Las operaciones SAAL: Una arquitectura para el Portugal del 25 de Abril

SAAL-1El día 8 de agosto de 1974, Nuno Portas, arquitecto a la sazón y secretario de Estado de Vivienda y Urbanismo del gobierno presidido por el general Vasco Gonçalves, creaba a través de un decreto las Sociedades de Apoyo Descentralizado Local (en portugués, Sociedades de Apoio Ambulatório Local). El gobierno de Vasco Gonçalves, que iniciaba la etapa izquierdista de la Revolución de los Claveles, inauguraba con la creación del programa de las SAAL una de las experiencias de vivienda y urbanismo más singulares de los últimos cuarenta años en el Occidente europeo, donde la participación vecinal al lado de los jóvenes arquitectos que desarrollaron la rehabilitación o la construcción de nuevos barrios supuso un momento único que en 2014, 40º aniversario del derrocamiento del régimen fascista en Portugal, fue objeto de una retrospectiva en el Museo Serralves de Oporto.

ACABAR CON LOS “BAIRROS DE LATA” Y LAS “ILHAS”

El objetivo final y común del las operaciones SAAL, un programa heterogéneo por cuanto estaba basado en la participación y en el estudio de las necesidades a resolver en un contexto determinado, no era otro que el de acabar con los núcleos chabolistas y los barrios históricos poblados por personas humildes que habían ido surgiendo en las grandes ciudades como Lisboa, Oporto o Setúbal o en el cinturón industrial que bordea a la capital portuguesa al sur del Tajo, en ciudades como Montijo, Barreiro, Seixal o Barreiro. La ausencia de una política de vivienda digna de tal nombre en la etapa del salazarismo había creado un déficit de alrededor de 50.000 viviendas mientras, al mismo tiempo, el desplazamiento de mano de obra procedente de las regiones agrícolas del interior del país a las incipientes zonas industriales localizadas en la costa (y especialmente en la mencionada desembocadura del Tajo) había generado a su vez un conjunto de barrios marginales caracterizados por la insalubridad y la ausencia de servicios básicos. Unos de ellos eran definidos como “bairros de lata”, esto es, barriadas de chabolas ubicadas en el extrarradio de las ciudades; otros eran las “ilhas”, las cuales, rodeadas por barrios de mejor condición, se encontraban en el interior de la ciudad pero en unas condiciones tan depauperadas que necesitaban de un profundo trabajo de rehabilitación y regeneración urbana.

El despilfarro de recursos en la maquinaria de guerra que el salazarismo tuvo que poner en marcha a lo largo de los años sesenta a consecuencia de las sucesivas contiendas que tuvo que emprender con objeto de mantener su imperio colonial en África y Asia (las primeras posesiones que perdió fueron las ciudades de la costa de la India, en los años cincuenta), unido a un sistema fiscal de escasa capacidad recaudatoria y permisivo con el fraude hizo que la política social, no sólo la referida a la vivienda, se resintiera enormemente y fuera parte del descontento que llevó a que estudiantes y trabajadores, y finalmente los jóvenes oficiales del MFA que derribaron a la dictadura en 1974, comenzaran una contestación ascendente al régimen.

De este modo, el proceso SAAL aparecía como una reivindicación más de los derechos sociales y colectivos que habían brillado por su ausencia en la etapa del “Estado Novo” salazarista: educación, salud, trabajo y salarios dignos, al ocio y la cultura… y al mismo tiempo entroncaba con ellas en el sentido en que la vivienda digna y servicios habitacionales básicos tales como transporte, luz, alcantarillado o agua potable permiten romper el aislamiento y la marginación que hacen imposible el disfrute de los anteriores y la reivindicación consciente y crítica de los mismos.

UN PROCESO PARTICIPATIVO

“En el sistema de vivienda tradicional todo está hecho cuando los inquilinos llegan. Con el programa SAAL, el inquilino llega antes de que se tome cualquier decisión”

Nuno Portas

Los vecinos construían por sí mismos sus propias viviendas.

Los vecinos construían por sí mismos sus propias viviendas.

La debilidad, pero asimismo la fortaleza, y la característica singular del SAAL portugués fue la de interconectar a los técnicos -entre quienes se contaban sociólogos, juristas y asistentes sociales- y arquitectos con los vecinos de las zonas en las que se iba a trabajar, bien reconstruyendo las zonas afectadas por problemas de infravivienda con nuevas moradas o bien realizando viviendas nuevas. Los equipos conjuntos recibieron el nombre de “brigadas”, y aunque el trabajo bien pudo ser complicado por condicionantes debidos a diferencias culturales, de extracción social, e ideológicas, muchos de los arquitectos que se vieron envueltos en el proceso recuerdan aquella etapa con cariño y como una experiencia positiva en su carrera profesional. Y es que, no en vano, entre los diferentes proyectos o procedimientos complementarios e incluso contradictorios que registró la Revolución del 25 de Abril en los años inmediatamente posteriores al derrocamiento del régimen dictatorial estaba la llegada a una democracia de amplia base participativa, un modelo de socialismo autogestionario (en el que estuvo muy implicada la LUAR -Liga de Unidade e Acção Revolucionária- liderado por el “cerebro” del 25 de Abril, Otelo Saraiva de Carvalho) que no podía sino generar las mismas prevenciones y temores en los países occidentales y los sectores moderados del país como el socialismo ortodoxo del PCP de Álvaro Cunhal.

Las manifestaciones por el derecho a la vivienda fueron una constante y un impulso al proceso en los últimos años del salazarismo y los primeros tiempos de la revolución portuguesa.

Las manifestaciones por el derecho a la vivienda fueron una constante y un impulso al proceso en los últimos años del salazarismo y los primeros tiempos de la revolución portuguesa.

Sea como fuere, lo que se estaba defendiendo en el SAAL no era tanto un modelo político sino la cobertura de unas necesidades largo tiempo olvidadas, y en el momento de desarrollar el proceso, y con una cierta lógica, resultó crucial poner a los vecinos en marcha junto a los expertos, en debate permanente, en una forma cotidiana de interacción que buscaba enriquecer el proceso y hacer partícipes y no meros espectadores a los futuros inquilinos de las nuevas viviendas. Entonces, a modo de consigna, se decía “os arquitectos são a mão do Povo” (“los arquitectos son la mano del pueblo”).

Algunos de aquellos arquitectos, jóvenes entonces, hoy ya veteranos, dijeron con motivo de la exposición en el museo de la Fundação Serralves de Oporto palabras de recuerdo conmovido sobre aquella experiencia. “La memoria que guardo del SAAL es la de un momento excepcional, de posibilidad de trabajar en la arquitectura en una relación directa con sus destinatarios, los moradores”, comenta Alexandre Alves Costa, arquitecto y profesor que fue coordinador del SAAL en Oporto. De opinión similar es Gonçalo Byrne, responsable de la construcción del Bairro Casal da Figueira, en la ciudad de Setúbal, al sur de Lisboa e importante centro industrial y pesquero. Byrne, que en la ciudad del Sado proyecto este barrio para una comunidad de pescadores, señala que “fue una de las experiencias más enriquecedoras de toda mi vida profesional”. En un escalón superior, Maria Proença, que era funcionaria del Fondo de Fomento de la Vivienda (en portugués, Fundo de Fomento da Habitação, FFH) y más adelante, coordinadora general del SAAL a invitación del secretario de Estado Nuno Portas, cuenta que “recorrí el país entero, de Oporto al Algarve, localizando las carencias habitacionales de las personas… y todo el mundo tenía. No sé si en el tiempo de las feministas de EE.UU. era así, pero en el Sur estaban las mujeres diseñando casas, decían dónde se ponía la cama, cómo se iba de un lado al otro… Para mí, fue todo maravilloso”. El valor de estos testimonios sirve para reivindicar el papel del SAAL en un momento como el actual, donde la especulación inmobiliaria ha venido a sustituir a las políticas sociales en la materia y donde se han desarrollado nuevas herramientas no existentes entonces que pueden complementar a la labor realizada entonces con muchas limitaciones de medios.

METODOLOGÍA Y DESARROLLO: CARACTERÍSTICAS DEL PROYECTO SAAL

“El SAAL cambió la relación colectiva de la población con la arquitectura y dio una razón efectiva a los arquitectos, en un momento muy complejo pero también muy estimulante para pensar en su disciplina y en su relación con el público”

Delfim Sardo, comisario de la exposición “O Processo SAAL: Arquitectura e Participação, 1974-1976”

Imagen de una votación en una asamblea vecinal.

Imagen de una votación en una asamblea vecinal.

Como ya se ha enunciado con anterioridad, la característica principal de las operaciones del SAAL fue la participación y la interacción entre vecinos de las zonas afectadas y los técnicos y arquitectos envueltos en las mismas. Tal característica convierte al desarrollo urbano de este momento revolucionario de Portugal en un ejemplar único de lo que había venido realizándose y venía en el continente europeo. En un artículo, Aitor Varea define en cierta medida la eclosión producida por el encuentro de una generación de arquitectos, cuya mayor fama posterior vendrán a tener los de la llamada “Escuela de Oporto” (estudiantes o recién licenciados en Arquitectura surgidos de la Escuela Superior de Bellas Artes de esta ciudad), cuyas preocupaciones se desvían un tanto de los aspectos formales y abstractos y pasan a acercarse más a la realidad concreta, con ese momento revolucionario posterior al 25 de Abril en el que se les abre la oportunidad de entrar en contacto con la realidad y experimentar desde ella y junto a otros agentes (entre ellos el “cliente final”, el destinatario del producto de su trabajo, el morador).

La segunda característica que va a definir el desarrollo de las operaciones SAAL es la descentralización. Esto obedecía tanto a una intención política, en el sentido de desplazar la toma de decisiones desde la clásica forma arriba-abajo hacia la premisa contraria, de abajo-arriba, dirigiéndose hacia lo concreto (lo que se resumía, según el “Libro Blanco del SAAL”, que resumía en 1976 el trabajo realizado en aquellos dos años que duró el programa, en concebir el urbanismo “ciudad a ciudad, barrio a barrio, ‘ilha a ilha’, casa a casa, cuarto a cuarto”), como al hecho de que el Estado, en los años precedentes, había sido incapaz de articular un procedimiento adecuado para solucionar los problemas urbanísticos que se presentaban en los municipios portugueses con los instrumentos tradicionales. “La iniciativa privada nunca se vio lo suficientemente atraída por los incentivos promovidos por los distintos gobiernos (por lo que se entregó a la producción de vivienda para otros sectores del mercado) en tanto que el aparato del Estado no poseía los medios para resolver por sí solo un problema tan profundo y extendido”, escribe Aitor Varea. Por ello, se opta por una solución que recuerda mucho a otros momentos revolucionarios de la historia del siglo XX, con la constitución de brigadas voluntarias de jóvenes de educación burguesa pero entusiastas de sumarse a un cambio social y de colaborar en la elevación del nivel cultural y moral de los más desfavorecidos (Nicaragua, Cuba, la RDA de los primeros y entusiásticos momentos previos a la instauración de la ortodoxia estaliniana…) Los arquitectos proyectaban, los vecinos construían, el Estado corría con los gastos de material… “Se pretendía con ello vincular el Estado a ciertos sectores más dinámicos de la sociedad civil y libertar al proceso de las penas burocráticas que retrasaban los programas de vivienda”, afirma Nuno Portas. Esta característica de la participación fue lo que definió, en particular, el proceso en el Algarve, donde uno de los proyectos del SAAL, el de Meia-Praia-Apeadeiro, en Lagos, se hizo particularmente famoso al ser objeto de una película realizada por António da Cunha Telles (“Continuar a viver ou Os índios da Meia-Praia”, con una hermosa canción realizada para el filme por el genial cantautor José Afonso) que resumía los trabajos realizados por la cooperativa de pescadores que construyó con sus manos sus viviendas y su lucha por mantener en pie sus casas. “En el Algarve, más importante que la arquitectura fue la participación popular”, hace notar Delfim Sardo, comisario de la exposición sobre el SAAL celebrada en el portuense museo Serralves.

El entusiasmo popular fue un elemento destacado por los arquitectos y técnicos que trabajaron en el SAAL, que observan aquella etapa como una provechosa experiencia profesional.

El entusiasmo popular fue un elemento destacado por los arquitectos y técnicos que trabajaron en el SAAL, que observan aquella etapa como una provechosa experiencia profesional.

La tercera circunstancia que caracteriza el proceso, y que es una consecuencia de lo anterior, es la heterogeneidad de soluciones, vinculadas al diferente estado de los barrios y zonas afectadas a las diferentes operaciones SAAL, al distrito o provincia del país en el que se desarrolla (condicionantes de ambiente, tradiciones de vivienda…), a los proyectos desarrollados por los arquitectos y las “enmiendas” presentadas a los mismos por la vecindad y otras cuestiones -como las expropiaciones del suelo- surgidas en el momento de la construcción. Lejos de partir de una solución determinada “desde arriba” y que convierte a los barrios en lugares sin personalidad, y a la vivienda como un objeto de consumo homogéneo y de iguales características en las zonas del litoral del Tajo como Lisboa o Setúbal como en las del interior como Castelo Branco o Évora, las decisiones adoptadas y su realización práctica se encuentran condicionadas por la realidad en que se incluyen. Además, se consigue de este modo vincular directamente al técnico con el habitante y no con la administración, y también obtener soluciones particularizadas, como la obtención de la tecnología de construcción más apropiada.

La cuarta característica, y posiblemente un resumen de todas las anteriores, del SAAL es la de su carácter experimental y su imbricación, como una herramienta más, en el proceso de cambio social iniciado el 25 de abril y especialmente con el acceso a la presidencia del consejo de Vasco Gonçalves y abruptamente interrumpido tras el golpe del 25 de noviembre de 1975, que impuso la “corrección política” y la transición hacia una democracia “al modo occidental”, apartando proyectos que se desviaban hacia la participación activa de la población o que podían poner en riesgo la alianza de Portugal con la OTAN o los intereses estratégicos de las potencias occidentales en el país. Contradictorio y demagógico a veces, el proceso de las operaciones SAAL supuso, sin embargo, un nuevo paradigma en la forma de vivir la arquitectura y el urbanismo por parte de quienes se vieron implicados en el proceso. Las dimensiones de este hecho son variadas y regalan varias lecciones para el futuro: en lugares como las “ilhas” de Oporto, situadas en el corazón mismo de la ciudad, los vecinos no fueron expulsados de las zonas donde vivían para pasar a morar en el extrarradio, generándose la construcción de viviendas nuevas destinadas a un público más selecto (un proceso que sucede hoy día, a veces con intenciones aviesas por parte de las compañías inmobiliarias y utilizando métodos que rozan lo delictivo, y que se ha dado en llamar “gentrificación”), sino que se respetó el derecho de arraigo del habitante.

También se pasaron a estudiar de un modo más general las circunstancias que rodean al vecino, más allá de los condicionantes urbanos físicos, permitiendo trabajar de un modo interdisciplinar (implicando a economistas, sociólogos, agentes sociales) y pensar la ciudad a través de sus barrios en lugar de hacerlo al contrario.

Asimismo, las operaciones SAAL sirvieron como mecanismo para introducir alternativas, al menos en el contexto portugués, al modelo trazado de construcción financiada por medios privados, desentendimiento de la administración a la hora de desarrollar una política de vivienda social y exclusión social generada por la especulación del suelo y los precios de alquileres e hipotecas. El modelo participativo y descentralizado introdujo el modelo de cooperativas, a partir de finales de 1974, y con una participación importante del Estado en la financiación de las construcciones, así como en la existencia de una variedad amplia complementaria de fórmulas de financiación como “la autoconstrucción, la autoinversión o los préstamos bancarios, sin que estas soluciones fueran específicas del programa (dependían de cada situación concreta)”. Cuestión aparte merece el tema de las expropiaciones y ocupaciones de terrenos, muchas de ellas realizadas al calor del momento revolucionario, y que con motivo de las indemnizaciones posteriores de que fueron objeto levantaron protestas y significaron uno de los motivos del final del programa.

En resumen, el carácter experimental del SAAL permitía, a su vez, ensayar un modelo de gestión urbanística muy diferente y al mismo tiempo mucho más cercano a la realidad cotidiana -lo que fue muy apreciado por los arquitectos y técnicos que trabajaron entonces en el programa y que les sirvió para posteriores trabajos- de lo que hasta entonces se había desarrollado. Y significaba, asimismo, una piedra de toque para desarrollar un modelo de planificación más cercano a las necesidades de los más desfavorecidos con objeto de desarrollar una sociedad más igualitaria e incluyente.

EL FIN DEL SAAL Y ALGUNOS PROYECTOS CONCRETOS REALIZADOS: ÁLVARO SIZA O EL “ARQUITECTO PARTICIPATIVO”

“En estos tiempos de las decisiones, el arte también debe decidirse. Puede convertirse en el instrumento de unos pocos, los cuales hacen de dioses y deciden el destino de los muchos y exigen una fe ciega ante todo. O bien también, se puede situar al lado de los muchos y poner el destino en sus propias manos.”

Bertolt Brecht

La aprobación de normativas que suponían trabas para la realización de las operaciones y la posterior paralización "de facto" de los proyectos generaron protestas, especialmente contra las nuevas autoridades locales y nacionales elegidas en 1976. En la imagen, protesta contra la Ley de Indemnizaciones de mayo de 1975.

La aprobación de normativas que suponían trabas para la realización de las operaciones y la posterior paralización “de facto” de los proyectos generaron protestas, especialmente contra las nuevas autoridades locales y nacionales elegidas en 1976. En la imagen, protesta contra la Ley de Indemnizaciones de mayo de 1975.

Las operaciones SAAL fueron parte y asimismo metáfora del llamado Processo Revolucionário em Curso (PREC), el período que se abrió en Portugal desde el 25 de Abril hasta la aprobación de la constitución democrático-parlamentaria de 1976, que abrió la Tercera República y clausuró, por otra parte y definitivamente, el proyecto de “democracia participativa” a favor del de “democracia representativa”, una apuesta en nombre del orden, la estabilidad y también contra una posible imposición de dictadura marxista en la que se encontraron aliados conservadores del ejército alineados con las tesis del general y antiguo primer presidente de la República tras la dictadura, António de Spínola (que llegó a dar un golpe de estado fallido en los primeros meses de la Revolución, motivo por el cual hubo de huir del país a través de España), liberales, sectores del capital, elementos del régimen derribado y los socialistas del influyente Mário Soares, influido a su vez por los socialdemócratas europeos y otros políticos del continente, muy interesados en que Portugal no se convirtiera en un país marxista en el seno de la OTAN o una suerte de experimento “a lo Allende” en el extremo occidental de Europa. Tras el llamado “verano caliente” de 1975, que puso de manifiesto las diferencias políticas y de carácter entre las tierras al norte del Tajo, más conservadoras, y la zona de Lisboa y el Sur, donde las ocupaciones de fábricas y la reforma agraria mostraban un claro ambiente izquierdista, el fallido golpe de esta tendencia de noviembre de 1975, (rodeado de extrañas circunstancias que pueden hacer pensar en una calculada estrategia de los elementos de la derecha para propiciar una sublevación condenada de antemano al fracaso) llevó a un contragolpe en las instituciones y las políticas que colocó a socialistas y “spinolistas” en el poder y a una contrarreforma del trabajo revolucionario, revisándose la reforma agraria, sometiendo a indemnización -con lo que se desmantelaba, de hecho, la propiedad obrera- a los dueños de las empresas ocupadas y paralizándose las operaciones SAAL bajo argumentos como considerar el programa “un proceso de contra-gestión y de contra-plan, anárquico y radical. Su integración política fue relegada en favor de su desmantelamiento técnico”, escribe Nuno Grande. Así, las nuevas autoridades no fueron capaces, como veremos más adelante, de realizar una propuesta alternativa que no fuera la conocida antes de la puesta en marcha del SAAL, con los problemas de exclusión e infravivienda generados para (y conocidos por) las poblaciones afectas hasta entonces a las operaciones puestas en marcha. La coalición de socialistas y conservadores que representaron Soares, el general spinolista Ramalho Eanes (que accedió a la presidencia de la República en 1976), y los primeros ministros del PSD Sá Carneiro y Pinto Balsemão, que algunos comentaristas han situado como los artífices de la estabilidad democrática portuguesa tras los avatares de la Revolución, llevaron realmente a desmantelar las ilusiones marxistas depositadas en el lenguaje constitucional, que establecía que Portugal debía alcanzar una sociedad “sin clases” (el artículo al que se refería este texto desapareció en la reforma de 1990), y al mismo tiempo a vaciar de contenido las posibilidades de participación vecinal que la propia carta magna lusa recogía y de las que el SAAL había sido su ejemplo más señero.

Lo antiguo y lo nuevo en São Victor, Oporto, uno de los emprendimientos SAAL de Álvaro Siza.

Lo antiguo y lo nuevo en São Victor, Oporto, uno de los emprendimientos SAAL de Álvaro Siza.

En el plano más prosaico, lo que se dio fue simple y llanamente la paralización de los proyectos. El que fuera posiblemente el impulso más estimulante -sobre todo a tenor de lo que significó para las carreras profesionales y el renombre alcanzado por sus intervinientes con posterioridad, y ahí se encuentran los nombres de Álvaro Siza o Fernando Távora, pero también en la generación de debates y de ideas y de toda una escuela, la “Escuela de Oporto”, caracterizada por un nivel técnico sin igual en la historia de la arquitectura portuguesa contemporánea- dado a la arquitectura en el país se clausuró. No se quiso darle la oportunidad de corregir los errores o los excesos “demagógicos” o “revolucionarios”, sino que parece que quisiera cerrarse esa etapa por lo “subversivo” (lo radical y anárquico) que resultaba darle la palabra al vecindario, y lo que es más importante, a las poblaciones marginales en su “derecho a la ciudad”. Un derecho que, visto lo visto, entraba y entra en colisión con la lógica de mercado inmobiliario a la que los poderes públicos parecen estar más interesados en defender. Así, “el nuevo gobierno dejó las obras sin acabar y se abandonaron habitadas como las anteriores barracas”. Sólo años más tarde los vecinos, al menos en el caso de São Victor y Bouça, dos de los barrios portuenses donde intervino Siza, volvieron a ponerse en marcha y a terminar de construir lo que quedaba de su barrio gracias a su asociacionismo combativo. En otros, los vecinos se manifestaron contra las decisiones de las autarquias (ayuntamientos) que paralizaron de facto los proyectos, como el caso de los famosos Índios da Meia-Praia, tal y como José Afonso cantaba en la canción homónima que compuso para el filme de Cunha-Telles:

“Das eleições acabadas, do resultado previsto

seguro que tendes visto muitas obras embargadas.

Mas não por vontade própria porque a luta continua,

pois é dele a sua história e o povo saiu à rua.

Mandadores de alta finança fazem todo andar prá trás,

dizem que o mundo só anda tendo à frente um capataz.”

Bouça, Oporto: 30 años después del inicio de este proyecto SAAL de Álvaro Siza, los vecinos terminan lo que se había iniciado. Más vale tarde que nunca, podríamos pensar.

Bouça, Oporto: 30 años después del inicio de este proyecto SAAL de Álvaro Siza, los vecinos terminan lo que se había iniciado. Más vale tarde que nunca, podríamos pensar.

En cualquier caso, algunos de sus protagonistas exponen que el final de proyecto SAAL no fue sólo una cuestión de mudanza de políticas. Algunos factores contribuyeron a crear esa imagen de anarquía y radicalismo que sirvió en bandeja la excusa perfecta para clausurar un proyecto que era indeseado más bien por otros aspectos del mismo. Gonçalo Byrne, el arquitecto del Casal da Figueira setubalense, afirma por ejemplo que una cuestión capital fue la inexperiencia de los arquitectos para un proyecto así: “de un modo general, los propios arquitectos no estaban preparados para un proyecto de estas características, de diálogo y encuentro con culturas no siempre coincidentes”. Esto daría lugar a diferencias de desarrollo en las diferentes localizaciones de los proyectos realizados, así como los resultados (parciales, debido al final, abrupto casi podría decirse, del plan) obtenidos. Otras de las cuestiones que influyeron, apuntan Byrne y la coordinadora del programa Maria Proença fueron la cuestión de la propiedad de los terrenos, la burocracia a recorrer en el plano de la financiación o la incapacidad de respuesta, por parte del poder, al asociacionismo reivindicativo. “Un vacío que vendría, más tarde, a ser llenado por la banca, con los resultados conocidos.”

Entre agosto de 1974 y octubre de 1976, el SAAL concluyó alrededor de 170 proyectos que afectaron a más de 40.000 familias de norte a sur del país, que se desarrollaron en 9 de los 18 distritos del Portugal continental (algunos de ellos, especialmente los meridionales y del centro-sur, de los más extensos): Oporto, Aveiro, Coimbra (en la costa atlántica, al norte y centro del país), Castelo Branco (en el interior, en la región de la Beira), Santarem (en el Ribatejo, en el centro-oeste), Lisboa, Setúbal (en la margen sur del Tajo, en la costa atlántica alentejana), Évora (Alto Alentejo) y Faro (en la región meridional del Algarve). Aun lejos del objetivo -recordemos que el déficit de viviendas se cifraba en 50.000-, la experiencia invita a ser optimistas en cuanto a su balance: el SAAL desarrollado hace cuarenta años “continúa definiendo la malla espacial y social de las ciudades y de los barrios donde intervino” (Concepción García y Carlos Pita) y en algunas ocasiones ha generado un “modus vivendi” muy particular, en forma de un tejido social colaborativo y participativo, como en la mítica Meia-Praia o en Casal das Figueiras, que, en palabras del comisario de la reciente exposición portuense Delfim Sardo, “todavía hoy funciona de una manera muy viva”.

Por importancia debido a su localización, los proyectos que más destacaron fueron los desarrollados en las principales ciudades del país, Lisboa y Oporto, dejando aparte los ya citados del Algarve y Setúbal o el que, con posterioridad al SAAL (1977) -pero desarrollando los conocimientos adquiridos en éste sobre vivienda colectiva-, iba a llevar a cabo Álvaro Siza en Évora, la capital del Alto Alentejo, en el proyecto de la Quinta da Malagueira. Un proyecto arduo, de duras conversaciones con las asociaciones de vecinos que le acarreaban a su vez duras jornadas de trabajo, pero que dio como fruto un conjunto de viviendas sociales apoyadas en dos proyectos de vivienda mínima “de gran versatilidad en la distribución interior y en la totalidad de superficie útil” (Marta Doménech y David López). Otro estudioso de la obra de Siza, de quien hablaremos a continuación, Kenneth Frampton, opina sobre el proyecto de la Malagueira que “es con mucho el grupo de viviendas que mejor ha realizado hasta ahora”.

En Lisboa, destacan los emprendimientos realizados en los barrios de Quinta do Bacalhau-Monte Côxo (diseñado por Manuel Vicente), de la Quinta das Fonsecas-Quinta da Calçada (Raúl Hestnes), de la Curraleira-Embrechados (José António Paradela y Luís Gravata Filipe) y de la Quinta da Bela Flor (Artur Rosa). La característica que define a estos cuatro proyectos lisboetas fue la de que, al contrario de lo que ocurrió en Oporto, las áreas donde se desarrollaron fueron de mayor extensión y localizadas en la periferia, y no en “ilhas” degradadas del centro de la ciudad, como ocurría en la ciudad del Duero, así como que la edificación fue más en vertical.

Siza, en una reciente entrevista al diario portugués Público, hizo un símil futbolístico afirmando que, “en arquitectura, siempre hay un Benfica-Oporto en el ambiente”, trasladando la rivalidad entre los “dos grandes” del fútbol luso, y pertenecientes uno a Lisboa y otro a la ciudad portuense, al espíritu que, al menos, se vivía también en la época del SAAL. “Los del SAAL-Norte se consideraban a sí mismos los grandes sabios, los grandes mentores”, afirma asimismo Maria Proença. Sea como fuere, otra de las diferencias entre ambas ciudades fue que el espíritu de escuela que se vivía en Oporto, la compenetración existente entre los arquitectos salidos de la ESBAP portuense e incluso la relevancia pública que ya tenían algunos de ellos, no estaba presente en la capital. “El pensamiento sobre arquitectura en Lisboa acabó por concentrarse en algunos ateliers”, afirma Delfim Sardo. De este modo, no existió el desarrollo de un movimiento propio, innovador, crítico, en Lisboa, lo que fue en detrimento de sus licenciados y en beneficio de los “tripeiros” como Siza o el reformista de la ESBAP Fernando Távora.

Así, Oporto desarrolló una forma distinta de SAAL, centrada en espacios del interior de la ciudad, lo que se tradujo en una ventaja con respecto a otras formas de trabajar, como la capitalina: la de poder (re)pensar el urbanismo tomando el conjunto de la ciudad y no a través de planeamientos aislados de ella. Las intervenciones más destacadas de Oporto fueron Miragaia (Fernando Távora, Bernardo Ferrão y Jorge Barros), As Antas (Pedro Ramalho), Leal (Sergio Fernández) y los barrios de Bouça y São Victor, desarrollados ambos por Álvaro Siza.

Álvaro Siza en 2006, en la exposición sobre la historia del barrio de Bouça realizada por los vecinos, con un clavel, símbolo del 25 de Abril, en el bolsillo de su chaqueta.

Álvaro Siza en 2006, en la exposición sobre la historia del barrio de Bouça realizada por los vecinos, con un clavel, símbolo del 25 de Abril, en el bolsillo de su chaqueta.

Álvaro Siza recibió el sobrenombre de “el arquitecto participativo” por sus trabajos en las operaciones SAAL de Oporto, pero también por las que, con posterioridad, iba a llevar a cabo, con premisas similares, en otras ciudades de Portugal (el caso ya citado de Évora) en 1977 y del extranjero (La Haya -Países Bajos- y Berlín -República Federal de Alemania-), a partir de la década de los ochenta. Los proyectos serán, igualmente, viviendas sociales bajo la égida de la participación vecinal en el proceso de planeamiento urbanístico y arquitectónico. Una muestra de cómo se tomaba Siza este tipo de trabajos es que, a pesar de los sinsabores y la fatiga que pudieran acarrearle debatir las propuestas con el vecindario (y su encaje en las especificaciones técnicas y/o legales), como en el caso de la Malagueira, consideraba capital conocer de primera mano los problemas de sus “clientes”, los futuros habitantes del barrio.

São Victor y Bouça fueron dos proyectos inacabados, por las circunstancias ya mencionadas, pero constituyen un ejemplo singular en cuanto a forma por razones muy particulares: en primer lugar, por la existencia de una cierta continuidad entre lo nuevo y lo viejo, manteniéndose en una curiosa armonía elementos espaciales y estéticos preexistentes y la nueva construcción. Así, en São Victor, “estas referencias abarcan desde la permanencia de la estructura de muros tanto por motivos económicos (reutilizándolos como elementos de contención del terreno o como cimentación de las nuevas edificaciones) como culturales […] hasta la composición de las agrupaciones de nuevas viviendas (para mantener la escala de los espacios libres y las formas de relación) o la forma de los espacios públicos y su conexión específica con los privados” (Aitor Varea). En Bouça, la compenetración entre lo antiguo y lo moderno se consigue gracias a la integración de la tipología en la disposición de las viviendas tradicional del barrio con la tradicional disposición en hilera observada en los proyectos arquitectónicos racionalistas (Le Corbusier, Mendhelson, Gropius, Van der Rohe, la escuela de la Bauhaus) de los años 20 y 30 del siglo pasado desarrollados en Alemania y Holanda. “Esto se reflejaba en tres operaciones distintas: En primer lugar, los finales abiertos típicos de la tipología en hilera estaban ligeramente modificados al estar parcialmente cerrados por una barrera acústica que a la vez que aislar del ruido del ferrocarril adyacente serviría, de haber sido completado, como límite del espacio público del conjunto; en segundo lugar, el remate de las cuatro filas paralelas se hacía con esquinas irregulares que contenían equipamientos semipúblicos de uso para los vecinos; y en tercer lugar, las perspectivas entre hileras eran centrales al núcleo histórico de la ciudad, vinculando este antiguo crecimiento marginal con Oporto” (Marta Doménech y David López).

Proyecto original de Siza para el barrio portuense de Bouça, en el que se combinan elementos nuevos y antiguos.

Proyecto original de Siza para el barrio portuense de Bouça, en el que se combinan elementos nuevos y antiguos.

En segundo lugar, la característica que define a los proyectos de Siza en Bouça y São Victor fue la de una aparente fragilidad, siguiendo las palabras del arquitecto español Rafael Moneo, debido al presupuesto escaso y a los problemas inherentes a las viviendas de bajo coste -lo que en tiempos se denominaba “casas baratas”-. La aparente mala calidad de la construcción y la imposibilidad de continuar con el proyecto una vez finalizadas las operaciones SAAL en octubre de 1976, sin que muchas de las viviendas fueran rematadas o los equipamientos adjuntos al conjunto – barreras acústicas, espacios públicos comunes…- explica esa opinión. Sin embargo, Moneo opina, al contrario, que “a pesar de que a menudo contemplamos las obras de Siza en un estado de completa decrepitud física que las hace estar próximas a la ruina, nunca llegan a alcanzarla, ya que siempre son capaces de ofrecernos algún descubrimiento. (…) Por otra parte, hay que valorar el coraje que supone aceptar la fragilidad como norma. Paradójicamente, en tal fragilidad radica su fortaleza”. Por otro lado, un nuevo vecindario de Bouça aceptó con el tiempo esa aparente fragilidad y decrepitud y pasó a habitar el espacio edificado dos o tres décadas antes por vecinos que, poco a poco, fueron abandonando este lugar central de Oporto y marcharon a la periferia, produciéndose un proceso de “gentrificación” que no fue deseado ni por las autoridades que lo impulsaron ni por los arquitectos, técnicos y vecinos que tanto lucharon por habitar mejores casas, pero en los lugares donde lo hacían, en la época del SAAL. Esta mudanza de los tiempos trajo consigo una nueva generación de habitantes de clase media, matrimonios jóvenes, intelectuales y profesionales liberales interesados en vivir en el centro de la ciudad y en adquirir viviendas a bajo precio diseñadas por un arquitecto premiado y prestigiado como Álvaro Siza.

Sea como fuere, treinta años después finalizó por fin en Bouça el tan deseado proyecto de regeneración urbana. Nuevos y antiguos moradores resistentes por fin, rescatando la experiencia colectiva, pudieron acabar los equipamientos y las 72 viviendas restantes del conjunto de 128. Dirigiendo el proyecto, de nuevo, “el arquitecto participativo” en colaboración con Antonio Madureura y mediante un sistema de promoción cooperativo, a precio tasado y controlado, con colaboración municipal, del Instituto da Habitação portugués, la federación de cooperativas y la asociación de vecinos. Un trocito del SAAL regresaba, de este modo, al corazón de Oporto, y en una exposición hecha en 2006 -treinta años después del fin de las operaciones primigenias- sobre el proceso de construcción del barrio, Siza, en una seña de nostalgia, pero asimismo de justicia, lucía en su bolsillo un clavel -el símbolo de la revolución portuguesa- y un bolígrafo, su instrumento de trabajo por excelencia.

El barrio de Bouça en la actualidad.

El barrio de Bouça en la actualidad.

CONCLUSIONES

Las operaciones SAAL, aún con sus fallas, motivadas probablemente por la falta de experiencia que en este campo -el del cooperativismo y el asociacionismo participativo, como hizo notar unos párrafos más arriba Maria Proença- y por el entusiasmo y el ardor revolucionario que eran mostrados por un Portugal sometido durante casi cincuenta años a una dictadura de raíces e instituciones fascistas, supusieron un importante avance y una piedra de toque fundamental en el acceso por parte de los más desfavorecidos a dos derechos fundamentales. Uno de ellos se ha convertido en clásico, al menos en lo que respecta a su presencia en las reivindicaciones sociales, que data ya de varios años y que en España y Portugal, como vemos, data por lo menos de la época del paso de los regímenes dictatoriales a las democracias en los años 1970: el derecho a la vivienda digna -y que últimamente, tras las etapas recientes de “boom” y especulación inmobiliaria, estallido de la burbuja homónima, “estafa” hipotecaria y ausencia o recorte de políticas públicas en la materia vuelve a cobrar, si acaso alguna vez se ha ido de la agenda, presencia en las reivindicaciones de colectivos, sindicatos y movimientos políticos alternativos-. El otro derecho es más reciente, pero no deja de tener también relevancia: el derecho a la ciudad, a que todas las personas que habitan el municipio tengan acceso a los servicios y políticas públicas y no existan ciudadanos “de primera” y “de segunda” y guetos urbanos en los que las condiciones de insalubridad, ausencia de equipamientos o seguridad acaben convirtiéndolos en focos de marginalidad de los cuales la población no pueda escapar, deteniendo el llamado “ascensor social”.

Dentro del contexto político portugués de la época, y que además puede exportarse a las demandas de mayor participación ciudadana que se vienen sucediendo, el SAAL representaba un importante proceso de intervención popular en sus propios destinos, en algo tan importante para sus propias vidas como su hogar y el entorno más inmediato al mismo, el barrio y sus moradores. Como modelo alternativo y al mismo tiempo complemento esencial del parlamentarismo representativo-delegativo, el asociacionismo y la participación directa en la vida pública, e incluso la vida económica (decisiones sobre presupuestos, ordenamiento urbano), fue tumbado por los representantes políticos más proclives al (re)establecimiento de un orden político y social que evitara un posible caos -inevitable cuando se trata de experiencias que se ponen en marcha por vez primera- a favor de un tipo de democracia más “al uso”. Lejos de representar una degradación de la democracia, el modelo participativo del SAAL, calificado de anárquico y radical por socialistas, social-demócratas, liberales y personalidades “apolíticas” del mundo de los negocios (que acabaron por trazar, en muchas ocasiones, el rumbo político y económico a las nuevas autoridades que asumieron el mando tras la “ola revolucionaria” de 1974-75, como en otros países de Europa y de otros continentes y con los efectos que hoy conocemos), significaba una profundización de la misma, como no se cansan de exponer organizaciones y partidos y de demostrar una experiencia que, en negativo, se ha visto en recientes portazos a la convocatoria de referendos sobre la reforma exprés de la constitución para adecuarse a las exigencias de la UE en materia de endeudamiento (España) o, en positivo, la experiencia de los presupuestos participativos desarrollada por muchos municipios a nivel internacional. En cuanto a la política urbanística e inmobiliaria, en una época de fondos buitre, especulación con el suelo y construcción masiva en capitales y costas que ha causado graves degradaciones ambientales y ha degenerado, por añadidura, en una crisis financiera internacional cuyos efectos se han notado más en los países cuyo crecimiento se ha basado en el “ladrillo”, examinar el SAAL de forma retrospectiva obliga a considerarlo de otra forma, lejos de sus presupuestos extremistas y contrarios a cualquier planificación, y más cuando en décadas posteriores proyectos similares fueron desarrollados en la “civilizada Europa” a la que los meridionales, con ese complejo de inferioridad, siempre miramos: los barrios proyectados en esas décadas por Bruno Taut en Berlín, por Emst May en Frankfurt o por J.P. Oud en Roterdam, amén de los del propio Álvaro Siza en la hoy capital germana o en La Haya, como escribe Nuno Portas.

De este modo, examinar el SAAL exige, por tanto, examinar un momento de especial entusiasmo y

de utilidad para el futuro, no solo en lo que respecta a qué modelo de construcción y de urbanismo queremos -un modelo donde los habitantes y los técnicos permanezcan en burbujas separadas o en el que compartan experiencias y saberes, en contacto conocimientos y realidad, para aumentar los unos y mejorar la otra-, sino también para explorar nuevas capacidades de participación y desarrollo democrático. Y más en una época en la que, como si se tratara de una mala pesadilla volteriana, las democracias parecen dotarse cada día de más instrumentos autoritarios.

FUENTES:

“Quando os moradores (também) foram protagonistas da arquitectura”, Sérgio C. Andrade, Público, 10/05/2014. (http://www.publico.pt/culturaipsilon/noticia/quando-os-moradores-tambem-foram-protagonistas-da-arquitectura-1635240)

“Melhorar a vida e a cidade, quarto a quarto”, Sérgio C. Andrade, Público, 31/10/2014. (http://www.publico.pt/culturaipsilon/noticia/melhorar-a-vida-e-a-cidade-quarto-a-quarto-1674387)

Concepción García y Carlos Pita, “O PROCESSO SAAL – Arquitectura e participação 1974-1976. Crónica mínima de una exposición”, 23/02/2015, en http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=27744.

Aitor Varea Oro, “El barrio de São Victor de Álvaro Siza: entre la teoría y la práctica de las operaciones SAAL”, Hábitat y Habitar, nº 9, Noviembre 2013.

Marta Doménech Rodríguez y David López López, “La herencia del Movimiento Moderno en los Proyectos de Álvaro Siza para la Revolución de los Claveles de 1974”, Autonomy/Heteronomy, nº 14, s/d.

Nuno Grande, Ponencia “Revolución y Regeneración Urbana: entre el clavel y el bolígrafo.”, La Ciudad Viva. Obsolescencias urbanas, 2010.