Un comentario a la Futbolteca y a Vicent Masiá (parte II).

Tras un largo y siempre respetuoso intercambio de impresiones con el autor del artículo en la página de La Futbolteca, me he visto en la obligación personal de escribir una segunda entrada sobre los temas tratados anteriormente, fundamentados en las respuestas al mismo y en la necesidad de aclarar los puntos que han suscitado cierta controversia.

Vicent Masiá escribe sobre la historia del fútbol español, sus clubes, etc. Yo no lo he hecho más que en un par o tres de ocasiones, porque la temática de esta bitácora es más amplia (y posiblemente no siempre lo hago con acierto). Por eso, él se centra en su artículo más en la parte que toca a los orígenes y, en este caso, desaparición de un color significativo del Real Madrid CF como el morado, que era el color que estaba en la franja diagonal que cruzaba su escudo y que de un tiempo a esta parte se ha sustituido por el color azul.  Por mi parte, me he dedicado a comentar -ya que él lo hace también- sobre la aparición del color morado en la enseña de la Segunda República, y a aclarar sobre cuál era la legislación que regía en cuánto a la supresión de los títulos de “Real” y otras distinciones y nombres monárquicos en las sociedades culturales, mercantiles, recreativas, deportivas y de otra índole, que Masiá atribuye a la ley de Defensa de la República.

Con independencia de los puntos de vista que sostengamos ambos sobre la República, sigo sosteniendo la necesidad de comentar un par de cuestiones que me ha comentado a través de sus respuestas vía correo electrónico. A saber:

La aceptación e impulso popular (o no) del tercer color en la bandera: Sostiene Vicent Masiá que, a lo largo de la jornada del 14 de abril, durante el transcurso de las manifestaciones por la victoria de las candidaturas republicanas en las principales ciudades del país, que el hecho de que fueran pocas las personas que portaban banderas tricolores y con una disposición que no era rojo-amarillo-morado, sino que en muchos casos cambiaba la disposición colocándose el rojo en el centro y el amarillo arriba o el morado en el lugar que le correspondía al rojo, mostraba que la aceptación popular del nuevo lábaro no era tan masivo como el decreto de 27 de abril de 1931, que institucionalizaba la nueva bandera, podía hacer pensar y que, en realidad, la aparición de las nuevas enseñas en aquella jornada no era más que una maniobra para forzar la implantación de la enseña tricolor con la excusa de una falsa aceptación popular.

Siendo francos, el gobierno provisional podía haber cogido y haber implantado la nueva enseña por sus santas narices, como en su día hizo Carlos III con el concurso convocado para la nueva enseña de la armada (su armada) y luego Isabel II al institucionalizar la bandera naval como bandera nacional, un detalle que no entran a valorar quienes defienden la legitimidad de la enseña rojigualda (y, la verdad, hay que hacer un gran ejercicio de imaginación para pensar que la Constitución de 1978 es como el pan del anuncio, que lo aguanta todo “in saecula saeculorum”: bandera, monarquía, financiación estatal de la Iglesia…). También se podría haber escogido hacer una consulta popular como en Nueva Zelanda recientemente para aprobar la adopción de una nueva enseña o mantener la ya existente (https://es.wikipedia.org/wiki/Refer%C3%A9ndums_sobre_la_bandera_de_Nueva_Zelanda_de_2015-2016), pero esa fue una excepción, no la norma, y en la época e incluso después ya muchos países -incluída la España republibana- no tenían por tradición la convocatoria de referéndums ni siquiera en la aprobación de sus constituciones (República de Weimar -https://es.wikipedia.org/wiki/Constituci%C3%B3n_de_Weimar-, Italia-https://es.wikipedia.org/wiki/Constituci%C3%B3n_de_la_Rep%C3%BAblica_Italiana-, RFA -https://es.wikipedia.org/wiki/Ley_Fundamental_para_la_Rep%C3%BAblica_Federal_de_Alemania-, o la Tercera República Francesa-https://es.wikipedia.org/wiki/Leyes_constitucionales_francesas_de_1875-).

Pero eso no responde a nuestra pregunta: ¿era entonces una bandera popular, y por lo tanto hacía bien el gobierno provisional en apelar a que había sido una bandera traída por el pueblo y por lo tanto que contaba con una cierta legitimidad para ser izada? Las consideraciones de cada cual son libres. Lo que sí podemos intuir es que para entonces lo que sí se iban a ver eran pocas banderas, ya fueran tricolores o rojigualdas, por la misma razón por la que la gente iba al fútbol con indumentarias mucho más simples que ahora (es decir, sin bufandas, sin camisetas, sin polos, gorros y con pocas banderas de sus clubes): o bien porque no había capacidad monetaria o bien porque había pocas o ninguna tienda de “merchandising” donde adquirir tales productos. La gente que podía se confeccionaba las banderas en casa, como comenta Haro Tecglen en “El niño republicano” (Alfaguara, Madrid, 1996), y muchas veces como Dios le dio a entender, hasta tal punto que muchos tenían tal cacao mental sobre la disposición de colores en las banderas que en la novela de Dulce Chacón “La voz dormida” (Alfaguara, Madrid, 2002) todavía una presa republicana no sabía si la bandera de los “nacionales” era roja amarilla y roja o amarilla roja y amarilla. Por eso resulta extraño que, si hubieran seguido instrucciones partidarias, las hubieran seguido o las hubieran dado tan mal como para colocar los colores en disposiciones tan caóticas.

Lo que sí parece claro es que la difusión del color morado como color republicano sí estaba ya en boga por aquellos años, y especialmente tras la sublevación fallida de Jaca y la ejecuciones de Galán y García Hernández, que barrió el poco crédito que le quedaba a la monarquía alfonsina. Además, en medio de la enorme popularización de los llamados “mártires de Jaca”, hizo que surgiera también la figura del que se ha dado en llamar el primero en coser una bandera republicana, el sastre socialista Julián Borderas que, como el maestro del libro de Chaves Nogales, estaba ahí, con su enseña dispuesta para su izado en la localidad del Alto Aragón si no hubiera fracasado el levantamiento. Por ello, es posible que el fusilamiento de los dos capitanes y el encarcelamiento de Borderas entre muchos otros contribuyó sobremanera a la popularización de la enseña cosida por este último (http://www.publico.es/sociedad/julian-borderas-sastre-cosio-primera-tricolor.html).

Pero la bandera de Julian Borderas no era la única referencia que se tenía del color morado para el público. En cuadros, portadas de libros y manifiestos, dibujos, fotos, estampillas, etc el público se había ido familiarizando ya desde finales del siglo XIX y principios del XX con tal color (aunque no supiera bien dónde colocarlo), de suerte que el 14 de abril, aunque no se llevara bandera, posiblemente con ver a alguien llevando una con los tres colores bastaría con seguirle y aplaudirle para mostrar su entusiasmo por el republicanismo y la tricolor:

independencia_de_cuba,_revista_la_flaca,_1873

Ya en 1873, la revista satírica “La flaca” en esta caricatura a propósito de la guerra de Cuba y la redención de la esclavitud dibuja una bandera española donde la tercera faja parece más morada o violácea que roja.

57686848

Manifiesto y programa del Partido Republicano Federal, con retrato de Pi i Margall y bandera tricolor.

Exif_JPEG_PICTURE

Cuadro “Manifestación por la República” del sabadellense Antoni Estruch (1904), expuesto en el Museo de Arte de Sabadell.

P. Rep. Federal

Reconstrucción de la bandera del Partido Republicano Democrático Federal (1868-1910)

img0

Programa del Partido Republicano Radical, 1911.

A-REPUB-123

Edición facsímil de la original de “Lo que debe saber todo buen republicano”, editada en Madrid en 1904.

La necesidad del cambio de enseña: Este es un debate que es un poco como la discusión bizantina del sexo de los ángeles. ¿Se debe mantener, no se debe mantener? ¿Corona real -como las repúblicas de Serbia, Montenegro, Rusia, Hungría-, corona mural o la corona cívica que propuso la Real Academia de Historia en 1868 (https://dibujoheraldico.blogspot.com.es/2011/12/el-uso-abusivo-de-la-corona-real.html)? Por supuesto, hay quien considere que es legítimo dejar los símbolos como están al llevar a cabo un cambio de régimen y hay quién vea como legítimo llevar a cabo modificaciones a los mismos (ahora mismo lo vemos en el caso de Cataluña, con la sustitución de la habitual senyera cuatribarrada por la estelada). No existe una postura única, y en la historia hemos visto que otros estados han realizado esas transformaciones o han mantenido los símbolos identitarios en función de la identificación popular con los mismos, las manifestaciones de rechazo a un régimen considerado odioso o la vocación abiertamente rupturista con el pasado. Desde cualquiera de esos puntos de vista, lo realizado por la Segunda República no fue ni mejor ni peor, ni más acertado ni menos que lo realizado por otros estados. Simplemente tuvo sus motivos, que unos creerán acertados -vocación rupturista, inauguración de una nueva etapa, símbolo democrático traído por las masas- y otros no -enseña sin tradición u ostracismo de un símbolo con largo tiempo de andadura:

Por ejemplo, los siguientes países cambiaron su bandera después de un cambio de régimen político:

ALEMANIA (1919)

PORTUGAL (1910)

GRECIA (1978)

GEORGIA (2004)

MYANMAR (2010)

ALTO VOLTA/BURKINA FASO (1984)

SUDÁFRICA (1995)

En cmabio, no la cambiaron, entre otros:

NEPAL (2008)123px-Flag_of_Nepal.svg

ITALIA (1946)

125px-Flag_of_Italy.svgPOLONIA (1946 y 1989)

125px-Flag_of_Poland.svg.png

CHECOSLOVAQUIA Y REPÚBLICA CHECA (1948 y 1993)

125px-Flag_of_the_Czech_Republic.svg.png

CHILE (1973)

125px-Flag_of_Chile.svg

Como se ve, sobre gustos y modificaciones de los mismos no hay nada escrito. Algunos estados han vivido con clara normalidad esos cambios y se han asumido como los símbolos del Estado por partidarios y detractores del sistema político o del gobierno vigente, mientras en otros los símbolos desterrados (como en Bielorrusia con la bandera roja y blanca o en España con la tricolor) se han convertido en aglutinadores de movimientos de oposición.

La cuestión numérica de las concejalías: Es un tema menor, porque es algo que está ya zanjado de plano y es básicamente colateral al asunto que nos ocupa. Daba igual si el número era de 22.000 concejales monárquicos frente a 6.000 republicanos -cifra dada entre otros por César Vidal- o la proporción era más ajustada (40.000 frente a 34.000 que escribía Javier Tussell), pero aún así favorable a los candidatos realistas. El caso fue que todos, de un lado y de otro, apuntaban a que ese día y en las ciudades, los focos del “voto libre”, el voto que no era manipulable por los caciques y el aparato político gubernativo, las capitales de provincia y otras ciudades importantes habían dado un clarísimo espaldarazo a los republicanos. Un espaldarazo que Gerald Brenan comentará en “El laberinto español” (Planeta, Barcelona, 2008) se hará más patente en las elecciones a Cortes Constituyentes de mayo, donde, pese a la desorganización de las derrotadas candidaturas monárquicas o a posibles manipulaciones de voto favorables a los partidos del gobierno provisional, los resultados demostraban que “el país se había vuelto claramente contra la dictadura y contra el Rey”. Es más, Gabriel Jackson en su análisis de las elecciones (ya fueran las generales, las municipales parciales en el conjunto del Estado o en Cataluña o en las elecciones de compromisarios para un nuevo presidente de la República) del período en los anexos a “La República Española y la guerra civil” (Crítica, Barcelona, 2008) concluye que los votos a los partidos republicanos, ya fueran de tendencia izquierdista o conservadora, mostraban una clara aceptación del público hacia el nuevo régimen. Por lo tanto, no cabe dudar de que, a pesar de ese baile de cifras, el nuevo régimen contaba con la legitimación del voto popular.

Con esto me gustaría dar por zanjada la cuestión, y esperando que dentro de poco nos volvamos a encontrar por estas vuestras páginas.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s