José Gervasio Artigas: un caudillo con conciencia social

Hace pocas semanas, estuve leyendo el imprescindible libro “Las venas abiertas de América Latina”, del uruguayo Eduardo Galeano. Resultará sorprendente para un español acostumbrado a las glosas de la “hazaña” de la conquista de América observar cómo esa América precolombina, indígena, no era el continente atrasado y salvaje -en el peor de los sentidos del término, no del que pueda surgir de la lectura del “Cándido” de Voltaire- que sobresale en las visiones racistas y euro-centristas que impregnan (o han impregnado) las teorías históricas, políticas, económicas y hasta artísticas a lo largo de los siglos posteriores a la llegada de Colón.

El provecho económico -provecho unidireccional, siempre de allá para acá, de las colonias americanas a Europa- que sacó España de sus colonias americanas fue mínimo. La política de los llamados “Austrias Mayores” fue, por mucho que lo intenten negar los apologistas del imperio (todos esos franquistas y nacionalistas españoles que hacen buena la frase de Machado “la patria es un sentimiento esencialmente popular del que suelen jactarse los señoritos”) fue nefasta para los intereses del país. Ya que se estaba haciendo un expolio, ni siquiera fueron capaces de aprovecharlo para modernizar la metrópoli, sino que su empeño en realizar guerras de expansión y religiosas acabó arruinando las arcas del reino y haciendo que el oro y la plata americanos fueran a parar a los banqueros de Flandes, Venecia o Génova. Además de eso, los virreinatos españoles en América se convirtieron en una suerte de colonias extractivas, donde el lujo y el dispendio de una burguesía colonial transformada posteriormente por las independencias en burguesía nacional, impidió el desarrollo de una industria local floreciente.

Tras la independencia, el dominio económico sobre los nuevos países pasó de España y Portugal a Gran Bretaña y más adelante los Estados Unidos. Las teorías librecambistas de los británicos, que sin embargo no fueron adoptadas por ellos hasta que el proteccionismo económico no hubo garantizado una ventaja competitiva a sus industrias, fueron expandidas a América Latina de modo que las antiguas colonias continuaran siendo meras productoras de materias primas, mandadas a Gran Bretaña para su transformación y venta posterior ya como productos finales a quienes precisamente habían vendido los materiales necesarios para su producción. Las incipientes manufacturas nacionales radicadas en Perú, Argentina o Bolivia fueron de este modo hundidas, bien por la ignorancia de la propia burguesía local o por la presión a favor del librecambismo que imponía Gran Bretaña. Un epílogo triste de esta tendencia a la imposición de una teoría económica que impedía el desarrollo económico de las jóvenes repúblicas latinoamericanas fue el de Paraguay, que teniendo una industria nacional notable y un nivel de vida aceptablemente bueno para sus ciudadanos bajo los gobiernos de Gaspar Rodríguez de Francia y Francisco Solano López, se vio envuelta en una guerra contra Argentina, Brasil y Uruguay -la “Triple Alianza”-, jaleadas por los británicos, que arruinó su economía, diezmó su población, le arrebató territorios importantes como aquellos por los que pasaban los ríos en los que circulaba su importante flota mercante nacional y le obligó a abrir sus fronteras a los productos británicos, haciendo que sus propias manufacturas quebrasen y su riqueza nacional se hiciese añicos. Paraguay, que había llegado a ser la nación latinoamericana más desarrollada, pasaba de este modo a ser una de las más pobres junto a su vecina Bolivia.

ARTIGAS. INDEPENDENCIA, FEDERALISMO, REPARTO DE LA TIERRA.

Sin embargo, el pensamiento de los caudillos independentistas latinoamericanos no era tan obtuso como podía pensarse vistos los resultados que los procesos de emancipación de la corona española tuvieron. No todos ellos, aunque procedentes del mundo de la burguesía criolla, descendientes de españoles afincados en el “Nuevo Mundo”, compartían la visión cerrada de la clase social a la que pertenecían, con el agravante de ser, además, escasamente inclinados a los negocios como los protestantes ingleses que habían llevado a su país a encabezar la Revolución Industrial, y con nula visión de Estado para construir una nueva nación, próspera y capaz de garantizar los derechos ciudadanos a todos sus habitantes, ya fueran descendientes de españoles, esclavos negros o nativos indios. Artigas fue una de aquellas excepciones.

José Artigas en su madurez

José Artigas en su madurez

José Gervasio Artigas Arnal (Montevideo 1764- Asunción, Paraguay, 1850) era hijo de un propietario de tierras en lo que hoy es Uruguay, entonces una provincia del virreinato del Perú. Nieto de españoles de Aragón y Canarias, su trabajo en la chacra de su padre le llevó al contacto con los indígenas charrúas, los gauchos y los esclavos negros, lo que influiría poderosamente en su ideario. Su educación formal se había desarrollado en el interior de las escuelas católicas franciscanas, en concreto la del convento de San Bernardino, finalizando simplemente la enseñanza primaria. Posteriormente, su formación pasaría a ser autodidacta, a través de sus experiencias con esa parte marginada de la sociedad que eran los charrúas -con una mujer de esta raza tuvo un hijo, Manuel- y los peones rurales y con lecturas de ilustrados como Rousseau y el norteamericano Thomas Paine.

Se comenta que en su juventud participó en actividades de contrabando, algo que ha sido negado por la historia reivindicadora de su figura aduciendo la falta de pruebas. No obstante, pudo ser ciertamente un rasgo rebelde del carácter de Artigas, persona de campo al fin y al cabo que actuaría conforme a las “leyes de la época” en este sentido, como una forma de defender los intereses de la familia de los elevados impuestos y un connato de la rebeldía que demostraría más tarde contra el régimen realista español.

Lo que sí es cierto es que su gran compañero, el “negro Ansina”, había sido un esclavo afro-montevideano capturado por los portugueses. Encontrado por Artigas en la frontera oriental entre Brasil y el virreinato del Perú, decidió comprarlo y darle la libertad. Joaquín Lenzina, conocido como el “negro Ansina” pasaría el resto de su vida junto a Artigas, de quien sería además su mejor amigo, camarada de armas y cronista.

En 1797, Artigas ingresó en el cuerpo colonial de los Blandengues, una milicia de fronteras cuyo objetivo era proteger las fronteras del virreinato -la Banda Oriental, el posterior Uruguay, pasó a formar parte del virreinato de Río de la Plata- de las incursiones terrestres de Portugal (desde Brasil) y de Gran Bretaña por mar, que llegó a invadir Buenos Aires en 1806. Con el estallido de la guerra de Independencia en España contra la invasión napoleónica, en el Río de la Plata, al igual que en el resto de virreinatos españoles, las autoridades criollas iniciaron sus propias luchas independentistas, desobedeciendo a las autoridades peninsulares y formando gobiernos propios. El 25 de mayo de 1810, tras de la revuelta de Chuquisaca justo un año antes -que marcó el inicio de las independencias hispanoamericanas-, el pueblo de Buenos Aires formó una junta de gobierno que depuso al virrey español, Baltasar Hidalgo de Cisneros, y obligó al desplazamiento de la corte virreinal a Montevideo. Poco después, la provincia de Entre Ríos se puso también en pie de guerra.

Casi al mismo tiempo que el nuevo virrey español, Francisco Javier Elío, llegaba a Montevideo para hacerse cargo de la administración de la colonia y poner fin a la insurrección independentista (enero de 1811), Artigas desertaba del cuerpo de Blandengues (15 de febrero) y se incorporaba a las luchas por la independencia. El objetivo de su lucha sería su provincia natal, la Banda Oriental, en la que se encontraba la sede del gobierno colonial.

Escudo de la Banda Oriental, también llamada Provincia Oriental del Río de la Plata

Escudo de la Banda Oriental, también llamada Provincia Oriental del Río de la Plata

Los pueblos de la América española luchaban por su libertad y Artigas quería defender esas ideas en la Banda Oriental. El 11 de abril de 1811 emitió la Proclama de Mercedes, asumió el mando de la revolución independentista en la Banda Oriental y el 18 de mayo derrotó a los españoles en la Batalla de Las Piedras. Luego inició el sitio de Montevideo y fue proclamado “Primer Jefe de los Orientales”. En las filas artiguistas participaron personajes y caudillos tan importantes para la posterior historia uruguaya como Dámaso Antonio Larrañaga, Juan Antonio Lavalleja, Manuel Oribe, Fernando Otorgués, Fructuoso Rivera y Pablo Zufriategui.

En 1812 logró convocar a un Congreso Nacional en Maroñas y allí proclamó la Provincia Oriental con gobierno federal, como modelo a seguir por las demás Provincias Unidas del Río de la Plata, el germen de lo que posteriormente sería la República Argentina (que se creará sin esa Provincia Oriental que posteriormente sería la República Oriental del Uruguay). El federalismo, rasgo de su pensamiento político, aparecía aquí en su primera enunciación. Para Artigas, así como para el resto de caudillos federales de las Provincias Unidas, el federalismo no era solo una forma de organización política en la que las provincias se organizaban en una estructura nacional superior “de abajo hacia arriba”, sino que, como posteriormente se observará en la guerra que éstas mantendrán contra el Directorio de Buenos Aires, era una necesidad de protección económica no sólo para ellas sino para la propia y joven nación rioplatense. Explica Galeano que Buenos Aires se había alzado como puerto único, lugar obligado de paso y de cobro de peajes para los productos procedentes de las provincias, además de controlar la navegación interior, crucial para el mantenimiento del comercio interprovincial, y merced a esto, el gobierno bonaerense estaba introduciendo en el país los productos británicos sin permitir el desarrollo de las manufacturas propias.

Cuando la independencia estaba avanzando por todo el Río de la Plata, y Montevideo permanecía sitiado, sucedió entonces el primer conflicto entre Artigas y Buenos Aires. La Junta de esta última ciudad firmó un armisticio con el virrey español Elío, por lo que el sitio de la ciudad hubo de ser levantado. Artigas, disgustado por esta decisión, fue enviado por la Junta a desempeñar un nuevo cargo como gobernador del departamento de Yapeyú, entonces en Misiones. En la primera semana de 1812 tuvo lugar lo que se conoce como el exilio oriental, cuando acompañaron a Artigas unas dieciséis mil personas que cruzaron el río Uruguay desde la orilla oriental a la occidental. Cerca del arroyo Ayuí Grande (a pocos kilómetros al norte de la actual ciudad entrerriana de Concordia, entonces perteneciente a la jurisdicción de Misiones) se estableció en un enorme campamento, desde el cual organizó un gobierno sui generis sobre el territorio que sus hombres alcanzaban a controlar. Mantuvo correspondencia con pequeños caudillos locales de las provincias de Entre Ríos y Corrientes, con lo que aumentó el círculo de los que compartían sus ideas y que serían base de su futura influencia. Este gobierno será la base de sus primeras nociones de justicia social, reparto de la tierra y creación de un régimen igualitario entre criollos, antiguos esclavos e indígenas.

LAS LUCHAS DE ARTIGAS: LA LIGA FEDERAL, EL CONFLICTO CON BUENOS AIRES Y LA INVASIÓN BRASILEÑA DE LA BANDA ORIENTAL

Bandera de la Liga Federal (o Liga de los Pueblos Libres). Es el resultado de la unión a la bandera de las Provincias Unidas del festón rojo, símbolo del federalismo rioplatense. En la actualidad, esta bandera, también conocida como "Bandera de Artigas", es uno de los símbolos nacionales de Uruguay

Bandera de la Liga Federal (o Liga de los Pueblos Libres). Es el resultado de la unión del festón diagonal rojo, símbolo del federalismo rioplatense, a la bandera de las Provincias Unidas. En la actualidad, esta bandera, también conocida como “Bandera de Artigas”, es uno de los símbolos nacionales de Uruguay

Tras la independencia de las Provincias Unidas, muchos fueron los conflictos que tuvieron que enfrentar Artigas y sus partidarios, en particular para poder levantar una nación próspera y que otorgara bienestar a sus ciudadanos bajo la premisa de un gobierno autónomo para las provincias. Los delegados a la Asamblea Constituyente de 1813 procedentes de la Banda Oriental recibieron una serie de instrucciones (las llamadas Instrucciones del Año XIII) dadas por Artigas, el 13 de abril, para concurrir a la reunión, que se celebraría en Buenos Aires. Tales instrucciones fueron:

  • Independencia de las provincias del poder español.
  • Igualdad de las provincias a través de un pacto recíproco.
  • Libertad civil y religiosa.
  • Organización de los poderes como un gobierno republicano.
  • Federalismo, con un gobierno supremo que entendiera solamente en los negocios generales del Estado, y confederación, referida a la protección que se debían las provincias    entre sí.
  • Soberanía de la Provincia Oriental sobre los siete pueblos de las Misiones Orientales.
  • Ubicación del gobierno federal fuera de Buenos Aires.

Los diputados orientales artiguistas fueron rechazados por la asamblea, y en un gesto antidemocrático se procedió a la elección particular de otros de tendencia contraria. Artigas, enfurecido, abandonó el sitio de Montevideo (reanudado a principios de 1812) y a mediados de enero de 1814 lanzó una serie de campañas en el interior de la Banda Oriental y la provincia de Entre Ríos. El directorio bonaerense, en la figura de su Director Supremo, Gervasio Posadas, le declaró traidor a la patria, aunque no era la primera vez que Buenos Aires le hacía una “jugada” a Artigas. En 1812, tras la reanudación del sitio de Montevideo, el jefe político mandado por Buenos Aires, Manuel de Sarratea, hizo todo lo posible para debilitar las fuerzas de Artigas, lo que llevó a un enojoso conflicto con el caudillo. Sólo después de la retirada de Sarratea, Artigas se unió al sitio de Montevideo con sus tropas.

En este cartel que reza "El Protectorado" (Artigas fue proclamado Protector de la Liga de los Pueblos Libres) se pueden ver los principios que defendía la Liga y un mapa con las provincias que la conformaban: Entre Ríos, Corrientes, Banda Oriental, Santa Fe, Misiones y Córdoba

En este cartel que reza “El Protectorado” (Artigas fue proclamado Protector de la Liga de los Pueblos Libres) se pueden ver los principios que defendía la Liga y un mapa con las provincias que la conformaban: Entre Ríos, Corrientes, Banda Oriental, Santa Fe, Misiones y Córdoba

Tras la negativa a aceptar a los diputados electos de la Banda Oriental y las campañas de Artigas en el interior de aquella y de Entre Ríos, organizó la Liga de los Pueblos Libres (posteriormente Liga Federal) y tomó Montevideo del control de los unitarios bonaerenses, en el inicio de la primera guerra civil de las Provincias Unidas. Esta guerra tuvo su escenario en la Provincia Oriental, Misiones y Entre Ríos, y estuvo además la posibilidad de que La Rioja y Santiago del Estero se sumaran a la Liga Federal, como las tres primeras. El conflicto estuvo motivado, como menciona Galeano, por las diferentes concepciones económicas que sobresalían de los modelos administrativos federal y unitario. Buenos Aires se beneficiaba del cobro de los peajes por la navegación de los ríos interiores y por la llegada de mercaderías extranjeras a sus muelles. Esto hundía la economía interior de las provincias e hipotecaba el desarrollo de las manufacturas e industrias propias rioplatenses, que se convertían en meras exportadoras de materias primas que luego adquirían de nuevo a los ingleses como productos ya terminados, en vez de producirlos en suelo nacional. Por este motivo, Artigas y los caudillos de Entre Ríos y Misiones sostenían que todos los pueblos tenían los mismos derechos y la capital era solo la residencia de las autoridades elegidas por las provincias. Esto es, que la Revolución no era sólo un cambio de amos, en que los pueblos hubieran pasado de ser súbditos de los españoles a súbditos de los porteños.

Mapa de la Liga de los Pueblos Libres (Liga Federal), también llamada Confederación Oriental, en 1815.

Mapa de la Liga de los Pueblos Libres (Liga Federal), también llamada Confederación Oriental, en 1815.

La guerra, comenzada el último día de 1813, llevó a una ventaja inicial del Directorio unitario de Buenos Aires, pero luego fue favorable a las armas federales. El 29 de junio de 1815, en el municipio entrerriano de Concepción, se reunió el primer Congreso de los Pueblos Libres (esto es, de las provincias de tendencia federal) o Congreso de Oriente, convocado por Artigas para tratar “de la organización política de los Pueblos Libres, el comercio interprovincial y con el extranjero, el papel de las comunidades indígenas en la economía de la confederación, la política agraria y la posibilidad de extender la Confederación al resto del ex-Virreinato del Río de la Plata”. En este congreso, las provincias de Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Misiones, Santa Fe y la Provincia Oriental se declararon independientes “de todo poder extranjero”, al tiempo que se invitó a las demás Provincias Unidas del Río de la Plata a sumarse a un sistema federal, ya que tal declaración de independencia no era una declaración separatista. Este congreso sancionó el 10 de septiembre de 1815 un “Reglamento para el fomento de la campaña”, que es considerada la primera reforma agraria de América Latina, ya que expropiaba las tierras y las repartía entre los que la trabajaban “con la prevención que los más infelices sean los más privilegiados”.

Con el transcurso de la guerra, que no finalizaría hasta el 23 de febrero de 1820, con el Tratado de paz del Pilar, que descafeinaba muchas de las reclamaciones federalistas de las provincias y mantenía la hegemonía política y económica de Buenos Aires, otras potencias trataron de sacar tajada. Brasil -entonces dominio portugués- invadió, en consonancia con el gobierno de Buenos Aires (en 1817, el nuevo Director de las Provincias Unidas, José Rondeau, decidió entenderse con el gobernador portugués del Brasil, Carlos Federico Lecor, y le propuso atacar a los federales hasta el río Paraná, esto es, quitarles Entre Ríos y Corrientes, lo que daba una ligera idea de hasta que punto este tipo de personajes eran capaces de dejar invadir su territorio por fuerzas extranjeras con tal de quitarse de en medio a un enemigo político) y los emigrados españoles, la Provincia Oriental nativa de José Artigas. El año de la invasión, 1816, Montevideo y la Provincia Oriental había visto como era sustituido al frente del gobierno local Fernando Otorgués, un antiguo lugarteniente de Artigas, que había causado un gran malestar entre la población, por el abogado también artiguista Miguel Barreiro. La ciudad se mantuvo en paz, y Artigas pudo llevar adelante un gobierno progresista y democrático en el interior de la Provincia Oriental. Hizo profundas reformas sociales y repartió las tierras, las vacas y los bienes muebles de los emigrados entre los pobres.

En el ánimo de los gobierno de Buenos Aires y del Brasil estaba debilitar la revolución artiguista y evitar su expansión más allá de las fronteras de las provincias federalistas, debido a su peligroso contenido no sólo político-administrativo sino también social, ya que señalaba el camino para hacer ciudadanos a todos y no sólo a una capa privilegiada de la población, los criollos descendientes de españoles que asumirían el poder en el resto del subcontinente sin la más mínima preocupación por el porvenir de los indios nativos ni por sus propias naciones en las centurias venideras. La invasión brasileña, por un lado, y la despiadada represión de la lucha montonera eran las dos caras de esta “contrarrevolución” que se ocultaba en la guerra contra los federales.

EL OCASO

El 9 de julio de 1816, se formaliza la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata en el Congreso de Tucumán, al que no asistieron representantes de las provincias de la Liga Federal (salvo de la de Córdoba, cuyo gobernador José Javier Díaz supo jugar a la ambigüedad acerca del lado de quien estaba, si del Directorio o de Artigas, para al final mantener sus lazos con el primero y permitir las comunicaciones gubernamentales por su territorio). Apenas un mes después, tiene lugar la invasión de la Provincia Oriental (el posterior Uruguay) por parte del Brasil con la connivencia del gobierno unitario de Buenos Aires y de los partidarios del mismo en la propia capital oriental, Montevideo. La lucha resulta un fracaso para la causa artiguista. Ocupada Montevideo en 1817, la resistencia durará tres años más en el interior, hasta que finalmente Artigas tenga que abandonar su provincia natal en 1820. Uno de sus lugartenientes, Fructuoso Rivera, llegará incluso a unirse a los brasileños y a formar parte de un cónclave conspirativo -el “Club del Barón”- para dar muerte al caudillo.

La firma del Tratado del Pilar en ese mismo año 1820, supuso también a la larga un revés para Artigas. Los gobernadores de las provincias de Entre Ríos, Francisco Ramírez, y Santa Fe, Estanislao López, victoriosos en la campaña contra el centralismo de Buenos Aires, firmaron este tratado sin poner en conocimiento del mismo a Artigas, aunque tal tratado consideraba pedirle su aprobación. Ramírez, en cuya provincia se había refugiado Artigas tras la derrota en la Provincia Oriental a manos de los brasileños, consideró una amenaza para su poder la presencia del líder montevideano en su territorio y le declaró la guerra, con apoyo del gobierno porteño. Expulsado nuevamente, se refugió en Corrientes, donde contó con el apoyo del jefe guaraní Francisco Javier Sití. Perseguido, sin embargo, por Ramírez y sus ayudantes, cruzó la frontera y se estableció definitivamente en el vecino Paraguay, en el que su presidente Gaspar Rodríguez de Francia le dio refugio, aunque cuidó que no conservara ninguna influencia política, ni mantuviera correspondencia con nadie fuera del Paraguay.

Retrato de Artigas en su vejez, ya exiliado en Paraguay

Retrato de Artigas en su vejez, ya exiliado en Paraguay

Cruzó la frontera del Paraná sin su familia ni su extensa prole (había tenido varios hijos aparte de los de sus tres matrimonios), y sólo tuvo la compañía de su inseparable amigo el “negro Ansina”. Los paraguayos y guaraníes de Misiones lo llamaban Karay Guazú (Gran Señor), título que no solo le dieron a Artigas, sino que también dieron a los presidentes paraguayos Gaspar Rodríguez de Francia y Francisco Solano López. Por otra parte, Gonzalo Abella, historiador, recoge que los guaraníes de Curuguaty se referían a Artigas con el apodo Oberavá Karay (Señor que Resplandece). En Paraguay conoció a la que fue su última esposa, Clara Goméz Alonso. De esta unión nacería en 1827 Juan Simeón, el último de su larga prole y que llegaría a ser Teniente Coronel en Paraguay, hombre de confianza del Mariscal Francisco Solano López. En 1840, tras su detención preventiva a la muerte de Rodríguez de Francia, fue trasladado a por el nuevo gobierno del presidente Carlos Antonio López (padre de Solano López) a Asunción, donde residió en la Quinta Ybyray, la misma residencia del presidente de la República, rodeado del afecto de los paraguayos. Allí falleció, diez años después, el 23 de septiembre de 1850, a los 86 años de edad.

Artigas pudo librarse al menos de ver en vivo como su lugar de nacimiento, la Provincia Oriental, era liberada por los “Treinta y Tres Orientales” de la dominación brasileña pero para convertirse en un país independiente de las Provincias Unidas-Argentina, algo que nunca deseó. Liderados por Juan Antonio Lavalleja, este grupo de rioplatenses nacidos en la antigua Provincia Oriental regresó a su tierra para expulsar a los brasileños. Eventualmente se sumaría el general Fructuoso Rivera quien ofreció a los portugueses una vasta región del norte y este de la Provincia Oriental a cambio de lograr “la paz”. El territorio cedido por el conspirador antiartiguista Rivera a los portugueses limitaba al norte con la actual ciudad de Porto Alegre. Para José Gervasio Artigas era toda una traición.

Óleo de Juan Manuel Blanes que representa el juramento de los Treinta y Tres Orientales.

Óleo de Juan Manuel Blanes que representa el juramento de los Treinta y Tres Orientales.

La República Oriental del Uruguay nació con merma de territorios, cedidos al Reino de Portugal (esto es, a Brasil) y con un presidente, Fructuoso Rivera, que había desplazado a Lavalleja, puesto que el líder de los “Treinta y Tres” y héroe de la independencia no era de ningún modo del agrado de los brasileños. El antiguo luchador del lado de Artigas, conspirador contra él, se ponía al frente de un nuevo país que jamás el caudillo oriental deseó que fuera separado de la Argentina. Y separado, asimismo, del ideario de uno de los héroes de la independencia más lúcidos y comprometidos que surgieron en América Latina.

FUENTES:

Eduardo Galeano: “La venas abiertas de América Latina”, Madrid, Siglo XXI.

Eduardo Galeano: “Nosotros decimos no”, Madrid, Siglo XXI.

Wikipedia en español: “José Gervasio Artigas”, “Guerra entre Artigas y el Directorio”, “Invasión Luso-Brasileña” e “Historia de Uruguay”.

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