Qué error (y horror) de Comisionado

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Señoras y señores del ayuntamiento, tanto del equipo de gobierno como de todos los grupos municipales.

Debería darles vergüenza la forma en la que están manejando el tema del callejero y la memoria democrática en la ciudad de Madrid. Se llaman demócratas, pero están siendo patéticos e insufribles, y están pisoteando la memoria de las personas que defendieron la primera democracia española (muy fino el bando de doña Manuela Carmena sobre limpieza que aparece en los autobuses de la EMT, refiriéndose a don Enrique Tierno como el “primer alcalde de la democracia”: ¿y dónde dejamos a Pedro Rico, el primer alcalde de la Segunda República? ¿o es que vamos a la misma estupidez de los medios de comunicación y los analistas bobos que consideran, como dijo Juan Carlos Monedero, que en España la democracia no existió antes de 1977?) y que lucharon por devolverla.

Es penoso que el Comisionado de la (Des)Memoria, nombre que parece mucho más adecuado, y que fue el nombre que le dio el profesor Rafael Escudero Alday en su artículo homónimo (http://www.lamarea.com/2016/05/07/madrid-la-comision-de-la-desmemoria-historica/), creado para satisfacer y dar entrada a grupos que no creen en la Ley conocida como de Memoria Histórica, PP y Ciudadanos (¿alguien puede explicarme cómo puede consensuarse una política con gente que no cree en esa misma política, salvo que se sea un cínico o un inmoral?) y para tirar por tierra el trabajo de personas que sí son expertos en temas de historia y memoria, los miembros de la Cátedra de la Universidad Complutense a los que el equipo de gobierno no apoyó cuando más falta hacía y cuanto más arreciaban los ataques a su trabajo, algunos con clara vocación de manipulación y falsedad (la famosa y falsa noticia de “El País”), haya dejado pasar, recalificando su título de “comandante” a “aviador”, a Demetrio Zorita Alonso, convirtiéndole en una figura respetable, cuando sigue siendo (y Celia Mayer lo dijo en su día) un militar sublevado contra la legalidad democrática de la República y además incorporado a la Escuadrilla Azul, el equivalente en la fuerza aérea a la División Azul enviada por Franco en auxilio de Hitler en su invasión de la URSS (https://es.wikipedia.org/wiki/Demetrio_Zorita_Alonso). Ahora resulta que podemos quitar a un militar que participó del lado de los nazis en la SGM como Muñoz Grandes del callejero, pero a otro, Zorita, lo mantenemos, ¿en base a qué criterio?

Otra de las dudas razonables que suscitan los cambios propuestos en el callejero es el hecho de sustituir la calle de Millán Astray por la Avenida de la Inteligencia. Nadie (salvo los idiotas que insultaron a Miguel de Unamuno proponiendo la muerte de la inteligencia o de los “malos intelectuales”, es decir, de los intelectuales “rojos”) podrá oponerse a este nuevo nombre, y ahí precisamente radica el problema. Poner un nombre tan sumamente genérico es hacer un brindis al sol. Porque entre los sublevados, los falangistas, los católicos que prestaron su apoyo al golpe, etcétera había personas sumamente inteligentes y brillantes, como Ernesto Giménez Caballero, Ramón Serrano Suñer, el propio José Antonio, José Calvo Sotelo, Eduardo Aunós… Por tanto, ¿es la inteligencia un atributo democrático? ¿Acaso, pues, no eran inteligentes Heinrich Himmler, Josef Stalin, Ante Pavelic o Radovan Karadzic? Lo mismo ocurre con la calle de la Cooperación. Cooperación hay de muchos tipos, y no todas son deseables ni dignas de los principios democráticos. Franco cooperó con Hitler durante la SGM. Los dictadores africanos Omar Bongo y la familia Eyadema “cooperaron” con la campaña electoral de varios candidatos a la presidencia de la República en Francia (potencia ex colonial y hoy protectora de estos personajes, con los que también coopera de formas muy poco recomendables). Las dictaduras del Cono Sur en los setenta cooperaron entre sí en la famosa y deplorable Operación Condor. ¡Ah!, pero es que se trata del nombre anterior que tenía la calle. Bien, ¿y por qué no se procede de igual forma con plazas como la de Cascorro -que ya posee una calle, la de Eloy Gonzalo- devolviéndole su nombre republicano, el de Plaza de Nicolás Salmerón, en lugar de condenar al presidente de la Primera República al ostracismo de una avenida periférica, en el distrito de Ciudad Lineal? ¿Por qué no se hace lo mismo con la Gran Vía, que popularmente -y en su estación de metro- era y seguirá siendo posiblemente conocida así, pero poseía en aquellos tiempos tres nombres: Eduardo Dato (de Plaza de España a Callao), Pi i Margall (de Callao a Montera) y Conde de Vallellano (de Montera a Alcalá)?

Sorprende (o no) que el Partido Popular, y con él arrastre al resto de grupos, entre ellos a Ahora Madrid, que se supone venía a hacer una nueva política –y ya se nota, en otra noticia conocida esta mañana: Amazon, una empresa conocida por recibir subvenciones en la vecina Francia mientras no paga los impuestos correspondientes en aquel país, se va a instalar en la capital y va a ser recibida con los brazos abiertos sin que parezca que nadie en la corporación haya mostrado reticencias, preguntado por este tema a los responsables o investigado la actividad fiscal de una compañía que se instala en un paraíso fiscal interno de la UE como Luxemburgo para evitar pagar impuestos en los países donde realmente ejerce su actividad (http://www.eldiario.es/economia/negocio-Amazon-Starbucks-Google-impuestos_0_74192730.html)-, opine que no se puede incurrir en el mismo error del franquismo y exaltar ahora al otro “bando”, es decir, a la República. ¡Claro! ¿Cómo vamos a hacer eso? Sabiendo además que en España NO HUBO DOS BANDOS: hubo un bando rebelde y un gobierno legal, elegido en las urnas e internacionalmente reconocido, el único con derecho a defenderse de acuerdo con las normas de Derecho internacionales (http://info.nodo50.org/Carta-a-Enrique-Moradiellos.html) y al que, nosotros, hoy día, debemos homenajear, a sus instituciones y a los hombres y mujeres que lo representaron y defendieron, cosa que sí hacen en Francia con respecto a los republicanos españoles (si antes hemos criticado lo mal que está apoyar a dictadores africanos, es necesario ahora afirmar que en este caso el país galo sí hace honor aquí a sus principios republicanos). Está muy bien poner calles al teniente Castillo -esperemos que vaya acompañada de la retirada del monumento a Calvo Sotelo en plaza de Castilla, porque sólo faltaba que con esta excusa igualemos a un funcionario de la República con un conspicuo conspirador contra la misma desde al menos 1933, de tendencias claramente autoritarias y admirador del fascismo-; a Max Aub (un peligroso comunista expulsado del PSOE por su fidelidad al fiero títere de Stalin Juan Negrín: a ver si vamos a andar reconociendo a Besteiro, a quien debemos reconocer su sufrimiento a manos de los fascistas triunfantes, pero que  no olvidemos fue uno de los apoyos del sedicioso coronel Casado y su devastador golpe de marzo de 1939, pero no a una personalidad como el médico y socialista canario que hoy, a nivel internacional y nacional, está siendo reconocido como una, si no la mayor, de las figuras más grandes de la política republicana durante la guerra); a Arturo Barea y a Corpus Barga (atención, pregunta para el señor Trapiello: ¿todo esto no entra esto en contradicción con su opinión de que sólo la “tercera España” merecería ser homenajeada, cuando estas personas forman parte del extenso cuerpo de intelectuales y profesionales que apoyaron al gobierno y al régimen republicano? http://blogs.publico.es/dominiopublico/16691/la-comision/) y a Marcelino Camacho, pero no debemos olvidarnos de Juan Negrín, Marcelino Pascua, Pablo de Azcárate, Victoria Kent, Julián Zugazagoitia, Manuel de Irujo, Isabel Oyarzábal, Segundo Blanco, Matilde de la Torre, Antonio Fabra Rivas, los hermanos Barnés Salinas, Marcelino Domingo, Mariano Ruiz Funes, Carmen de Burgos (y otros como Enrique Ruano o Julián Grimau, muertos a mano de la ominosa DGS), en fin, un larguísimo etcétera de personalidades republicanas que fueron, ya antes incluso de la guerra, impulsores de la modernización y el cambio que significaba la Segunda República.

Porque está muy bien poner una calle a la Institución Libre de Enseñanza, germen de la renovación pedagógica de la cual la República fue una extraordinaria continuadora y cuya labor educativa hoy es reconocida incluso por muchos de sus enemigos. Pero no olvidemos –y esto que se lo anoten el Partido Socialista y la Fundación Nacional Francisco Franco, que se apuntan éxitos que no tienen en su haber, sino que copiaron, tarde y muchas veces mal- que la República realizó y proyectó mucho de lo que hoy son pilares del “estado del bienestar”, tan maltrecho: la sanidad pública, el sistema de seguros sociales (unificado y renovado gracias al Instituto Nacional de Previsión, bajo la dirección del Ministerio de Trabajo de Largo Caballero), la negociación colectiva, la reforma agraria, el impuesto de renta (la contribución general de renta implementada por el ministro de Hacienda republicano Jaume Carner)… En Valencia hay una calle dedicada al Instituto Obrero de aquella ciudad, una institución creada en varias ciudades durante la guerra por el ministro republicano de Instrucción Pública, el comunista Jesús Hernández Tomás. El hospital general de Las Palmas lleva el nombre de Juan Negrín (que, desde su puesto de secretario en la Junta de la Ciudad Universitaria, impulsó durante los años treinta su construcción hasta el punto de que, en 1936, ésta estaba ya terminada). En los vecinos municipios de Getafe y Leganés hay calles dedicadas a algunos de los ya mencionados, además de a Diego Martínez Barrio o Juan Guilloto León (más conocido por Juan Modesto, el jefe militar surgido del Quinto Regimiento comunista)… ¿Tiene Madrid que seguir siendo la excepción, la reticencia absoluta a homenajear sin paños calientes a quienes trataron de hacer de España un país mejor y a que conozcamos mejor el legado, no sólo de convulsiones, sino también de esperanzas, de planes y de ideas, del período democrático anterior al actual? ¿O es que preferimos que permanezca oculto, como las víctimas en las cunetas y en las fosas comunes?

Y es que se podría añadir algo más. El Partido Popular insiste en que la sustitución de las calles debe hacerse contando en las nuevas denominaciones a las víctimas del terrorismo. No quiero que esto se interprete -lejos es esa mi intención- como desprecio o humillación a las víctimas, pero el homenaje social, institucional y en monumentos, calles y espacios públicos a las víctimas de UN determinado tipo de terrorismo, aquel para el que sí existe memoria histórica, que es el de ETA o los GRAPO (quizá un poco menos el de las víctimas del 11-M, por lamentables y penosas razones que han llevado al insulto gratuito y no perseguido contra la presidenta de la Asociación de Víctimas Pilar Manjón), es (como no podía ser de otro modo) notorio y visible en toda España. Sabemos de la existencia de los pabellones Fernando Buesa, Martín Carpena, del Bosque del Recuerdo en el Retiro o del Monumento frente a la estación de Atocha. Por eso rogamos a quienes afirman esto que entiendan que se debe dejar espacio a quienes han sido víctimas durante cuarenta años de otro terrorismo no menos lamentable, el terrorismo de un Estado criminal cimentado sobre una sublevación militar y sobre una política de exterminio del adversario, así como de otras bandas criminales asociadas directa o indirectamente con los aparatos del propio Estado, como el Batallón Vasco-Español o la sección española del Gladio, que no han recibido el mismo apoyo institucional y que andan condenadas, aún hoy, a ochenta años vista de las primeras manifestaciones de lo que el general Mola llamó, en sus instrucciones reservadas, “la extrema violencia” que se debía desplegar para asegurar el éxito del golpe, a un ostracismo inmerecido (http://www.lasexta.com/programas/el-intermedio/gonzo/tendriamos-que-pedirle-partidos-que-favor-cierre-esa-parte-historia_201312095726fa6f4beb28d44602a0eb.html).

Cuando se tiene que elegir entre consenso y justicia, resulta -vuelvo a decir- penoso que este valor supremo constitucional, tanto en la Constitución de 1931 como en la de 1978, sea puesto en segundo plano frente al acuerdo con gente que lo único que hace es poner palos en las ruedas de una memoria democrática en la que, repetimos, ni creyeron ni están por la labor de creer (http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2014/09/04/que_problema_tiene_con_memoria_historica_21127_1023.html y http://www.publico.es/politica/rivera-reitera-ciudadanos-no-quiere.html)

Tienen tiempo de enmendarse, aunque visto lo visto confío poco en que así sea. Deberían darle una oportunidad a la anterior Cátedra, aunque los que no se la darían a ustedes, y con razón, serían los miembros de esta última (http://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2016-02-13/decidimos-no-asesorar-al-consistorio-tras-las-palabras-de-carmena-catedra-complutense-memoria-historica_1151565/).

Decepcionado,

Eladio Fernández.

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