenos de autonomía que, entre otras restantes, dan conformidad a la Federación Española de Fútbol según los estatutos aprobados en 1915 por todos los delegados presentes en la Asamblea Nacional de aquel año. La FEF gubernamental de entre 1936 y 1939 adscrita a la FIFA es la única legal y oficial reconocida a nivel internacional y las decisiones adoptadas por esta y sus súbditas, las territoriales, son igualmente oficiales”. Hay que recordar esto cuando observemos los “argumentos” con los que la RFEF rechazará, en 2007, reconocer al Levante como campeón de un trofeo español.

LOS AÑOS TREINTA: UNA PEQUEÑA REVOLUCIÓN EN EL FÚTBOL HISPANO

Desde que en 1929 terminó el primer campeonato de Liga, comenzaba a verse que el “foot-ball”, ese deporte importado de Gran Bretaña, empezaba a popularizarse cada vez más, y en los años de la Segunda República había dejado de ser un deporte practicado y visionado en los estadios por las clases acomodadas para irse poco a poco transformando en un deporte de masas. La creación de organismos deportivos obreros como la Federación Deportiva Obrera o la Federación Obrera de Foot-Ball o la promoción del deporte en el seno de los grupos sindicales y las organizaciones políticas -especialmente entre las juventudes de las mismas-, junto con las conquistas laborales en materia de descanso semanal y de aumento de salarios contribuyeron a la popularización del fútbol, pero también de otros deportes como el boxeo, el frontón, la natación o el ciclismo. En 1935 se celebraría la primera Vuelta Ciclista a España, y al año siguiente, tras la victoria electoral del Frente Popular, las organizaciones de la izquierda obrera, con el apoyo de la Generalitat y del gobierno de la República, se prepararon para organizar en julio los juegos alternativos de la Olimpiada Popular de Barcelona, en respuesta a los juegos oficiales -y fuertemente instrumentalizados por el régimen nazi- que tendrían lugar en Berlín.

La selección nacional de fútbol, por su parte, participaría en 1934 en su primer mundial, celebrado en Italia, con una más que notable selección entre cuyos miembros destacaban el guardameta madridista Ricardo Zamora -apodado “El Divino”-, los también “merengues” Regueiro, Ciriaco y Quincoces, el oviedista Lángara, Guillermo Gorostiza (Athletic de Bilbao), Simón Lecue (Betis), Marculeta (At.Madrid), Campanal I (Sevilla) o Nogués y Vantolrá (FC Barcelona). Muchos comentaristas coinciden en señalar que aquel equipo era uno de los grandes favoritos al título. En cuartos de final, tras haber superado a Portugal en la fase previa y a Brasil, se cruzó en el camino la anfitriona (y notablemente favorecida por el arbitraje) Italia. Tras un empate a uno en Florencia que obligó a un partido de desempate, España caía eliminada por los transalpinos liderados por el interista Giuseppe Meazza. El puesto final de “los rojos” -como llegarían a escribir los cronistas de aquella época- fue un meritorio quinto puesto.

1935-05-12-Selección-Lecue-y-Areso

La selección española, que se enfrentará en partido amistoso contra Alemania (12/05/1935). Menos de un año más tarde, otro amistoso, en Montjuic, dará lugar a una imagen increíble hoy día: los teutones, que alzaron el brazo en saludo fascista al himno alemán, fueron respondidos por el once español con el saludo puño en alto al “Himno de Riego”, lo que llevó la locura a las gradas barcelonesas y a que el público jalease cada acción del combinado español enfervorizadamente.

Con el cambio de régimen que trajo el triunfo de las candidaturas republicanas en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 y la proclamación de la República el 14, muchos clubes tuvieron que cambiar su denominación y sus escudos. España es, junto con Bélgica, el único país del mundo en el que la Corona otorga títulos de “Real” a los clubes de fútbol, rareza que no forma parte ni siquiera de los países monárquicos. Con el régimen republicano, los clubes perdían tanto esa denominación como la corona real que adornaba sus insignias. Así, clubes como Celta, Deportivo de la Coruña, Valladolid, Madrid, Betis, Español, Oviedo, Sporting, Racing de Santander, Real Sociedad, Murcia o Gimnástico de Valencia tenían que someterse a dichos lavados de cara. En algunos casos, como los de Betis y Madrid, los escudos se transformaron de tal suerte que adquirieron las señas de identidad con que hoy les conocemos: en el caso del club verdiblanco, con las trece franjas verdes y blancas que le son características; en el del madrileño, con la franja diagonal morada -hoy, por cuestiones de “marketing” azul- que le identificaba doblemente como club castellano y a la vez de adscripción republicana.

Transformación de los escudos de los clubes con el cambio de régimen (1)

Transformación de los escudos de los clubes con el cambio de régimen (1)

En otros casos, el cambio de denominación y de símbolos fue más profundo. En Donostia-San Sebastián, los directivos de la Real Sociedad de Foot-ball observaron que el cambio de nombre a Sociedad de Foot-ball daba al club un nombre muy poco representativo, por lo que se optó por denominar a la sociedad “txuri-urdin” el nombre de Donostia Foot-ball Club, sustituyendo la corona real por el escudo de armas de la ciudad. El decano del fútbol español, el Recreativo de Huelva, tras suprimir el apelativo de “Real”, tendría un conflicto con la federación regional andaluza que acabó con su retirada de la misma y la unión de los clubes de la provincia a la federación extremeña, dando origen a la Regional Oeste, y en medio de este traslado de federaciones cambió su nombre en 1932 por el de Onuba F.C. y diseñando un nuevo emblema en el que se incorporaba el escudo de la ciudad. En las Baleares, el Real Alfonso XIII, de Palma, cambió por completo su denominación y su escudo para ser conocido con el nombre con el que desde entonces le conocemos -aunque tras la guerra civil con el título de “Real” recuperado-: el Club Deportivo Mallorca.

Transformación de los escudos de los clubes con el cambio de régimen (2)

Transformación de los escudos de los clubes con el cambio de régimen (2)

Al proclamarse la República hubo además otro cambio que afectaba también a los clubes de fútbol. El gobierno provisional estableció un decreto por el cual se restringía el uso de los términos “español” y “nacional”, que habían sido usados de una forma un tanto abusiva a lo largo de la dictadura primorriverista, con objeto de preservarlos especialmente para los organismos de carácter oficial. Este decreto afectó, entre otras organizaciones, a políticas y sindicales como la derechista Acción Nacional -futuro germen de la CEDA-, que cambió su nombre por Acción Popular, o a la organización agraria de la UGT, la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra, que sustituyó el término “Nacional” por “Española”. En cuanto a los equipos de fútbol, tenemos los casos de la Unión Deportiva Española de Salamanca, que modificó su nombre al histórico y recientemente desparecido club de la Unión Deportiva Salamanca, o el Club Deportivo Nacional de Madrid, que suprimió el término “Nacional” y pasó a ser conocido como el Deportivo de Madrid, aunque sólo durante el año 1932, recuperando para el año siguiente su nombre anterior, convirtiéndose hasta la guerra civil – tras el conflicto el equipo desaparecería- en el gran rival del Atlético -en especial en los años en que ambos coincidieron en segunda- por el segundo puesto en importancia de los equipos de la capital. Si bien es cierto que en aquellos años el Madrid se encontraba a años luz del resto de clubes de la ciudad, tanto del Atlético -entonces Athletic de Madrid- como del Nacional/Deportivo o de la A.D.Ferroviaria, el equipo de los trabajadores de los ferrocarriles y cuarto en discordia.

De Española a Salamanca

El Salamanca, antes denominado Unión Deportiva Española, con su escudo previo a la proclamación de la República y su escudo desde entonces.

El apenas recién inaugurado campeonato de Liga -había dado comienzo en la temporada 1928/29 y su primer campeón fue el Foot-ball Club Barcelona- tuvo en aquellos años dos dominadores claros: el Athletic Club de Bilbao y el Madrid. Los equipos del norte, que en los años previos habían tenido un claro protagonismo en la Primera División, comenzaron a vivir un periodo de declive a favor especialmente de los clubes de Andalucía y del País Valenciano. Así, mientras Arenas de Guecho, Unión Club de Irún, Donostia y Alavés perdían la categoría, Valencia, Sevilla, Betis o Hércules ascendían y se convertían en equipos fuertes.

Equipo del Betis Balompié campeón de la Liga 1934/35.

Equipo del Betis Balompié campeón de la Liga 1934/35.

De esta suerte de “debacle” norteña se salvarán tanto los “leones” bilbaínos como el Racing de Santander, quien tras un subcampeonato liguero en la 1930/31, seguirá en Primera con ciertos altibajos. Los tres primeros iban a ser protagonistas de títulos o de finales coperas. El Valencia, con una singular indumentaria de casaca roja escapulada con la “senyera” valenciana, disputará la final de la Copa de 1934 frente al poderoso Madrid en el estadio de Montjuic (hoy Lluís Companys). Los blancos vencieron a los “che” por 2-1. Más suerte correrán al año siguiente los dos equipos de la capital hispalense: el Betis se proclamará campeón de Liga -la que es hasta el momento su primera y única Liga- al tercer año de aparecer en Primera, y el Sevilla, un debutante en la primera categoría, ganará el campeonato de España al imponerse al sorprendente campeón catalán, el C.E. Sabadell en la final de Copa en Chamartín por 3-0.

Imagen de un lance de la final de la Copa Presidente de la República de 1935, entre Sevilla FC -de blanco- y CE Sabadell -de camiseta arlequinada- en la que los hispalenses se proclamaron vencedores.

Imagen de un lance de la final de la Copa Presidente de la República de 1935, entre Sevilla FC -de blanco- y CE Sabadell -de camiseta arlequinada- en la que los hispalenses se proclamaron vencedores.

El que había sido el primer campeón liguero, el Barcelona, se encontraba por su parte inmerso en un proceso de reestructuración y pasaba por un momento de sequía tanto en el campeonato de Liga como en el Campeonato de España -Copa Presidente de la República. A pesar de eso, fue dos veces subcampeón de este último torneo, en las dos finales que lo harían con esa denominación: la de 1932 en Chamartín frente al Athletic  de Bilbao y la de 1936 en Mestalla (Valencia) ante el Madrid. En ambos casos los azulgrana cayeron por la mínima (1-0 y 2-1) ante rivales que se encontraban por entonces a un nivel superior (como destacaban los cronistas, incluso los de diarios deportivos catalanes como el señero “El Mundo Deportivo”), por lo que aquellos años, dentro de su modestia, fueron unos años aceptablemente buenos para el Barça, en especial en el campeonato de Cataluña, terreno en el que conquistó varios títulos frente a su gran rival ciudadano, el C.D. Español.

Imagen de la hinchada del Sevilla FC desplazada hasta Madrid para presenciar el triunfo de su equipo en la final copera de 1935.

Imagen de la hinchada del Sevilla FC desplazada hasta Madrid para presenciar el triunfo de su equipo en la final copera de 1935.

En el plano de las categorías inferiores y los campeonatos regionales y superregionales, debemos destacar la reorganización de que fue objeto la Segunda División para la temporada 1934/35, que pasó del grupo único a organizarse en tres grupos (según la proximidad regional) de ocho equipos cada uno, con la disputa de una fase final por el ascenso entre los seis mejores -los dos mejores de cada grupo-. De este modo, una pléyade de equipos que posteriormente formarán parte de la élite del fútbol español (o sus sucesores) comenzarán a surgir en ese momento en el segundo escalón nacional: Sabadell, Hércules, Levante, Mirandilla (futuro Cádiz), Xerez F.C. (posteriormente Xerez C.D.), Elche, Murcia, Granada Recreativo (luego Granada C.F.), C.D. Malacitano (germen del C.D. Málaga, hoy Málaga C.F.) o Girona F.C., que se unirán a otros como el Osasuna, el Celta, el Oviedo, el Deportivo de la Coruña o el Sporting de Gijón que a comienzos de los años treinta peleaban por un hueco en la categoría de oro. Por otro lado, el ascenso de estos nuevos clubes tendrá como contrapartida la caída de otros como el Castellón, el Arenas, el Logroño, el Unión de Irún, el Europa o el Alavés, a los que costará algunos o muchos años de travesía por el desierto recuperar el terreno perdido, e incluso desaparecerán, fundándose nuevas sociedades de sus cenizas.

Los campeonatos regionales y superregionales sustituirán a partir de mediados de la década a la Tercera División, en una decisión federativa que se impone por la mala situación económica y logística de los clubes inmersos en esta categoría, que les imposibilita para hacer frente a los requerimientos que impone esta categoría. Con buen criterio, se impone que sea desde estos campeonatos donde se decidan ascensos y descensos, además de las plazas que los clubes modestos adquieren para el campeonato de España, que antes se determinaban en la desaparecida Tercera. Los clubes más pequeños tienen en estos campeonatos además la oportunidad de enfrentarse con las plantillas más potentes del país, e incluso de “dar la campanada”, como fue el caso del Sabadell al ganar el campeonato de Cataluña frente a Barcelona y Español y colarse en la final copera de 1935 militando en Segunda División.  Y serán el lugar de nacimiento de rivalidades deportivas, o de dirimir viejas rivalidades regionales, aunque a veces se sobrepasaban estos límites (el hooliganismo no parece cosa de dos días): Deportivo y Celta, Oviedo y Sporting, Sevilla y Betis… rivalizaban sobre el terreno de juego para ver quien era el mejor equipo de su respectiva región. Algunas de estas rivalidades, aunque fueran por un puesto menor en la escala, eran antaño poderosas y hoy ya están desaparecidas, como entre Atlético de Madrid y Nacional o entre Mallorca y Constancia de Inca.

La Guardia Civil interviene tras producirse incidentes en el campo de El Parral en el transcurso del partido entre el Nacional y el Atlético de Madrid.

La Guardia Civil interviene tras producirse incidentes en el campo de El Parral en el transcurso del partido entre el Nacional y el Atlético de Madrid.

El mapa adjunto muestra a los equipos más destacados del panorama futbolístico tanto a nivel nacional como regional, y que por campeonatos solían distribuirse del siguiente modo:

Mapa

Galicia: Deportivo, Celta y Racing Ferrol.

Astur-Cántabro: Stadium Avilesino, Sporting, Oviedo y Racing Santander.

Centro: Madrid, Valladolid, Athletic Madrid, Nacional, Zaragoza, Ferroviaria, Salamanca y Logroño.

Vasco-Navarro: Arenas, Donostia, Osasuna, Unión Irún, Athletic Bilbao y Alavés.

Cataluña: Girona, Badalona, Sabadell, Europa, Barcelona y Español.

Valenciano: Castellón, Levante, Gimnástico y Valencia.

Alicante y Murcia: Murcia, Hércules, Elche y Alicante.

Baleares: Mallorca y Constancia.

Sur: Sevilla, Betis, Xerez, Mirandilla, Malacitano y Granada Recreativo.

Oeste: Onuba y Sport Club Badajoz.

Canario: Su principal dominador fue el Club Deportivo Tenerife.

Gran Canario: Competían en él un gran número de equipos, entre los que destacan Marino y Victoria, que formarán con otros más pequeños la futura UD Las Palmas.

Hispano-Marroquí: Agrupaba a los clubes de Ceuta y Melilla y el protectorado español de Marruecos.

Esta agrupación en campeonatos regionales y superregionales no quería decir que fuera estable. Según necesidades, los campeonatos podían ser una temporada entre clubes de dos o más regiones y a la temporada siguiente su configuración regional cambiar. Así, se dio el caso de existir un campeonato astur-cántabro y luego un campeonato astur-gallego, pasando a jugar clubes como el Racing de Santander el campeonato del Centro. En otros casos, surgían cismas en el seno de las propias federaciones, que determinaban su división en dos, como pasó en el seno de la Valenciana, surgiendo así una Federación Valenciana que agrupaba también a las provincias de Teruel y Cuenca y una Federación de Alicante y Murcia con clubes de la provincia levantina y de la Región de Murcia de entonces (que agrupaba a Murcia y Albacete). Este fue el caso que dio lugar también a la Federación del Oeste, agrupando a Extremadura y Huelva, saliendo así los clubes de la provincia onubense de la Federación Andaluza/Sur.

El último gran trofeo en disputa antes de la guerra: la final de la Copa Presidente de la República de 1936, jugada en Mestalla, dio lugar a un disputado "clásico" Madrid-Barcelona en el que los blancos se impusieron por 2-1.

El último gran trofeo en disputa antes de la guerra: la final de la Copa Presidente de la República de 1936, jugada en Mestalla, dio lugar a un disputado “clásico” Madrid-Barcelona en el que los blancos se impusieron por 2-1.

Esta maleabilidad y capacidad de adaptación, así como de acatar lo que las federaciones regionales determinaban, era una caracteristica de la Federación Española que hoy no existe. Las “órdenes”, por decirlo de algún modo, eran sobre todo de abajo hacia arriba, limitándose la FEF a directrices de carácter general para una mejor coordinación entre sus miembros -las federaciones regionales-. Esta diferencia básica entre el modo de hacer de la federación nacional antes y después de la guerra civil, o entre la federación “republicana” y la rebelde es muy útil para entender por qué no se reconoce el título copero del Levante o la liga mediterránea del Barcelona, así como los métodos de funcionamiento del organismo presidido por Ángel Villar.

Recibimiento por parte de la afición merengue al Madrid campeón de España tras su regreso de Valencia con la Copa conquistada frente al FC Barcelona. En las pancartas se pueden ver los nombres de algunos de los ídolos blancos: Emilín, Triana y, por supuesto, el "Divino" Ricardo Zamora, cuyas paradas fueron esenciales para la conquista del título.

Recibimiento por parte de la afición merengue al Madrid campeón de España tras su regreso de Valencia con la Copa conquistada frente al FC Barcelona. En las pancartas se pueden ver los nombres de algunos de los ídolos blancos: Emilín, Triana y, por supuesto, el “Divino” Ricardo Zamora, cuyas paradas fueron esenciales para la conquista del título.

Es importante saber de cual de las dos federaciones se considera heredera la actual: si de la de 1913 -cuya línea de continuidad representaba la FEF legítima desaparecida al final de la guerra- o de la que en 1937 bajo la autoridad rebelde se instauró en San Sebastián y en 1939 se impuso ya sobre todo el país. Cuestiones que se definen por una metodología, metodología que al fin y al cabo se define por una política.

Josep Sunyol (encendiendo un cigarrillo), presidente del FC Barcelona, y Lluís Companys, a su izquierda, presidente de la Generalitat de Cataluña, en el palco del campo barcelonista de Les Corts.

Josep Sunyol (encendiendo un cigarrillo), presidente del FC Barcelona, y Lluís Companys, a su izquierda, presidente de la Generalitat de Cataluña, en el palco del campo barcelonista de Les Corts.

Al comenzar la guerra, muchos equipos estaban realizando planes de futuro que hubieron de ser pospuestos, o se interrumpieron las trayectorias ascendentes de varios de ellos, entre los cuales está nuestro protagonista, el Levante, o el Girona, cerca de alcanzar la Primera División. El conflicto lastraría su futuro, amén del de otros muchos clubes a los que la guerra dejaría sin muchos jugadores muertos en combate, exiliados, víctimas de la represión o encarcelados, y al mismo tiempo las directivas de los equipos fueron sometidas a procesos de depuración y sustituidas por personalidades afines a los vencedores, mientras los clubes tenían sus arcas vacías o sus estadios destruidos. Este último fue el caso del Oviedo, que hubo de pasar dos años en Tercera División debido a que su estadio, Buenavista, no reunía condición alguna para la disputa de encuentros en la máxima categoría. El Barcelona vio como su presidente, Josep Sunyol, miembro prominente de Esquerra Republicana, era fusilado por los rebeldes en Guadalajara, al mismo tiempo que el talentoso delantero madridista Ramón Triana sufría la misma muerte por parte de elementos frentepopulistas en zona republicana. Algunos jugadores optaron por el exilio, como fue el caso de Ricardo Zamora, amenazado por sus ideas conservadoras, que pudo salir del territorio gubernamental y jugar en el Niza francés, y otros en el mismo territorio de la República se adscribieron a las milicias en el Batallón Deportivo. El Rayo -aún sin el gentilicio “vallecano” en su denominación social- tuvo que posponer su inscripción de la Federación Obrera a la Federación Castellana/Centro, y en la misma barriada -tan castigada por los bombardeos “nacionales”- el que con los años sería su estadio, el campo de Vallecas, fue convertido en campo de concentración por los vencedores. Otros clubes sufrirán la represión de modo arbitrario, como fue el caso del Hércules y el Alicante, los dos clubes de la ciudad que sería el último bastión republicano, y que por deseo de las nuevas autoridades serían obligados a fusionarse por el mero hecho de fastidiar a la última ciudad en la que ondeó por última vez la bandera tricolor. Incluso en los primeros cuarenta el Madrid, el que luego será bautizado como el “equipo del régimen”, será ninguneado frente al primer “niño mimado” del fútbol durante el franquismo: el Atlético-Aviación, resultado de la fusión del Atlético de Madrid con el equipo de las “alas” rebeldes: el Aviación Nacional.

VALENCIA Y LEVANTE: BURGUESES “VERSUS” PROLETARIOS EN LA CAPITAL DEL TURIA

Onces del Valencia FC (izqda.) en la final de Copa jugada contra el Madrid en 1934 en Montjuic, y del Levante FC (dcha.) en la final de la Copa de España Libre conquistada en 1937 frente a los "che" en el campo barcelonés de Sarriá.

Onces del Valencia FC (izqda.) en la final de Copa jugada contra el Madrid en 1934 en Montjuic, y del Levante FC (dcha.) en la final de la Copa de España Libre conquistada en 1937 frente a los “che” en el campo barcelonés de Sarriá.

El Valencia ha sido, y sigue siendo hoy día, el “grande” de la capital levantina y del País Valenciano. Otros equipos del país, cuya historia en Primera División ha sido más larga que la de los hoy “granotas” del Levante, como Hércules o Elche, no han conseguido los éxitos de un club donde han jugado figuras como Pasieguito, Puchades, Eizaguirre, Claramunt, Morena, Manzanedo, Kempes, Sempere, Penev, Claudio López o Albelda. Campeón de Liga, Copa y de trofeos continentales como la extinta Recopa o la Europa League y finalista en dos ocasiones de la Copa de Europa, se encuentra a mucha distancia del resto de equipos valencianos, entre los que se incluye un Levante que sólo en los últimos años (a excepción de un par de campañas en Primera en los años sesenta), gracias a su presencia continuada en la máxima categoría, ha recuperado la vieja rivalidad que existía con los “che”, forjada en el campeonato regional en los años veinte y treinta del pasado siglo.

El Levante -entonces como Levante Foot-ball Club-, sin embargo, se fundó primero. En 1909, diez años antes que el Valencia. Su orígen social era humilde. La vía de entrada más común del fútbol a finales del siglo XIX y principios del XX en España eran los puertos, donde la presencia británica a través de las navieras y los trabajadores de esta nacionalidad -y cuna del balompié- era importante. En Valencia ocurrió otro tanto, pero a diferencia de otras ciudades marítimas, en la ciudad del Turia el negocio mercante estaba más en manos españolas que anglosajonas, por lo que el “deporte rey” tuvo un orígen más español que extranjero en la ciudad. A principios del siglo XX, en barrios eminentemente obreros como El Cabanyal o El Grau surgieron numerosos clubes de fútbol, algunos de corta existencia y otros, como el Levante, que si bien al principio pasaron por dificultades para arrancar, poco a poco se hicieron competitivos. El equipo portuario (en cuyo seno se acogen futbolistas de un club ya existente en el primero de estos barrios, el F.C. Cabañal), al principio a la sombra del Gimnástico -el club con el que a finales de la guerra civil se fusionaría y del que adquirió sus colores actuales- y de su posterior gran rival ciudadano, el Valencia, superó a los “granotas” como segundo club de la ciudad y se dispuso a asaltar la Primera División a finales de los años treinta. Los entonces blanquiazules jugaban en el Campo de El Grau, y a pesar de que contaban hasta esta última década con una plantilla principalmente amateur, se mostraron como un equipo competitivo ante los equipos profesionales y un rival a batir en el campeonato regional. En 1935, tras ser ganador del Campeonato Valenciano, llegó hasta las semifinales de la Copa Presidente de la República, cayendo frente al subcampeón Sabadell. Teniendo en cuenta esa progresión de los levantinistas, que se acercaban asímismo a Primera en 1936, no resulta extraño que llegaran a ser campeones de la Copa de España Libre en 1937.

El Valencia, por su parte, surge de las cenizas de otro club existente, el Deportivo Español, nacido en 1912. Este club sufre un hecho desgraciado en 1919 cuando Luis Bonora, uno de los jugadores que habían fundando la sociedad, fallece de una embolia tras haberse roto una pierna durante la disputa de un encuentro amistoso en Elche. Los otros dos hermanos Bonora, amén de sus desolados compañeros, deciden sumarse a la iniciativa de Octavio Augusto Milego (quien desde mediados de 1918 preside el club tras su paso por el F.C. Sagunto) de fundar un nuevo club. El mes siguiente, junto al mecenas Gonzalo Medina (ex también del conjunto saguntino), deciden en el Bar Torino la labor de constituir un nuevo club que en el futuro compita con los grandes de entonces a nivel nacional. De este modo, el 1 de marzo de 1919 tiene lugar la constitución del Valencia Foot-ball Club. El Valencia, que cuenta con medios y jugadores altamente cualificados, tienen un cierto origen “burgués” y pronto es considerado por el resto de clubes de la ciudad como el gran rival a batir. Su expansión social comienza a ser fulgurante y pronto pasa del alquilado campo de Algirós a su propio campo de Mestalla. En 1931 alcanzará la Primera Divisón, convirtiéndose en uno de los más destacados del panorama nacional y el dominador del campeonato valenciano.

Valencia es en los años treinta una ciudad eminentemente republicana. Los equipos del Valencia y Levante son dos polos dentro de ese republicanismo; el primero, liberal, burgués y regionalista. El segundo, popular y obrero. No ocurre lo mismo con el caso del tercero en discordia, el Gimnástico. Un club fundado en 1915 bajo los auspicios del catolicismo social y cuyos dirigentes son eminentes conservadores y monárquicos. Por eso, cuando tiene lugar la fusión de los dos clubes “pequeños” de la ciudad, Gimnástico y Levante, se quiere disfrazar como una fusión entre un club, el Gimnástico, que posee el campo de Vallejo pero no dispone de jugadores y un Levante que dispone de jugadores pero no posee campo. En realidad, se tratará de una fusión contra natura: un club de adictos al “Nuevo Estado” (Gimnástico) frente a uno cuyos dirigentes son de lealtad a la República derrotada (Levante). El Levante-Gimnástico, la nueva entidad, tiene a los jugadores levantinistas y a los dirigentes gimnásticos o a los levantinistas que han podido sobrevivir a la depuración que la Comisión Nacional de Deportes instituida por el nuevo régimen ha realizado y seguirá realizando.Fusión Levante y Gimnástico

LA GUERRA CIVIL: INTERVENCIÓN DE LAS FEDERACIONES NACIONAL Y REGIONAL Y PARALIZACIÓN DE LAS COMPETICIONES A NIVEL NACIONAL

El 17 de julio de 1936, la guarnición de Melilla se adelanta a los planes conspirativos y toma los cuarteles de la ciudad norteafricana. Al día siguiente, la rebelión contra la República se extiende por el Protectorado marroquí y el archipiélago de las Canarias, donde Franco proclama el estado de guerra y viaja desde Santa Cruz de Tenerife hasta Las Palmas para tomar el famoso avión “Dragon Rapide” que le trasladará desde las islas hasta Marruecos. Las competiciones futbolísticas han finalizado apenas dos meses antes, proclamándose campeón de Liga el Athletic Club de Bilbao y del campeonato de España el Madrid F.C. Athletic de Madrid y Osasuna pierden la categoría, en tanto que ascienden Celta y Zaragoza. En la Segunda División, se decidió para ese año decidir los descensos en función de los resultados obtenidos en la liga y en los campeonatos regionales y superregionales que jugaran los clubes. De este modo, el histórico Donostia, entre otros, cae al pozo, mientras nuevos como Mallorca, Ferroviaria, Cartagena o Lemos obtienen su plaza para jugar en la categoría de plata.

Sin embargo, tras la guerra los descensos de Athletic de Madrid (posterior Atlético-Aviación) ni de Donostia (que recuperará su denominación de Real Sociedad), ni el que podría haber sido primer ascenso de los monforteños del Lemos a Segunda tendrán efecto. En el caso de los colchoneros, por el descenso del Oviedo a Tercera debido a la destrucción del campo carbayón de Buenavista. En el de los “txuri-urdin” y de rebote en el ascenso de los gallegos, por decisión federativa, al igual que ocurrió con la ampliación de Segunda -de tres a cinco grupos- para la temporada 1939/40, donde equipos de dudoso pedigrí y con nombres muy vinculados al nuevo régimen -Oriamendi Deportivo, Imperial Murcia o Imperio C.F. de Madrid- y otros vinculados a militares adictos a la causa nacional -Ceuta o Escuela Hispano-Marroquí de Tánger- estarán en esa división.

Pero antes de todos esos bailes, la sublevación militar, que se extiende por el norte de la península y zonas tradicionalmente conservadoras del país como Castilla la Vieja y León, obliga a tomar medidas desesperadas como armar a las milicias populares y en algunos casos contraproducentes, con la aparición y extensión del llamado “terror rojo” y la fragmentación del poder en la zona republicana. La FEF y las federacioens regionales de fútbol, como otros muchos organismos y empresas públicas, fue intervenida por las organizaciones políticas que sostenían al gobierno de la República. Así, la FEF se puso en manos de un comité, como ocurrió con el resto de intervenciones, donde tenían representación partidos o sindicatos que sostenían al Frente Popular, o bien personalidades del respectivo “mundillo” de probada lealtad al régimen republicano.

José María Mengual, presidente del comité incautador de la FEF en 1936, convertido en presidente interino de la misma entre 1936 y 1939.

José María Mengual, presidente del comité incautador de la FEF en 1936, convertido en presidente interino de la misma entre 1936 y 1939.

El comité frentepopulista de la FEF sustituirá a Leopoldo García Durán, el presidente electo, quién permanecerá desaparecido, por un antiguo directivo de la madrileña A.D. Ferroviaria, José María Mengual. Como escribe Vicent Masiá, Mengual “no tuvo dudas en mantener en su puesto por su diligencia e imparcialidad al que hasta la fecha era Secretario General de la FEF, Ricardo Cabot, presumiendo que el brote militar duraría escasas fechas y Cabot – el más indicado para ello -, podía cumplir con sus funciones de forma profesional durante lo que tardase e finiquitarse el conflicto. Las semanas pasaban, los meses también y Cabot, en vistas de que la situación cada vez iba a peor y nada presagiaba un armisticio, nada más tuvo ocasión se trasladó a Barcelona, su ciudad de origen, dejando prácticamente huérfana de funcionalidad efectiva la FEF en Madrid. Con García Durán desaparecido, la FEF incautada y Madrid aislado del resto de la zona fiel a la República, Ricardo Cabot desde Barcelona se convirtió en el máximo representante de la FEF gubernamental hasta el punto de ser él mismo casi la FEF, pero no sin antes de estos acontecimientos y de su traslado a Barcelona, como buen dirigente que era, dejar cerrada, dominada y bastante clara la situación legal y oficial del fútbol español.”

Ricardo Cabot, auténtico hombre "todoterreno" del fútbol español, fue una figura providencial en aquellos amargos años de la guerra y el responsable de que el fútbol pudiera continuar en medio del conflicto en la zona leal al gobierno de la República.

Ricardo Cabot, auténtico hombre “todoterreno” del fútbol español, fue una figura providencial en aquellos amargos años de la guerra y el responsable de que el fútbol pudiera continuar en medio del conflicto en la zona leal al gobierno de la República.

Ricardo Cabot había sido toda su vida un hombre de fútbol. Jugador, presidente de club, directivo de la federación y redactor de los estatutos que regían la misma, no existía duda alguna de que era la persona indicada para dejar clarificada la situación futbolística en plena guerra. Y lo que hizo fue dejar a discreción de las federaciones regionales, autónomas en cuanto a su funcionamiento de la FEF, la disputa de torneos oficiales en el ámbito de su federación o con otras federaciones regionales, en tanto que la nueva temporada 1936/37 a nivel nacional tendría que ser suspendida debido a que la situación bélica no mejoraba sino que, muy al contrario, empeoraba día a día. Madrid se encontraba a punto de ser sitiada por los rebeldes y la incomunicación entre la capital y el resto de la zona republicana, así como entre el norte en manos de la República y el resto de la zona leal era prácticamente imposible.

El 3 de octubre de 1936, Cabot redactó la siguiente circular para su puesta en conocimiento de las federaciones regionales y los clubes:

El comité Ejecutivo de la FEF ha tomado los siguientes acuerdos:

1º. Suspender la temporada en juego para toda clase de Competiciones oficiales de esta Federación, mientras no se dicten otras disposiciones que dejen sin efecto las presentes.

2º. Autorizar a las Federaciones Regionales para que procedan de igual manera en cuanto a las competiciones oficiales que les son propias, y en cuanto a las Superregionales en que estén interesadas, sin perjuicio de que si la situación especial de cada Región permite estimarla de otro modo subsistan aquellas que puedan jugarse, pero en la inteligencia de que, en este caso, será bajo su exclusiva responsabilidad.

De esta circular pueden extraerse dos conclusiones: la primera es que las competiciones nacionales, Liga y Campeonato de España-Copa Presidente de la República, quedaban suspendidas, y la segunda es que, empero, si las federaciones entendían que podían disputar sus campeonatos regionales o los superregionales que pudieran organizar conjuntamente, quedaban autorizadas bajo su responsabilidad a organizarlos. Ricardo Cabot autorizaba con su puño y letra que los Campeonatos Regionales dependientes única y exclusivamente de las federaciones territoriales se disputasen si la situación bélica lo propiciaba”. Este punto último, además de la consideración de oficialidad de los mismos, hacen que tanto la Liga del Mediterráneo del F.C. Barcelona como la Copa de España Libre-Trofeo Presidente de la República del Levante F.C. son trofeos legítimos y con rango de oficialidad, y por tanto sujetos a reconocimiento tanto por las federaciones regionales organizadoras de entonces como por la FEF.

El FC Barcelona, subcampeón de España, en la final de Copa disputada en 1936 ante el Madrid.

El FC Barcelona, subcampeón de España, en la final de Copa disputada en 1936 ante el Madrid.

Intervenidas por los comités (caso de la FEF,  la Federación Centro o la Federación de Murcia y Alicante), los sindicatos (como fue el caso de la Federación Valenciana por parte del Sindicato de Espectáculos Públicos de la CNT) o incluso los organismos guernamentales (en el de la Federació Catalana de Foot-ball por parte de la Generalitat autónoma), las federaciones decidieron  para la temporada 1936/37 celebrar sus respectivos campeonatos regionales o, por el contrario, dejarlos en suspenso como ocurrió en el caso del Superregional del Centro, donde la situación bélica en Madrid y la división del territorio de la federación entre una zona leal y una zona ocupada por los rebeldes lo imposibilitaba. Hubo, eso sí, negociaciones para que el Madrid jugara el Camponato Regional de Cataluña, a fin de que el equipo no perdiera rodaje, pero el Barcelona, observando el potencial que por entonces tenía el equipo blanco, muy superior al de los “blaugrana” -como incluso la prensa deportiva de Cataluña puso de manifiesto tras la disputa de la final copera de 1936-, se opuso. Así pues, el camponato catalán lo disputaron equipos de la región.

Tanto Cataluña como el País Valenciano y la Región de Murcia se encontraban alejadas del frente, por lo que promovieron la disputa de sus respectivos campeonatos regionales con el carácter oficial de siempre. Las federaciones murciana y valenciana organizaron conjuntamente el Campeonato Regional de Levante del cual fue vencedor el Valencia F.C. mientras que del Campeonato Regional de Cataluña lo fue el Club Deportivo Español. Ambos campeonatos dieron inicio el 4 de octubre, terminando el levantino el 13 de diciembre y el catalán el 20 de este último mes.

LA LIGA DEL MEDITERRÁNEO Y LA COPA DE ESPAÑA LIBRE

Al terminar 1936 y comenzar el nuevo año, sin que la situación bélica hubiera finalizado ni tampoco la temporada futbolística, surgió, a iniciativa del Barcelona, la idea de rellenar el espacio que quedaba con la disputa de un torneo liguero. La extensión de la idea a los clubes y las federaciones de Valencia y Murcia -rehusando a participar Hércules, Murcia y Cartagena, clubes de esta última federación, por dificultades tanto económicas como logísiticas- dará lugar a la primera Liga Cataluña-Valencia o Liga del Mediterráneo. Este torneo contaba con carácter oficial, bajo el patrocinio de la Federación Española y su secretario general, Ricardo Cabot, y en él participaron cuatro equipos catalanes -Barcelona, Español, Girona y Granollers, tras la renuncia a participar de Sabadell y Badalona- y cuatro valencianos -Valencia, Levante, Gimnástico y Athletic de Castellón, que recogió el testigo del C.D. Castellón y su sucesor, el Sport Club de La Plana, durante los últimos años de la década hasta el resurgimiento del primero-. La clasificación final de la Liga del Mediterráneo fue la siguiente:

Imagen16 CAMPEÓN: FC BARCELONA

Josep Rodríguez Tortajada, presidente del Valencia FC, ideó la Copa de España Libre como un torneo que llenara el espacio restante para finalizar la temporada 1936/37. Su idea fue recogida por las federaciones catalana y valenciana.

Josep Rodríguez Tortajada, presidente del Valencia FC, ideó la Copa de España Libre como un torneo que llenara el espacio restante para finalizar la temporada 1936/37. Su idea fue recogida por las federaciones catalana y valenciana.

El campeonato de Barça no ha sido reconocido por la Federación, al igual que el campeonato copero del Levante. Campeonato copero que, si bien no tendrá el carácter nacional que tiene el Campeonato de España anterior y posterior al conflicto, si tiene carácter oficial por cuanto es un torneo organizado por las federaciones regionales. Federaciones regionales, en este caso de Valencia y Cataluña, con autorización de la Española por vía de su secretario el señor Cabot, que recogerán la propuesta del presidente del Valencia, Josep Rodríguez Tortajada, para disputar un torneo copero. Al igual que sucederá en el caso de la Liga del Mediterráneo, los dirigentes de los clubes y las federaciones realizarán multitud de viajes entre Barcelona y Valencia con objeto de pulir los detalles para la disputa de esta copa. De igual modo, se consigue la donación de un trofeo por parte del presidente de la República, don Manuel Azaña, y para captar la atención de los aficionados, se da el empaque de un Campeonato de España -pese a la imposibilidad de participar en él los clubes que se encuentran en el territorio rebelde- al torneo, otorgándole el nombre de Copa de España Libre (aunque se había barajado darle el nombre de Copa Mare Nostrum, lo cual la emparentaba más con la liga de la que, al fin y al cabo, había surgido) al participar en el clubes de la zona leal a la República. El formato de su disputa parte de la base de la anterior Liga del Mediterraneo: los dos mejores equipos catalanes y los dos mejores valencianos de este torneo disputarán una fase previa en forma de liguilla a dos vueltas, en la que los dos primeros clasificados jugarán la final a partido único. En consecuencia, Barcelona, Español, Valencia y Levante eran los llamados a participar, pero el cuadro “culé”, campeón de la liga, renunció a su participación por hallarse inmerso en una gira internacional con objeto de recaudar fondos para sus arcas. Su puesto lo ocupó el Girona.

La Copa Presidente de la República y la Copa de España Libre.

La Copa Presidente de la República y la Copa de España Libre.

“El Mundo Deportivo” escribía, el 31 de mayo de 1937, lo siguiente sobre la disputa de esta nueva copa: “Ya tenemos una Copa de importancia para clausurar con ella la temporada oficial de fútbol. Se ha venido hablando de una Copa de España y con la imposibilidad de organizar una competición que pueda llamarse así por el número y calidad de los clubs participantes, surge la “Copa España Libre” por puntos pero con el anuncio de un partido final a disputar entre los dos clubs situados en primero y segundo lugar de la clasificación, después del último match de la segunda vuelta.”

La liguilla de la Copa de España Libre dejó los siguientes resultados:

Imagen17

FINAL (Sarriá, 18/07/1937): LEVANTE 1 VALENCIA 0. CAMPEÓN: LEVANTE FC

El Levante hizo un torneo copero extraordinario, superando en la fase de liguilla al Valencia, su rival ciudadano, por 5 a 2 en el campo de Vallejo -el prestado campo del Gimnástico- y por un sorprendente y contundente 0 a 4 en el campo de Mestalla, el feudo “che”. Los portuarios, asímismo, vencieron 4 a 1 al Español en terreno valenciano. Estos sorprendentes marcadores ante los rivales en teoría más fuertes le hicieron quedar en primer lugar y disputar la final frente a un Valencia que consiguió su plaza para la misma por mejor diferencia de goles con respecto al conjunto españolista.

La final se disputó a las 5 de la tarde (pocos estadios disponían en aquella época de luz artificial; de hecho, el primer campo de fútbol de España que disponía de iluminación artificial fue el de la Creu Alta, feudo del Sabadell, que se había inaugurado en 1933) del 18 de julio de 1937, primer aniversario de comienzo de la guerra, en el estadio barcelonés de Sarriá, el campo del Español.

El presidente de la República, Manuel Azaña, se encontraba precisamente en la ciudad de donde eran los dos equipos finalistas, pronunciando uno de sus discursos más célebres, en el Ayuntamiento de la capital levantina, en el que reprobaba la política de exterminio del adversario, por lo que no pudo entregar el trofeo al que daba su segundo nombre y que había donado.

Los onces de los equipos fueron:

Valencia FC: Antolín; Alepuz, Juan Ramón; Bertolí, Iturraspe, Arín; Domenech, Goiburu, Vilanova, Amadeo y Richart. Entrenador: Andrés Balsa.

Levante FC: Valero; Olivares, Calpe; Dolz, Calero, Rubio; Puig II, Nieto, Martínez, Gaspar Rubio y Fraisón. Entrenador: Juan Puig.

El encuentro fue arbitrado por D. Manuel Menal, siendo asistido por los jueces de línea Sres. Castro y Costabella.

Lejos de los antecedentes más inmediatos, en los que el Levante fue una suerte de “apisonadora” que pasó por encima del equipo “che” en los encuentros de la liguilla, la final fue muy disputada y se resolvió con un gol de Nieto a doce minutos para el final del encuentro. Los levantinistas se alzaron de este modo brillantemente con su primer trofeo oficial: la Copa de España Libre-Trofeo Presidente de la República.

LA ANULACIÓN DE LAS COMPETICIONES ORGANIZADAS DURANTE LA GUERRA EN LA ESPAÑA REPUBLICANA Y LA NEGATIVA AL RECONOCIMIENTO DE LA OFICIALIDAD EN LA ACTUALIDAD

Terminada la guerra con la victoria de las armas sublevadas contra la República, la FEF paralela organizada por los “nacionales” en San Sebastián bajo la presidencia del coronel Troncoso y la égida de la Delegación Nacional de Deportes dirigida por el general Moscardó, el llamado “héroe” del Alcázar de Toledo, ésta (que recupera el título de “Real”) se convierte en el organismo superior del fútbol español en sustitución de la federación legal de Madrid (y luego de Barcelona). Con la nueva legalidad adquirida por la victoria, la nueva federación reorganiza sus estatutos y se dota de un poder mayor en detrimento de las federaciones regionales y los clubes, y procede asimismo (al igual que ocurre en muchos otros estamentos de la sociedad) a llevar a cabo una profunda depuración ideológica en su propio seno, en el de las federaciones regionales y en el de los equipos, afectando a directivos, jugadores y al propio funcionamiento interno de las sociedades deportivas.

En lo que respecta al caso de la Copa levantinista (y también al título liguero superregional del FC Barcelona), la nueva Federación Española procede sin más a la anulación de las competiciones deportivas organizadas por la federación legítima, previamente existente, y las federaciones regionales que la componen y que han seguido las instrucciones que emanaban de su circular de 3 de octubre de 1936, dejando por tanto sin el carácter oficial que les es propio a los campeonatos regionales de Cataluña y Levante de 1936/37 ganados por Español y Valencia, respectivamente, así como la Liga del Mediterráneo y la Copa de España Libre de 1937 en que resultaron vencedores Barcelona y Levante. Pero con el agravante, además, de que las únicas decisiones que dejan de tener validez son los de la FEF que tiene funcionamiento en el territorio del régimen legal y legítimo de España, esto es, la FEF que funciona en territorio republicano. Por el contrario, las competiciones organizadas por la federación constituida por los rebeldes se consideran plenamente válidas y de carácter oficial. “Esta decisión que sólo es comprensible bajo la óptica de quien ha vencido en guerra, adquiriere el agravante de que no condenan ni invalidan aquellos torneos y competiciones organizados por la FEF con sede en San Sebastián como es el Torneo de las Brigadas Navarras o el Torneo Nacional de Fútbol de 1939 conocido como I Copa de S.E. el Generalísimo o Campeonato de España, afectando sólo a los organizados por la FEF de Madrid con sede provisional en Barcelona.”

Por este motivo, se considera -en la propia historia de la federación española y en las publicaciones deportivas como la Guía “MARCA”- como Campeonato de España y torneo copero equivalente a las Copas del Rey, del Presidente de la República o del Generalísimo, aun sin tener ese carácter -pues se disputó, como la Copa de España Libre, en una fracción del territorio y, además, organizada por una federación no reconocida oficialmente por la FIFA, sino de forma oficiosa (la FEF “republicana” seguía siendo la Federación Española de pleno derecho en el organismo internacional)- a la Copa del Generalísimo de 1939. Por esta razón, podemos decir que el Sevilla FC tiene un Campeonato de España de más, al igual que el Racing de Ferrol ha disputado una final de un Campeonato de España que en realidad no ha jugado. Ese torneo NO es un Campeonato de España, porque no fue organizado por una Federación Española legal y reconocida internacionalmente y no se pudo organizar con todas las federaciones regionales y con un ámbito que abarcase la globalidad del territorio nacional. La Copa de España Libre y la Liga del Mediterráneo tampoco fueron ni un Campeonato de España ni un Campeonato español de Liga, pero SÍ son torneos oficiales en tanto que contaron con el reconocimiento de una federación legal e internacionalmente reconocida y organizados por unas federaciones regionales que tenían tal potestad reconocida en los estatutos tanto propios como de la federación nacional.

¿Qué consideración puede tener la Copa del Generalísimo de 1939? La misma que la de los trofeos veraniegos: un torneo amistoso. Y justo lo contrario para el caso de la Liga del Mediterráneo o la Copa de España Libre. Al igual que los clubes catalanes siguen jugando hoy día su propio torneo regional, la Copa Catalunya, y es un torneo oficial aunque sin tener carácter nacional, el mismo reconocimiento deben tener los campeonatos obtenidos por “culés” y “granotas” en los años de la guerra civil. Más aún: si la actual Copa Catalunya es un torneo organizado por la Federació Catalana y su reconocimiento oficial no excede del ámbito territorial de esta federación (teniendo en cuenta que hoy día el poder de las federaciones regionales es bastante más limitado que antes de la guerra civil), en el caso de los trofeos de Barça y Levante ganados en 1937 se trata de títulos cuya oficialidad está reconocida por la propia federación nacional, por cuanto, como se dijo unas líneas más arriba, la FEF de entonces era una “federación de federaciones” y la legalidad ascendía de abajo arriba.

La decisión al final de la guerra, que se arrastra hasta nuestros días, es justo la contraria: lo que tiene legalidad es lo que establece el organismo sublevado; es oficial lo que sólo ostenta el carácter de oficioso. Si esto se extendiera al resto de competiciones, podemos imaginar lo que sentirían los seguidores madridistas al ver rebajado el carácter de la Copa de Europa al de un trofeo Ramón de Carranza o un Teresa Herrera y ascender el de la antigua (y predecesora de la anterior) Copa Latina al prestigio de la “orejona” -trofeo en el que Madrid y Barça están, si no empatados a títulos, mucho más parejos-. De nuevo, leemos a Vicent Masiá, que escribe con gran acierto que “historiadores de clubs o federativos enlazan la temporada 35/36 con la 39/40 como si nada hubiese ocurrido durante los años intermedios, hasta que ya en plena democracia y bien avanzada esta, surgen tímidas voces que hacen referencia a estos hechos que sucedieron, y tanto que sucedieron.”

Pero, desgraciadamente, en la actual democracia es difícil enlazar con la cada vez más lejana democracia republicana precedente. Si esto se ve en otros ámbitos -políticos, culturales, sociales o educativos-, el futbol (y especialmente en el caso de una federación española poco acostumbrada a discutir o a que discutan sus decisiones) no podía ser menos. Como en el caso del régimen político actual, en el que cada vez más voces tiene claro que la monarquía constitucional de hoy tiene su legitimidad del franquismo precedente, y ese lazo no es ni fácil de romper ni tampoco parece que existan muchas ganas de hacerlo, la FEF de nuestros días está claro (o lo parece) que se enlaza con aquella FEF victoriosa.

El órgano que preside Ángel María Villar -un ex defensa del Athletic de Bilbao, del que el recuerdo más perenne en la memoria de los aficionados en su etapa vistiendo de corto es una soberana patada a Johann Cruyff cuando el “Holandés Volador” militaba en las filas del FC Barcelona- negó reconocimiento oficial a la Copa de España Libre del Levante (y, aunque este asunto nunca se llegó a tratar, hizo de rebote lo mismo con la Liga del Mediterráneo del Barça), al contrario de lo que solicitaba la iniciativa planteada por el grupo parlamentario de Izquierda Unida, iniciativa que por otro lado salió bastante recortada del Congreso de los Diputados.

¿Qué adujo la Federación? En primer lugar, hay que destacar que el reconocimiento de oficialidad no lo estudió el propio organismo, sino que lo dejó en manos de una entidad privada, el CIHEFE, como si la propia FEF no contara con archivos e investigadores en sus filas. Este cambalache técnico se completó después con un cambalache argumental bastante pobre, que se desglosa a continuación:

1º) El CIHEFE no considera la Copa de España Libre un Campeonato de España, cosa que nadie había entrado a discutir. Lo que se discute es el reconocimiento oficial de la Copa de España Libre y el hecho de que el Levante F.C. (hoy Levante U.D.) fuera el campeón de un torneo oficial.

2º) El CIHEFE niega la oficialida de la Copa de España Libre, algo en lo que no puede entrar un organismo privado, sino sólo y exlusivamente los organismos oficiales pertinentes. Si sólo el ministerio de Educación puede expedir títulos oficiales de enseñanza, no me sirve de nada decir que soy cirujano si el título aparece expedido por el Círculo de Lectores y en vez de un sello oficial aparece un cromo de Panini. “Por segunda vez en la historia la RFEF se ve supeditada por la opinión de dos organismos ajenos, en 1939 por imposición de una Delegación Nacional de Deportes politizada y militarizada y en 2009 a petición propia delegando en un ente privado, CIHEFE, que le aconseja y marca las pautas a seguir ante su manifiesta incapacidad para evaluar una Proposición no de Ley a instancia del Congreso de los Diputados.”

3º) A instancias de este informe, la Federación Española somete a votación sus conclusiones después de haber sido incapaz de llegar por sí misma a una conclusión sobre la oficialidad o no de la Copa de España Libre, teniendo que encargar a un organismo externo un informe sobre el tema. En vistas de este hecho, sólo les queda someter a votación si es cierto o no que es blanco el caballo blanco de Santiago…

4º) CIHEFE alega que el trofeo, que llevaba como nombre “Copa de España Libre- Trofeo Presidente de la República” no fue entregado en persona al Levante por el propio Manuel Azaña, presidente a la sazón de la República. Por esa regla de tres, no sería válido el trofeo entregado al Madrid en la final de 2013 porque lo hizo el entonces príncipe Felipe en lugar del rey Juan Carlos. O ninguna de las copas de deporte femenino que llevan el apellido “de la Reina” dado que ni la reina Sofía ni la actual reina Letizia han acudido a entregarlo…

5º) Se alega que el trofeo fue organizado no por la FEF ni por las federaciones regionales de Valencia y Cataluña sino por el Valencia F.C. (de cuyo presidente Josep Rodríguez Tortajada surgió la idea), y tiene por tanto el carácter de un amistoso, algo que es falso. Una cosa es proponer la idea y otra es encargarse de la organización. Rodríguez Tortajada, efectivamente, propuso la idea, pero la organización corrió a cargo de las federaciones catalana y valenciana con el beneplácito de la española. Así que no estamos ante un Trofeo Naranja -el torneo veraniego de los “ches”-, sino ante un campeonato oficial con todas las letras.

6º) Que en la prensa no se nombra a las autoridades federativas -el presidente de la FEF, Mengual, o su secretario general Ricardo Cabot- y eso ya hace suponer a estos “lumbreras” que no estaban presentes y no entregaron el trofeo. La omisión de sus nombres por un medio no les hace necesariamente ausentes, y además, el hecho de que no estuvieran presentes en una época en la que además había -¿o acaso no lo sospechaban?- bombardeos, dificultades en el suministro de alimentos y gasolina, cortes en las comunicaciones de transporte, telefónicas y postales y un sin fin más de adversidades no quita un ápice de oficialidad al trofeo. Si fuera así, tendría que haber como mínimo delegados de la federación en absolutamente todos los partidos de las diferentes divisiones nacionales para que tuvieran validez, algo que logística y humanamente sabemos que es imposible.

7º) Dejamos ahora de nuevo hablar a nuestro experto: “Para rematar indican que el trasiego de jugadores fue constante, que no tenían ficha y que esto venía a enturbiar el desarrollo de una competición, llamémosle tradicional y al uso. Quizás estos señores hayan olvidado que estaban en medio de una situación anormal, en plena guerra, dentro de una situación terrible donde había centenares de muertos todos los días y sobre todo de la circular de la FEF del 23 de septiembre de 1936 que indicaba: “Los jugadores pertenecientes a las Federaciones Regionales enclavadas actualmente en zonas de guerra afectas a los rebeldes y que se hallen en zonas afectas al Gobierno, pueden fichar libremente, en la forma que gusten, por clubs enclavados en su actual residencia con la expresa condición de que una vez restablecida la normalidad y sofocada la rebelión, vuelvan al club de procedencia”. A esta circular hay que añadir una complementaria emitida esa misma fecha por el Sindicato de Profesionales del Fútbol de Cataluña con el beneplácito del sindicato UGT y de la Federación Catalana que decía: “Todos aquellos jugadores que el día 25 de septiembre no hubieran llegado a un acuerdo con su club para la renovación del contrato, quedan en libertad”. Además de estas circulares legales hay que sumar que algunos jugadores enclavados en zonas controladas por el ejército nacional, lograron escapar al cerco y movidos por el hambre y la única posibilidad de obtener dinero con lo que sabían hacer, se enrolaron en clubs bajo control gubernamental no por comodidad, sino por mera supervivencia.”

Como dice el refrán, “para este viaje no hacían falta tantas alforjas”. Si la federación no quería reconocer al Levante como campeón de un torneo oficial español, podía haber dicho simplemente “no nos sale de los…”, porque al menos los levantinistas (y de rebote el FC Barcelona y su hinchada) se hubieran quedado con la misma indignación, pero al menos no se habrían gastado ni recursos de la FEF, ni tiempo, ni saliva, entregándolos a un organismo externo y gastándolos en reuniones sin sentido en las que el pitorreo parece que no tenía fin. Aunque en 2009, dos años después de esta primera iniciativa, el Congreso volvió a actuar para que se reconociera la oficialidad de la competición, no ha habido éxito.

El cierre de este esperpento ha procedido del propio presidente “granota”, Francisco Catalán, que ha cedido en fechas recientes para el museo de la FEF el trofeo ganado por el club. Catalán ha expresado una insensibilidad con respecto a su propio equipo, su propia afición y la propia historia del Levante al donar a una institución que no reconoce el campeonato ganado en medio de tan duras circunstancias y con tanta brillantez por aquel equipo histórico la Copa de España Libre que ha sido, hasta ahora, el único título oficial obtenido por el club y su mayor logro junto con su clasificación para la Copa de la UEFA hace pocos años.

Una imagen que nunca ha debido darse: la entrega del trofeo por parte del Levante UD en la figura de su presidente a una federación que no reconoce su triunfo es una claudicación y -por decirlo de un modo suave- una tomadura de pelo a su memoria y su afición.

Una imagen que nunca ha debido darse: la entrega del trofeo por parte del Levante UD en la figura de su presidente a una federación que no reconoce su triunfo es una claudicación y -por decirlo de un modo suave- una tomadura de pelo a su memoria y su afición.

Nos hemos querido centrar en este estudio en el título levantinista, sin menospreciar el campeonato liguero del FC Barcelona, por tratarse de un equipo modesto, lo que hace que la injusticia sea todavía mayor si cabe, ya que se une el olvido de una historia propia, la del fútbol español por el fútbol español mismo, a la de que sea en la figura de un equipo pequeño pero que es, no cabe olvidarlo, uno de los más antiguos del País Valenciano y del propio panorama futbolístico español.

FUENTES:

A la hora de escribir este artículo, me he servido fundamentalmente de lafutbolteca.net, en especial del artículo sobre la Copa de España Libre escrito por Vicent Masiá. También la información contenida en la Wikipedia en español (es.wikipedia.org) sobre este extremo, así como las publicaciones de la Guía Marca de la Liga 2014/15 y los diarios AS, Marca y Levante-El Mercantil Valenciano. Sobre la selección española de fútbol en aquella época, y en especial el partido de Montjuic contra Alemania, es de gran interés consultar los blogs La Banda Izquierda y Búscame en el ciclo de la vida, que contiene un apreciable artículo sobre la figura del “Divino” Ricardo Zamora.

FE DE ERRORES:

El Athletic, actual Atlético, de Madrid y el C.D. Nacional, también de Madrid, no coincidieron en Segunda División durante la década de los treinta. Si bien es cierto que ambos equipos jugaron en la categoría de plata en estos años, lo hicieron en temporadas distintas. Así que si ambos equipos coincidieron sobre los terrenos de juego en competición oficial lo hicieron durante la disputa del Campeonato Superregional del Centro.

Lamentamos la omisión, por otra parte, de un club histórico de Cataluña que no aparece en el mapa incluido. Se trata del Club Esportiu Júpiter -entonces con su denominación en castellano, Club Deportivo Júpiter-. El histórico equipo del Poblenou barcelonés, fundado en 1909, alcanzó la Segunda división en la temporada 1934/35, llegando a jugar en esta categoría en las dos temporadas inmediatamente anteriores a la guerra civil. Actualmente, aunque el equipo gris y rojo se encuentra en los escalones inferiores del fútbol español, es un importante club de cantera en Cataluña.

Escudo del C.D. Júpiter durante los años de la Segunda República. Fue el escudo que recuperó el club con las cuatro barras de Cataluña y la estrella azul, después de que durante la dictadura de Primo de Rivera se viera obligado a usar otro con los colores de su uniforme, el gris y el rojo.

Escudo del C.D. Júpiter durante los años de la Segunda República. Fue el escudo que recuperó el club con las cuatro barras de Cataluña y la estrella azul, después de que durante la dictadura de Primo de Rivera se viera obligado a usar otro con los colores de su uniforme, el gris y el rojo.

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