Aquel Italia-España de 1934

Cartel anunciado del Campeonato Mundial de Fútbol de Italia 1934

Cartel anunciado del Campeonato Mundial de Fútbol de Italia 1934

“Los italianos pierden las guerras como si fueran partidos de fútbol y los partidos de fútbol como si fuesen guerras”.

Winston Churchill

Aunque el organismo europeo de fútbol, la UEFA, se empeñe en dictaminar lo contrario a través de sanciones y surjan voces que claman por alejar las reivindicaciones políticas y sociales de los terrenos de juego (algo tan imposible como querer separar las fases de la luna y las mareas), el deporte es política. En el mismo momento en que concebimos el fútbol, el baloncesto o cualquier otro espectáculo deportivo como un espectáculo de masas, lleno de pasiones populares, habrá terreno en él para las reivindicaciones, las protestas o las formas de expresión proscritas en el caso de regímenes dictatoriales, o para que estos últimos lo utilicen con fines propagandísticos. En este último caso, entra el uso que dio la dictadura militar argentina al Mundial de fútbol de 1978 y a la victoria de la albiceleste en la final de Buenos Aires ante Holanda, en un Monumental porteño abarrotado y sito a pocos pasos del mayor centro de tortura establecido por el régimen cuartelero argentino; o la propaganda que el régimen de Franco otorgó a la victoria de España en la final de la Eurocopa 1964 frente a la URSS en Madrid, precisamente en el año en que la dictadura celebraba los llamados “Veinticinco años de paz” y torturaba y fusilaba, entre otros, al dirigente comunista Julián Grimau por sus supuestos crímenes durante la “Cruzada de Liberación”. En cuanto al primer aspecto, el del terreno reivindicativo, debemos recordar que la propia UEFA sancionó a dos futbolistas del Liverpool por -¡horror de los horrores!- mostrar camisetas en apoyo a los estibadores en huelga de la ciudad inglesa -uno de ellos, Robbie Fowler, había sido elogiado poco antes por este mismo organismo por pedir al árbitro que no señalara como penalti un derribo que se había cometido sobre él al decirle, en vivo y en directo, que el jugador rival no le había tocado-; las reivindicaciones pro democráticas del club brasileño del Corinthians en la época de la dictadura militar en el país sudamericano -un caso que ha dado en calificarse como “la democracia corinthiana”- o la icónica imagen de los atletas negros estadounidenses en el podio de México 1968 haciendo el saludo del “Black Power” en protesta por la discriminación racial.

La UEFA ha venido últimamente a sancionar a un club, el Barça, por la conducta de sus aficionados al mostrar banderas independentistas durante la final de la Liga de Campeones, sanción a la que poco tiempo después ha venido a sumarse la del gobierno español contra este club, el Athletic, la Federación y asociaciones civiles (parece que el objetivo era disparar contra todo aquello que se movía) por los pitos la Marcha Real y a la figura de Felipe de Borbón antes de la final de Copa entre azulgranas y rojiblancos, partidos ambos en los que, al contrario que en otras ocasiones, no hubo ni altercados violentos, ni agresiones físicas, ni exhibición de simbología que hiciera apología del fascismo, la xenofobia o la violencia (por el contrario, ni el gobierno ni los organismos deportivos españoles se han dado prisa alguna en sancionar a los clubes por los cánticos de sus forofos de extrema derecha, ni por supuesto en las peleas entre hinchadas como la recientemente vivida en Oviedo entre ultras locales y del Atlético de Madrid… ¡antes de un amistoso de pretemporada!). Por comparación, la sanción al club catalán supone 60.000 euros y el cierre de parte de su estadio durante un partido de competición continental frente a los 10.000 que supuso la sanción al exjugador de la Lazio italiana por saludar “a la romana” (y no lo hizo en una, sino en varias ocasiones, pues es un reconocido fascista) durante un partido de la liga transalpina. Sólo si consideramos que el principio de autodeterminación de los pueblos o la independencia de un país (pese a ejemplos sangrientos recientes, las de Montenegro con respecto a Serbia o de Eslovaquia de la federación que formaba con sus vecinos bohemios, que fueron pacíficas, nos demuestran lo contrario) es comparable a la de una ideología que imponía la superioridad racial, el nacionalismo exacerbado, el irredentismo o la apología de la guerra puede entenderse este surrealismo que sanciona con la misma e incluso más dureza la exhibición de “estelades” que la símbolos como la cruz gamada o la celtíbera. En la mentalidad de las élites ejecutivas del organismo del fútbol europeo o mundial, como es la FIFA, al igual que sucede en otros (llámese Unión Europea, Tribunal Supremo, Consejo de Seguridad de la ONU…) se haya un concepto muy restringido de democracia: se dice respetar y hasta defender sus principios (tolerancia, respeto, no al racismo, etc.), pero el legítimo derecho a la protesta (como han demostrado y demuestran las manifestaciones populares contra el Mundial o los JJ.OO. en Brasil) no permean en absoluto a su mundo de guardias de seguridad y policía armada o se descalifican bajo adjetivos como radicales o terroristas, pero no se tiene empacho alguno en conceder el campeonato mundial siguiente a un país de poca o nula confianza en materia de derechos humanos como Catar, bajo la sombra más que alargada, además, del soborno para su concesión.

Si el deporte está hoy en manos del mercado, no es extraño que el deporte, y más el deporte de masas no sea, como ha acostumbrado a ser, la expresión de un descontento social con ánimo de dar visibilidad al mismo. Ese carácter del deporte como algo popular, o incluso con su componente de clase, lo entendieron en los lejanos años veinte y treinta del pasado siglo los hinchas y directivos del Júpiter barcelonés, al que ya hice referencia en otro artículo. Querer desvincular al deporte de la política y de la sociedad en la se inserta significa, a mi pobre entender, beneficiar a aquellos que, hoy por hoy, son los que más están haciendo porque el deporte sea más negocio y menos deporte. Pero, amén de eso, el deporte también es susceptible de utilización política, como lo está siendo, por parte de poderes, sean políticos o fácticos, para distraer u obtener más beneficios.

En esta curiosidad traída hoy en estos párrafos hay mucho de lo último, pero también de lo primero, del deporte como vehículo de aspiración popular. Lo que hay, desde luego, es mucho de confrontación política. Dos países distintos en su modelo social y legislativo, la Italia de Mussolini y la España de la “República de trabajadores de toda clase”, aunque ya gobernada por una derecha cuyo objetivo era desmantelar el contenido progresista de la Constitución, abriendo la etapa del llamado Bienio Negro, frente a frente en un campo de fútbol. Quién iba a pensar que el duelo con el balón iba a continuarse, dos años después, con la ayuda italiana a Franco para eliminar del suelo español la democracia republicana en una sangrienta guerra.

UN HOMBRE PARA UNA SELECCIÓN: AMADEO GARCÍA SALAZAR

Fotografía de Amadeo García Salazar

Fotografía de Amadeo García Salazar

La selección que jugó su primer Campeonato del Mundo en 1934 -no se acudió al primer Mundial, el de Uruguay de cuatro años antes por la larga distancia y la falta de medios económicos para desplazar al equipo hasta el país sudamericano- es considerada como una de las mejores selecciones de la historia del fútbol español. Si bien no alcanzó los éxitos recientes, o la plata olímpica que se había logrado en Amberes en 1920 o el cuarto puesto del Mundial de Brasil’50, no fue desde luego por la mala calidad de sus componentes, a pesar de las dudas que se arrastraron al principio. Pero para esa consideración, hizo falta una persona podría decirse que providencial. Se trata de un médico dermatólogo vitoriano, político y hombre de fútbol que ejerció de seleccionador de España entre 1934 y 1936: Amadeo García Salazar.

García Salazar (Vitoria, 31 de marzo de 1886 – 18 de julio de 1947) se dedicó profesionalmente al ejercicio de la dermatología en su consulta privada en la capital gasteiztarra y llegó a alcanzar un reconocido de prestigio en su ciudad, hasta alcanzar el cargo de presidente del Colegio de Médicos provincial. Pero sin duda la faceta por la que más se le recuerda fue por su vinculación al fútbol. García Salazar será el principal impulsor de la fundación del Deportivo Alavés, el equipo más representativo de la ciudad, en 1921, y su buen ojo para atraer talentos le valdrán para llevar hasta las filas del conjunto blanquiazul a una serie de jugadores como el meta Tiburcio Beristáin, Ciriaco o Quincoces (posteriores defensas del Madrid y seleccionados por él para jugar con España en el Mundial de Italia). El equipo alavesista, con él de secretario técnico, en la primera temporada en que se disputó la liga de fútbol en España (1929-1930) y apenas nueve años después de su fundación, consiguió el ascenso a Primera, categoría en la que se mantuvo durante tres temporadas, recibiendo en aquella época un apelativo que todavía hoy recibe: “El Glorioso”. Entre 1932 y 1939 ocupó el cargo de entrenador del club -cargo que ya había ostentado entre 1926 y 1927- y lo pudo compaginar con el de seleccionador nacional debido a que las figuras de seleccionador y entrenador estaban separadas (el preparador de España en Italia fue Ramón Encinas). Su trayectoria en Vitoria le abrió las puertas del equipo español, al que llegó para suceder a José María Mateos y del que mantuvo con buen criterio los aspectos positivos que había desarrollado. Trasladó a la selección juegos hechos, líneas de jugadores por club (solían así combinarse defensas, centrocampistas y delanteros que pertenecían a los mismos equipos y que se entendían a las mil maravillas), dúos y tríos de compañeros… aquello fue clave del éxito de los que la prensa de la época definió, sin ánimo de establecer vinculación política alguna, como “Los Rojos”.

En 1931, con la proclamación de la II República, García Salazar, en una muestra de sus inquietudes políticas, fue uno de los miembros fundadores del comité provincial alavés de Acción Nacionalista Vasca (ANV), fundado el año anterior como una escisión de izquierda del PNV. ANV formó parte en 1936 de la coalición del Frente Popular que ganó las elecciones de febrero de aquel año y en 1938 uno de sus miembros, el arquitecto Tomás Bilbao, que había sido cónsul de la República en Perpiñán el año anterior, se incorporó al gobierno del doctor Negrín como ministro sin cartera en sustitución del también vasco y peneuvista Manuel de Irujo. La militancia política de García Salazar (como la de Tomás Bilbao, quien llegó a defender, junto con otros antiguos colaboradores suyos como el anarquista Segundo Blanco, Vicente Uribe o Pablo de Azcárate la legitimidad de Negrín en las disputas del exilio republicano) en un grupo nacionalista no fue óbice para que fuera nombrado seleccionador español, del mismo modo en que en 1930 había sido seleccionador del combinado de Vasconia, la precursora de la selección vasca. Habrá que dejar, pues, en el aire la pregunta de si acaso tirios y troyanos aceptarían hoy que un seleccionador nacional militara en un grupo político regionalista o nacionalista o incluso republicano.

Hoy en día, como homenaje, existe en Vitoria una plaza con su nombre situada junto al Estadio de Mendizorroza, el campo de ese Alavés que contribuyó a fundar.

EL CAMINO HACIA EL DUELO CON ITALIA

El once de España en el partido de ida contra Portugal de la eliminatoria de clasificación para el Mundial de Italia

El once de España en el partido de ida contra Portugal de la eliminatoria de clasificación para el Mundial de Italia

La selección española de 1934 estaba conformada sobre todo por jugadores vascos. El fútbol euskaldún, sobre todo vizcaíno, había sido el más potente en los inicios del fútbol español, tanto en el Campeonato de España (la Copa del Rey, llamada en los años treinta Copa Presidente de la República) como en los inicios de la Liga, en que el Athletic Club había sido el más laureado, seguido a corta distancia del Madrid FC. Pero sobre todo en lo que más destacaba el potencial del fútbol vasco era que muchos de los jugadores más valiosos de los clubes de fuera del País Vasco eran oriundos de allí: así, Ciriaco y Quincoces, tras su paso por el Alavés, marcharon a hacer fortuna en Madrid en las filas del club de Chamartín; Simón Lecue era la estrella de un Betis que sería sorpresivamente campeón de Liga; Isidro Lángara destacaba en un Oviedo que figuraba en los primeros puestos de la tabla; los hermanos Pedro y Luis Regueiro eran también de la partida en el once madridista; Marculeta apuntaba maneras en el Donostia (el nombre de la Real Sociedad en la etapa republicana) antes de recalar en el Athletic de Madrid… a ellos se le sumaban Guillermo Gorostiza e Irarágorri (que sí jugaban “en casa”, en el Athletic de Bilbao), Juan José Nogués, Martín Ventolrá y Ramón Zabalo (de un FC Barcelona venido a menos en aquellos años), Chacho, Campanal, Fede… y por supuesto un titular indiscutible en portería, Ricardo Zamora, apodado desde ese Mundial como “El Divino”. Un equipo de ensueño que demostró poco a poco que podía medirse con cualquiera y que, según fue transcurriendo el Mundial, parecía capaz incluso de ganarlo.

En marzo de 1934, España disputó dos encuentros clasificatorios contra la vecina Portugal para dirimir cuál de las dos selecciones de la península obtendría la plaza para Italia. España vence el 11 de marzo de 1934 en el viejo Chamartín nada menos que por 9 a 0 a la selección lusa (a pesar de todo, esa no sería la mayor goleada de la historia de la selección española, que también se iba a conseguir en aquellos años de la República, con un inapelable 13-0 frente a Bulgaria). Aquel trascendente partido contó con la presencia del presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, en el palco. España formó con Zamora en portería; Zabalo y Quincoces en defensa; Cilaurren, Marculeta y Fede en la media; y Vantolrá, Luis Regueiro, Lángara, Chacho y Gorostiza en la delantera. La vuelta, jugada en el campo lisboeta de Lumiar (el hoy estadio de Alvalade, hogar del Sporting de Lisboa), se convierte poco menos que en un mero trámite (sólo hubo un cambio en el once: Herrerita sustituyó a “Chacho” González Valiño) en el que el combinado de García Salazar y Encinas vence de nuevo por 1-2. España estará en Italia.

García Salazar convocará para la cita en tierras italianas a los siguientes 22 jugadores:

Imagen6Hubo algunos jugadores destacados que no pudieron acudir por diversos motivos: el meta sevillista Eizaguirre se perdió el Mundial por lesión, el “merengue” Pedro Regueiro porque en aquel momento estaba en época de exámenes y su padre se opuso a que viajara a Italia o el valencianista Torregaray porque su inscripción no llegó a tiempo para Roma. Otras ausencias estuvieron sumergidas en la controversia: tales fueron las del oviedista Herrerita, compañero de Lángara en el ataque carbayón; de Ibarra (Racing de Santander) o de Echeverría (Athletic Club).

El cuadro completo de equipos presentes en la cita transalpina será el siguiente:

Imagen5Y los octavos, en el que sería el primer partido de la selección española, como siguen:

Suecia-Argentina 3-2

Alemania-Bélgica 5-2

Suiza-Países Bajos 3-2

Checoslovaquia-Rumanía 2-1

Hungría-Egipto 4-2

Austria-Francia 3-2

España-Brasil 3-1

Italia-EE.UU. 7-1

Sí, como puede verse, ¡España venció a Brasil! A pesar de lo difícil que puede resultar hoy vencer a la “canarinha”, España consiguió ganar a la selección brasileña y nada menos que por tres a uno. Lejos estaban entonces el fallo de Cardeñosa a puerta vacía en Argentina’78, el gol legal anulado a Míchel en México’86 o la debacle de los campeones del mundo en la Copa Confederaciones previa al Mundial de Brasil 2014, frente al mismo rival, que convertirían en misión imposible vencer a los sudamericanos.

Imagen del España-Brasil del Mundial 1934

Imagen del España-Brasil del Mundial 1934

Y eso que España no había llegado con buenas sensaciones al Mundial. Después de vencer a Portugal en la eliminatoria previa, tres partidos amistosos de preparación, en Bilbao, Madrid y Valencia contra el club de fútbol inglés del Sunderland, que se saldaron con dos empates y una derrota, no hacían presagiar gran cosa.

Pero llegó el día de jugársela contra los brasileños. 27 de mayo de 1934, en el Luigi Ferraris de Génova. La formación “roja” fue Zamora; Ciriaco, Quincoces; Cilaurren, Marculeta, Muguerza; Lafuente, Gorostiza, Lecue, Irarágorri y Lángara. Y en el primer tiempo del partido, un gol de Irarágorri de penalti (el primer gol de España en un Mundial) y dos de Lángara ponían en el marcador un inapelable 3-0 favorable a la selección encarnada frente a un Brasil comandado por dos genios que hasta entonces habían brillado por su ausencia: Leónidas y Valdemar.

En el segundo tiempo, sería el propio Leónidas el que reduciría distancias en el marcador, y Zamora sacaría a relucir su cualidad de “Divino”, por el que entonces ya empezaba a ser conocido, y detuvo al otro astro amarillo una pena máxima. El 3-1 daba el pase a España, de cuyo fútbol la prensa comenzó a hacerse eco y a rondar en los corrillos futbolísticos como un equipo a tener en cuenta.

ITALIA: EL DESCENSO A UNA CRUEL REALIDAD

El Mundial, ya sin selecciones americanas (la subcampeona mundial Argentina, Brasil y la débil EE.UU. habían sido eliminadas) ni la única representante africana, Egipto, se convirtió en una cuestión europea. Y en una cuestión de honor para el régimen de Mussolini: era el Mundial de Italia a todos los efectos y en Italia debía quedarse el trofeo, la deseada Copa “Jules Rimet”. Por eso, cualquier medio, sin importar que fuera ilícito, debía ser utilizado para que un buen equipo, aunque posiblemente no el mejor, como era la selección “azzurra” de Combi, Schiavio, Orsi y la estrella, el delantero interista Giuseppe Meazza, ganara el Mundial. Y a España, su rival en cuartos, le tocó padecer el deseo de gloria del dictador italiano.

Alineación de España en el primer partido contra Italia de cuartos de final

Alineación de España en el primer partido contra Italia de cuartos de final

Por supuesto, tampoco ayudaba mucho el hecho de que sería una deshonra nacional para el fascio transalpino que su equipo nacional de fútbol, representante balompédico de la Nueva Roma imperial que estaba forjándose (pronto llegarían las invasiones fascistas de Albania y Abisinia), cayera ante una representante de los regímenes democrático-liberales que tanto detestaba el dictador italiano. Siquiera aunque Lerroux y Gil Robles estuvieran empeñados en privar de contenido social -y hasta de democrático- lo que tenía el aparato legal de la joven República Española, perder ante un país que se decía a sí mismo “República democrática de trabajadores de toda clase” era dar una alegría indeseada a los comunistas y subversivos patrios y a los de fuera, aquellos a los que el nuevo imperio se proponía conquistar.

De modo que, para la operación de propaganda mussoliniana, la primera víctima fue la selección de García Salazar, Zamora, Ciriaco, Quincoces, Lángara, Vantolrá… Y no sería la única. Austria y Checoslovaquia le seguirían los pasos. Cabe por supuesto la duda de si Italia necesitaba de la excesiva y antirreglamentaria dureza en su juego y las ayudas arbitrales para conquistar de forma tan indigna y al servicio de la propaganda su primer Mundial. De lo que no cabe duda es de que España pudo y debió seguir adelante y quién sabe hasta dónde hubiera llegado en su primera cita mundialista.

Los “onces” que las selecciones italiana y española pusieron sobre el terreno de juego de un abarrotado estadio (35.000 espectadores) Giovanni Berta de Florencia el 31 de mayo de 1934 fueron los siguientes:

Imagen8Italia: Combi; Monzeglio, Allemandi; Pizziolo, Monti, Castellazzi; Ferrari, Guaita, Schiavio, Meazza, Orsi.

Flag_of_Spain_(1931_-_1939).svgEspaña: Zamora, Ciriaco, Quincoces, Cilaurren, Fede, Luis Regueiro, Muguerza, Gorostiza, Iraragorri, Lafuente y Lángara.

El horroroso arbitraje correspondió al colegiado belga Louis Baert.

Combi y Zamora, guardametas y capitanes de Italia y España, se saludan e intercambian banderines al inicio del partido

Combi y Zamora, guardametas y capitanes de Italia y España, se saludan e intercambian banderines al inicio del partido

Como muestra quizá de la “calidad” del árbitro de aquel día, baste decir que España acabó el partido con siete jugadores lesionados que no pudieron disputar el siguiente partido, el desempate entre ambas selecciones, entre ellos el capitán y guardameta, el “Divino” Zamora, que acabó con dos costillas rotas y sin que ni siquiera uno solo de los jugadores “azzurri” acabara antes de tiempo camino de los vestuarios. Agarrones, patadas y puñetazos fueron todo lo que Italia dio de sí en su juego ante sus enfervorizados hinchas que habían abarrotado el estadio florentino, en escenas que hacían recordar aquella escena que algunos no tan viejos pero tampoco excesivamente jóvenes tenemos muy cercana: la rotura de la nariz de un codazo del milanista Tassotti a Luis Enrique en los cuartos del Mundial de EE.UU. 1994.

A pesar de aquellas continuas interrupciones del juego por la batalla campal que los italianos estaban desarrollando sobre el césped, España fue mejor y Regueiro hizo enmudecer a una hinchada italiana que se había tomado el duelo como si se tratara -y realmente Mussolini y todo el aparato propagandista del régimen se lo había hecho creer- de una guerra imperial o una operación de conquista en el minuto treinta del primer tiempo. Ferrari, al borde del descanso, puso el empate a uno final en una polémica jugada en la que hubo un claro agarrón a Ricardo Zamora para que no pudiera llegar a atajar el remate. Un marcador que no se movió después de dos prórrogas. Con todo en contra -y ese todo era nada más y nada menos que el ambiente, el árbitro y los jugadores maltrechos por las constantes agresiones físicas-, aguantar el empate era ya simplemente descomunal y toda una heroicidad realizada por los jugadores españoles.

Al día siguiente, con España lamiéndose literalmente las heridas del partido previamente disputado y con un equipo plagado de suplentes, nuevamente se saltaba al campo del Giovanni Berta a luchar por una plaza en semifinales contra la “Squadra Azurra”. Sin Zamora, Lángara, Ciriaco, Gorostiza, Fede, Lafuente ni Irarágorri, España formó con Nogués; Zabalo, Quincoces; Cilaurren, Muguerza, Lecue; Vantolrá, Regueiro, Campanal, Chacho y Bosch.

Jugada del gol de Meazza, precedido de la falta previa al guardameta suplente español, Nogués. Ese gol supuso la eliminación de España del Mundial

Jugada del gol de Meazza, precedido de la falta previa al guardameta suplente español, Nogués. Ese gol supuso la eliminación de España del Mundial

El árbitro suizo René Marcet fue igualmente desastroso como su colega Baert lo había sido el día anterior. Tanto fue así que la Federación Helvética lo inhabilitó de por vida para volver a ejercer como colegiado en un partido de fútbol. Anuló dos goles legales a España y se “olvidó” de sancionar con falta un claro desplazamiento por parte de Guaita a Nogués, el portero español, en la jugada en que Meazza remató a las mallas el gol que supuso la clasificación italiana, impidiendo así al portero barcelonista, como había sucedido con Zamora en el primer partido de esta eliminatoria, llegar a blocar la pelota. España, la que ha sido considerada hasta la consecución del campeonato mundial de Sudáfrica 2010 la mejor selección que ha jugado un Mundial, quedó injustamente eliminada en cuartos, empezando a crear el mito de los fatídicos cuartos de final. De aquel segundo partido contra los a la postre campeones del mundo, España se trajo otros 4 lesionados más.

Tras su regreso a Madrid, un mes después, el presidente de la Federación Española, Leopoldo García Durán; el seleccionador Amadeo García Salazar; y los componentes del equipo que había partido hacia Italia fueron condecorados por el presidente de la República, Alcalá-Zamora, con la distinción honorífica de la Orden Civil de la República. Al “Divino” Ricardo Zamora le sería entregada la misma en vivo y en directo antes miles de espectadores durante un partido de homenaje celebrado en Chamartín entre las selecciones de España y Hungría, en diciembre de 1934, por parte del propio Alcalá-Zamora. Un pequeño resarcimiento ante la amarga decepción que supuso haber sido eliminados, simplemente, porque se cruzaron en el camino de Italia e Italia no podía perder ese Mundial.

LA GUERRA SE CRUZA EN SU CAMINO: LA TRAYECTORIA POSTERIOR DE “LOS ROJOS”

España consiguió en Italia’34 la que fue durante mucho tiempo la segunda mejor posición conseguida en un campeonato del mundo, una quinta plaza que sólo quedó por detrás del cuarto puesto obtenido por la selección en Brasil’50 -el Mundial del famoso gol de Telmo Zarra a Inglaterra que fue, por muchos años, la única vez que España rompía la barrera que a la larga se convertiría en su maldición en los Mundiales: los cuartos de final-.

El último partido disputado por la selección española bajo la bandera de la República se disputó el 23 de febrero de 1936, pocos días después de la victoria electoral del Frente Popular en las elecciones de ese mismo mes. Fue un España-Alemania disputado en el estadio de Montjuïc (hoy Lluís Companys) barcelonés. La República española volvía a tener un gobierno progresista como en 1931-1933, y en Alemania el poder del partido nazi se había convertido, en poco menos de tres años, en incuestionable. El encuentro, amistoso, había sido pactado antes de los comicios en España.

En el momento de sonar los himnos nacionales de ambos países, los jugadores de Alemania, al sonar el suyo -las versiones varían, pues aunque en algunas de ellas aparece que sonó el himno nazi del “Horst Wessel Lied”, pero todo parece indicar que el himno que sonaba por la megafonía del campo barcelonés fue el tradicional himno alemán, el “Deutschland über alles”, que seguía siendo el himno de Alemania- realizaron el saludo romano habitual de las dictaduras fascistas, entre la estupefacción de los jugadores españoles y el abucheo del público catalán que llenaba las gradas. En medio del ambiente republicano, autonomista y de izquierdas de una Cataluña que había visto restablecida la Generalitat, el saludo fascista se interpretó como una provocación. Por eso, Ricardo Zamora, guardamenta y capitán del equipo español, que se retiraba de la portería de la selección en ese partido, levantó furioso su puño izquierdo cerrado al sonar los acordes del himno oficioso de la República, el “Himno de Riego”. Según otras fuentes, no fue sólo Zamora -quien por otra parte se le suponía un hombre conservador y que de hecho escribía crónicas de fútbol en el diario católico Ya– sino el once encarnado al completo el que alzó el puño en aquel saludo antifascista lleno de rabia y orgullo que enfervorizó a los 60.000 hinchas barceloneses. Sin embargo, el enorme apoyo del público de Montjuïc no fue suficiente para vencer a la tercera mejor selección del anterior Mundial, y España cayó 1-2 frente a los teutones.

Instantánea del saludo "a la romana" de los jugadores alemanes, ante la mirada atónita de los futbolistas de la selección española

Instantánea del saludo “a la romana” de los jugadores alemanes, ante la mirada atónita de los futbolistas de la selección española

La sublevación militar del 18 de julio de ese mismo 1936 y la guerra civil en que se tradujo trajo consigo la desaparición del panorama futbolístico de aquella talentosa generación, que no pudo disputar a causa de la contienda el siguiente Mundial, el del Francia 1938. Los jugadores, al igual que en el caso de muchos otros estamentos sociales, se dividieron según sus filias políticas o la llamada “lealtad geográfica”, algo que no fue un problema en tiempos de paz para escribir una de las páginas más desconocidas y protagonizar una de las derrotas más honrosas del equipo español.

Entre los futbolistas incorporados a la España nacionalista, destacamos a los que siguen. Eduardo González Valiño, “Chacho”, internacional del Deportivo de la Coruña, sirvió en artillería en el Ejército franquista. Acabada la contienda, siguió jugando en el Sevilla. Jacinto Quincoces, defensa del Madrid, fue conductor de ambulancias y se retiró del fútbol al poco de acabar la guerra, en 1942. Ignacio Eizaguirre, el portero del Sevilla que no pudo ser convocado para Italia por su lesión, se alistó en la Legión y con posterioridad fue guardameta de una Real Sociedad que recuperaba su nombre prerrepublicano, Osasuna y finalmente Valencia. Federico Sáez Villegas “Fede” (Sevilla) y Martín Marculeta (que tras jugar el Mundial como internacional por el Donostia fichó por el Athletic de Madrid) participaron en las competiciones futbolísticas organizadas en la España rebelde: el primero en encuentros amistosos a favor de las organizaciones juveniles de Falange y el segundo en el torneo de las Brigadas Navarras. Ambos permanecieron después jugando con “palanganas” y “colchoneros”, dos de los equipos más potentes de la posguerra.

De los que siguieron vinculados a la España republicana, algunos tuvieron la fortuna de poder regresar y seguir unidos al fútbol, aunque sin que volvieran a ser convocados con España. Simón Lecue, que en mayo de 1936 fue delantero titular con el Madrid que ganó la Copa al Barcelona en Mestalla, luchó con el ejército de la República. Al terminar la guerra, permaneció en España y pudo seguir jugando unos años más en el club de Chamartín.

Muchos futbolistas vascos, como fue el caso de Lángara, Leonardo Cilaurren, Luis y Pedro Regueiro, José Iraragórri o Gregorio Blasco (portero del Athletic y suplente ocasional de Zamora en la selección) se enrolaron en la selección de Euskadi. La idea partió del gobierno vasco autónomo establecido en 1936 y especialmente de su primer lehendakari, el ex futbolista José Antonio Aguirre Lecube. Los jugadores de la selección vasca realizarían partidos amistosos por Europa en una acción de propaganda y solidaridad con Euskadi, cuyo territorio, separado del resto de la España republicana y mermado por las conquistas rebeldes en Álava y Guipuzcoa, se encontraba terriblemente acosado. “Necesitábamos hacer ver a los ojos del mundo que los vascos teníamos una formade ser muy distinta a la que algunos querían hacer creer”, recordaría Luis Regueiro en 1987 con motivo del 50 aniversario de la gira. La gira de la selección, iniciada en 1937, les llevó por Francia, donde se enfrentaron al Racing de París y al Marsella; Checoslovaquia, Dinamarca, Noruega y la URSS, en la que se enfrentaron a los “Dinamo” de Moscú, Kiev, Tbilisi, Leningrado y Minsk o a la selección de la RSS de Georgia. Hay que añadir que Guillermo Gorostiza, que formó parte de la expedición, acabó abandonándola para partir hacia la España rebelde. Tras la guerra, el Athletic, con objeto de sanear su economía, vendió a Gorostiza al Valencia. Sin embargo, la carrera del astro vizcaíno comenzó a declinar y acabó jugando en equipos de Segunda y Tercera como fueron Barakaldo, Logroñés y Juvencia de Trubia, haciendo que fuera apodado como “juguete roto”.

Tras la caída de Bilbao, el equipo cruzó el Atlántico y acabó jugando, con el nombre de Club Deportivo Euskadi, la Liga Mayor mexicana 1938-39, donde ya había otros equipos de raíz peninsular como el España o el Asturias. Al parecer, el CD Euskadi se proclamó campeón si hemos de hacer caso a lo que afirma la web de la selección vasca, pero según la Federación Mexicana, fue el Asturias el campeón de esa temporada. De cualquier modo, la experiencia de aquella selección es un hecho clave en la historia emocional de Euskadi y de su fútbol en el siglo XX.

Isidro Lángara, como su paisano y compañero en el Madrid Lecue, siguió jugando en España tras la guerra, en su Oviedo. Otros, sin embargo, probaron fortuna en el Nuevo Continente: Cilaurren jugó en Argentina y México; Luis y Pedro Regueiro en el país azteca…

También el FC Barcelona, con un objetivo más prosaico, la obtención de fondos, se embarcó en una gira por América a partir de 1937, el último año en que disputó los campeonatos regionales de Cataluña -los campeonatos regionales podían seguir disputándose-. Ramón Zabalo y Martín Vantolrá formaban parte de aquel Barça que “hizo las Américas” y posteriormente se quedaron en el exilio. Zabalo formó parte de la plantilla del campeón francés, el Racing de París, y Martín Vantolrá jugó en México, en el España y el Atlante, para a su retirada ser entrenador del Puebla.

Pero la historia más dramática relacionada con un astro del fútbol español en aquellos días tiene que ver con el histórico guardameta Ricardo Zamora.

Póster de homenaje a Ricardo Zamora de 1934, con los escudos de los clubes donde jugó y los de las selecciones a las que se enfrentó hasta la fecha

Póster de homenaje a Ricardo Zamora de 1934, con los escudos de los clubes donde jugó y los de las selecciones a las que se enfrentó hasta la fecha

La ambigüedad política de Zamora había quedado manifiesta cuando, pocos meses después de su gesto de protesta por el saludo nazi de los jugadores de Alemania en Montjuïc, y durante un banquete de celebración del título copero conquistado en Valencia por su club, el Madrid, dio un discurso que finalizó con las palabras “Viva Valencia, el Madrid y España”, a lo que un periodista añadió “y viva la República también”. Zamora, sin embargo, no se sumó a este último. Como era también cronista de fútbol en las páginas de Ya, era un poco sospechoso para que elementos extremistas del Frente Popular fueran a por él. Con el estallido de la guerra, Zamora quiso ponerse a salvo y se ocultó en casa de un amigo suyo, médico, en Madrid. Durante el mes de julio y agosto, corren rumores sobre él: en la zona rebelde, Queipo de Llano anuncia la muerte del portero; en otros casos se especula con su huida, bien al extranjero o bien de la zona controlada por el gobierno, o incluso con su ejecución, como hicieron los rotativos Vie Sportive (Bélgica), que anunciaba que estaba en México, o L´Auto (Francia), que hacía lo propio con respecto a la muerte del gran portero barcelonés.

Sin embargo, el 12 de octubre de 1936, El Mundo Deportivo, el clásico diario deportivo catalán, daba fin a estos rumores con la noticia de la detención de Zamora y su encarcelamiento en la carcel Modelo de Madrid, en Moncloa, y hoy ya derribada. Allí se encontraría con un viejo compañero en el conjunto blanco, el delantero Ramón “Monchín” Triana. Triana, madrileño aunque nacido en Fuenterrabía (Guipuzcoa, la actual Hondarribia) en el seno de una familia acomodada, había jugado en el Athletic de Madrid antes de fichar por el club de Chamartín, con el que había conquistado en mayo de 1936, junto a Zamora, Quincoces, los Regueiro o Emilín la Copa Presidente de la República. Triana y Zamora llegarían a mantener charlas sobre fútbol y a organizar con sus carceleros partidos en el interior de la Modelo, según cuenta el dramaturgo e hijo del fundador de ABC Rafael Luca de Tena.

La suerte de ambos astros madridistas fue muy distinta. Triana fue “sacado” de la cárcel y fusilado en una de las temibles sacas de Paracuellos de noviembre-diciembre de 1936 que tanta deshonra causaron a la República y pudieron finalmente ser paralizadas cuando el gobierno, desde Valencia, pudo enviar al anarquista Melchor Rodríguez, apodado “el Ángel Rojo”, como Inspector de Prisiones para poner fin a aquella matanza. El régimen franquista posterior celebró durante un tiempo, en su memoria, la Copa “Ramón Triana”. En torno a Zamora se organizaron campañas para su liberación. En un partido celebrado entre Cataluña y Valencia, los capitanes de ambas selecciones, Martín Vantolrá y Carlos Iturraspe respectivamente, solicitaron al presidente de la Generalitat, Lluís Companys, que intercediese por el futbolista. También intentarían convencer a Jules Rimet, presidente de la FIFA, para que presionase en favor de la liberación del meta. Mientras tanto, aparecía en escena en la prisión madrileña el anarquista Pedro Luis Gálvez.

Gálvez es dibujado en algunos casos como un caso típico de revolucionario sin escrúpulos, ufano y pagado de sí mismo. Sin embargo, otras fuentes le retratan como un intelectual -escritor- y activista anarcosindicalista que trató de interceder por varias figuras, entre ellas Zamora, a quien protegió y salvó del pelotón de fusilamiento. Finalmente, Zamora, que gozaba de las simpatías no sólo de Gálvez, sino de otros milicianos de la prisión que se acercaban a él para estrecharle la mano e intercambiar unas palabras, es liberado en enero de 1937 con la mediación de la embajada argentina -cuyo embajador, Edgardo Pérez Quesada, trabajó de cerca con las autoridades republicanas para la consecución de liberaciones y documentos de viaje para personas amenazadas- y consigue trasladarse a Valencia, donde, tras reunirse con su familia, parte junto a ellos a Marsella.

Una vez en Francia, ficha por el Niza, donde se reencuentra con un viejo amigo de sus tiempos en el Barcelona y el Madrid, el también afamado Josep Samitier. En Niza juega dos campañas, la segunda compaginándola además con el cargo de entrenador.

Al volver a España, sin embargo, no se libra tampoco de la animadversión de los vencedores, que le reprochan el que tras su liberación no se reintegrara inmediatamente a la zona “nacional” y prefiriese jugar en el extranjero. Zamora alegaba no tener pasiones políticas, pero esto no le libra de ser investigado por el Consejo Superior de Deportes para una posible sanción. Para evitar nuevos problemas, acepta el cargo de entrenador del Atlético-Aviación, club surgido de la fusión del Athletic de Madrid y el equipo de la fuerza aérea sublevada, el Aviación Nacional, y que es dirigido por militares de alto rango. Con los “colchoneros” consigue las dos primeras ligas celebradas tras la guerra, y posteriormente pasará a entrenar, aunque con resultados más pobres, a Celta, Málaga, Español, la selección española y Venezuela. Asimismo, a su regreso trató de devolver a Gálvez el favor que le había hecho al librarle de la muerte, pero sin éxito: Gálvez fue condenado a muerte y fusilado en 1940 por la muerte en Paracuellos del célebre dramaturgo Pedro Muñoz Seca.

Zamora, en su etapa de entrenador

Zamora, en su etapa de entrenador

La selección española tardó muchos años en recuperar el nivel exhibido en aquel Mundial de 1934, y salvo pasajeros éxitos como el cuarto puesto en Brasil’50 o la conquista de la Eurocopa’64, título que no pudo posteriormente defender con brillantez alguna en el Mundial de dos años más tarde en Inglaterra, tuvieron que pasar muchos años para que los comentarios futbolísticos se refirieran a una selección situada al mismo o superior nivel de las teóricas favoritas. Como anécdota final, el equipo español dejó de lucir tras la guerra el escudo de la federación -como hacen hoy día otras selecciones como Alemania, Francia, México, Argentina, Uruguay o Portugal- para lucir el escudo del país, primero el águila de San Juan del régimen de Franco y luego el de la monarquía constitucional.

Al menos, tras unos años en que el “rojo” era un color poco menos que maldito y la camiseta del equipo pasó a ser azul añil como el de la camisa falangista, España volvió a su tradicional zamarra encarnada con la que había conquistado la plata olímpica en Amberes y aquel quinto puesto en Italia’34 que supo a tan poco.

Escudo de la Federación Española (y de la selección) en los años de la II República

Escudo de la Federación Española (y de la selección) en los años de la II República

FUENTES:

Jesús Camacho,  “El doctor García Salazar”, 29/05/2010, en http://www.elenganche.es/2010/05/el-doctor-garcia-salazar/

Wikipedia en español (es.wikipedia.org), “Selección de fútbol de Euskadi”, “Ramón Triana”, “Luis Marín Sabater” y “Copa Mundial de Fútbol de 1934”.

“Juan Hilario Marrero Pérez, Hilario” en http://www.bdfutbol.com/es/j/j11050.html

“España asombra en su primer Mundial”, en http://grandes-equipos.blogspot.es/1302781524/

 http://www.losmundialesdefutbol.com/partidos/1934_espana_brasil.php

“La selección española antes de la guerra civil” en http://www.futuropasado.com/?p=656

Javier de Frutos, “La selección perdida de 1934”, 15/02/2007, en https://www.diagonalperiodico.net/culturas/la-seleccion-perdida-1934.html

“La selección de fútbol de la República”, septiembre de 2010, en http://fusiladosdetorrellas.blogspot.com.es/2010/09/la-seleccion-de-futbol-de-la-republica.html

Javier Talavera, “La estrella de Ricardo Zamora”, 25/04/2013, en http://footballcitizens.com/2013/04/25/la-estrella-de-ricardo-zamora/

“El divino Ricardo Zamora salpicado por la guerra civil” en http://www.futbolypasionespoliticas.com/2013/12/el-divino-ricardo-zamora-salpicado-por.html

“Ricardo Zamora Martínez” en http://hallofameperico.com/2009/07/25/ricardo-zamora-martinez/

“Ricardo Zamora” en http://atmnetworld.com/2015/04/09/ricardo-zamora/

FE DE ERRORES

De acuerdo con un comentario recibido por el biznieto del seleccionador español de entonces, además de médico y hombre estrechamente vinculado al Deportivo Alavés, el nombre correcto del mismo es Amadeo García de Salazar -y Luco, como su segundo apellido-, y no Amadeo García Salazar. En muchas referencias biográficas aparece este segundo nombre, por el que me he guiado al escribir el artículo, pero en realidad el nombre correcto es el primero. Desde aquí pido disculpas por este error.

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2 comentarios en “Aquel Italia-España de 1934

  1. Jokin dijo:

    No había leído este artículo hasta la fecha y me ha parecido muy interesante. Solamente mencionarle que al que usted nombra como Amadeo Garcia Salazar era en realidad Amadeo García de Salazar y Luco, lo digo por que soy su biznieto .
    Un saludo.

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    • Gracias por sus palabras. Disculpe por haber nombrado mal al seleccionador español. En muchas biografías aparece como Amadeo García Salazar (entre ellas, la de wikipedia, aunque incluye “Amadeo García de Salazar, también conocido como Amadeo García Salazar” o la de elenganche.es) y al haberme guiado por tales referencias, es por tal motivo por lo que he puesto el nombre de ese modo. Me hago cargo de mi error y haré referencia a él en una fe de errores dentro del artículo. Un cordial saludo.

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