Sobre este blog

Dos comentarios recientemente leídos y que pueden verse en la correspondiente entrada sobre el artículo “El asedio al Santuario de la Virgen de la Cabeza…” me han animado a compartir con vosotras/os la siguiente reflexión acerca de este blog.

En primer lugar, quien esto escribe y ha escrito y espera seguir escribiendo muchas más veces en ests bitácora no es historiador. Mi formación no ha ido encaminada hacia tan noble y singular tarea, muchas veces enmierdada por quienes, sin serlo, se las dan de tales y falsean sus currículos para presumir de lo que no tienen y dar evidencia de lo que carecen. Sé que por limitaciones (de metodología, técnicas, económicas…) no puedo seguir, a la hora de escribir los textos que aquí introduzco, el mismo rigor y, en fin, tener la misma calidad que puede poseer una obra historiográfica al uso. Y que muchas veces tengo que tirar de fuentes secundarias y de artículos y obras que han escrito otras personas para poder elaborarlas. Porque, repito, este blog está dedicado a asuntos de Historia y en especial de Historia Contemporánea, pero es obra de un curioso que quiere transmitir su curiosidad a otros, tratando de, en consonancia con la sentencia del profesor Josep Fontana de “Los vencedores son los que escriben la Historia; es forzoso, por tanto, que exista otra Historia”, indagar sobre esa “cara B” de la Historia que conocemos o nos han explicado. Dentro, como ya he explicado, de las limitaciones antes expuestas.

También se me ha reprochado, al hilo del artículo, mi “sesgo izquierdista”. No estoy de acuerdo con el hecho de que un historiador o un periodista tenga que mantener una posición de objetividad que de ninguna manera podemos tener como seres humanos ante determinados hechos, especialmente si son o han sido contemporáneos de los mismos. Por supuesto, no oculto -y efectivamente, en los diferentes artículos aquí expuestos así ha quedado demostrado- mi postura política. Pero eso no es óbice, ni en mi caso ni en el de ningún otro/a, para que se le pida a quien escriba a que lo haga con honestidad y sinceridad, cuente también las críticas y los errores o incluso los formule por su parte y no oculte, falsee o tergivese. Como se afirma en “La forja de un rebelde”, de Arturo Barea, “cuenta toda tu verdad, no hagas programas en los que no creas y no mientas, y anima a otros a que cuenten su verdad también”.

En muchas ocasiones, esa “cara B” de la Historia necesariamente ha de pasar por una visión progresiva, de izquierda, porque el mundo actual, configurado desde finales del siglo pasado con la victoria del “Nuevo Orden Mundial” neoliberal y la caída de los regímenes de “socialismo real” ha hecho que nos olvidemos o ignoremos, por su “derrota histórica”, a quienes plantearon una alternativa no sólo dentro del mundo capitalista, sino también dentro del propio bloque soviético y asimilados, así como seguimos desconociendo mucho sobre el Tercer Mundo. Recientemente han fallecido Mário Soares y Helmut Kohl, uno considerado el padre de la democracia portuguesa y otro el artífice de la unidad de Alemania. ¿Quién se acuerda de las promesas rotas por ambos, del socialismo guardado en el cajón de uno y de la estafa de los paisajes floridos prometidos a los alemanes orientales como vacua propaganda electoral para asegurar la victoria de la CDU en unos comicios para una futura Alemania unida del otro? ¿De la financiación extranjera para ponerse al servicio de la derecha de Soares y la corrupción que salpicó a los democristianos de Kohl? Dicen que no está bien hablar mal de los muertos con el cadáver aún caliente, pero peor aún fue el olvido al que fueron sometidos Vasco Gonçalves y Stefan Heym, quienes al morir no recibieron los grandes homenajes que se les destinaron a los anteriores y cuya historia por hacer un Portugal y una RDA diferentes a los que hasta entonces habíamos conocido ha pasado absolutamente desapercibida. Y ambos fueron representantes de dos momentos, el PREC y las manifestaciones de los lunes de Leipzig, de aquello que era el mayor peligro para los dos bloques (aunque en 1989 en el Este ya no lo significaba realmente, sino la única posibilidad de seguir existiendo): una alternativa socialista y democrática a las dictaduras de planificación central y partido único. Esa heterodoxia, asfixiada en el Este con la “doctrina Breznev”, pero también en Occidente con la “red Gladio” o el golpismo en Chile o Brasil, ha de ser narrada aun a riesgo de enfurecer a diestra y a siniestra.

Pero es que de igual modo pasa en el Tercer Mundo, esa región enorme donde se acumula la mayor cantidad de recursos humanos y naturales de la Tierra y donde la pobreza y la muerte galopan sin cortapisas. Observar las causas del subdesarrollo, que hunden sus raíces en el colonialismo y continúan actualmente con el neocolonialismo de las políticas económicas globales y el dominio informal de las antiguas metrópolis y otras de nuevo cuño, así como entender los intentos por cambiar el rumbo al que estaban destinadas las naciones que lo conforman y el modo en que éstos han sido frustrados obliga a tomar muchas veces partido, aun reconociendo sus errores y limitaciones, por las personas que trataron de hacer posible estos cambios. Éstas, muchas veces estaban imbuidas de un ideario socialista o de izquierda o en otros casos, aun no siéndolo en puridad, por su forma de actuar y su posterior estigmatización han acabado por convertirse en personajes simbólicos para la izquierda. Y no es exagerado afirmar que esa región del mundo, siempre a medio camino entre la conmiseración y el desprecio, ha producido desde la SGM políticos y hombres de Estado más lúcidos que las avanzadas y civilizadas Europa o Norteamérica. Siempre será mejor optar (sobre todo si se examina lo que había en sus respectivas cloacas) antes que por Adenauer, Mitterrand, Felipe González, Thatcher, De Gasperi, Eisenhower o Churchill por los modestos y muchas veces desconocidos Sankara, Cabral, Arbenz, Goulart, Mossadegh, Nyerere, Lázaro Cárdenas, Carlos Mariategui, Félix Moumie, Ben Barka, Frantz Fanon, Patrice Lumumba o Ernesto Cardenal. Puede que ellos no firmaran o escribieran los grandes tratados bajo los que se rigen las vidas de miles de personas (sean los de Maastricht, Roma o Bretton Woods), pero su ejemplo puede servir para modificarlas.

Ello no quiere decir que no respete, en absoluto, opiniones, personas y posiciones ideológicas y políticas distintas. La base del progreso, a mi entender, es precisamente la necesidad de contrastar y confrontar diversos puntos de vista, y muchas veces a mí me han servido para reafirmarme en mi postura, pero desde un punto de vista más rico y variado y después de haber reelaborado planteamientos previos. Como afirmaba el doctor Negrín, presidente del gobierno de la República durante la guerra, en relación a los españoles de la otra zona, la gente conservadora y de derechas, su suerte le preocupaba, ya que ellos servirían, a la hora del término de la guerra, de contraste a su postura política. Por ese motivo, no puedo dejar de manifestar mi admiración y respeto por figuras conservadoras cuya humanidad y sensibilidad han quedado demostradas, aunque haya temas en los que se discrepe (lo cual es lógico y hasta es bueno que así sea). Un claro ejemplo es para mí Miguel Delibes, con quien puedo tener más en común que pongamos por caso Erich Honecker o Santiago Carrillo. Y no debemos olvidar, dado que se me ha apuntado la trillada sentencia de la sovietización de la República, que no fueron pocos los conservadores que estuvieron del lado de la misma, ya fuera en forma de apoyo moral e intelectual (Jacinto Benavente, Antonio Machado, Rosa Chacel, Secundino Zuazo) o desempeñando funciones de índole política, diplomática o militar (Vicente Rojo, Felipe Sánchez Román, Angel Ossorio y Gallardo o Manuel Portela Valladares).

Dos últimas referencias. No es de recibo acusar a una persona de usar fuentes sesgadas y al mismo tiempo repetir los argumentos que se vienen utilizando en fuentes sesgadas y rebatidas aquí y allende nuestras fronteras sobre la instauración de un soviet en España y el dominio comunista de la República. O referirse, para eliminar las sospechas sobre una obra escrita por el hijo del capitán Cortés acerca del Santuario, que esta fue escrita después de la muerte de Franco, ¡como si después de morir Franco no se hubieran publicado obras nostálgicas y apologéticas como las novelas de Vizcaíno Casas, los estudios sobre la represión con cifras falseadas de Salas Larrazabal o las obras más recientes de Ricardo de la Cierva, César Vidal o Pío Moa! Admito que la obra pueda ser interesante e instructiva, pero los muerte de un dictador nada necesariamente asegura su calidad.

Hoy nos hemos despertado con la noticia, parecía que sacada de una película de Berlanga, de que agentes de la Guardia Civil han acudido a una peregrinación a Lourdes (y ahí estaban, de uniforme) pagada con dinero público y bailando la conga en un video que se ha hecho viral. Haría falta mucha más educación en los cuarteles y academias (entre ella, la relacionada con la tortura y el abuso, dado que se diga lo que se diga siguen existiendo denuncias fehacientes de que la Guardia Civil y los cuerpos policiales en España la siguen practicando, como revelaba recientemente “El Diario.es”), para que se entienda que la religión (la que sea) y los aparatos del Estado tienen que ir separados, sin enfrentarse, pero tampoco sin ir de la mano, con uniforme reglamentario y con el dinero de todos, para luego mostrar en YouTube o donde sea semejantes esperpentos. Quizá para ello sería clave acabar con esos espacios de impunidad que son el otorgar la medalla al mérito policial y nombrar comisarios de honor a imágenes religiosas o tirotear inmigrantes, aun con pelotas de goma, sin que el ministro o el director general del ramo sea cesado y los agentes suspendidos y juzgados de inmediato. Quizá para ello es necesario reaprender, desde Baeza, Valdemoro o Intxaurrondo muchas cosas, entre otras, que la historia de la Guardia Civil actual no puede conectarse con una operación de rebeldía disfrazada de gesta de resistencia.

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