¡El fútbol es política, estúpidos!

“Dado que la vida de los individuos, clases o grupos sociales tiene lugar en campos sociales considerados no políticos, en la medida en que en ellos impera el fascismo social, la democracia representativa tiende a ser sociológicamente una isla de democracia que flota en medio de un archipiélago de despotismos […] La democracia representativa no sólo vive cómodamente con esta situación, sino que la legitima al volverla invisible.”

Boaventura de Sousa Santos.

A raíz del recientemente llamado “caso Zozulya” -la frustrada cesión del futbolista ucraniano Roman Zozulya por parte del Betis al Rayo Vallecano por la oposición y movilización en contra de buena parte de los aficionados de este último equipo, debido a los vínculos del jugador con la extrema derecha en su país- se ha desatado un revuelo periodístico, institucional -en el seno de la Liga de Fútbol Profesional y la Asociación de Futbolistas españoles e incluso la intervención de la embajada ucraniana en Madrid- y por supuesto en las redes sociales sobre el tema.

Los puntos calientes del asunto han sido varios -y los iré repasando a continuación- pero vuelven a versar sobre una polémica ya antigua, la de la relación entre el deporte -y en este caso, el fútbol, como “deporte rey” a nivel mundial- y la política. No deja de resultar curioso que desde las instituciones, sean nacionales, internacionales o globales (léase la UEFA, la FIFA, el COI… aparte de los diferentes gobiernos) se ha tratado de eludir y de minimizar el contenido del debate tratando de repetir incesantemente el mantra, que ha calado entre sectores de la población, especialmente en democracias liberales o representativas, de que no se deben mezclar ambos temas. Y digo que no deja de ser curioso porque de este modo, paradojas de la vida, lo que se trata es de evitar que en el debate sobre la relación entre la política y el deporte llegue a hablarse sobre cómo desde la política institucional el deporte ha sido utilizado para la consecución de sus objetivos o la legitimación de sí mismos o de sus fines, y de cómo la negociación de puestos, de candidaturas para albergar eventos deportivos, la presencia de grupos de presión, etc. tiene mucho que ver con la política (y por tanto, está expuesta a los mismos males que la política que se desarrolla en los parlamentos de los estados).

Toda decisión que se toma en un ámbito institucional es política. El problema es que, en muchos casos, esas instituciones no son representativas, ni sus procedimientos son transparentes, aún a pesar de afectar de que sus decisiones afectan o pueden llegar a afectar a la vida de miles de personas (tal y como ocurre con la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la OTAN, la reunión bancaria de Basilea…). De ahí que la intención y la repetición de la consigna de separar la política del deporte se basa en la intención de separar aquellas intenciones, manifestaciones o protestas de índole político-social que puedan afectar al “status quo” de la organización deportiva, sea a nivel regional, nacional o mundial, así como a la posibilidad de articular una alternativa diferente a la forma en que se organiza el deporte en cada una de esas escalas. De ahí la pertinencia de las palabras del inicio de Sousa Santos: en la medida en que en las instituciones deportivas mundiales existe ausencia de fiscalización y control -y lo hemos comprobado recientemente, con los escándalos de corrupción que han salpicado a la FIFA y la UEFA y a sus respectivos presidentes, Joseph Blatter y Michel Platini; la compra de votos para la organización de los próximos campeonatos mundiales de fútbol en Qatar y Rusia; el despilfarro financiero y la represión de las protestas sociales en Brasil como consecuencia de la celebración del pasado mundial de fútbol, al que siguió de forma consecutiva la de las olimpiadas de Río de Janeiro- pero son considerados autónomos, cuando no ajenos, a la política institucional, esto es, la de los parlamentos, se convierten en espacios para la aparición del fascismo social y la legitimación de espacios para acallar voces discordantes e incluso para servir de instrumento de propaganda a regímenes y gobiernos que no dudan en aplastar cualquier intento de disidencia o de protesta.

LA POLÍTICA HACE EXTRAÑOS COMPAÑEROS DE CANCHA

Ya se vivió, en el ámbito del fútbol, en 1978, con el entonces presidente de la FIFA, el brasileño João Havelange -que ganó las elecciones al inglés sir Stanley Rous cuatro años antes, chapado a la antigua y con quien murieron los últimos rastros de amateurismo- y radical transformador del “deporte rey” en un negocio global, con la entrada de los grandes patrocinios (Adidas, Coca-Cola), la celebración de nuevos torneos y nuevos países para la disputa del gran evento, el Mundial, para la obtención de mayores audiencias y mayores ingresos (y al mismo tiempo que el negocio, el lucro personal, el clientelismo y la corrupción -http://www.panenka.org/miradas/el-futbol-de-havelange/-). Havelange no tuvo empacho alguno en pasar por encima de las críticas que sobrevenían por la celebración del campeonato mundial de fútbol de ese año en la Argentina de la dictadura militar -recordemos: 30.000 desaparecidos, miles de bebés robados, torturas, participación en la “operación Condor” conjunta con otras dictaduras del Cono Sur para la desaparición de opositores políticos, “doctrina de choque” económico o fracaso y descrédito final con la guerra de las Malvinas-, bajo la premisa de que “sólo” vendía “un producto llamado fútbol”. Al parecer, por el producto de esa venta -por la que protegió a figuras prominentes de la dictadura argentina, como el jefe del comité organizador del Mundial, el almirante Carlos Lacoste, protegido del teniente y condenado por genocidio Carlos Massera- recibió sobornos en metálico y en especie, como una finca que supuestamente habría sido regalo del jefe de la junta militar Jorge Rafael Videla. Las amistades peligrosas -también fue amigo del ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger-y los sobornos no acabarían ahí ya que, según informa el periodista escocés Andrew Jennings, llegó a cobrar cuarenta y cinco millones de dólares en sobornos de la empresa ISL (http://www.clarin.com/deportes/futbol/adios-havelange-inventor-negocio-personal_0_H1Nq5mZc.html). La línea inaugural marcada por Havelange con Argentina , esa diferenciación entre fútbol/deporte y política -para regodeo de autócratas y de gobiernos con graves déficits de respeto a los derechos y libertades públicas- continuó con la celebración de mundiales de fútbol en, por ejemplo, Sudáfrica, que a pesar de ser un régimen democrático convive con numerosas desigualdades, corrupción y falta de respeto por derechos básicos de la población (dos años después de la celebración del Mundial, treinta y cuatro mineros eran ametrallados por la policía en el transcurso de unas protestas en Marikana) y las próximas convocatorias en Rusia y Qatar.

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João Havelange, expresidente de la FIFA.

Mucho antes, en 1934 y 1936, las dictaduras fascistas de Italia y Alemania utilizaron el campeonato mundial de fútbol y los juegos olímpicos de Berlín, respectivamente, para la propaganda de sus respectivos éxitos políticos, como demostración de su cohesión nacional y de la supremacía de sus respectivas “razas” (http://www.rtve.es/television/20160727/noche-tematica-berlin-1936-juegos-nazis/1370660.shtml). Aquí ya se habló en su día del escándalo que supuso la intervención del propio Mussolini ante árbitros o incluso equipos rivales con ánimo de comprarlos o amedrentarlos a través de matones, e incluso a través de la nacionalización exprés de futbolistas argentinos con orígenes italianos para incorporarlos a la “squadra azzura”, con tal de que Italia ganara el Mundial. La prometedora selección española tuvo que sufrir en sus propias carnes -y nunca mejor dicho, pues tras dos partidos, uno de ellos de desempate, el número de bajas españolas “cosidas a patadas” por los futbolistas italianos fue tan númeroso que el seleccionador español, Amadeo García de Salazar, tuvo que alinear casi al completo al equipo de reserva para el segundo partido- el juego brusco y la injusticia arbitral en cuartos, cosa que también ocurrió con la excepcional Austria del Wunderteam en semifinales y con Checoslovaquia en la final (los este-europeos se sintieron tremendamente sorprendidos cuando el árbitro, sueco, hizo el saludo fascista al palco, según se supo con posterioridad a petición de las autoridades italianas). Los jugadores italianos también recibieron presiones y amenazas del Duce para ganar el campeonato, como expresa el argentino nacionalizado Luis Monti, que cuatro años antes había jugado con la selección sudamericana el primer campeonato celebrado en Uruguay (https://es.wikipedia.org/wiki/Copa_Mundial_de_F%C3%BAtbol_de_1934).

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Cartel de la Olimpiada de Berlín 1936.

Lo de la olimpiada hitleriana, más conocido por recientes documentales y la icónica imagen del estadounidense Jesse Owens desafiando las teorías de la supremacía racial aria en la prueba reina de los juegos olímpicos (el atletismo), no deja de tener su tragedia porque los juegos se celebraron con la connivencia de los comités olímpicos internacionales, arrastrados por el comité estadounidense -el más potente por entonces-, para cuyo presidente, Avery Brundage, el boicot propuesto a los “juegos de Hitler” no era más que una “conspiración judeo-comunista”. A los dirigentes nazis no les costó mucho contar a Brundage la milonga de que la Alemania nazi era un país tolerante en el que no se perseguía a los judíos o los opositores políticos y que los juegos serían un ejemplo de eficacia y magnificiencia (como fueron, pero desgraciadamente para mayor gloria del régimen). Sólo España  a raíz del cambio político acontecido en las elecciones de febrero de 1936 -aunque sí había participado en las olimpiadas de invierno, antes de la asunción por el gobierno de izquierda del Frente Popular de sus funciones- y la Unión Soviética decidieron seguir adelante con el boicot, y de hecho, la frustrada Olimpiada Popular de Barelona, patrocinada por el gobierno autónomo de la Generalitat y el de la República española y alternativa antifascista a los juegos berlineses, iba a contar con más atletas participantes que las oficiales. (https://en.wikipedia.org/wiki/1936_Summer_Olympics#Political_aspects, http://www.nodo50.org/esperanto/artik33es.htm y https://quatrebarresblog.wordpress.com/2016/08/21/las-olimpiadas-populares-de-barcelona-en-1936-contra-el-fascismo/).

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Cartel de la Olimpiada Popular de Barcelona 1936 en el que se anuncian las competiciones de boxeo y lucha.

Pero este escaso respeto por el espíritu olímpico (un inciso: ¿tiene en cuenta el señor presidente de la Liga de Fútbol Profesional Javier Tebas los ideales olímpicos cuando defiende a un jugador de fútbol que ha hecho apología de grupos paramilitares de extrema derecha en cuyo ideario figura la limpieza étnica de su país, Ucrania, de rusos, polacos o rutenos? ¿tienen en cuenta los mandamases del fútbol español a quién han colocado al frente de la LFP y esos ideales del deporte como vehículo de integración y respeto, cuando Tebas ha declarado su fidelidad a los ideales de un movimiento ultraderechista como Fuerza Nueva -fundado por un antiguo jerarca del franquismo como Blas Piñar y de ominoso recuerdo durante la transición por la violencia política ejercida contra la oposición democrática, como pueden dar fe los supervivientes y amigos de los fallecidos en la matanza de Atocha- y ha afirmado que en España hace falta alguien como el exlíder del FN francés, Jean Marie Le Pen) que se vio con la connivencia con Hitler se fue repitiendo después en el mismo seno del COI con la elección de Juan Antonio Samaranch Torelló como presidente del mismo.

Samaranch, de filiación falangista, estrecho amigo del ministro de Exteriores del primer franquismo y conocido germanófilo Ramón Serrano Súñer (a quien los recientes libro y serie televisiva “Lo que escondían sus ojos” ha tratado de blanquear, obviando sus crímenes y presentándolo apenas como uno de los protagonistas de una desventurada historia de amor adúltero en una época de estrictos convencionalismos), hizo carrera en un régimen sobre el que siempre ha mantenido un discurso ambiguo, semejante al del anterior rey español Juan Carlos de Borbón. De su ascensión por los peldaños de la administración franquista de Barcelona y luego como embajador en la URSS se sirvió para negocios privados del estilo de los de Havelange y para alcanzar -paradójicamente, con apoyo soviético- la presidencia de la organización olímpica mundial. Tras su retirada de la organización y su acceso a la presidencia de honor del organismo y la entrega por el rey del título nobiliario de marqués de Samaranch (ambos promovidos por políticos catalanes, en agradecimiento por la celebración de los juegos de 1992 en la Ciudad Condal), se han ido conociendo los escándalos sucesivos -en la zona franca barcelonesa, en La Caixa, en Inmobiliaria Colonial, la connivencia con Javier de la Rosa- en los que Samaranch y su entorno familiar han estado implicados. (http://www.publico.es/actualidad/pasado-franquista-persigue-juan-antonio.html y http://www.nodo50.org/forumperlamemoria/?El-fascista-Juan-Antonio-Samaranch). Samaranch, sin embargo, pudo morir tranquilo: ni fue investigado por sus corruptelas ni la presidencia de honor del COI le fue quitada (tampoco promovida por las autoridades democráticas, ni españolas ni del olimpismo internacional) en aras de su pasada y fructífera colaboración con el fascio, de la que no se retractó.

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Samaranch en una jura oficial. En segundo plano podemos ver a Francisco Franco y al almirante Carrero Blanco, presidente del gobierno del régimen dictatorial.

Pero no pensemos que el deporte es usado sólo por regímenes dictatoriales y por personajes de siniestro pasado (aunque, como hemos visto, con la necesaria colaboración de los regímenes democráticos) para sus fines. También las democracias liberales han empleado los éxitos deportivos, individuales o colectivos, para hacer propaganda de unos determinados valores, elevar la moral patria o incluso desviar la atención. Durante la “guerra fría”, los enfrentamientos en los Juegos Olímpicos entre las selecciones de baloncesto de los Estados Unidos y la Unión Soviética significaban, en caso de victoria, un espaldarazo para sus respectivos sistemas políticos y  económicos y una oportunidad para la propaganda y la exaltación patriótica, así como lo fue el “milagro sobre hielo” de la selección estadounidense de hockey sobre hielo al vencer a la URSS en Nueva York y colgarse después la medalla de oro en los juegos de invierno de 1980, en un momento en que las relaciones entre ambas potencias atravesaban un mal momento por la intervención soviética en Afganistán (https://es.wikipedia.org/wiki/Milagro_sobre_hielo).

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La selección francesa de fútbol campeona del mundo en 1998.

Los triunfos futbolísticos de Francia en el Mundial de 1998 y de España en el de 2010 sirvieron, asimismo, para potenciar una conciencia colectiva que, en el caso francés, pasaba por la renovación de la identidad nacional, acogiendo en ella a nuevos ciudadanos con independencia de la procedencia o el origen familiar (muchos jugadores de aquella selección, como Desailly, Karembeu, Thuram, Djorkaeff o Zidane eran hijos de emigrantes procedentes de las antiguas colonias francesas o de otros países), en un momento de ascenso del ultraderechista Frente Nacional y de conflictos en los “arrondisements” parisinos, donde se concentra buena parte de la población inmigrante pobre. En el de España, el campeonato ganado en Sudáfrica valió para ser sacado a relucir por parte de las autoridades como ejemplo de superación y de esfuerzo colectivo, en un momento delicado por la crisis económica e institucional, y para aunar la identidad española frente a los nacionalismos periféricos, en especial el catalán, ante la polémica independentista. Incluso llegó a usarse al equipo como imagen de la llamada “marca España”, la internacionalización de las firmas comerciales y empresas españolas en el extranjero. Sin embargo, ese estudiado idilio no duró mucho: apenas un año después de aquel campeonato, en mayo de 2011 surgía el “movimiento 15-M”, y aquellos jóvenes que habían festejado el triunfo de la selección salían ahora a criticar a las instituciones y a los políticos que habían manejado el mismo en su propio beneficio. En otro campeonato muy anterior, el de Suiza 1954, la inesperada victoria en la final de la República Federal de Alemania frente a la favorita Hungría -que había derrotado a los germano-occidentales por 8-3 en la primera fase- sirvió para que la RFA, destrozada económicamente y con el trauma aún de ser señalada con el dedo por las atrocidades del nazismo, pudiera recomponer su orgullo nacional. “Este milagro, el futbolístico, supuso el pistoletazo de salida para el gran milagro alemán, el económico, que levantó a un país destruido y en ruinas hasta convertirlo en la primera potencia económica de Europa, además de incrementar el espíritu nacionalista y la autoestima en ese país” (Juanvi Savifont, “Fútbol es cultura: El milagro de Berna” 01/10/2013, en https://www.elfutbolesinjusto.com/hemeroteca/el-futbol-es-cultura-el-milagro-de-berna/).

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Fritz Walter (izquierda) y Ferenc Puskas, capitanes de la RFA y Hungría en el saludo protocolario antes del inicio de la final del Mundial de Suiza 1954.

Un milagro económico impulsado un año antes con la condonación por parte de los aliados occidentales de las deudas de guerra de la RFA, en aras de que la parte occidental del país no se viera superada económicamente por la socialista República Democrática Alemana (“Entretanto, del otro lado de la “cortina de hierro”, la República Soviética (URSS), pese al terror de Stalin, o precisamente por su causa, revelaba una pujanza industrial portentosa que transformó en pocas décadas una de las regiones más atrasadas de Europa en una potencia industrial que rivalizaba con el capitalismo occidental y, muy especialmente, con Estados Unidos, el país que emergió de la Segunda Guerra Mundial como el más poderoso del mundo. Esta rivalidad se tradujo en la Guerra Fría, que dominó la política internacional en las siguientes décadas. Fue ella la que determinó el perdón, en 1953, de buena parte de la inmensa deuda de Alemania occidental contraída en las dos guerras que infligió a Europa y que perdió. Era necesario conceder al capitalismo alemán occidental condiciones para rivalizar con el desarrollo de Alemania Oriental, por entonces la república soviética (sic) más desarrollada”. Boaventura de Sousa Santos, “El problema del pasado es no pasar: a cien años de la Revolución rusa”, 03/02/2017, http://blogs.publico.es/espejos-extranos/2017/02/03/el-problema-del-pasado-es-no-pasar-a-cien-anos-de-la-revolucion-rusa/).

Como hemos visto, el deporte y la política han sido compañeros a lo largo de los años en muchas ocasiones. El problema surge cuando el deporte se convierte en la puerta de entrada de otros actores y otras reivindicaciones políticas distintas a las oficiales o institucionales, y de cómo las autoridades manejan entonces el asunto.

EL “CASO ZOZULYA”: UNA RESPUESTA HABITUAL… Y MATICES NUEVOS

El caso de Roman Zozulya ha avivado esa llama en pro de la separación (imposible) entre el fútbol y la política. En el mercado invernal de fichajes de este año, este futbolista ucraniano, internacional con su selección, iba a ser cedido hasta final de temporada del Betis al Rayo Vallecano, militando actualmente en Segunda División y con ciertas dificultades (zona baja de la tabla clasificatoria). Ante la noticia, peñas y grupos de aficionados descubren que Zozulya está relacionado con los medios ultraderechistas de su país y los grupos paramilitares que, en el conflicto que está teniendo lugar en el este del país (región del Donbass, las autoproclamadas repúblicas populares de Lugansk y Donetsk), luchan en apoyo del ejército ucraniano frente a las milicias prorrusas, quienes cuentan con apoyo del gobierno de Moscú. Y todo esto por la propia actividad del jugador en las redes sociales.

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Mensaje de la afición del Rayo Vallecano en protesta por la incorporación de Roman Zozulya a la disciplina del club franjirrojo.

Entre estos grupos armados de ultraderecha se encuentran organizaciones como el batallón Azov (entre los que figuran los ultras de su antiguo club, los Dnepr White Boys del Dnipro, con cuyo emblema ha aparecido posando en fotografías en las redes sociales) o el Pravy Sektor. Los llamamientos de estos grupos no se han limitado a pedir ayuda y estimular el combate contra las fuerzas prorrusas y acabar con la insurrección (cosa que también desea el presidente ucraniano y magnate chocolatero Petro Poroshenko, aunque a través de un acuerdo entre las partes, formando parte del llamado “partido de la paz” frente a sus socios de gobierno como Arsenyi Yatsenihuk o el ultraderechista partido Svoboda, que forman parte del “partido de la guerra” -http://www.lamarea.com/2015/04/04/ucrania-tregua-por-agotamiento-economico/-). Podemos decir sin temor a equivocarnos que el ideario de estos grupos pasan por la eliminación física de todos aquellos que no sean “ucranianos étnicamente puros” -rusos, polacos, judíos, rutenos-, como demuestra su admiración por los ultranacionalistas -aliados de la Alemania nazi y culpables de delitos de lesa humanidad durante la SGM, como el asesinato de miles de polacos, judíos y comunistas- Stepan Bandera (nombrado héroe nacional por el gobierno de Victor Yushenko en 2010, lo que levantó ampollas entre países vecinos como Polonia y Eslovaquia, y que apareció rehabilitado en pancartas y carteles por Kiev durante las protestas del Maidán que hicieron caer al gobierno de Yanukovich en 2014) y su Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN). La masacre de la Casa de los Sindicatos de Odessa, en la que murieron asesinadas 42 personas, o el prender fuego vivo a un partidario de los prorrusos demuestra que su modo de actuación no pasa en absoluto por respetar las convenciones de Ginebra. La presencia de estos grupos de ultraderecha, aunque minoritaria, resulta importante para el gobierno y el ejército de Kiev, por cuanto les dejan hacer, forman una minoría poderosa por estar armados o han sido formados en el seno de grupos políticos que no se declaran de ultraderecha (entrevista al periodista francés Paul Moreira, http://www.lamarea.com/2016/02/13/la-revolucion-de-ucrania-ha-engendrado-un-monstruo-que-va-a-ponerse-en-su-contra/)

La actividad de Roman Zozulya respecto a su apoyo a grupos de extrema derecha en Ucrania ha sido notoria, y ha sido la base para que una amplia mayoría de seguidores franjirrojos (contrariamente a lo difundido por la mayoría de medios de comunicación, al menos en un principio, no ha sido una acción “de acoso” realizada por Bukaneros, los ultras del club del sureste de la capital, sino que la oposición al fichaje ha procedido de amplios sectores de la afición franjirroja y también de otros ámbitos sociales del barrio) se oponga a la incorporación del jugador a la disciplina del equipo. No sólo es que haya aparecido con la mencionada insignia de los ultras del Dnipro o que se haya creado confusión a su llegada a España entre una camiseta que llevaba puesta con el  escudo nacional de Ucrania y que un periodista creyó era el logo del Pravy Sektor. Zozulya ha aparecido en fotos en las que bromeaba con su parecido físico con Stepan Bandera, el ya mentado líder ultraderechista y filonazi ucraniano -¿se imaginan cómo actuarían aquellos que claman por la inocencia y el respeto al jugador si un futbolista, pongamos para más inri vasco, bromeara sobre su parecido físico con Josu Ternera o Santi Potros?-. La fundación Narodna Armiya (Ejército Popular), que crea para recaudar fondos en ayuda a los grupos que combaten a las milicias prorrusas, ha colaborado con los ultras del Dnipro en el reclutamiento de voluntarios para el batallón Azov, y él mismo se ha involucrado en esa tarea apareciendo en videos de apoyo para este grupo, uno de ellos, animando a participar en una manifestación convocada por este grupo contra la “capitulación”. (http://m.ara.cat/opinio/Roman-Zozulya-Vallecas-no-es-lloc-per-a-nazis_0_1734426761.html, http://www.playgroundmag.net/sports/Zozulya-nazi-ucraniano-Vallecas-Rayo_0_1912608725.html, http://www.playgroundmag.net/sports/Zozulya-nazi-hace-video-canal_0_1916808328.html y http://.publico.es/sociedad/1987544/no-habra-nazis-en-el-rayo-vallecano).

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Roman Zozulya en el video del Batallón Azov, apoyando la manifestación contra la “claudicación” convocada por este grupo paramilitar.

Desde que se conoció el boicot de la afición rayista a la llegada de Zozulya a Vallecas, un sinfín de reacciones contrarias a la postura de los aficionados (que han llegado a ser tachados de analfabetos y “subnormales” por algún comentarista deportivo, como José Joaquín Brotons) y de solidaridad con el jugador comenzaron a surgir, además de la consabida consigna de “no hay que mezclar fútbol y política”. El presidente de la LFP, el mismo ultraderechista que trata de ilustrar a los ciudadanos de España para justificar su apoyo y adhesión a los ideales de Fuerza Nueva diciendo que “la gente no sabe lo que es Fuerza Nueva” (pásmense: ahora no sabemos quiénes fueron los asesinos de Atocha o de Yolanda González) anuncia una querella contra varios miembros de Bukaneros que el día de la llegada de Zozulya para firmar su incorporación al equipo insultaron e increparon al jugador (en cambio, la misma LFP nunca ha presentado querella alguna contra grupos como el Frente Atlético por el asesinato de dos hinchas, uno de la Real Sociedad y otro del Deportivo de la Coruña, cosa más grave que un insulto).

Se ha hablado de manipulación de las pruebas para emitir un juicio sobre la filiación ultraderechista del jugador, cosa absurda por cuanto no es una sino varias las fotos, además de un video, y por si fuera poco todos hemos podido comprobar por las cámaras de TV como el muchacho tenía las pocas luces de recibir obsequios de y dejarse fotografiar con los ultras de extrema derecha del Betis, a su vuelta a Sevilla, “con la que está cayendo”, que dirían nuestras abuelas (http://sareantifaxista.blogspot.com.es/2017/02/ultras-neonazis-recibieron-con.html?m=1).

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Roman Zozulya, a su llegada a Sevilla tras su frustrada cesión al Rayo Vallecano, fue recibido por los ultras de extrema derecha del club verdiblanco, Supporters Gol Sur, con quienes se fotografió y de quienes recibió una camiseta del grupo.

Se ha hablado (El País y una página web irónicamente llamada Stopfake) de que “la propaganda rusa” ha manipulado convenientemente las pruebas para frustrar el fichaje de un jugador ucraniano con una clara actitud patriótica -al parecer, el único delito del muchacho sería el de amar mucho a su país y donar dinero para sus fuerzas armadas y para los niños afectados por el conflicto, tratando de convertirlo en una suerte de filántropo maltratado por la desinformación del Kremlin- por un equipo dominado por la extrema izquierda y el rojerío más rancio y criptocomunista. ¡Cómo si los servicios de inteligencia o las agencias de prensa o quién quiera que sea de Rusia no tuvieran otra cosa que hacer que meterse en el mercado de fichajes del fútbol de España! Y justo ahora, no cuando el jugador se incorporó a la disciplina del Betis.

Se ha hablado de que no entendemos la situación de Ucrania y por lo tanto cualquier opinión emitida al respecto estará contaminada por juicios de valor que no pueden aplicarse al contexto político y al enfrentamiento bélico que está teniendo lugar en el este del país. Por supuesto, ni Ucrania ni el Donbass ni Rusia son en este sentido un dechado de virtudes, ni creo que puedan alzarse como antiguas luchas del pasado que levantaron pasiones y solidaridad internacionales (la República Española -aunque algunos militantes españoles hayan acudido al Donbass tratando de rescatar la bandera del internacionalismo antifascista de las Brigadas Internacionales-, el Congo de Lumumba, el Chile de Allende o la Nicaragua sandinista). Pero aun con esta compleja realidad y la adhesión que pueda despertar en Occidente la causa de Ucrania, sea por amistad hacia Kiev, enemistad hacia Moscú o el mantenimiento de las fronteras e integridad de los estados (y depende, pues ya hemos visto que sí se ha reconocido la independencia unilateral de Kosovo), no es de recibo que desde los aliados europeos se haga la vista gorda sobre esa ultraderecha en la que se apoyan los amigos de Kiev (¿acaso está aislada Ucrania, sin aliados externos como la Unión Europea?, ¿sus amigos de las democracias occidentales de la OTAN no pueden -es un suponer- intervenir en su favor y ha de depender de fascistas y neonazis? Aquí nos encontramos con dos contradicciones, como revela el periodista Paul Moreira: la primera es que tras la revolución del Maidan el gobierno salido de la misma, que se suponía democrático -al menos más que Yanukovich-, pro-europeo y pro-occidental, no da en la realidad esa impresión, sino que convive con la ultraderecha en su gabinete y en influyentes círculos sociales y militares; y dos, a la UE y la OTAN no les importa en absoluto, mantiene su alianza con Ucrania escurriendo el bulto, sin exigir cuentas a Kiev y achacando cualquier información sobre el asunto a intoxicaciones moscovitas). Ni que como ciudadanos tengamos que tolerar lo que hacen o dejan de hacer nuestros gobiernos, cuando se trata de injusticias, y relativizar el fascismo -que debemos recordar, en España y en Europa fue el causante de una guerra con centenares de miles y millones de muertos respectivamente, además de una política de genocidio y un intolerable ideario de razas superiores e inferiores y de expansión territorial- cuando quien se sirve de él es un país amigo. Además, puede que hoy sea Rusia o los prorrusos los que se vean derrotados, cosa que celebraremos, pero mañana pueden ser otros grupos étnicos y otros países (http://cronicashungaras.blogspot.com.es/2010/01/asi-se-hacen-los-heroes-sobre.html?m=1) y quizá nos arrepintamos de ese apoyo y de esa compunción por gente como Roman Zozulya.

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Ante la polémica y la identificación de la protesta con el sector más radical de la afición franjirroja, el grupo Bukaneros, peñas del Rayo y colectivos sociales de los distritos de Puente y Villa de Vallecas se vieron obligados a difundir un segundo comunicado para aclarar que el rechazo a Zozulya era mucho más amplio de lo que se había difundido en los medios.

Otros argumentos -que si no han circulado por los medios, sí lo han hecho por las redes sociales- han sido más disparatados aún, y han consistido en la presentación de Zozulya y de la causa de los ultraderechistas ucranianos en una suerte de combate entre fascistas y comunistas ante el que la mejor muestra sería la de permanecer neutral. De ese modo, no hay motivo para darle la razón a Bukaneros (nuevamente, se entra en el juego de reducir y minusvalorar la protesta de la afición rayista circunscribiéndola de forma falsa a la de este grupo) si, como ya sabemos, “fascismo y comunismo son igual de repugnantes”, etc. Partiendo de la base de que Rusia y los prorrusos del Donbass no son comunistas (aunque busquen una conexión con algunos aspectos de la época de la URSS en aras de conectar con un pasado tenido por glorioso y con formas de vida y de sociedad que juzgan oportunas de recobrar), poner al mismo rasero fascismo y comunismo no es de recibo. Ya me ocupé de ello en un artículo en este mismo blog (ver artículo “De dictaduras”), en el que trataba de señalar cuán diferentes eran los aspectos teóricos en los que se apoyaban los regímenes fascistas y de “socialismo real”, aunque no fueran tan diferentes en sus aspectos prácticos, así como en la evolución que mostraron muchos comunistas del Este de Europa en favor del socialismo democrático (por no referir la evolución de los comunistas de Occidente hacia el eurocomunismo), mientras que encontrar no ya una persona que lo defendiera, sino el concepto mismo de “fascismo democrático” es poco menos que una contradicción. El pensador católico progresista francés Emmanuel Mounier -que se puede considerar antecesor del espíritu que alumbró la Teología de la Liberación en la segunda mitad del siglo XX- afirmaba a este respecto que “el universalismo marxista, sean cuales sean sus ardides y mentiras, tiene al menos en origen un valor distinto al particularismo y racismo fascistas” (http://m.deia.com/2016/05/31/opinion/tribuna-abierta/eskerrik-asko-emmanuel-mounier). Según señala José Manuel Bujanda en ese artículo, “Emmanuel Mounier era creyente, honesto y coherente […] comprometido con lo social y abierto a espacios de entendimiento con un socialismo con el que discrepaba pero que a la vez respetaba profundamente…” Esa capacidad para discernir entre fascismo y comunismo es la que al parecer está hoy ausente entre nuestros opinadores. Y recordemos que Mounier vivía en la época de las purgas de Stalin y del pacto Molotov-Ribentropp, así que no era ignorante respecto de los horrores de que eran capaces quienes decían actuar en nombre del comunismo y la revolución.

Sorprenden los déficit de nuestra democracia -la española y la occidental en general- al ver que sea capaz de mostrar una sorprendente contundencia y rapidez de actuación ante la amenaza del terrorismo yihadista, pero observe tanta permisividad en el caso del fascismo (salvo en el caso de Alemania, por el trauma que le supuso ser el país donde surgió la doctrina nazi, y aún así existen casos en el propio país germano de pasada impunidad con criminales nazis, en la época de la pequeña República Federal, cuando estos formaron parte de la administración, el ejército o los servicios de inteligencia del país).
Así, a raíz de lo ocurrido con Zozulya, debemos recordar que en España nadie se ha preguntado por la seguridad de la familia y la posibilidad de que sean insultados o vejados los familiares de un detenido por pertenecer a células terroristas, intentar captar adeptos para el ISIS, por enaltecimiento del terrorismo o humillación a las víctimas, ni tampoco hayan surgido voces que clamen por proteger el derecho al trabajo de los detenidos o encausados por este motivo (y todos recordamos casos de humillación a las víctimas que han sido de lo más estrambóticos, por decirlo suavemente, como el hecho de que una joven tuitera pueda pasar por la cárcel y padecer años de inhabilitación por contar unos chistes que se vienen haciendo “desde el año de Maricastaña” sobre la muerte en atentado del presidente del gobierno de la dictadura franquista, Luis Carrero Blanco, y pese a que la propia hija del fallecido ha quitado hierro al asunto). Sin embargo, en el caso de Roman Zozulya, todo han sido consideraciones por parte de la Liga de Fútbol Profesional, la Asociación de Futbolistas Españoles, los medios de comunicación de mayor difusión y hasta la política, con el ministro del Interior Juan Ignacio Zoido saliendo a la palestra para defender al jugador frente a lo que todos ellos han calificado como una “campaña de acoso” (cuando lo más cercano a un acoso ha sido un grupo de hinchas llamándole “fascista” e “hijo de puta” con firmeza pero sin actitud violenta y una pancarta en la Ciudad Deportiva del Rayo el día en que acudía para firmar su contrato; hay árbitros de categorías inferiores que podrían hablar de lo que es acoso, sentir miedo de verdad o una agresión en toda regla sin que el mundo del fútbol y del periodismo deportivo les haya prestado ni la décima parte de atención que la prestada al “caso Zozulya”- ejemplo: https://.eldiario.es/norte/euskadi/Quiero-arbitra-dejan_0_607890148.amp.html). Incluso la alcaldesa de Madrid, la otrora progresista Manuela Carmena, ha llegado a declarar que la protesta sólo es de un grupo y no del conjunto de los aficionados (… y dale la burra al trigo), mostrando como tantos otros su desconocimiento absoluto sobre el tema, y que son los tribunales y no “la masa” o una minoría la que ha de decidir sobre el comportamiento del futbolista. Sorprende que se refiera hoy de ese modo despectivo a “la masa”, pues fue ese impulso de “la masa” madrileña la que le dio el bastón de mando del ayuntamiento. Sus propios compañeros de Ganemos Madrid en el equipo de gobierno se han encargado de recordarle la incoherencia de sus palabras con respecto al “caso Zozulya”, pues pocos días antes el ayuntamiento se negó a personarse en la querella argentina contra el franquismo, al contrario de lo que han hecho Barcelona, Zaragoza o Pamplona: “Para nuestra querida alcaldesa los crímenes contra el franquismo no deben resolverse en los tribunales, el nazismo, sí” (http://www.eldiario.es/madrid/Carmena-alguien-condenar-Zozulya-tribunales_0_612789035.html).

Ni que decir tiene que también lo han hecho sus compañeros del Betis, con mensajes a través de los micrófonos y en camisetas que rezaban “todos somos Zozulya”. Ninguno de ellos tuvo la genial idea, como explica Carlos Hernández en eldiario.es (http://www.eldiario.es/zonacritica/futbol-apolitico-neonazis-machistas_6_610398971.html), de mostrar su solidaridad con la novia de su compañero Rubén Castro, agredida por este, ni condenar los gritos de sus ultras de extrema derecha del equipo, los Supporters Gol Sur, que aplaudieron la agresión machista y llamaron puta a la mujer. Tampoco hubo querella criminal de Tebas contra el grupo, se ve que por la poca consideración que el presidente de la Liga tiene hacia el cuerpo femenino (sus lamentables declaraciones recogidas por “Sport” haciendo gala de su fe ultraderechista en las que se pronuncia contra el aborto y la voluntad de la madre así lo demuestran). El periodista ponía además el dedo en la llaga sobre la hipocresía que supone afirmar cuándo el fútbol ha de ser política y cuándo no según la conveniencia de las propias autoridades e instituciones, cuya presencia en los palcos de los estadios y el conflicto de intereses entre éstas y los empresarios que son propietarios de los clubes (escándalo del ático de Marbella de Ignacio González, ex presidente de la Comunidad de Madrid, y la implicación en él de Enrique Cerezo, presidente del Atlético; contratos de obra pública y constructores como Florentino Pérez, dueño de ACS y presidente del Real Madrid CF…): “Cualquier futbolista, faltaría más, puede pensar lo que le venga en gana; otra cosa bien diferente es que utilice la fama que le ha brindado este deporte para difundir ideales contrarios a la libertad, la tolerancia y los derechos humanos. Si el fútbol sólo fuera fútbol, como dicen los que defienden a Zozulya, no tendría sentido la prohibición de exhibir en los estadios símbolos fascistas; si sólo es un deporte, ¿por qué se ha adoptado en todas las competiciones el lema “Respeto, no al racismo”?; si hay que alejar este espectáculo de la política, ¿por qué se recurre a subvenciones municipales para salvar equipos en ruina, a “papá Estado” para crear espacios de privilegio fiscal y a La Roja como referencia de la Marca España?”

Así, nos encontramos con una situación en la que recaudar fondos para material para batallones fascistas, fotografiarse junto a miembros de los mismos y grabar vídeos para captar adeptos para los mismos, hacerse unas risas junto a retratos de líderes colaboracionistas del III Reich sale no ya gratis, sino que despierta una ola de solidaridad si alguien osa decir que eres precisamente lo que pareces, un fascista que hace apología del propio fascismo. Cosa bien distinta, por un incomprensible arte de birlibirloque, que fotografiarse y grabarse en un video haciendo campaña para reclutar voluntarios para la yihad o recoger firmas para pedir el acercamiento de presos de ETA a las cárceles del País Vasco y Navarra -que si bien no es delito, si puede hacer que te caiga la del pulpo en los medios de comunicación de la derecha, como le pasó a un ex rayista precisamente, Mikel Labaka, aunque pidiera exactamente lo mismo que la viuda de un concejal asesinado por ETA-. Y al parecer también es distinto, sea social y/o penalmente, que tuitear un chiste de Carrero Blanco de los que contaban nuestros padres en la barra de un bar -parecidos a uno que se escucha sobre Honecker en una película galardonada con el Oscar sobre el espionaje de la RDA a los ciudadanos considerados desleales-, manifestarse contra los despidos masivos de la factoría de Airbus en Getafe o ir a combatir al Estado Islámico junto a las milicias kurdas en el noreste de Siria. Es necesario acabar con esa situación y recobrar el espíritu antifascista de la democracia, librandonos de ese lastre que es la equidistancia entre fascistas y antifascistas y el funambulismo verbal con el que nuestros políticos y medios juegan para criminalizar toda la protesta contra la extrema derecha y lo que se salga del juego político, que además (y en España lo comprobamos continuamente) acaba por beneficiar a las fuerzas ultraderechistas (sobre la naturaleza antifascista de la democracia, léase “Democracia y antifascismo” del profesor Andrea Greppi, en Rafael Escudero y José Antonio Martín Pallin(eds.), “Derecho y memoria histórica”, Madrid, Trotta, 2008).

FÚTBOL Y ANTIFASCISMO: UNA ALIANZA NECESARIA

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“Solidaridad con los aficionados antifascistas de Europa del Este”. “Tifo” realizado por los Schikeria del Bayern Múnich.

Esta actitud de connivencia con el fascismo (y que ha servido para que partidos de ultraderecha ganasen espacio en toda Europa mediante un discurso basado en la explotación del miedo al extranjero y al diferente, hacer recaer en ellos el mito falso de la culpabilidad de la crisis y en que son los mayores receptores sin merecerlo de las ayudas sociales y servicios del Estado de Bienestar -causando el consabido recorte de las prestaciones- y en la limitación o directamente supresión de la democracia para corregir el desorden actual) recuerda la actitud imprudente de contemporización que mantuvieron las democracias occidentales en la etapa de entreguerras. Con motivo de la Eurocopa de Francia del pasado año, fueron varios los grupos de hinchas -tanto de selecciones como de clubes- que denunciaron en un comunicado la actitud cómplice de los clubes con los grupos ultras neonazis, y todo ello en medio de la polémica sobre expulsiones de selecciones y de medidas contundentes contra los seguidores que entonces causaron diversos altercados en varias ciudades del país. Según denuncian, a los clubes de les da muy bien ocultar a la UEFA (o a la asociación europea del fútbol muy mal detectar) la actitud connivente con los aficionados de extrema derecha en la competición doméstica, frente a las sanciones que van en perjuicio de todos los aficionados del club y la posibilidad de denunciar las actitudes y la violencia racista que pueda producirse en el estadio por parte del resto de aficionados. Así, denuncian que ha pasado lo siguiente:

“En particular los clubes “sospechosos habituales”, razón por la que en principio se endurecieron las reglas, han reaccionado de tres maneras principalmente:

  1. Culpar al mensajero (el vigilante de antirracismo que denuncia el incidente o los grupos de aficionados dentro del estadio activos contra el racismo) o a UEFA, conduciendo cazas de brujas públicas contra ellos mientras siguen sin reconocer el problema real. Empoderando a los racistas que causan el incidente que se unen encantados a la cacería.
  2. Muchos han intentado llegar a acuerdos secretos con los aficionados (racistas) para que “se estén quietos” en partidos europeos a cambio de incrementar sus privilegios en la competición liguera. Empoderando a los racistas que se aproximan al club mientras el resto de aficionados son marginados cada vez más.
  3. El club reubica a los aficionados en otras partes del estadio y prepara algunas actividades contra el racismo de cara a la galería vendiéndolas en público como iniciativa de los aficionados. Los racistas siguen dentro del estadio realizando actos racistas, solo que en un lugar diferente, mientras que los aficionados no racistas o antirracistas no se sienten seguros ni empoderados para iniciar sus propias actividades.

Y afirman que “creemos que la responsabilidad social del fútbol en esta importante área y la más importante aun de las entidades que gobiernan nuestro deporte, deberían ir más allá de proveer imágenes artificialmente aceptables o superficiales para la televisión o el público en general sino que deberían hacer una aportación sostenible para erradicar el problema de la discriminación en nuestro deporte directamente a nivel de los clubes” (http://ctxt.es/es/20160217/Deportes/4311/). El comunicado está firmado por más de cien entidades europeas de hinchas antirracistas, anithomófobos -muchos de ellos son grupos de aficionados LGTB- y contra otras formas de discriminación por motivos de raza, género, orientación sexual… agrupadas en la iniciativa Football Supporters Europe (el listado puede verse en el enlace).

Por este motivo, el caso de Zozulya nos recuerda que las protestas no sólo antifascistas y antirracistas sino las reivindicaciones sociales están presentes en las gradas -también lo han estado en el terreno de juego- en muchos puntos de Europa y del mundo. Es un espacio que, a pesar de que -como nos recordaba el profesor Santos al comienzo- quiera hacerse pasar como “no político”, el choque entre la popularización y democratización alcanzada por el fútbol desde el primer tercio del siglo XX y su mediatización por sectores no sólo de la política institucional para sus intereses, sino también por sectores poderosos económica y socialmente (la entrada de millonarios globales, fondos de inversión, etc. en la propiedad de equipos convertidos en empresas) para fines de lucro o especulativos, ajenos a los valores de identidad y de comunidad que se suelen asociar a un club (y al barrio, pueblo o ciudad en que se inscribe el mismo) ha causado este tipo de protestas y el surgimiento del mensaje “No hay que mezclar el fútbol -y por extensión el deporte- con la política”. En un contexto como el actual, en el que las voces contra los refugiados, el Islam, los homosexuales, los migrantes se hacen oír cada vez con más fuerza al calor de la “guerra eterna contra el terror” y la crisis del capitalismo, haciendo responsable al pobre de fuera y no al rico global de la misma, el antifascismo tiene que ganar espacio, en las instituciones y en la sociedad. Y el fútbol tiene que participar de esa conquista de espacio.

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Homenaje realizado por los aficionados del FC Red Star a su antiguo jugador Rino Della Negra, miembro de la Resistencia durante la ocupación nazi.

Esa intención de encerrar el deporte en una burbuja aséptica es en cierto modo reciente. La historia está llena de casos de equipos, de jugadores y de aficiones que se han identificado con el antifascismo, la democracia o la lucha popular contra las injusticias y la tiranía. Si en otros ámbitos deportivos ha pasado a la historia el caso del boxeador Mohammed Alí negándose a combatir en Vietnam y siendo un referente de la lucha por los derechos civiles de los negros en Estados Unidos, la protesta llevada a cabo por los atletas estadounidenses Tommi Smith y John Carlos en los juegos de México 1968 con el puño cerrado con un guante negro (símbolo del poder negro) en el podio o el eco que supuso la huida de la gimnasta Nadia Comaneci de Rumanía en los últimos estertores de la dictadura de Ceaucescu, el fútbol no ha sido una excepción, tanto con personas anónimas como con personalidades relevantes. En España, el Júpiter -el llamado “equipo de los anarquistas” barceloneses- y el Martinenc, dos históricos del fútbol catalán, formaron parte junto con otras entidades sociales y deportivas, del Comité Catalán pro Deporte Popular (CCEP, por sus siglas en catalán), que se encargará de llevar adelante la Olimpiada Popular de 1936, y clubes como el propio Júpiter, el Levante FC, el Unión Sporting de Vigo, el Madrid FC o el FC Barcelona fueron identificados antes de la dictadura franquista con los ideales republicanos o nacionalistas de sus respectivas nacionalidades, motivo por el cual sufrieron diferentes grados de represión tras la victoria sublevada en 1939, desde la fusión con clubes más adictos a la causa (caso del Levante) hasta una depuración general de sus directivas o acuerdos de filiación (el Júpiter pasó a ser filial del Espanyol, enemigo ideológico y de clase) y hasta intentos de cambio de nombre de la entidad (caso del Barcelona, existiendo un intento de llamarlo España).

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El FC Sankt Pauli de Hamburgo es uno de los clubes más identificados con las causas de izquierda en el mundo.

Fuera de nuestras fronteras, hay que destacar los casos del Corinthians brasileño, donde militó el famoso Sócrates (conocido por su doctorado en Filosofía y su militancia izquierdista), bastión futbolístico contra la dictadura militar brasileña y cuya hinchada mantiene el mismo nivel reivindicativo de antaño contra las injusticias sociales (http://www.panenka.org/miradas/corinthians-siempre-corinthians/); el Red Star parisino, club de la barriada de Saint Ouen identificado fuertemente con el antifascismo, el multiculturalismo y la izquierda (fundado por el viejo presidente de la FIFA Jules Rimet, como un intento de popularizar el fútbol, y que vivió su época dorada en los años veinte y treinta del pasado siglo, el “Etoile Rouge” es el equipo del presidente socialista François Hollande y su fiel y combativa hinchada rinde homenaje a dos héroes de la Resistencia muertos a manos de los nazis: el doctor Jean-Claude Bauer -que da nombre al estadio del club- y Rino Della Negra, futbolista del equipo en los años treinta, hijo de italianos exiliados del régimen de Mussolini – https://www.elfutbolesinjusto.com/reportajes/red-star-el-viejo-comunismo-vuelve-al-futbol-moderno/) o el FC Sankt Pauli alemán, qué, ubicado en un barrio alternativo y contracultural de la ciudad de Hamburgo, tiene una larga trayectoria de militancia, a nivel de club y de afición, en causas progresistas: contra el racismo, el nazismo , la homofobia, el sexismo, en pro de los refugiados o contra la mercantilización del fútbol. Esa imagen de club combativo e incluso marginal (no es raro ver entre sus fans o incluso en tiempos entre sus jugadores gente de estética punk o ska) le ha hecho ser, pese a que ha militado la mayor parte del tiempo en categorías inferiores del fútbol alemán, uno de los equipos más populares internacionalmente, con fans incluso en Sudamérica (http://highbury.es/2016/st-pauli-la-vida-pirata-la-vida-mejor).

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Protesta con banderas palestinas de la hinchada del Celtic FC en un partido de Champions contra el Hapoel Ber Sheeva israelí.

Tanto equipos (aunque un poco a remolque) como hinchas han tomado conciencia en tiempos recientes de la importancia de movilizarse en favor de causas sociales contra la discriminación, la xenofobia, el racismo, la homofobia y otras iniciativas como contra la islamofobia, el rechazo de la inmigración o las luchas de colectivos vecinales, de trabajadores o internacionales, lo cual no siempre ha sido del gusto de las autoridades políticas y deportivas, dado que en ciertos casos se sale de la línea habitual propugnada por la asociaciones continentales o la FIFA. A comienzos de la presente temporada futbolística, hinchas del Celtic FC escocés, mostraron en un partido de la ronda previa de la Liga de Campeones en su estadio frente a los israelíes del Hapoel Ber Sheeva  banderas de Palestina en protesta por la ocupación y la política del gobierno de Israel hacia los territorios y la población palestinos, y han promovido una recogida de firmas solicitando al cantante Rod Stewart, conocido fan del equipo, cancelar sus conciertos por el país. Sobre el Celtic ha sobrevolado, por este motivo, la sombra de la sanción al club. Más reciente aún es el apoyo mostrado por la plantilla del Algeciras CF, de la Tercera División española, a los estibadores del puerto de la localidad, en conflicto con el gobierno de España -del Partido Popular (derecha)- por la aplicación de las normativas de la UE en materia de liberalización del sector, siguiendo la estela de Robbie Fowler y Steve McManaman, en sus tiempos de jugadores del Liverpool, mostrando su apoyo con camisetas a los trabajadores portuarios de la ciudad inglesa, motivo por el que fueron reprendidos por la organización europea del fútbol. El propio Rayo Vallecano (de ahí la incoherencia de su presidente a la hora de fichar a Roman Zozulya como una decisión unilateral) y su grupo Bukaneros se ha destacado por la protesta y la reivindicación: contra los horarios del fútbol, ya incluso en su anterior militancia en Segunda y Primera División -motivo por el que Bukaneros llegó a estar una primera vuelta entera en “huelga de animación”-, contra el deshaucio de una anciana vecina del distrito, a favor de los derechos del colectivo LGTBI -en su segunda equipación, la franja roja se convierte en una franja arcoiris- o con la organización por parte de Bukaneros de las jornadas contra el racismo, en las que llegó a participar el fallecido y carismático exguardameta del equipo y de la selección de Nigeria Wilfred Agbonavare, y su participación en el Mondiali Antirrazisti de Italia, donde participan hinchadas de diversos países de Europa y del mundo (http://www.mondialiantirazzisti.org/new/).

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“Tifo” de Bukaneros en solidaridad con la vecina de Vallecas deshauciada y a quien el club ayudó ante su situación.

A raíz precisamente de esa mala reputación que se quiere promover de la protesta “políticamente incorrecta” y de los mensajes genéricos que patrocina la UEFA, y que como denuncia Respect Fans! se quedan en agua de borrajas a la hora de desterrar de las gradas a los ultras de extrema derecha, uno de los ejemplos más rocambolescos de censura y represión de la misma nos lo encontramos en Turquía. La subida al poder del Recep Tayyip Erdogan y su partido, el AKP, ha traído consigo -especialmente desde el golpe de estado fallido de junio de 2016- una oleada de represión sobre los movimientos opositores, especialmente aquellos identificados con las minorías nacionales existentes en la República, como los kurdos o los armenios, cuya existencia no ha sido precisamente tranquila en el moderno estado turco. Çarşı (que en turco significa bazar), el grupo de fanáticos del popular (en las dos vertientes del término, dado que también es el club de las clases trabajadoras) club de fútbol estambuliota del Beşiktaş, han llegado ha ser incluidos en la lista negra de enemigos del estado, acusados de terrorismo y conspiración contra el régimen.

El motivo fue el especial protagonismo del grupo en las protestas que en mayo de 2013 tuvieron lugar en la antigua capital otomana por la construcción por parte de las autoridades turcas, en el emblemático parque Gezi, de una réplica de un cuartel de la época del imperio. Buena parte de la población de la ciudad se echó a la calle a protestar por tal barbaridad, que no sólo significaba la desaparición de este espacio verde sino que figuraba en la estrategia de los islamistas del AKP de entroncar a la moderna Turquía, fundada por Atatürk sobre los pilares del republicanismo, la occidentalización y el laicismo (bien que con altas dosis de autoritarismo que se han ido repitiendo con el paso del tiempo en las numerosas cortapisas a la democracia y las intervenciones militares en la política nacional), con el pasado imperial, en el que la religión y la expansión territorial eran parte de una gloria que muchos -y no sólo en el AKP- tienen aún en mente, en una suerte de ideal de la “Gran Turquía”.

El final de las protestas -que causaron 8 muertos y 8000 heridos- conllevó la búsqueda de chivos expiatorios por el ultraje de haber triunfado, y Çarşı ofrecía una oportunidad de oro para ello. Su carácter izquierdista (en sus banderas pueden verse desde a Atatürk al Che Guevara, pasando por el anarquismo), su vinculación con causas sociales diversas como el veganismo, la distribución de ayuda a los desfavorecidos, el apoyo a las minorías kurda o armenia (“cuando hay una injusticia, estamos siempre del lado de quien la sufre: armenios, kurdos, animalistas, LGBTI, feministas…”, declara Cem Yakışkan, fundador y líder del grupo) y el hecho de que ya en el pasado hubieran participado en protestas contra obras de carácter megalómano, como la de una presa en Hasankeyf que causaría la destrucción de una ciudad antigua. Las protestas, que por una vez y sin que sirva de precedente fueron capaces de unir a los hinchas de los tres principales equipos de Estambul – Beşiktaş, Galatasaray y Fenerbahçe- han llevado a la acusación por “intento de golpe de Estado” a los hinchas del primero (con peticiones de penas que iban de los 3 años de cárcel a la cadena perpetua), acusación calificada como “farsa ridícula” por Amnistía Internacional, que denuncia la arbitrariedad y brutalidad del sistema penal turco (un miembro de la OTAN y fiel aliado de Occidente). Yakışkan afirma que “Nosotros nos reíamos de la situación porque no podíamos llorar. El juez me dijo, ‘estás aquí por intento de golpe de Estado’. Yo le respondí que si tuviéramos tanto poder como para hacer un golpe de Estado, lo habríamos usado para hacer campeón al Beşiktaş”. Al final, aunque los 35 de Çarşı fueron absueltos, la sentencia fue recurrida en el Tribunal Supremo (https://sports.vice.com/es/article/carsi-grupo-hinchas-anarquistas-gobierno-turquia-acusa-).

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Hinchas de los tres principales clubes de Estambul, unidos durante las protestas en el parque Gezi.

Quizá sea Alemania el país que más se ha destacado, a nivel federativo, de clubes y de hinchadas por la erradicación del simbolismo y los comportamientos neonazis. La importancia de este hecho radica no sólo por su historia pasada, sino porque en el presente, el auge de la extrema derecha xenófoba, con movimientos como Pegida (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente) y el partido AfD (Alternative für Deutschland, Alternativa para Alemania), movimientos ciudadanos y sociales como los que se expresan a través del deporte y de los grupos de animación en las gradas germanas son esenciales para erradicar una preocupante tendencia al alza, no sólo en el Este -la zona de la ex RDA se convirtió tras la reunificación en un “semillero de fascistas”, como han expresado algunos comentaristas-sino también en el Oeste. Y, sin embargo, tanto en el Este como en el Oeste el movimiento antirracista y antineonazi está en marcha. La simbiosis entre las iniciativas de las hinchadas y las de las instituciones se ve acentuada porque en el país teutón los clubes, además, se rigen a través de un modelo distinto al de otros países del continente como España, Portugal o Reino Unido, donde el modelo de negocio capitalista (magnates, fondos de inversión, sociedades anónimas deportivas) es el que triunfa. “Los clubes del fútbol alemán tradicionalmente han pertenecido a sus socios, quienes poseen la mayoría de las acciones en el ente que controla el equipo. La excepción más conocida hasta ahora había sido la del Wolfsburgo, que pertenece a la fabricante de automóviles Volskwagen, pero en este caso se hace referencia a un club que nació impulsado por los trabajadores de la compañía antes de la Segunda Guerra Mundial” (“Enemigos del fútbol”, cómo el RB Leipzig se convirtió en el club más odiado de Alemania-http://www.bbc.com/mundo/deportes-38894503).

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“Bella Unión sin nazis”. Pancarta del 1.FC Union en su estadio del distrito berlinés de Köpenick.

Clubes como el Rott-Weiss Essen (http://www.media-sportservice.de/2016/11/23/rot-weiss-essen-zehn-jahre-kick-racism-out/), el Arminia Bielefeld (http://www.arminia-ist-mehr.de/projekte/courage/), el Borussia Dortmund, el Dynamo Dresde o el Unión Berlín (https://www.facebook.com/SEoN.FCU/) han desarrollado en su propio seno proyectos para instruir a fans, especialmente de las nuevas generaciones, y futbolistas de la cantera en los valores de integración y respeto. Algunos de ellos cuentan con agrupaciones de fans homosexuales, como los Monaco Queers del Bayern Múnich, los Blaue Bengels del Arminia, los Rainbow Borussen del Dortmund, o asimismo integradas en la iniciativa antirracista europea Respect Fans, como los Eiserner VIRUS del Unión Berlín o los Navajos del Colonia. Y algunas de sus iniciativas han sido de lo más variopintas e imaginativas, no sólo a nivel de conferencias o actividades deportivas integradoras. Entre ellas destaca la formación del club de refugiados FC Lampedusa en Hamburgo, patrocinado por el FC Sankt Pauli; la presentación de una iniciativa por parte del Borussia Dortmund, “Kein bier für rassisten”, para no servir alcohol en los bares de la ciudad a quienes mantengan actitudes xenófobas y discriminatorias (http://www.bvb.de/News/Uebersicht/Kein-Bier-fuer-Rassisten); o la impresión de una equipación oficial del Dynamo Dresde (ciudad en la que además hay que situar las mayores manifestaciones de los xenófobos de Pegida) con el lema “Love Dynamo, hate racism”.

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Hinchas del Werder Bremen muestran su apoyo a los refugiados en las gradas del estadio de la ciudad hanseática.

Hinchadas de Alemania, además, como las del Werder Bremen, Carl Zeiss Jena, Babelsberg 03, Borussia Dortmund o Bayern Múnich, han mostrado en sus graderíos pancartas de apoyo a la acogida de refugiados (http://www.netz-gegen-nazis.de/beitrag/refugees-are-welcome-here-fussball-verbindet-10456), siguiendo con su línea habitual de compromiso social o en algunos casos, como en Jena (localizada en Turingia) o en Potsdam (Brandenburgo, localidad donde radica el “espartaquista” Babelsberg 03, conocido como el Sankt Pauli del Este), ambas en el territorio de la antigua RDA), exponiéndose al rechazo por parte de los fuertes movimientos neonazis locales.

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La Südkurve del FC Carl Zeiss Jena con una pancarta en apoyo a los refugiados en su estadio, el Ernst Abbe Sportfeld.

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Jugadores del Dynamo Dresde posan con la camiseta sacada por el club con el lema “Ama al Dynamo, odia el racismo”.

CONCLUSIÓN: ¿GOL EN EL CAMPO, PAZ EN LA TIERRA?

Es cierto que muchas veces los grupos ultras de fútbol de ideología izquierdista y antifascista no tienen un comportamiento muy ejemplar a la hora de defender sus causas, y que han causado en muchas ocasiones escenas que a nadie gusta ver cuando acude a un estadio de fútbol ni en él ni en los aledaños del mismo. Muchas veces se han presenciado peleas multitudinarias y altercados con grupos rivales no necesariamente de equipos con los que se mantenga una gran rivalidad deportiva, sino precisamente por estar en las antípodas ideológicas, o con grupos políticos como en España el Hogar Social -conocido por su recogida y distribución de alimentos única y exclusivamente a los naturales del país-. Pero al mismo tiempo tenemos que pensar que esa lucha no puede ser únicamente realizada por un grupo de personas agrupadas en torno a una bandera ideológica, la pertenencia a un barrio o ciudad con una idiosincrasia y valores particulares y/o los colores de un club de un club deportivo, mientras el resto se cruza de brazos, limitándose a mover la cabeza con gesto de reprobación y a repetir consignas manidas y falsarias como “todas las ideologías son respetables” (falso: como dijo el profesor Reig Tapia, todas las personas son respetables, nadie puede acabar con su vida, atribuirse un fuero sobre ellas, etc. pero NO todas las ideologías son respetables: por esa regla de tres, se podría legalizar un partido o una organización que propusiera la corrupción de menores o el canibalismo), “ésas no son formas” (lo sabemos, pero ¿qué hacer cuando el resto de la sociedad y los poderes públicos consienten la presencia pública y la impunidad de quienes hacen apología de la dictadura, la intolerancia, la xenofobia, la homofobia, las formas más diversas de discriminación, como la Fundación Nacional Francisco Franco, HazteOír, Pegida, Alternative für Deutschland, Lega Norte, el Front Nationelle, Amanecer Dorado, etc.?, ¿qué mayor violencia, por invisible y blanda que sea, que la que expresaba Almeida Garrett y repetía José Saramago en “Levantado del suelo”:  cuántos individuos deben ser condenados “a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infancia, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico”? y sobre todo “no hay que mezclar el deporte con la política”, cuando a todas luces el deporte es usado por los poderes constituidos y los fácticos para sus propios intereses.

Cuanto más aislados y despreciados se encuentren quienes plantean un modelo de sociedad excluyente, que odie la diferencia, que practique el culto a la violencia y la sangre y conciba la existencia de seres superiores e inferiores -por cuestión de raza, género, identidad sexual, etc.- y explote a sus semejantes y a la Tierra en beneficio de una minoría rica, menos necesidad habrá de que unos pocos individuos, tenidos también por aislados y marginales, tengan que salir a “darse de hostias” con quienes defienden aquellas ideas. Porque, por desgracia, los primeros no se encuentran tan solos -y el caso Zozulya y las muestras de apoyo recibidas por el jugador así lo demuestran- ni parecen ser tan pocos como pueda aparentar un primer vistazo.

Lejos de pensar que esto no va con nosotros y  que el fútbol es sólo fútbol, como niega la presencia de empresarios y grandes inversores en los palcos de los estadios unidos a los políticos invitados a los mismos y los escándalos de corrupción vinculados precisamente a esa connivencia entre dirigentes de la “res pública” y de la “res balompédica”, recordemos de nuevo a Sousa Santos: la cultura, el deporte, la calle, el trabajo, la familia… son espacios políticos, en los que hay relaciones de diálogo, de conflicto y de poder, y en donde, por supuesto, la política que se hace -o se deja de hacer- en el parlamento y el gobierno influye, y mucho. Dejemos de hacer realidad las palabras de La Polla Records en su canción “Gol en el campo”:

“Gol en el campo paz en la tierra.
Qué bonito es el fútbol, qué pasiones despierta
defiende tus colores… sudar la camiseta
qué bonito es el fútbol para los que gobiernan
están pegando el palo sin partido de vuelta
Gol en el campo paz en la tierra.
Justicia corrompida arbitra la contienda
patrón enloquecido despide libremente
y roban la pelota por la extrema derecha
atentos al remate que va directa a puerta
y… Gol en el campo paz en la tierra.”

 

 

 

 

 

 

 

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Aquel Italia-España de 1934

Cartel anunciado del Campeonato Mundial de Fútbol de Italia 1934

Cartel anunciado del Campeonato Mundial de Fútbol de Italia 1934

“Los italianos pierden las guerras como si fueran partidos de fútbol y los partidos de fútbol como si fuesen guerras”.

Winston Churchill

Aunque el organismo europeo de fútbol, la UEFA, se empeñe en dictaminar lo contrario a través de sanciones y surjan voces que claman por alejar las reivindicaciones políticas y sociales de los terrenos de juego (algo tan imposible como querer separar las fases de la luna y las mareas), el deporte es política. En el mismo momento en que concebimos el fútbol, el baloncesto o cualquier otro espectáculo deportivo como un espectáculo de masas, lleno de pasiones populares, habrá terreno en él para las reivindicaciones, las protestas o las formas de expresión proscritas en el caso de regímenes dictatoriales, o para que estos últimos lo utilicen con fines propagandísticos. En este último caso, entra el uso que dio la dictadura militar argentina al Mundial de fútbol de 1978 y a la victoria de la albiceleste en la final de Buenos Aires ante Holanda, en un Monumental porteño abarrotado y sito a pocos pasos del mayor centro de tortura establecido por el régimen cuartelero argentino; o la propaganda que el régimen de Franco otorgó a la victoria de España en la final de la Eurocopa 1964 frente a la URSS en Madrid, precisamente en el año en que la dictadura celebraba los llamados “Veinticinco años de paz” y torturaba y fusilaba, entre otros, al dirigente comunista Julián Grimau por sus supuestos crímenes durante la “Cruzada de Liberación”. En cuanto al primer aspecto, el del terreno reivindicativo, debemos recordar que la propia UEFA sancionó a dos futbolistas del Liverpool por -¡horror de los horrores!- mostrar camisetas en apoyo a los estibadores en huelga de la ciudad inglesa -uno de ellos, Robbie Fowler, había sido elogiado poco antes por este mismo organismo por pedir al árbitro que no señalara como penalti un derribo que se había cometido sobre él al decirle, en vivo y en directo, que el jugador rival no le había tocado-; las reivindicaciones pro democráticas del club brasileño del Corinthians en la época de la dictadura militar en el país sudamericano -un caso que ha dado en calificarse como “la democracia corinthiana”- o la icónica imagen de los atletas negros estadounidenses en el podio de México 1968 haciendo el saludo del “Black Power” en protesta por la discriminación racial.

La UEFA ha venido últimamente a sancionar a un club, el Barça, por la conducta de sus aficionados al mostrar banderas independentistas durante la final de la Liga de Campeones, sanción a la que poco tiempo después ha venido a sumarse la del gobierno español contra este club, el Athletic, la Federación y asociaciones civiles (parece que el objetivo era disparar contra todo aquello que se movía) por los pitos la Marcha Real y a la figura de Felipe de Borbón antes de la final de Copa entre azulgranas y rojiblancos, partidos ambos en los que, al contrario que en otras ocasiones, no hubo ni altercados violentos, ni agresiones físicas, ni exhibición de simbología que hiciera apología del fascismo, la xenofobia o la violencia (por el contrario, ni el gobierno ni los organismos deportivos españoles se han dado prisa alguna en sancionar a los clubes por los cánticos de sus forofos de extrema derecha, ni por supuesto en las peleas entre hinchadas como la recientemente vivida en Oviedo entre ultras locales y del Atlético de Madrid… ¡antes de un amistoso de pretemporada!). Por comparación, la sanción al club catalán supone 60.000 euros y el cierre de parte de su estadio durante un partido de competición continental frente a los 10.000 que supuso la sanción al exjugador de la Lazio italiana por saludar “a la romana” (y no lo hizo en una, sino en varias ocasiones, pues es un reconocido fascista) durante un partido de la liga transalpina. Sólo si consideramos que el principio de autodeterminación de los pueblos o la independencia de un país (pese a ejemplos sangrientos recientes, las de Montenegro con respecto a Serbia o de Eslovaquia de la federación que formaba con sus vecinos bohemios, que fueron pacíficas, nos demuestran lo contrario) es comparable a la de una ideología que imponía la superioridad racial, el nacionalismo exacerbado, el irredentismo o la apología de la guerra puede entenderse este surrealismo que sanciona con la misma e incluso más dureza la exhibición de “estelades” que la símbolos como la cruz gamada o la celtíbera. En la mentalidad de las élites ejecutivas del organismo del fútbol europeo o mundial, como es la FIFA, al igual que sucede en otros (llámese Unión Europea, Tribunal Supremo, Consejo de Seguridad de la ONU…) se haya un concepto muy restringido de democracia: se dice respetar y hasta defender sus principios (tolerancia, respeto, no al racismo, etc.), pero el legítimo derecho a la protesta (como han demostrado y demuestran las manifestaciones populares contra el Mundial o los JJ.OO. en Brasil) no permean en absoluto a su mundo de guardias de seguridad y policía armada o se descalifican bajo adjetivos como radicales o terroristas, pero no se tiene empacho alguno en conceder el campeonato mundial siguiente a un país de poca o nula confianza en materia de derechos humanos como Catar, bajo la sombra más que alargada, además, del soborno para su concesión.

Si el deporte está hoy en manos del mercado, no es extraño que el deporte, y más el deporte de masas no sea, como ha acostumbrado a ser, la expresión de un descontento social con ánimo de dar visibilidad al mismo. Ese carácter del deporte como algo popular, o incluso con su componente de clase, lo entendieron en los lejanos años veinte y treinta del pasado siglo los hinchas y directivos del Júpiter barcelonés, al que ya hice referencia en otro artículo. Querer desvincular al deporte de la política y de la sociedad en la se inserta significa, a mi pobre entender, beneficiar a aquellos que, hoy por hoy, son los que más están haciendo porque el deporte sea más negocio y menos deporte. Pero, amén de eso, el deporte también es susceptible de utilización política, como lo está siendo, por parte de poderes, sean políticos o fácticos, para distraer u obtener más beneficios.

En esta curiosidad traída hoy en estos párrafos hay mucho de lo último, pero también de lo primero, del deporte como vehículo de aspiración popular. Lo que hay, desde luego, es mucho de confrontación política. Dos países distintos en su modelo social y legislativo, la Italia de Mussolini y la España de la “República de trabajadores de toda clase”, aunque ya gobernada por una derecha cuyo objetivo era desmantelar el contenido progresista de la Constitución, abriendo la etapa del llamado Bienio Negro, frente a frente en un campo de fútbol. Quién iba a pensar que el duelo con el balón iba a continuarse, dos años después, con la ayuda italiana a Franco para eliminar del suelo español la democracia republicana en una sangrienta guerra.

UN HOMBRE PARA UNA SELECCIÓN: AMADEO GARCÍA SALAZAR

Fotografía de Amadeo García Salazar

Fotografía de Amadeo García Salazar

La selección que jugó su primer Campeonato del Mundo en 1934 -no se acudió al primer Mundial, el de Uruguay de cuatro años antes por la larga distancia y la falta de medios económicos para desplazar al equipo hasta el país sudamericano- es considerada como una de las mejores selecciones de la historia del fútbol español. Si bien no alcanzó los éxitos recientes, o la plata olímpica que se había logrado en Amberes en 1920 o el cuarto puesto del Mundial de Brasil’50, no fue desde luego por la mala calidad de sus componentes, a pesar de las dudas que se arrastraron al principio. Pero para esa consideración, hizo falta una persona podría decirse que providencial. Se trata de un médico dermatólogo vitoriano, político y hombre de fútbol que ejerció de seleccionador de España entre 1934 y 1936: Amadeo García Salazar.

García Salazar (Vitoria, 31 de marzo de 1886 – 18 de julio de 1947) se dedicó profesionalmente al ejercicio de la dermatología en su consulta privada en la capital gasteiztarra y llegó a alcanzar un reconocido de prestigio en su ciudad, hasta alcanzar el cargo de presidente del Colegio de Médicos provincial. Pero sin duda la faceta por la que más se le recuerda fue por su vinculación al fútbol. García Salazar será el principal impulsor de la fundación del Deportivo Alavés, el equipo más representativo de la ciudad, en 1921, y su buen ojo para atraer talentos le valdrán para llevar hasta las filas del conjunto blanquiazul a una serie de jugadores como el meta Tiburcio Beristáin, Ciriaco o Quincoces (posteriores defensas del Madrid y seleccionados por él para jugar con España en el Mundial de Italia). El equipo alavesista, con él de secretario técnico, en la primera temporada en que se disputó la liga de fútbol en España (1929-1930) y apenas nueve años después de su fundación, consiguió el ascenso a Primera, categoría en la que se mantuvo durante tres temporadas, recibiendo en aquella época un apelativo que todavía hoy recibe: “El Glorioso”. Entre 1932 y 1939 ocupó el cargo de entrenador del club -cargo que ya había ostentado entre 1926 y 1927- y lo pudo compaginar con el de seleccionador nacional debido a que las figuras de seleccionador y entrenador estaban separadas (el preparador de España en Italia fue Ramón Encinas). Su trayectoria en Vitoria le abrió las puertas del equipo español, al que llegó para suceder a José María Mateos y del que mantuvo con buen criterio los aspectos positivos que había desarrollado. Trasladó a la selección juegos hechos, líneas de jugadores por club (solían así combinarse defensas, centrocampistas y delanteros que pertenecían a los mismos equipos y que se entendían a las mil maravillas), dúos y tríos de compañeros… aquello fue clave del éxito de los que la prensa de la época definió, sin ánimo de establecer vinculación política alguna, como “Los Rojos”.

En 1931, con la proclamación de la II República, García Salazar, en una muestra de sus inquietudes políticas, fue uno de los miembros fundadores del comité provincial alavés de Acción Nacionalista Vasca (ANV), fundado el año anterior como una escisión de izquierda del PNV. ANV formó parte en 1936 de la coalición del Frente Popular que ganó las elecciones de febrero de aquel año y en 1938 uno de sus miembros, el arquitecto Tomás Bilbao, que había sido cónsul de la República en Perpiñán el año anterior, se incorporó al gobierno del doctor Negrín como ministro sin cartera en sustitución del también vasco y peneuvista Manuel de Irujo. La militancia política de García Salazar (como la de Tomás Bilbao, quien llegó a defender, junto con otros antiguos colaboradores suyos como el anarquista Segundo Blanco, Vicente Uribe o Pablo de Azcárate la legitimidad de Negrín en las disputas del exilio republicano) en un grupo nacionalista no fue óbice para que fuera nombrado seleccionador español, del mismo modo en que en 1930 había sido seleccionador del combinado de Vasconia, la precursora de la selección vasca. Habrá que dejar, pues, en el aire la pregunta de si acaso tirios y troyanos aceptarían hoy que un seleccionador nacional militara en un grupo político regionalista o nacionalista o incluso republicano.

Hoy en día, como homenaje, existe en Vitoria una plaza con su nombre situada junto al Estadio de Mendizorroza, el campo de ese Alavés que contribuyó a fundar.

EL CAMINO HACIA EL DUELO CON ITALIA

El once de España en el partido de ida contra Portugal de la eliminatoria de clasificación para el Mundial de Italia

El once de España en el partido de ida contra Portugal de la eliminatoria de clasificación para el Mundial de Italia

La selección española de 1934 estaba conformada sobre todo por jugadores vascos. El fútbol euskaldún, sobre todo vizcaíno, había sido el más potente en los inicios del fútbol español, tanto en el Campeonato de España (la Copa del Rey, llamada en los años treinta Copa Presidente de la República) como en los inicios de la Liga, en que el Athletic Club había sido el más laureado, seguido a corta distancia del Madrid FC. Pero sobre todo en lo que más destacaba el potencial del fútbol vasco era que muchos de los jugadores más valiosos de los clubes de fuera del País Vasco eran oriundos de allí: así, Ciriaco y Quincoces, tras su paso por el Alavés, marcharon a hacer fortuna en Madrid en las filas del club de Chamartín; Simón Lecue era la estrella de un Betis que sería sorpresivamente campeón de Liga; Isidro Lángara destacaba en un Oviedo que figuraba en los primeros puestos de la tabla; los hermanos Pedro y Luis Regueiro eran también de la partida en el once madridista; Marculeta apuntaba maneras en el Donostia (el nombre de la Real Sociedad en la etapa republicana) antes de recalar en el Athletic de Madrid… a ellos se le sumaban Guillermo Gorostiza e Irarágorri (que sí jugaban “en casa”, en el Athletic de Bilbao), Juan José Nogués, Martín Ventolrá y Ramón Zabalo (de un FC Barcelona venido a menos en aquellos años), Chacho, Campanal, Fede… y por supuesto un titular indiscutible en portería, Ricardo Zamora, apodado desde ese Mundial como “El Divino”. Un equipo de ensueño que demostró poco a poco que podía medirse con cualquiera y que, según fue transcurriendo el Mundial, parecía capaz incluso de ganarlo.

En marzo de 1934, España disputó dos encuentros clasificatorios contra la vecina Portugal para dirimir cuál de las dos selecciones de la península obtendría la plaza para Italia. España vence el 11 de marzo de 1934 en el viejo Chamartín nada menos que por 9 a 0 a la selección lusa (a pesar de todo, esa no sería la mayor goleada de la historia de la selección española, que también se iba a conseguir en aquellos años de la República, con un inapelable 13-0 frente a Bulgaria). Aquel trascendente partido contó con la presencia del presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, en el palco. España formó con Zamora en portería; Zabalo y Quincoces en defensa; Cilaurren, Marculeta y Fede en la media; y Vantolrá, Luis Regueiro, Lángara, Chacho y Gorostiza en la delantera. La vuelta, jugada en el campo lisboeta de Lumiar (el hoy estadio de Alvalade, hogar del Sporting de Lisboa), se convierte poco menos que en un mero trámite (sólo hubo un cambio en el once: Herrerita sustituyó a “Chacho” González Valiño) en el que el combinado de García Salazar y Encinas vence de nuevo por 1-2. España estará en Italia.

García Salazar convocará para la cita en tierras italianas a los siguientes 22 jugadores:

Imagen6Hubo algunos jugadores destacados que no pudieron acudir por diversos motivos: el meta sevillista Eizaguirre se perdió el Mundial por lesión, el “merengue” Pedro Regueiro porque en aquel momento estaba en época de exámenes y su padre se opuso a que viajara a Italia o el valencianista Torregaray porque su inscripción no llegó a tiempo para Roma. Otras ausencias estuvieron sumergidas en la controversia: tales fueron las del oviedista Herrerita, compañero de Lángara en el ataque carbayón; de Ibarra (Racing de Santander) o de Echeverría (Athletic Club).

El cuadro completo de equipos presentes en la cita transalpina será el siguiente:

Imagen5Y los octavos, en el que sería el primer partido de la selección española, como siguen:

Suecia-Argentina 3-2

Alemania-Bélgica 5-2

Suiza-Países Bajos 3-2

Checoslovaquia-Rumanía 2-1

Hungría-Egipto 4-2

Austria-Francia 3-2

España-Brasil 3-1

Italia-EE.UU. 7-1

Sí, como puede verse, ¡España venció a Brasil! A pesar de lo difícil que puede resultar hoy vencer a la “canarinha”, España consiguió ganar a la selección brasileña y nada menos que por tres a uno. Lejos estaban entonces el fallo de Cardeñosa a puerta vacía en Argentina’78, el gol legal anulado a Míchel en México’86 o la debacle de los campeones del mundo en la Copa Confederaciones previa al Mundial de Brasil 2014, frente al mismo rival, que convertirían en misión imposible vencer a los sudamericanos.

Imagen del España-Brasil del Mundial 1934

Imagen del España-Brasil del Mundial 1934

Y eso que España no había llegado con buenas sensaciones al Mundial. Después de vencer a Portugal en la eliminatoria previa, tres partidos amistosos de preparación, en Bilbao, Madrid y Valencia contra el club de fútbol inglés del Sunderland, que se saldaron con dos empates y una derrota, no hacían presagiar gran cosa.

Pero llegó el día de jugársela contra los brasileños. 27 de mayo de 1934, en el Luigi Ferraris de Génova. La formación “roja” fue Zamora; Ciriaco, Quincoces; Cilaurren, Marculeta, Muguerza; Lafuente, Gorostiza, Lecue, Irarágorri y Lángara. Y en el primer tiempo del partido, un gol de Irarágorri de penalti (el primer gol de España en un Mundial) y dos de Lángara ponían en el marcador un inapelable 3-0 favorable a la selección encarnada frente a un Brasil comandado por dos genios que hasta entonces habían brillado por su ausencia: Leónidas y Valdemar.

En el segundo tiempo, sería el propio Leónidas el que reduciría distancias en el marcador, y Zamora sacaría a relucir su cualidad de “Divino”, por el que entonces ya empezaba a ser conocido, y detuvo al otro astro amarillo una pena máxima. El 3-1 daba el pase a España, de cuyo fútbol la prensa comenzó a hacerse eco y a rondar en los corrillos futbolísticos como un equipo a tener en cuenta.

ITALIA: EL DESCENSO A UNA CRUEL REALIDAD

El Mundial, ya sin selecciones americanas (la subcampeona mundial Argentina, Brasil y la débil EE.UU. habían sido eliminadas) ni la única representante africana, Egipto, se convirtió en una cuestión europea. Y en una cuestión de honor para el régimen de Mussolini: era el Mundial de Italia a todos los efectos y en Italia debía quedarse el trofeo, la deseada Copa “Jules Rimet”. Por eso, cualquier medio, sin importar que fuera ilícito, debía ser utilizado para que un buen equipo, aunque posiblemente no el mejor, como era la selección “azzurra” de Combi, Schiavio, Orsi y la estrella, el delantero interista Giuseppe Meazza, ganara el Mundial. Y a España, su rival en cuartos, le tocó padecer el deseo de gloria del dictador italiano.

Alineación de España en el primer partido contra Italia de cuartos de final

Alineación de España en el primer partido contra Italia de cuartos de final

Por supuesto, tampoco ayudaba mucho el hecho de que sería una deshonra nacional para el fascio transalpino que su equipo nacional de fútbol, representante balompédico de la Nueva Roma imperial que estaba forjándose (pronto llegarían las invasiones fascistas de Albania y Abisinia), cayera ante una representante de los regímenes democrático-liberales que tanto detestaba el dictador italiano. Siquiera aunque Lerroux y Gil Robles estuvieran empeñados en privar de contenido social -y hasta de democrático- lo que tenía el aparato legal de la joven República Española, perder ante un país que se decía a sí mismo “República democrática de trabajadores de toda clase” era dar una alegría indeseada a los comunistas y subversivos patrios y a los de fuera, aquellos a los que el nuevo imperio se proponía conquistar.

De modo que, para la operación de propaganda mussoliniana, la primera víctima fue la selección de García Salazar, Zamora, Ciriaco, Quincoces, Lángara, Vantolrá… Y no sería la única. Austria y Checoslovaquia le seguirían los pasos. Cabe por supuesto la duda de si Italia necesitaba de la excesiva y antirreglamentaria dureza en su juego y las ayudas arbitrales para conquistar de forma tan indigna y al servicio de la propaganda su primer Mundial. De lo que no cabe duda es de que España pudo y debió seguir adelante y quién sabe hasta dónde hubiera llegado en su primera cita mundialista.

Los “onces” que las selecciones italiana y española pusieron sobre el terreno de juego de un abarrotado estadio (35.000 espectadores) Giovanni Berta de Florencia el 31 de mayo de 1934 fueron los siguientes:

Imagen8Italia: Combi; Monzeglio, Allemandi; Pizziolo, Monti, Castellazzi; Ferrari, Guaita, Schiavio, Meazza, Orsi.

Flag_of_Spain_(1931_-_1939).svgEspaña: Zamora, Ciriaco, Quincoces, Cilaurren, Fede, Luis Regueiro, Muguerza, Gorostiza, Iraragorri, Lafuente y Lángara.

El horroroso arbitraje correspondió al colegiado belga Louis Baert.

Combi y Zamora, guardametas y capitanes de Italia y España, se saludan e intercambian banderines al inicio del partido

Combi y Zamora, guardametas y capitanes de Italia y España, se saludan e intercambian banderines al inicio del partido

Como muestra quizá de la “calidad” del árbitro de aquel día, baste decir que España acabó el partido con siete jugadores lesionados que no pudieron disputar el siguiente partido, el desempate entre ambas selecciones, entre ellos el capitán y guardameta, el “Divino” Zamora, que acabó con dos costillas rotas y sin que ni siquiera uno solo de los jugadores “azzurri” acabara antes de tiempo camino de los vestuarios. Agarrones, patadas y puñetazos fueron todo lo que Italia dio de sí en su juego ante sus enfervorizados hinchas que habían abarrotado el estadio florentino, en escenas que hacían recordar aquella escena que algunos no tan viejos pero tampoco excesivamente jóvenes tenemos muy cercana: la rotura de la nariz de un codazo del milanista Tassotti a Luis Enrique en los cuartos del Mundial de EE.UU. 1994.

A pesar de aquellas continuas interrupciones del juego por la batalla campal que los italianos estaban desarrollando sobre el césped, España fue mejor y Regueiro hizo enmudecer a una hinchada italiana que se había tomado el duelo como si se tratara -y realmente Mussolini y todo el aparato propagandista del régimen se lo había hecho creer- de una guerra imperial o una operación de conquista en el minuto treinta del primer tiempo. Ferrari, al borde del descanso, puso el empate a uno final en una polémica jugada en la que hubo un claro agarrón a Ricardo Zamora para que no pudiera llegar a atajar el remate. Un marcador que no se movió después de dos prórrogas. Con todo en contra -y ese todo era nada más y nada menos que el ambiente, el árbitro y los jugadores maltrechos por las constantes agresiones físicas-, aguantar el empate era ya simplemente descomunal y toda una heroicidad realizada por los jugadores españoles.

Al día siguiente, con España lamiéndose literalmente las heridas del partido previamente disputado y con un equipo plagado de suplentes, nuevamente se saltaba al campo del Giovanni Berta a luchar por una plaza en semifinales contra la “Squadra Azurra”. Sin Zamora, Lángara, Ciriaco, Gorostiza, Fede, Lafuente ni Irarágorri, España formó con Nogués; Zabalo, Quincoces; Cilaurren, Muguerza, Lecue; Vantolrá, Regueiro, Campanal, Chacho y Bosch.

Jugada del gol de Meazza, precedido de la falta previa al guardameta suplente español, Nogués. Ese gol supuso la eliminación de España del Mundial

Jugada del gol de Meazza, precedido de la falta previa al guardameta suplente español, Nogués. Ese gol supuso la eliminación de España del Mundial

El árbitro suizo René Marcet fue igualmente desastroso como su colega Baert lo había sido el día anterior. Tanto fue así que la Federación Helvética lo inhabilitó de por vida para volver a ejercer como colegiado en un partido de fútbol. Anuló dos goles legales a España y se “olvidó” de sancionar con falta un claro desplazamiento por parte de Guaita a Nogués, el portero español, en la jugada en que Meazza remató a las mallas el gol que supuso la clasificación italiana, impidiendo así al portero barcelonista, como había sucedido con Zamora en el primer partido de esta eliminatoria, llegar a blocar la pelota. España, la que ha sido considerada hasta la consecución del campeonato mundial de Sudáfrica 2010 la mejor selección que ha jugado un Mundial, quedó injustamente eliminada en cuartos, empezando a crear el mito de los fatídicos cuartos de final. De aquel segundo partido contra los a la postre campeones del mundo, España se trajo otros 4 lesionados más.

Tras su regreso a Madrid, un mes después, el presidente de la Federación Española, Leopoldo García Durán; el seleccionador Amadeo García Salazar; y los componentes del equipo que había partido hacia Italia fueron condecorados por el presidente de la República, Alcalá-Zamora, con la distinción honorífica de la Orden Civil de la República. Al “Divino” Ricardo Zamora le sería entregada la misma en vivo y en directo antes miles de espectadores durante un partido de homenaje celebrado en Chamartín entre las selecciones de España y Hungría, en diciembre de 1934, por parte del propio Alcalá-Zamora. Un pequeño resarcimiento ante la amarga decepción que supuso haber sido eliminados, simplemente, porque se cruzaron en el camino de Italia e Italia no podía perder ese Mundial.

LA GUERRA SE CRUZA EN SU CAMINO: LA TRAYECTORIA POSTERIOR DE “LOS ROJOS”

España consiguió en Italia’34 la que fue durante mucho tiempo la segunda mejor posición conseguida en un campeonato del mundo, una quinta plaza que sólo quedó por detrás del cuarto puesto obtenido por la selección en Brasil’50 -el Mundial del famoso gol de Telmo Zarra a Inglaterra que fue, por muchos años, la única vez que España rompía la barrera que a la larga se convertiría en su maldición en los Mundiales: los cuartos de final-.

El último partido disputado por la selección española bajo la bandera de la República se disputó el 23 de febrero de 1936, pocos días después de la victoria electoral del Frente Popular en las elecciones de ese mismo mes. Fue un España-Alemania disputado en el estadio de Montjuïc (hoy Lluís Companys) barcelonés. La República española volvía a tener un gobierno progresista como en 1931-1933, y en Alemania el poder del partido nazi se había convertido, en poco menos de tres años, en incuestionable. El encuentro, amistoso, había sido pactado antes de los comicios en España.

En el momento de sonar los himnos nacionales de ambos países, los jugadores de Alemania, al sonar el suyo -las versiones varían, pues aunque en algunas de ellas aparece que sonó el himno nazi del “Horst Wessel Lied”, pero todo parece indicar que el himno que sonaba por la megafonía del campo barcelonés fue el tradicional himno alemán, el “Deutschland über alles”, que seguía siendo el himno de Alemania- realizaron el saludo romano habitual de las dictaduras fascistas, entre la estupefacción de los jugadores españoles y el abucheo del público catalán que llenaba las gradas. En medio del ambiente republicano, autonomista y de izquierdas de una Cataluña que había visto restablecida la Generalitat, el saludo fascista se interpretó como una provocación. Por eso, Ricardo Zamora, guardamenta y capitán del equipo español, que se retiraba de la portería de la selección en ese partido, levantó furioso su puño izquierdo cerrado al sonar los acordes del himno oficioso de la República, el “Himno de Riego”. Según otras fuentes, no fue sólo Zamora -quien por otra parte se le suponía un hombre conservador y que de hecho escribía crónicas de fútbol en el diario católico Ya– sino el once encarnado al completo el que alzó el puño en aquel saludo antifascista lleno de rabia y orgullo que enfervorizó a los 60.000 hinchas barceloneses. Sin embargo, el enorme apoyo del público de Montjuïc no fue suficiente para vencer a la tercera mejor selección del anterior Mundial, y España cayó 1-2 frente a los teutones.

Instantánea del saludo "a la romana" de los jugadores alemanes, ante la mirada atónita de los futbolistas de la selección española

Instantánea del saludo “a la romana” de los jugadores alemanes, ante la mirada atónita de los futbolistas de la selección española

La sublevación militar del 18 de julio de ese mismo 1936 y la guerra civil en que se tradujo trajo consigo la desaparición del panorama futbolístico de aquella talentosa generación, que no pudo disputar a causa de la contienda el siguiente Mundial, el del Francia 1938. Los jugadores, al igual que en el caso de muchos otros estamentos sociales, se dividieron según sus filias políticas o la llamada “lealtad geográfica”, algo que no fue un problema en tiempos de paz para escribir una de las páginas más desconocidas y protagonizar una de las derrotas más honrosas del equipo español.

Entre los futbolistas incorporados a la España nacionalista, destacamos a los que siguen. Eduardo González Valiño, “Chacho”, internacional del Deportivo de la Coruña, sirvió en artillería en el Ejército franquista. Acabada la contienda, siguió jugando en el Sevilla. Jacinto Quincoces, defensa del Madrid, fue conductor de ambulancias y se retiró del fútbol al poco de acabar la guerra, en 1942. Ignacio Eizaguirre, el portero del Sevilla que no pudo ser convocado para Italia por su lesión, se alistó en la Legión y con posterioridad fue guardameta de una Real Sociedad que recuperaba su nombre prerrepublicano, Osasuna y finalmente Valencia. Federico Sáez Villegas “Fede” (Sevilla) y Martín Marculeta (que tras jugar el Mundial como internacional por el Donostia fichó por el Athletic de Madrid) participaron en las competiciones futbolísticas organizadas en la España rebelde: el primero en encuentros amistosos a favor de las organizaciones juveniles de Falange y el segundo en el torneo de las Brigadas Navarras. Ambos permanecieron después jugando con “palanganas” y “colchoneros”, dos de los equipos más potentes de la posguerra.

De los que siguieron vinculados a la España republicana, algunos tuvieron la fortuna de poder regresar y seguir unidos al fútbol, aunque sin que volvieran a ser convocados con España. Simón Lecue, que en mayo de 1936 fue delantero titular con el Madrid que ganó la Copa al Barcelona en Mestalla, luchó con el ejército de la República. Al terminar la guerra, permaneció en España y pudo seguir jugando unos años más en el club de Chamartín.

Muchos futbolistas vascos, como fue el caso de Lángara, Leonardo Cilaurren, Luis y Pedro Regueiro, José Iraragórri o Gregorio Blasco (portero del Athletic y suplente ocasional de Zamora en la selección) se enrolaron en la selección de Euskadi. La idea partió del gobierno vasco autónomo establecido en 1936 y especialmente de su primer lehendakari, el ex futbolista José Antonio Aguirre Lecube. Los jugadores de la selección vasca realizarían partidos amistosos por Europa en una acción de propaganda y solidaridad con Euskadi, cuyo territorio, separado del resto de la España republicana y mermado por las conquistas rebeldes en Álava y Guipuzcoa, se encontraba terriblemente acosado. “Necesitábamos hacer ver a los ojos del mundo que los vascos teníamos una formade ser muy distinta a la que algunos querían hacer creer”, recordaría Luis Regueiro en 1987 con motivo del 50 aniversario de la gira. La gira de la selección, iniciada en 1937, les llevó por Francia, donde se enfrentaron al Racing de París y al Marsella; Checoslovaquia, Dinamarca, Noruega y la URSS, en la que se enfrentaron a los “Dinamo” de Moscú, Kiev, Tbilisi, Leningrado y Minsk o a la selección de la RSS de Georgia. Hay que añadir que Guillermo Gorostiza, que formó parte de la expedición, acabó abandonándola para partir hacia la España rebelde. Tras la guerra, el Athletic, con objeto de sanear su economía, vendió a Gorostiza al Valencia. Sin embargo, la carrera del astro vizcaíno comenzó a declinar y acabó jugando en equipos de Segunda y Tercera como fueron Barakaldo, Logroñés y Juvencia de Trubia, haciendo que fuera apodado como “juguete roto”.

Tras la caída de Bilbao, el equipo cruzó el Atlántico y acabó jugando, con el nombre de Club Deportivo Euskadi, la Liga Mayor mexicana 1938-39, donde ya había otros equipos de raíz peninsular como el España o el Asturias. Al parecer, el CD Euskadi se proclamó campeón si hemos de hacer caso a lo que afirma la web de la selección vasca, pero según la Federación Mexicana, fue el Asturias el campeón de esa temporada. De cualquier modo, la experiencia de aquella selección es un hecho clave en la historia emocional de Euskadi y de su fútbol en el siglo XX.

Isidro Lángara, como su paisano y compañero en el Madrid Lecue, siguió jugando en España tras la guerra, en su Oviedo. Otros, sin embargo, probaron fortuna en el Nuevo Continente: Cilaurren jugó en Argentina y México; Luis y Pedro Regueiro en el país azteca…

También el FC Barcelona, con un objetivo más prosaico, la obtención de fondos, se embarcó en una gira por América a partir de 1937, el último año en que disputó los campeonatos regionales de Cataluña -los campeonatos regionales podían seguir disputándose-. Ramón Zabalo y Martín Vantolrá formaban parte de aquel Barça que “hizo las Américas” y posteriormente se quedaron en el exilio. Zabalo formó parte de la plantilla del campeón francés, el Racing de París, y Martín Vantolrá jugó en México, en el España y el Atlante, para a su retirada ser entrenador del Puebla.

Pero la historia más dramática relacionada con un astro del fútbol español en aquellos días tiene que ver con el histórico guardameta Ricardo Zamora.

Póster de homenaje a Ricardo Zamora de 1934, con los escudos de los clubes donde jugó y los de las selecciones a las que se enfrentó hasta la fecha

Póster de homenaje a Ricardo Zamora de 1934, con los escudos de los clubes donde jugó y los de las selecciones a las que se enfrentó hasta la fecha

La ambigüedad política de Zamora había quedado manifiesta cuando, pocos meses después de su gesto de protesta por el saludo nazi de los jugadores de Alemania en Montjuïc, y durante un banquete de celebración del título copero conquistado en Valencia por su club, el Madrid, dio un discurso que finalizó con las palabras “Viva Valencia, el Madrid y España”, a lo que un periodista añadió “y viva la República también”. Zamora, sin embargo, no se sumó a este último. Como era también cronista de fútbol en las páginas de Ya, era un poco sospechoso para que elementos extremistas del Frente Popular fueran a por él. Con el estallido de la guerra, Zamora quiso ponerse a salvo y se ocultó en casa de un amigo suyo, médico, en Madrid. Durante el mes de julio y agosto, corren rumores sobre él: en la zona rebelde, Queipo de Llano anuncia la muerte del portero; en otros casos se especula con su huida, bien al extranjero o bien de la zona controlada por el gobierno, o incluso con su ejecución, como hicieron los rotativos Vie Sportive (Bélgica), que anunciaba que estaba en México, o L´Auto (Francia), que hacía lo propio con respecto a la muerte del gran portero barcelonés.

Sin embargo, el 12 de octubre de 1936, El Mundo Deportivo, el clásico diario deportivo catalán, daba fin a estos rumores con la noticia de la detención de Zamora y su encarcelamiento en la carcel Modelo de Madrid, en Moncloa, y hoy ya derribada. Allí se encontraría con un viejo compañero en el conjunto blanco, el delantero Ramón “Monchín” Triana. Triana, madrileño aunque nacido en Fuenterrabía (Guipuzcoa, la actual Hondarribia) en el seno de una familia acomodada, había jugado en el Athletic de Madrid antes de fichar por el club de Chamartín, con el que había conquistado en mayo de 1936, junto a Zamora, Quincoces, los Regueiro o Emilín la Copa Presidente de la República. Triana y Zamora llegarían a mantener charlas sobre fútbol y a organizar con sus carceleros partidos en el interior de la Modelo, según cuenta el dramaturgo e hijo del fundador de ABC Rafael Luca de Tena.

La suerte de ambos astros madridistas fue muy distinta. Triana fue “sacado” de la cárcel y fusilado en una de las temibles sacas de Paracuellos de noviembre-diciembre de 1936 que tanta deshonra causaron a la República y pudieron finalmente ser paralizadas cuando el gobierno, desde Valencia, pudo enviar al anarquista Melchor Rodríguez, apodado “el Ángel Rojo”, como Inspector de Prisiones para poner fin a aquella matanza. El régimen franquista posterior celebró durante un tiempo, en su memoria, la Copa “Ramón Triana”. En torno a Zamora se organizaron campañas para su liberación. En un partido celebrado entre Cataluña y Valencia, los capitanes de ambas selecciones, Martín Vantolrá y Carlos Iturraspe respectivamente, solicitaron al presidente de la Generalitat, Lluís Companys, que intercediese por el futbolista. También intentarían convencer a Jules Rimet, presidente de la FIFA, para que presionase en favor de la liberación del meta. Mientras tanto, aparecía en escena en la prisión madrileña el anarquista Pedro Luis Gálvez.

Gálvez es dibujado en algunos casos como un caso típico de revolucionario sin escrúpulos, ufano y pagado de sí mismo. Sin embargo, otras fuentes le retratan como un intelectual -escritor- y activista anarcosindicalista que trató de interceder por varias figuras, entre ellas Zamora, a quien protegió y salvó del pelotón de fusilamiento. Finalmente, Zamora, que gozaba de las simpatías no sólo de Gálvez, sino de otros milicianos de la prisión que se acercaban a él para estrecharle la mano e intercambiar unas palabras, es liberado en enero de 1937 con la mediación de la embajada argentina -cuyo embajador, Edgardo Pérez Quesada, trabajó de cerca con las autoridades republicanas para la consecución de liberaciones y documentos de viaje para personas amenazadas- y consigue trasladarse a Valencia, donde, tras reunirse con su familia, parte junto a ellos a Marsella.

Una vez en Francia, ficha por el Niza, donde se reencuentra con un viejo amigo de sus tiempos en el Barcelona y el Madrid, el también afamado Josep Samitier. En Niza juega dos campañas, la segunda compaginándola además con el cargo de entrenador.

Al volver a España, sin embargo, no se libra tampoco de la animadversión de los vencedores, que le reprochan el que tras su liberación no se reintegrara inmediatamente a la zona “nacional” y prefiriese jugar en el extranjero. Zamora alegaba no tener pasiones políticas, pero esto no le libra de ser investigado por el Consejo Superior de Deportes para una posible sanción. Para evitar nuevos problemas, acepta el cargo de entrenador del Atlético-Aviación, club surgido de la fusión del Athletic de Madrid y el equipo de la fuerza aérea sublevada, el Aviación Nacional, y que es dirigido por militares de alto rango. Con los “colchoneros” consigue las dos primeras ligas celebradas tras la guerra, y posteriormente pasará a entrenar, aunque con resultados más pobres, a Celta, Málaga, Español, la selección española y Venezuela. Asimismo, a su regreso trató de devolver a Gálvez el favor que le había hecho al librarle de la muerte, pero sin éxito: Gálvez fue condenado a muerte y fusilado en 1940 por la muerte en Paracuellos del célebre dramaturgo Pedro Muñoz Seca.

Zamora, en su etapa de entrenador

Zamora, en su etapa de entrenador

La selección española tardó muchos años en recuperar el nivel exhibido en aquel Mundial de 1934, y salvo pasajeros éxitos como el cuarto puesto en Brasil’50 o la conquista de la Eurocopa’64, título que no pudo posteriormente defender con brillantez alguna en el Mundial de dos años más tarde en Inglaterra, tuvieron que pasar muchos años para que los comentarios futbolísticos se refirieran a una selección situada al mismo o superior nivel de las teóricas favoritas. Como anécdota final, el equipo español dejó de lucir tras la guerra el escudo de la federación -como hacen hoy día otras selecciones como Alemania, Francia, México, Argentina, Uruguay o Portugal- para lucir el escudo del país, primero el águila de San Juan del régimen de Franco y luego el de la monarquía constitucional.

Al menos, tras unos años en que el “rojo” era un color poco menos que maldito y la camiseta del equipo pasó a ser azul añil como el de la camisa falangista, España volvió a su tradicional zamarra encarnada con la que había conquistado la plata olímpica en Amberes y aquel quinto puesto en Italia’34 que supo a tan poco.

Escudo de la Federación Española (y de la selección) en los años de la II República

Escudo de la Federación Española (y de la selección) en los años de la II República

FUENTES:

Jesús Camacho,  “El doctor García Salazar”, 29/05/2010, en http://www.elenganche.es/2010/05/el-doctor-garcia-salazar/

Wikipedia en español (es.wikipedia.org), “Selección de fútbol de Euskadi”, “Ramón Triana”, “Luis Marín Sabater” y “Copa Mundial de Fútbol de 1934”.

“Juan Hilario Marrero Pérez, Hilario” en http://www.bdfutbol.com/es/j/j11050.html

“España asombra en su primer Mundial”, en http://grandes-equipos.blogspot.es/1302781524/

 http://www.losmundialesdefutbol.com/partidos/1934_espana_brasil.php

“La selección española antes de la guerra civil” en http://www.futuropasado.com/?p=656

Javier de Frutos, “La selección perdida de 1934”, 15/02/2007, en https://www.diagonalperiodico.net/culturas/la-seleccion-perdida-1934.html

“La selección de fútbol de la República”, septiembre de 2010, en http://fusiladosdetorrellas.blogspot.com.es/2010/09/la-seleccion-de-futbol-de-la-republica.html

Javier Talavera, “La estrella de Ricardo Zamora”, 25/04/2013, en http://footballcitizens.com/2013/04/25/la-estrella-de-ricardo-zamora/

“El divino Ricardo Zamora salpicado por la guerra civil” en http://www.futbolypasionespoliticas.com/2013/12/el-divino-ricardo-zamora-salpicado-por.html

“Ricardo Zamora Martínez” en http://hallofameperico.com/2009/07/25/ricardo-zamora-martinez/

“Ricardo Zamora” en http://atmnetworld.com/2015/04/09/ricardo-zamora/

FE DE ERRORES

De acuerdo con un comentario recibido por el biznieto del seleccionador español de entonces, además de médico y hombre estrechamente vinculado al Deportivo Alavés, el nombre correcto del mismo es Amadeo García de Salazar -y Luco, como su segundo apellido-, y no Amadeo García Salazar. En muchas referencias biográficas aparece este segundo nombre, por el que me he guiado al escribir el artículo, pero en realidad el nombre correcto es el primero. Desde aquí pido disculpas por este error.

Club Esportiu Júpiter: deporte y movimiento obrero en Poblenou

CE Júpiter fútbol y movimiento obreroUNA PREOCUPACIÓN

Confieso que tengo una ligera preocupación por lo que pueda ocurrir con las gradas de los estadios tras lo ocurrido a orillas del Manzanares, con esa monumental batalla campal entre ultras que acabó con la vida de Francisco Javier Romero Taboada, “Jimmy”, ultra de los Riazor Blues (antifascistas) del Deportivo de la Coruña a manos de un grupo de ultras neonazis del Frente Atlético. La lucha contra la violencia en los estadios temo que pueda convertirse en una lucha contra la política en los campos de fútbol, y en la criminalización de toda consigna que moleste a los poderes, sean políticos, mediáticos o económicos, bajo la excusa del destierro del insulto y las golpizas de los terrenos de juego y sus aledaños, o bajo el manto de las banderas de uno u otro club. Temo que los campos de fútbol -amén de los pabellones de baloncesto o cualquier otro lugar donde se celebre un deporte de masas- queden por tanto como islas, burbujas aisladas de lo que ocurre en la sociedad, donde la posibilidad de exponer una opinión disidente y que esta sea captada por otros ciudadanos y los medios de comunicación se anule bajo el “mantra” de evitar la confrontación violenta, precisamente por quienes imponen otro tipo de violencia, silenciosa, “de baja intensidad”, pero singularmente eficaz y aterradora.

La vinculación del deporte -y en particular del fútbol, donde en buena parte del mundo es el llamado “deporte rey”- a la política es tan antigua como el deporte mismo. La pretensión de desvincularlo es tan simplona y descabellada como pretender desvincular la fotosíntesis de los árboles. Los duelos de baloncesto entre Estados Unidos y la Unión Soviética; el histórico partido entre la República Federal de Alemania y la República Democrática Alemana en Hamburgo, con motivo de la Copa del Mundo de fútbol de 1974; la humillación pública sufrida por Hitler a manos del atleta negro estadounidense Jesse Owens en los (sus) JJ.OO. de Berlín 1936 o los boicots sucesivos de los Estados Unidos, y del Pacto de Varsovia en respuesta, a participar en las Olimpiadas de Moscú 1980 y Los Ángeles 1984 han sido ejemplos de cómo a lo largo de las décadas el poder se ha visto seducido por la fuerza del deporte y éste ha sucumbido a las presiones del anterior. Las victorias deportivas se convertían en victorias ideológicas, o en victorias del régimen que se las acababa adjudicando -en el Mundial de 1934, el dictador fascista italiano Benito Mussolini no dudó en aleccionar a los futbolistas de su selección, antes de la final contra Checoslovaquia, con un significativo “Vencer o morir”- o se convertían en humillaciones intolerables, como la sufrida por Hitler tras la primera de las sucesivas victorias de Owens en esa exaltación del arianismo en que quiso convertir a las Olimpiadas de Berlín. Incluso, lejos de dictaduras fanáticas y duelos de “guerra fría”, hay quien ve detrás de la concesión de los Juegos a la ciudad norteamericana de Atlanta en 1996 -sin duda escasamente preparada y con poca proyección hasta dentro de la propia geografía estadounidense- la mano de la todopoderosa multinacional Coca-Cola, patrocinadora principal de las olimpiadas y cuya sede mundial está… en Atlanta.

Pero lejos de aquellas pugnas de poderes políticos y fácticos, que hasta nuestros días llega con el nombramiento de estadios y patrocinadores principales de clubes deportivos con el nombre de empresas de dudosa moralidad como Allianz (la gigantesca compañía aseguradora alemana, todo un poder fáctico en el país y que lleva patrocinando los recortes en derechos laborales ejecutados por los gobiernos de Berlín y seguidos por el resto de los países de la UE) o Emirates (la compañía aérea de los Emiratos Árabes Unidos, todo un modelo de estado democrático y respetuoso con los derechos de las minorías, como sus vecinos Bahrein, Catar o Arabia Saudí), queda la dimensión popular del deporte, la de los aficionados que además de usar la grada para animar a su equipo la utilizan para reivindicar causas sociales y políticas que hasta casan mal con la mercantilización llevada a cabo por los dueños de sus propias entidades. Y que es también muy antigua. Podemos ir a los años treinta, y nos encontraremos con la negativa del futbolista austríaco Sindelaar a jugar en la selección del III Reich tras la anexión de Austria por Alemania. Un par de años antes de aquel Anschluss, en la España republicana triunfaba la coalición de fuerzas republicanas de izquierda y los grupos obreros del Frente Popular, tras los años de sombra del “Bienio Negro”. Pocos días después de aquellas históricas elecciones, la selección de fútbol, que había sido una de las favoritas del pasado Mundial de 1934 y que había caído ante la campeona Italia en cuartos tras un partido de desempate y la ayuda de los árbitros, jugaba contra la nazificada selección de Alemania. El equipo de García Salazar saltaba a un Olímpico de Montjuïc -donde en aquel verano, por iniciativa del Centro Autonomista de Dependientes de Comercio e Industria (CADCI), organizaciones populares deportivas y obreras y con apoyo de la Generalitat y el gobierno republicano iba a celebrarse la Olimpiada Popular alternativa a los Juegos hitlerianos- abarrotado. La interpretación del “Deutschland über alles”, el himno alemán, se llevó a cabo con los jugadores teutones con el brazo extendido a la romana, saludo fascista que al público catalán no le sentó nada bien, cubriendo de silbidos y abucheos el gesto. Los incrédulos futbolistas españoles, que tomaron aquel gesto como una provocación -incluido Ricardo Zamora, su capitán, un católico que ejercía de cronista deportivo en el diario “Ya” y durante la guerra se exilió a Niza, jugando en el equipo de fútbol local, y que era el héroe del equipo español y de su club, un por entonces muy republicano Madrid F.C.-, acompañaron con el puño cerrado (el saludo antifascista por antonomasia) los acordes del “Himno de Riego”, el himno nacional oficioso -la República no había encontrado un himno que sustituyera a la “Marcha Real”, y se optó porque, aun de modo provisorio, se acompañaran las ceremonias oficiales con aquella composición de Evaristo San Miguel-. Los 60.000 espectadores que abarrotaban las gradas de Montjuïc estallaron en una enorme ovación y, aunque España perdió por 1-2, nunca como entonces tuvo más merecido su actual sobrenombre de “la Roja”.

Alineación de la selección española en un partido de 1934.

Alineación de la selección española en un partido de 1934.

Mucha gente puede observar, y de hecho observa, con una equidistancia digna de mejores causas, que los gestos de los futbolistas alemanes y de los españoles representan las dos caras de una misma moneda. Se podría hablar largo y tendido sobre este error de apreciación, pero hará falta un espacio y un tiempo que no es el de este artículo. Pero sí hay que decir que a él se suman alegremente, en lo que al deporte respecta, personas que equiparan la exhibición de banderas con la cruz gamada (prohibición sorteada en Alemania con la exhibición de la del Imperio Alemán) o la del régimen franquista con la de la tricolor republicana (que los tribunales han especificado su exhibición es perfectamente legal) o toman por personas igualmente deleznables a quienes utilizan el fútbol para exhibir consignas de odio al diferente, de ultranacionalismos exacerbados o de nostalgia por tiempos de guerra, exterminio y oscurantismo y utilizan tácticas mafiosas para alzarse con el liderazgo del clan u obtener financiación frente a quienes organizan mundiales antirracistas e invitan a antiguos futbolistas a dar charlas sobre racismo y deporte (iniciativas mucho más auténticas y frescas que los anuncios institucionales, enmarcados en medios en los que el código deontológico, en este y muchos aspectos, brilla por su ausencia)o protestan en las gradas contra injusticias sociales como despidos, desahucios, megalomanías, políticas carcelarias, especulación urbanística y financieros sin escrúpulos. Y creo que es, precisamente, por encontrarse ante personas que realizan lo segundo, de forma espontánea, puntillosa, ante decenas de cámaras, por lo que interesa criminalizar (o tolerar) a tirios y a troyanos. No interesa acabar con los violentos, sino que el interés estriba en acabar con las disidencias. Y ahí reside mi preocupación.

EJEMPLOS SOBRE LO ANTERIOR

Pocas veces se da una noticia positiva sobre hinchas futbolísticos. Las sociedades actuales parece cada vez más tienden a ir hacia un mayor aislacionismo del individuo, hacia valores individuales exaltados que ahogan a quien no se ajusta al cánon (éxito, belleza, posesiones, poder). El desarrollo de “gadgets” electrónicos, al mismo tiempo que conectan, desconectan. El mundo virtual, como sustituto del mundo real, genera una sensación de estar acompañado ficticia que desaparece en cuanto se desconecta el aparato o cuando dejan de aparecer mensajes. La ansiedad que sobreviene deja desamparado al individuo, que no sabe relacionarse fuera del ámbito de la pantalla. Pero parece que eso no preocupa demasiado a los líderes de las Democracias 4G, cada vez menos democráticas. Lo preocupante sería que esos individuos infantilizados se dieran cuenta de lo importante que sería pertenecer a un grupo donde, sin perder su identidad, estuviera rodeado por personas con las que comparta intereses y gustos. Una asociación de vecinos, un sindicato, un grupo de consumo… o una peña futbolística. Como ha expuesto Noam Chomsky (Chomsky y Ramonet, “Cómo nos venden la moto. Información, poder y concentración de medios”, Icaria, Barcelona, 1995), “los individuos tienen que estar atomizados, segregados y solos; no puede ser que pretendan organizarse, porque en ese caso podrían convertirse en algo más que en simples espectadores pasivos. Efectivamente, si hubiera muchos individuos de recursos limitados que se agruparan para intervenir en el ruedo político, podrían, de hecho, pasar a asumir el papel de participantes activos, lo cual sí sería una verdadera amenaza.” La sociedad civil da miedo, porque sus miembros no están en ningún parlamento, no se pueden corromper por los mecanismos conocidos, sus líderes -cuando los hay- se eligen por procedimientos no estandarizados. Por eso se les bautiza con mil insultos, como a la PAH (“proetarras” o “cafres”, como les llegó a llamar el diputado Gorriarán de UPyD), al 15M (“perroflautas” y “antisistema” de los que se dudaba si conocían el jabón y la ducha) o a las marchas ciudadanas, llegando a comparárselas no con las marchas de Gandhi o Luther King, sino con la “Marcha sobre Roma” de Mussolini. Los dueños de la Democracia 4G no consienten que les quiten el monopolio.

Gente de este tipo y sus voceros mediáticos pondrán una y mil veces la pelea de Madrid Río (como han puesto una y mil veces el descarrilamiento del Tren Alvia de Santiago, la salida en brazos de los servicios de emergencia de heridos del metro de Valencia, las pedradas a los antidisturbios tras las Marchas de la Dignidad de 2014 o el boquete en los cercanías de Atocha… imágenes repetidas hasta la saciedad para que figuren como lo principal del asunto, sin más preguntas, sin más trasfondos y sin la posibilidad, por tanto, de que exista una responsabilidad aledaña a lo sucedido: la de RENFE, la de la Generalitat Valenciana, la de los mandos policiales, la de los responsables políticos y su estrategia de información…), pero sin embargo no se dedicará ni media columna de los diarios, ni medio minuto de radio o TV (ni tampoco en las páginas web de esos medios) a la organización anual del Mondiale Antirrazista en Italia, donde aficionados antifascistas de todo el mundo comparten partidos, charlas y convivencias durante unos días, en una reunión que bien podría parecerse a la de aquella desgraciadamente no celebrada Olimpiada Popular de Barcelona 1936. Cuando se alude a Turquía, siempre sobresalen las espectaculares bengalas, los campos de fútbol llenos dos horas antes del encuentro o los recibimientos apoteósicos a antiguas estrellas de las ligas occidentales en los que el abrazo casi siempre se confunde con el acoso, bajo el palio de una especie de superioridad moral porque “nosotros no somos un país inculto musulmán, sino un civilizado país cristiano”. Hay que bucear en blogs especializados en cultura de las gradas para darse cuenta de lo que es Çarşı (palabra turca que significa bazar), la grada bullanguera del Besiktas, el club popular por excelencia de Estambul, que pelean desde su rincón por los valores del club, cada vez más puestos en peligro por la mercantilización del fútbol: la modestia, el trabajo, el sacrificio y la solidaridad. Una solidaridad que les ha llevado a mostrar su apoyo público a Orhan Pamuk, el Premio Nobel de Literatura que se granjeó la enemistad del poder y los nacionalistas turcos por afirmar que sí que hubo, contra la postura oficial, un genocidio contra los armenios. Como curiosidad, el director de la animación en Çarşı es, precisamente, un turco armenio: Alen Markaryan.

Mientras el estadio de Son Moix de Mallorca cambia su nombre por el de Iberostar y en el campo de Chamartín se estudia también su cambio de nombre para más pingües beneficios de las arcas (¿o tal vez de los dirigentes?) madridistas, tenemos las noticias de un modesto club alemán, el Union Berlín. Desde su nacimiento, el Union Berlín ha alardeado de espíritu rebelde. Hoy lucha contra el capitalismo descarnado, pero ayer se las tenía tiesas con el régimen de la RDA. En la época de la República Democrática Alemana, la Stasi manejaba los hilos del Berliner FC Dynamo, presidido por el ministro jefe de la Stasi, el viejo Erich Mielke. El entonces el principal rival del Union había ganado diez ligas consecutivas comprando árbitros y llevándose a los mejores futbolistas del país de mala manera. Llevar la bufanda rojiblanca del Union y cantar eslóganes contra el Dynamo fue, hasta los años noventa, una manera sibilina de cargar contra la dictadura, por lo que muchas personas procedentes de los movimientos democráticos germano-orientales se hicieron aficionados del Union. También fue el equipo de los primeros punks que surgieron en la RDA, como Nina Hagen, antigua cantante del grupo “Automobil” y autora del himno oficioso del club berlinés, “Eisern Union” (Unión de hierro). El equipo del barrio de Köpenick tiene una afición fiel, formada esencialmente por gente trabajadora y humilde que no dudó en arremangarse para cumplir con el SOS enviado por su club: había que remodelar el Alte Försterei, su estadio. Pocos años después, ante la escasez de dinero de este equipo de la Segunda alemana -al contrario de lo que les ha ocurrido a otros que militaron en la Oberliga de la RDA, que andan lejos de las principales categorías de la Alemania reunida- y antes de que el estadio pasase a llamarse Red Bull, Emirates, SONY o cualquier otra marca, la directiva decidió vendérselo a trozos a sus cerca de 10.000 socios. Para que nadie se llamara a engaño, se colocaron grandes vallas publicitarias por todo Berlín, con los rostros avinagrados de Silvio Berlusconi, Jossep Blatter (presidente de la FIFA, el organismo del fútbol mundial y bajo la sombra de unos cuantos escándalos, como la compra de votos para la adjudicación de los próximos campeonatos del mundo a Rusia y Catar) o Dietrich Mateschitz (dueño de Red Bull) y un explícito mensaje: “Estamos vendiendo nuestra alma… pero no a cualquiera”.

Hinchada del 1.FC Union Berlín

Hinchada del 1.FC Union Berlín

Interesa ver a los hinchas como personas exaltadas, deshechos sociales que utilizan las gradas para sus espurios fines. Hay personas así, pero me asusta pensar que en esta operación de limpieza, con amenaza de descensos a los clubes, se llegue a tomar la parte por el todo y acabemos por quedarnos sin ver la bandera de las Brigadas Internacionales en uno de los míticos bufandeos de Celtic Park (el estadio del Celtic de Glasgow escocés); las pancartas a favor de la parroquia de San Carlos Borromeo o contra el desahucio de ancianas en Vallecas (creo que es en este campo del Rayo Vallecano y el del Cádiz es el único de nuestro país donde se ve cada domingo la bandera tricolor); los lemas de solidaridad con los trabajadores de los astilleros (como en el estadio Carranza de la capital gaditana) o a futbolistas como los del Liverpool Robbie Fowler y Steve McManaman, cuyo gesto valiente de apoyo a los estibadores en huelga del puerto de su ciudad les costó una reprimenda por parte de la UEFA, al mezclar la política y el deporte… de una forma que no gustaba a los jerifaltes del organismo europeo, que acostumbran a mezclarla y a mezclarse con ella (y a base de bien) para conseguir ingentes beneficios.

EL JÚPITER: HISTORIA DE UN CLUB DIFERENTE

Placa en la fachada de la Orxatería Tío Txe en Poblenou (Barcelona) en conmemoración de la fundación del Club Esportiu Júpiter en 1909, en este local entonces ocupado por la Cervecería Cebrián.

Placa en la fachada de la Orxatería Tío Txe en Poblenou (Barcelona) en conmemoración de la fundación del Club Esportiu Júpiter en 1909, en este local entonces ocupado por la Cervecería Cebrián.

“La fervorosa adhesión de los obreros al fútbol no era una simple copia de la actitud burguesa hacia los deportes. La importancia era mucho más elevada. Los trabajadores eligieron un deporte relativamente joven, sin tradición y le imprimieron un definitivo carácter de masas. La conquista de los estadios será la conquista de un espacio físico, doblemente importante ya que se trata de un ámbito nuevo, delimitado por ellos mismos”. Con estas palabras, María Teresa Mirri Larrubia, en su obra “Vida quotidiana en un poble industrial. San Martí de Provençals” se refiere de un modo inequívoco al carácter popular con el que muchos clubes deportivos y asociaciones de cultura popular vinculadas a las organizaciones obreras -en donde la práctica del deporte tenía una importancia básica- comenzaron su andadura. Tras una primera etapa de introducción del fútbol netamente portuaria y fabril, los clubes que se fueron fundando en los inicios del siglo XX lo hicieron por parte de gentes de la clase media y la burguesía. Esta situación fue poco a poco cambiando, y se fueron sucediendo poco a poco clubes de barriada, de origen popular y conformados por jugadores que, en aquellos primeros tiempos de amateurismo, combinaban la pasión por el balón con el trabajo fabril. Ejemplos de estos últimos casos son el Levante F.C. (hoy día Levante U.D.) del Cabanyal valenciano; los madrileños A.D. Rayo de la populosa barriada del Puente de Vallecas o la A.D. Ferroviaria, el equipo de los trabajadores del ferrocarril; y en Barcelona, el que nos ocupa, el Club Deportivo Júpiter, de la barriada de Poblenou o Pueblo Nuevo.

Una de las primeras alineaciones del Júpiter (1913)

Una de las primeras alineaciones del Júpiter (1913)

El Júpiter fue fundado en 1909 por un grupo de trabajadores fabriles de este populoso distrito de la capital catalana. Entre ellos, destacan tres hermanos escoceses, David, Jean y Guillem (William) Mauchan. David era un trabajador textil de la Fabra y Coats, una de las empresas textiles más importantes de la ciudad, y militaba en el equipo de la colonia escocesa de la manufacturera, que (como no podía ser de otro modo) se llamaba precisamente el Escocés. Junto con un nutrido grupo de catalanes, que jugaban en equipos de la época como el Stadium Nacional o el Anglo-Español, deciden, en la Cervecería Cebrián (hoy la Orxatería Tío Txé, donde figura una placa que recuerda el hecho) fundar un nuevo club. El nombre (que entre cerveza y cerveza no les viene ninguno bueno a la mente) será el del vencedor de un concurso de globos aerostáticos que tendrá lugar, como suele ser habitual, esa tarde en la playa de la Mar Bella. El globo vencedor se llama “Júpiter”. Un nombre sonoro, de evocaciones mitológicas, que resulta del gusto de los fundadores del club.

Poblenou es un barrio de trabajadores, un barrio de aluvión donde el asociacionismo, principalmente anarquista, es muy importante en una época donde el reclutamiento de reservistas para la guerra de Marruecos -que hará estallar el conflicto de la Semana Trágica en ese mismo año y en la propia Barcelona-, la explotación patronal, el pistolerismo de estos a través de los llamados “sindicatos libres” (que causará la muerte de Salvador Seguí, “el noi del Sucre”, uno de los principales líderes del anarquismo catalán) y la respuesta violenta de sus enemigos causa una grave inquietud. El Júpiter no estará exento de los vaivenes que la lucha ideológica va a tener en esos y en los años siguientes. Ya desde el principio, va a estar marcado simbólicamente de un carácter catalán y obrero. Su escudo circular, por ejemplo, que muestra las cuatro barras de la “senyera” en el hemisferio inferior y una estrella azul en el superior, será equiparado con la “estelada”, la bandera independentista, y por eso será prohibido en la época de Primo de Rivera. No será la única prohibición que afecte al símbolo principal del club.

La historia del Júpiter de esos primeros años, quizá por esas casualidades de la vida, va a estar relacionada con espacios y hechos que pasaran a la historia de las victorias, y también de las derrotas, del movimiento obrero. En los primeros tiempos, el cercano descampado del campo de la Bota será el escenario de los primeros encuentros -de carácter amistoso- entre los equipos amateurs del barrio, incluyendo aquellos en los que militaban los futuros fundadores del Júpiter. El campo de la Bota será luego un poblamiento de chabolas y escenario de masivos fusilamientos de republicanos y antifascistas cuando las tropas de Franco entren en Barcelona y el “Régimen del 18 de Julio” se alce con la victoria en la guerra civil. Una leyenda acompañará también al Júpiter a lo largo de aquellos años: la de que los balones que llevará consigo el club a sus partidos -sea como local o como visitante- servirán para el transporte de armas cortas para grupos armados anarquistas, como “Crisol” o “Los Solidarios”. En 2005 la televisión pública catalana TV3 emitió el documental “Per Júpiter” en el que se hace referencia a la importante presencia anarquista en el club, en cuanto a su masa social, pero en el que no se confirma en absoluto la introducción de pistolas desmontadas en las cámaras de aquellos viejos balones de cuero. “nadie llega a confirmar de forma taxativa, que aquella conocida historia de la implicación del equipo en el transporte de armas fuera algo más que una leyenda… Aunque una leyenda cierta para muchos, como aquel que fue presidente del club [Julio Nacarino, un muchacho en los años de la época dorada que llegaría a la presidencia con posterioridad]: “…en breve espacio de tiempo el estadio se transformó en un arsenal. Las pistolas eran desmontadas y escondidas dentro de los balones cuando jugaban fuera de su campo. De esta manera, obreros, futbolistas y anarquistas llevaron sus batallas uno al lado del otro”, cita Agustí Guillamón, vecino de toda la vida de Poblenou e historiador del barrio.

PRIMO DE RIVERA CONTRA EL JÚPITER Y LOS SILBIDOS AL HIMNO EN “LES CORTS”

El Júpiter que se proclamó campeón "B" de España en 1925.

El Júpiter que se proclamó campeón “B” de España en 1925.

A lo largo de su historia el Júpiter ha modificado su uniforme. Empezó jugando de blanquiazul para pasar posteriormente al verde, durante la República y primeros años cuarenta jugará de verdiblanco, y luego, como en los años veinte, retornará al gris y grana, que es su uniforme de hoy en día. Colores estos últimos que tenía que modificar cuando, en los campeonatos regionales de Cataluña, se enfrentaba al Barcelona, por confusión con el azulgrana de los “culés”. Tras una visita del Betis al campo de Lope de Vega -el histórico campo de fútbol del equipo “jupiterenc”, inaugurado en 1921 y situado en el corazón del distrito de Poblenou, campo que en el que se mantendrá hasta finales de los cuarenta y donde el equipo vivirá sus mayores éxitos deportivos-, la directiva procederá por aclamación popular a cambiar de nuevo el uniforme del equipo, que pasará a jugar con las barras verticales verdiblancas, que caracterizan la camiseta del equipo sevillano, durante los años treinta y primeros cuarenta.

Sin embargo, lo que afectó más al corazón de la afición jupiterista fue la prohibición del escudo por el nuevo régimen del general Miguel Primo de Rivera, que había suido al poder en 1923. El juez de instrucción Cristóbal Fernández presentó denuncia en abril de 1924 al gobernador civil de Barcelona por el contenido claramente catalanista del emblema del club, y en una resolución determinaba que el escudo redondo del (por entonces) equipo gris y grana era “una clara disimulación de la bandera separatista catalana”. El gobernador prohibió el escudo, así que no hubo más remedio que sustituirlo por otro, de forma triangular, con los colores y las siglas del equipo y con la corona condal y el murciélago de la ciudad de Barcelona.

La transformación obligada del escudo del Júpiter tras la decisión de la dictadura primorriverista.

La transformación obligada del escudo del Júpiter tras la decisión de la dictadura primorriverista.

El club se expande en aquellos años, la primera etapa de su época gloriosa, que se prolongará hasta los años treinta. Nuevos equipos de fútbol -lo que hoy podríamos denominar “fútbol base” o “cantera”- y nuevas secciones como la de atletismo o la de excursionismo, que llevará el nombre de Icaria como el destino mítico que aparece en el poema de Constantin Cavafis aparecen en una época en la que aumenta el número de socios y de éxitos deportivos. El equipo es participante y algunas veces vencedor de los campeonatos de Cataluña “B” y en 1925 se proclama doble campeón, regional y de España, de segunda categoría.

“El concepto de fútbol que practicó la gente de los primeros tiempos del club era modesto y humilde, algo inseparable del auténtico espíritu deportivo. Dentro y fuera del terreno de juego, había valores que prevalecían por encima del triunfo. No es un tópico. No era normal buscar a toda costa la superioridad sobre el contrario, se veía más lógico buscar equilibrio entre diferentes equipos del campeonato”, afirma Andreu Mitjans desde las páginas de “Icària”. El Júpiter es también, en cierto modo, un equipo de formación de jugadores, que en la época en que se introduce el profesionalismo comienza a ver como algunas de sus figuras abandonan el equipo en busca de contratos con los grandes equipos de la ciudad y de Cataluña. Muchos acabarán en el Barcelona o el Español, tendencia que continuará a lo largo de los años: Llorenç y Joaquim Rifé -jugador y luego entrenador del Barça que le dará su primer gran título europeo, la Recopa de 1979-, “Tin”, Velasco, Carreño o Pinilla.

En 1925 Júpiter era campeón “B” de España y el Barcelona era el campeón “A” tras ganar la final de Copa al Arenas de Guecho, uno de los equipos más potentes por entonces. De regreso a Barcelona, ambos equipos se citaron en Reus y marcharon juntos a la capital catalana para un recibimiento conjunto y apoteósico. El 14 de junio, el Barça invitó al Júpiter a un partido amistoso en su campo de Les Corts en homenaje al Orfeó Catalá, en medio de un ambiente caldeado por la represión a los símbolos nacionales practicados por el gobierno primorriverista y que tenía también por objeto a la sociedad musical catalana. El permiso gubernativo fue dilatado, lo que encrespó aún más los ánimos, y acabó por estallar en una sonora pitada al himno español, la “Marcha Real”, cuando éste fue interpretado por marinos de la Royal Navy británica en el descanso, al tiempo que el himno británico, “God save the King”, fue saludado con una salva de aplausos. La decisión del régimen fue la de clausurar el campo del FC Barcelona por seis meses e “invitó” a su presidente, el suizo Hans Gamper -fundador del club a la sazón- a abandonar España.

Ésta no iba a ser, sin embargo, la última enganchada que un dictador paranoico iba a tener con los clubes catalanes de fútbol, ni la última vez que una pitada a la “Marcha Real” causaría polémica.

LOS AÑOS TREINTA: EL JÚPITER RECUPERA SU ESCUDO Y MANTIENE SU IDENTIDAD REBELDE

El 25 de septiembre de 1931 ocurre un hecho histórico para el club. Apenas unos meses antes es proclamada, en Barcelona y en toda España, la Segunda República, y el Júpiter recupera su escudo redondo y estrena su novedoso uniforme verdiblanco. Ese día, el equipo juega en el campo de Lope de Vega contra el Palafrugell. Y en las gradas hay un invitado muy especial. Se trata del anciano coronel Francesc Macià, el presidente de la recién restaurada Generalitat, el organismo de gobierno autónomo de Cataluña. Macià recibirá del capitán Font una insignia dorada que reproduce el escudo recién recuperado del club. En 1934 el Júpiter consigue el ascenso a la Segunda División de un campeonato nacional de Liga recientemente establecido. Permanecerá en él dos años, sus únicas dos temporadas en la categoría de plata del fútbol español. En aquellos años, el club tenía más de dos mil socios, lo que para la época no estaba nada mal.

Francesc Macià, presidente de la Generalitat, recibe de manos de Font, capitán del Júpiter, la insignia de oro con el recuperado escudo redondo del club (25 de septiembre de 1931, partido Júpiter-Palafrugell)

Francesc Macià, presidente de la Generalitat, recibe de manos de Font, capitán del Júpiter, la insignia de oro con el recuperado escudo redondo del club (25 de septiembre de 1931, partido Júpiter-Palafrugell)

En las calles aledañas al estadio y en las cercanías viven numerosos militantes, muchos señalados líderes, de la CNT-FAI. Gregorio Jover vivía en el número 276 de la calle de Pujades. Juan García Oliver, que vivía muy cerca (y que llegará a ser ministro de Justicia en el gabinete de Largo Caballero, una vez ocurrido el alzamiento militar que originará la guerra civil), en el número 72 de la calle Espronceda, una de las cuatro calles entre las que se encontraba el campo del Júpiter. El histórico Buenaventura Durruti a un kilómetro escaso, en el Clot (hogar de otro club humilde y combativo, como veremos más adelante, el FC Martinenc). Antonio Ortiz, Francisco Ascaso, Ricardo Sanz… son vecinos de Poblenou. Ellos, Poblenou, el pueblo barcelonés en armas y también el Júpiter serán protagonistas de la resistencia y victoria contra la sublevación militar que en 1936 fracasará en Barcelona.

La Olimpiada Popular de unos meses antes está a punto de ponerse en marcha, y quien más quien menos que tiene un poco de conciencia antifascista y orgullo de clase por entonces se prepara para acoger un evento de protesta contra los Juegos de Berlín y de solidaridad. El Júpiter participó en marzo de 1936 en la constitución en Barcelona del Comitè Català Pro Esports Populars (CCEP), que se trataba de una nueva institución impulsada por entidades deportivas de los barrios de Barcelona (Poble Nou, Sants, Sant Andreu i Sant Martí) y que recogía el auténtico espíritu olímpico. El CCEP nació con muy poco tiempo por delante, después del triunfo del Frente Popular en febrero y recogía una de las aspiraciones que las organizaciones deportivas populares observaban cercanas tras el triunfo de las candidaturas de izquierda en las elecciones: la socialización del deporte para que llegara a las capas sociales trabajadoras (muy recomendable en este sentido el capítulo sobre el deporte y el Frente Popular en González Calleja et al “La España del Frente Popular” editado por Comares, Granada). A pesar de de lo precipitado, enseguida obtuvo una masiva respuesta de las organizaciones obreras de toda Europa que veían con mucha preocupación el ascenso al poder del fascismo y el nazismo.

Su primera iniciativa fue la celebración de un festival deportivo como muestra de solidaridad con Ernst Thälmann, el dirigente del partido comunista alemán (KPD) encarcelado por el régimen nazi. Entre las pruebas deportivas, se disputó un torneo de fútbol entre selecciones obreras de Asturias, Madrid, Valencia y Cataluña. Las semifinales se disputaron en el campo del Martinenc, el ya mencionado histórico club del vecino barrio del Clot, y la final se jugó en el del Júpiter con la victoria de la selección de Asturias (región que sufrió la severa represión y encarcelamiento de los mineros levantados contra el gobierno reaccionario en 1934), en una ambiente de puños en alto y gritos de “¡UHP!, ¡UHP!” (¡Uníos, Hermanos Proletarios). Una imagen que resulta hoy inexplicable si no se tiene en cuenta lo que significaban para aquellos hombres y mujeres valores como la solidaridad, el compromiso, la identificación con una causa considerada como justa y la pelea contra la explotación, la miseria y la injusticia que habían vivido muy de cerca.

Equipo del Júpiter campeón "B" de Cataluña en 1937.

Equipo del Júpiter campeón “B” de Cataluña en 1937.

La leyenda proletaria del Júpiter se incrementa más aún con el estallido de la sublevación contra la República, que la resistencia popular y los militares y guardias civiles leales al gobierno hacen fracasar. “El campo de fútbol del Júpiter de la calle Lope de Vega fue utilizado como punto de encuentro desde el que iniciar la insurrección obrera contra el alzamiento militar, por la cercanía del domicilio de la mayoría de anarquistas del grupo “Nosotros” y la enorme militancia cenetista existente en el barrio. El Comité de Defensa de Pueblo Nuevo había requisado dos camiones de una cercana fábrica textil, que fueron aparcados junto al campo del Júpiter, que los anarquistas probablemente utilizaban también como arsenal clandestino”, escribe Agustí Guillamón, haciendo referencia a la leyenda sobre el depósito de armas en que se había convertido el campo “jupiterenc”. Durante la guerra, el equipo disputará el campeonato regional catalán “B”, proclamándose de nuevo campeón en 1937, y acogerá partidos y competiciones atléticas en beneficio de instituciones prorrepublicanas y obreras como el Banco de Sangre de la ciudad catalana y el Socorro Rojo, así como para las milicias que luchaban en el frente.

Las calles del Poblenou (como esta, su Rambla) se llenaron de barceloneses entusiasmados tras la derrota de la sublevación militar en Barcelona a manos de las tropas leales y los obreros armados.

Las calles del Poblenou (como esta, su Rambla) se llenaron de barceloneses entusiasmados tras la derrota de la sublevación militar en Barcelona a manos de las tropas leales y los obreros armados.

Aquella Barcelona, sin embargo, que vivía la revolución vivía también los condenables baños de sangre que salpicaron la retaguardia republicana y contra los que las autoridades gubernamentales luchaban a duras penas por atajar. Los “excesos revolucionarios”, la necesidad de centralizar los esfuerzos de guerra y la peculiar situación política en que había quedado la Generalitat de Companys, sometida de hecho al poder anarquista en la calle, dejó hechos luctuosos y también el campo abierto a la acción de “quintacolumnistas” que campaban en medio de la confusión reinante a la hora de esclarecer hechos de sangre. Así ocurrió con el asesinato de dos militares republicanos, a finales de noviembre de 1936: el comandante de la Guardia Nacional Republicana (la antigua Guardia Civil, posteriormente integrada en el Cuerpo de Seguridad) Emilio Escobar y el capitán de Aeronáutica Aurelio Martínez Jiménez, quienes fueron encontrados muertos en el campo del Júpiter. Aunque en un principio se pensó en la autoría anarquista del atentado, la presencia de los cuerpos en el campo de un equipo tan afín ideológicamente a la CNT-FAI y a un personaje como Emilio Escobar que estaba incluido en las listas de masones, intocables para los anarquistas. Por lo que todo parece señalar que fue obra de esa quinta columna”, afirma Guillamón.

Dos barrios castizos de Barcelona, Gràcia y Poblenou, enfrentados a través de sus dos equipos representativos: Europa y Júpiter, en uno de los últimos duelos futbolísticos antes de la caída de Barcelona en manos de las tropas franquistas.

Dos barrios castizos de Barcelona, Gràcia y Poblenou, enfrentados a través de sus dos equipos representativos: Europa y Júpiter, en uno de los últimos duelos futbolísticos antes de la caída de Barcelona en manos de las tropas franquistas.

EL TRIUNFO DE FRANCO

La derrota de la República acaba con la época dorada del Júpiter y sume de nuevo al club en una época de represión como la que se inaugura, asimismo, para el movimiento obrero y los ideales democráticos que apenas habían echado a andar en España aquel 14 de abril. El carácter obrero y rebelde del Júpiter estuvo en el punto de mira de las nuevas autoridades, volviéndose a prohibir el escudo (que recuperará la forma triangular de la época de Primo de Rivera, si bien con los colores verdiblancos, que el club mantendrá hasta 1959) e incluso su nombre se cambió, sin que hubiera motivación para ello: de Júpiter, dios supremo de los romanos -al fin y al cabo, la Roma imperial con su saludo fascista y su expansión por el “mare nostrum” es el gran sueño de uno de los principales aliados del régimen vencedor, Mussolini- a Hércules, el héroe de la Grecia clásica. Y no sólo eso, sino que se deseaba que el nuevo C.D. Hércules fuera un equipo filial del Español, que se encuentra en las antípodas ideológicas y de clase del equipo del Poblenou: un club rebelde, anarquizante y obrero asociado contra natura a uno de la burguesía catalana más acomodaticia -no en vano, buena parte de sus socios y directivos han militado en la Lliga Catalana y algunos son quintacolumnistas que no dudarán en saludar efusivamente a los vencedores-. Esta unión forzada, sin embargo, “por fortuna no cuajó, sea por como dice Andreu Mitjans por el respeto conseguido con el traspaso de jugadores al FC Barcelona, o bien por el repudio de influyentes aficionados blanquiazules, en las antípodas ideológicas del Júpiter.”

El nombre de Hércules no duró más que una temporada, pero el Júpiter no volvió a recuperar esa unión identitaria con el movimiento obrero que le había hecho ser el equipo de un barrio popular, cenetista y combativo como Poblenou y le había granjeado el odio de los vencedores por colaborar con el Socorro Rojo, las milicias o el Comité por el deporte popular. Todo se debía, probablemente, a que el movimiento obrero no volvió a ser el mismo que en los años veinte y treinta, a que la mezcla de fusilamientos y cárceles y la apariencia de riqueza que significó el desarrollismo, unido al exilio del club desde su barrio natal al campo de La Verneda, lejos del núcleo urbano del Poblenou, han borrado sus señas de identidad. Queda para la historia y también para quien quiera refundar el Júpiter, cualquier club y el fútbol como un deporte popular, no sólo como aglutinante de masas ante un balón, sino como vehículo para expresar emociones que trascienden del esférico y ayuden a transformar la sociedad y el mundo en que vivimos, aquella época en que de las tribunas de madera de un viejo campo ya desaparecido salieron gritos de subversión y de coraje como “¡UHP!” o “¡A las barricadas!”

FUENTES

labandaizquierda.blogspot.com

“La selección de fútbol de la República Española” en http://fusiladosdetorrellas.blogspot.com/2010/09/la-seleccion-de-futbol-de-la-republica.html (véase también http://losidealesdelgol.wordpress.com/2010/07/01/la-maldicion-republicana/, que contiene una interesante biografía sobre varios de los internacionales de aquella época y el seleccionador, Amadeo García Salazar, uno de los impulsores del grupo nacionalista vasco de izquierda ANV)

CE Júpiter, en es.wikipedia.org

CE Júpiter (catalán), en ca.wikipedia.org

Agustí Guillamón, “El Júpiter: exploraciones en torno a la leyenda (I y II)” y “El Júpiter. Historia paralela de este club de fútbol y del Poblenou”, en http://elultimoviajeaicaria.blogspot.com.es

“El Júpiter fa 90 anys”, Revista Icària, nº 4, Barcelona, 1999, en http://fotos.arxiuhistoricpoblenou.cat/fotografia/icaria/icaria04-1999/04+El+Jupiter+fa+90+anys.pdf.html

Andrea Sceresini, “Club Sportiu Júpiter. El equipo de los obreros que hicieron la revolución” en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=69932

Xavier Boró, “Júpiter i Espanyol, dues histories de política i futbol” en  http://pericosonline.com/reportages/detall/989/jupiter-i-espanyol-dues-histories-de-politica-i-futbol

La Copa de España Libre: un trofeo en el limbo

Escudos Levante y Copa de España Libre 1937

El 25 de septiembre de 2007, el Congreso de los Diputados adoptaba una decisión histórica para los intereses de una modesta sociedad deportiva cuyos aficionados casi ni siquiera recordaban que habían sido campeones de un trofeo oficial de fútbol en España setenta años atrás. A propuesta del grupo parlamentario de Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds, el Congreso instaba al gobierno a que se dirigiera a la RFEF para que reconociera al Levante Unión Deportiva, sucesor del Levante F.C., como campeón de la Copa de la España Libre – Trofeo Presidente de la República, que el equipo levantinista había conseguido tras derrotar en la final de Barcelona, el 18 de julio de 1937, a su rival ciudadano, el Valencia Foot-ball Club.

La introducción de una enmienda del grupo parlamentario socialista, que daba “manga ancha” a la Federación Española para que estudiara la oficialidad o no del torneo, dio sin embargo al traste con las aspiraciones de reconocimiento del Levante como campeón de un trofeo jugado en medio de las turbulentas aguas del conflicto civil.

EL FORMATO DE DISPUTA DE LA COPA ANTES Y DURANTE LA GUERRA

Para quien diga que el fútbol no debe mezclarse con la política -como si en la vida humana, y el deporte forma parte de ella, la política no estuviera presente desde que abrimos el grifo para ducharnos al despertar (¿por qué se privatizan los servicios de aguas?) o cerramos el gas al acostarnos (¿por qué expresidentes del gobierno forman parte de empresas energéticas favorecidas por decretos y leyes gubernamentales?-, bien vale recordar los siguientes extremos.

La RFEF de aquel 2007 en cierto modo retomó un argumento que venía de la federación surgida en San Sebastián, en el bando rebelde, y que la victoria de las armas haría que fuera la única con validez frente a la federación legal, con base en Madrid primero y luego Barcelona. Por este motivo, debemos considerar que el organismo presidido por Ángel María Villar, dirigente al que al parecer y según las “malas lenguas” (¿o no son tan malas?) le importa sobre todo el color verde del dinero y no el del césped, es el continuador no de la FEF surgida en 1913 -si hasta celebró a deshoras su centenario, anticipándose en varios años-, sino de la FEF “nacional” de 1937, la del general Moscardó y el coronel Troncoso, que desterraron la legalidad vigente, los estatutos, el modo de hacer las cosas que se había ido manteniendo e intentando perfeccionar hasta el conflicto… Dicho de otro modo, se implantó el método “estos son mis huevos” (que es un método muy al gusto de Villar). Como tantas cosas perdidas, olvidadas y archivadas con objeto de que se apolillen, la memoria de la FEF republicana, como casi todo lo republicano, se perdió en la transición. Así, nos quedamos con la misma federación de fútbol que castigó a Hércules y Alicante, los dos equipos de la ciudad levantina -y último bastión republicano- con la fusión obligatoria y negó al Barcelona la validez de su contrato con el genial Alfredo di Stéfano, para mayor gloria de los hinchas madridistas. Decisiones todas estas -curiosidad para los “apolíticos”- meramente políticas de las que la RFEF no ha pedido ni siquiera disculpas y menos ha dado desagravio alguno a los implicados.

Así, como escribe Vicent Masiá en su artículo sobre este torneo, lo que la actual (y la victoriosa) Federación Española de Fútbol hacen es “negarse a sí misma”, no sólo porque habría que ver qué les parecería a los dirigentes de la misma si alguien les moviera del sillón por un “golpe palaciego” en el seno de la propia organización o por un golpe de Estado general en todo el país que de repente negara a los órganos electos y legales validez alguna, desde el gobierno de la Nación hasta los colegios de abogados. Pero además es que, desde que se resolvió el cisma que había dado lugar a dos federaciones -la Unión Española de Clubes de Fútbol y la Federación Española de Clubes de Fútbol- a principios de siglo y se unieron ambas en la FEF en 1913, los estatutos de ésta última señalaban de modo bastante meridiano que la Federación Española era la Federación de Federaciones y que en éstas estaba su poder”. Las federaciones territoriales tenían poder para llevar a cabo sus propios campeonatos regionales y además, con la reorganización del tercer escalón del fútbol español (Tercera División hasta 1977, Segunda División “B” desde entonces) en los años de la Segunda República, entre dos o más también los llamados campeonatos superregionales, que junto con algunos campeonatos regionales que seguirían existiendo -por ejemplo, el de Cataluña- daban el pase a la disputa del Campeonato de España- Copa Presidente de la República (la Copa del Rey anterior y actual).

Los campeones regionales y superregionales eran reconocidos oficialmente por las federaciones y la FEF, que las aglutinaba a todas. Además, los equipos más pequeños que ganaban o quedaban en una posición buena en su respectivo campeonato, ascendían a Segunda. Así lograron ascensos clubes que pronto iban a informar el panorama futbolístico, tales como Granada, Valladolid, Zaragoza, Elche, Malacitano (futuro Málaga) o el propio Levante. Algunos incluso meteóricos desde ese tercer escalón a Primera, como el anteriormente mencionado Hércules.

Por eso, no hay que perder de vista que tanto la Copa de España Libre levantinista como la Liga del Mediterráneo o Liga Valencia-Cataluña (ganada por el Foot-ball Club Barcelona) disputadas ambas en la temporada 1936-1937 “a los que hay que sumar los organizados durante 1938 en Cataluña, son todos oficiales y legales al ser promovidos por las federaciones catalana y valenciana, órganos legítimos y plenos de autonomía que, entre otras restantes, dan conformidad a la Federación Española de Fútbol según los estatutos aprobados en 1915 por todos los delegados presentes en la Asamblea Nacional de aquel año. La FEF gubernamental de entre 1936 y 1939 adscrita a la FIFA es la única legal y oficial reconocida a nivel internacional y las decisiones adoptadas por esta y sus súbditas, las territoriales, son igualmente oficiales”. Hay que recordar esto cuando observemos los “argumentos” con los que la RFEF rechazará, en 2007, reconocer al Levante como campeón de un trofeo español.

LOS AÑOS TREINTA: UNA PEQUEÑA REVOLUCIÓN EN EL FÚTBOL HISPANO

Desde que en 1929 terminó el primer campeonato de Liga, comenzaba a verse que el “foot-ball”, ese deporte importado de Gran Bretaña, empezaba a popularizarse cada vez más, y en los años de la Segunda República había dejado de ser un deporte practicado y visionado en los estadios por las clases acomodadas para irse poco a poco transformando en un deporte de masas. La creación de organismos deportivos obreros como la Federación Deportiva Obrera o la Federación Obrera de Foot-Ball o la promoción del deporte en el seno de los grupos sindicales y las organizaciones políticas -especialmente entre las juventudes de las mismas-, junto con las conquistas laborales en materia de descanso semanal y de aumento de salarios contribuyeron a la popularización del fútbol, pero también de otros deportes como el boxeo, el frontón, la natación o el ciclismo. En 1935 se celebraría la primera Vuelta Ciclista a España, y al año siguiente, tras la victoria electoral del Frente Popular, las organizaciones de la izquierda obrera, con el apoyo de la Generalitat y del gobierno de la República, se prepararon para organizar en julio los juegos alternativos de la Olimpiada Popular de Barcelona, en respuesta a los juegos oficiales -y fuertemente instrumentalizados por el régimen nazi- que tendrían lugar en Berlín.

La selección nacional de fútbol, por su parte, participaría en 1934 en su primer mundial, celebrado en Italia, con una más que notable selección entre cuyos miembros destacaban el guardameta madridista Ricardo Zamora -apodado “El Divino”-, los también “merengues” Regueiro, Ciriaco y Quincoces, el oviedista Lángara, Guillermo Gorostiza (Athletic de Bilbao), Simón Lecue (Betis), Marculeta (At.Madrid), Campanal I (Sevilla) o Nogués y Vantolrá (FC Barcelona). Muchos comentaristas coinciden en señalar que aquel equipo era uno de los grandes favoritos al título. En cuartos de final, tras haber superado a Portugal en la fase previa y a Brasil, se cruzó en el camino la anfitriona (y notablemente favorecida por el arbitraje) Italia. Tras un empate a uno en Florencia que obligó a un partido de desempate, España caía eliminada por los transalpinos liderados por el interista Giuseppe Meazza. El puesto final de “los rojos” -como llegarían a escribir los cronistas de aquella época- fue un meritorio quinto puesto.

1935-05-12-Selección-Lecue-y-Areso

La selección española, que se enfrentará en partido amistoso contra Alemania (12/05/1935). Menos de un año más tarde, otro amistoso, en Montjuic, dará lugar a una imagen increíble hoy día: los teutones, que alzaron el brazo en saludo fascista al himno alemán, fueron respondidos por el once español con el saludo puño en alto al “Himno de Riego”, lo que llevó la locura a las gradas barcelonesas y a que el público jalease cada acción del combinado español enfervorizadamente.

Con el cambio de régimen que trajo el triunfo de las candidaturas republicanas en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 y la proclamación de la República el 14, muchos clubes tuvieron que cambiar su denominación y sus escudos. España es, junto con Bélgica, el único país del mundo en el que la Corona otorga títulos de “Real” a los clubes de fútbol, rareza que no forma parte ni siquiera de los países monárquicos. Con el régimen republicano, los clubes perdían tanto esa denominación como la corona real que adornaba sus insignias. Así, clubes como Celta, Deportivo de la Coruña, Valladolid, Madrid, Betis, Español, Oviedo, Sporting, Racing de Santander, Real Sociedad, Murcia o Gimnástico de Valencia tenían que someterse a dichos lavados de cara. En algunos casos, como los de Betis y Madrid, los escudos se transformaron de tal suerte que adquirieron las señas de identidad con que hoy les conocemos: en el caso del club verdiblanco, con las trece franjas verdes y blancas que le son características; en el del madrileño, con la franja diagonal morada -hoy, por cuestiones de “marketing” azul- que le identificaba doblemente como club castellano y a la vez de adscripción republicana.

Transformación de los escudos de los clubes con el cambio de régimen (1)

Transformación de los escudos de los clubes con el cambio de régimen (1)

En otros casos, el cambio de denominación y de símbolos fue más profundo. En Donostia-San Sebastián, los directivos de la Real Sociedad de Foot-ball observaron que el cambio de nombre a Sociedad de Foot-ball daba al club un nombre muy poco representativo, por lo que se optó por denominar a la sociedad “txuri-urdin” el nombre de Donostia Foot-ball Club, sustituyendo la corona real por el escudo de armas de la ciudad. El decano del fútbol español, el Recreativo de Huelva, tras suprimir el apelativo de “Real”, tendría un conflicto con la federación regional andaluza que acabó con su retirada de la misma y la unión de los clubes de la provincia a la federación extremeña, dando origen a la Regional Oeste, y en medio de este traslado de federaciones cambió su nombre en 1932 por el de Onuba F.C. y diseñando un nuevo emblema en el que se incorporaba el escudo de la ciudad. En las Baleares, el Real Alfonso XIII, de Palma, cambió por completo su denominación y su escudo para ser conocido con el nombre con el que desde entonces le conocemos -aunque tras la guerra civil con el título de “Real” recuperado-: el Club Deportivo Mallorca.

Transformación de los escudos de los clubes con el cambio de régimen (2)

Transformación de los escudos de los clubes con el cambio de régimen (2)

Al proclamarse la República hubo además otro cambio que afectaba también a los clubes de fútbol. El gobierno provisional estableció un decreto por el cual se restringía el uso de los términos “español” y “nacional”, que habían sido usados de una forma un tanto abusiva a lo largo de la dictadura primorriverista, con objeto de preservarlos especialmente para los organismos de carácter oficial. Este decreto afectó, entre otras organizaciones, a políticas y sindicales como la derechista Acción Nacional -futuro germen de la CEDA-, que cambió su nombre por Acción Popular, o a la organización agraria de la UGT, la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra, que sustituyó el término “Nacional” por “Española”. En cuanto a los equipos de fútbol, tenemos los casos de la Unión Deportiva Española de Salamanca, que modificó su nombre al histórico y recientemente desparecido club de la Unión Deportiva Salamanca, o el Club Deportivo Nacional de Madrid, que suprimió el término “Nacional” y pasó a ser conocido como el Deportivo de Madrid, aunque sólo durante el año 1932, recuperando para el año siguiente su nombre anterior, convirtiéndose hasta la guerra civil – tras el conflicto el equipo desaparecería- en el gran rival del Atlético -en especial en los años en que ambos coincidieron en segunda- por el segundo puesto en importancia de los equipos de la capital. Si bien es cierto que en aquellos años el Madrid se encontraba a años luz del resto de clubes de la ciudad, tanto del Atlético -entonces Athletic de Madrid- como del Nacional/Deportivo o de la A.D.Ferroviaria, el equipo de los trabajadores de los ferrocarriles y cuarto en discordia.

De Española a Salamanca

El Salamanca, antes denominado Unión Deportiva Española, con su escudo previo a la proclamación de la República y su escudo desde entonces.

El apenas recién inaugurado campeonato de Liga -había dado comienzo en la temporada 1928/29 y su primer campeón fue el Foot-ball Club Barcelona- tuvo en aquellos años dos dominadores claros: el Athletic Club de Bilbao y el Madrid. Los equipos del norte, que en los años previos habían tenido un claro protagonismo en la Primera División, comenzaron a vivir un periodo de declive a favor especialmente de los clubes de Andalucía y del País Valenciano. Así, mientras Arenas de Guecho, Unión Club de Irún, Donostia y Alavés perdían la categoría, Valencia, Sevilla, Betis o Hércules ascendían y se convertían en equipos fuertes.

Equipo del Betis Balompié campeón de la Liga 1934/35.

Equipo del Betis Balompié campeón de la Liga 1934/35.

De esta suerte de “debacle” norteña se salvarán tanto los “leones” bilbaínos como el Racing de Santander, quien tras un subcampeonato liguero en la 1930/31, seguirá en Primera con ciertos altibajos. Los tres primeros iban a ser protagonistas de títulos o de finales coperas. El Valencia, con una singular indumentaria de casaca roja escapulada con la “senyera” valenciana, disputará la final de la Copa de 1934 frente al poderoso Madrid en el estadio de Montjuic (hoy Lluís Companys). Los blancos vencieron a los “che” por 2-1. Más suerte correrán al año siguiente los dos equipos de la capital hispalense: el Betis se proclamará campeón de Liga -la que es hasta el momento su primera y única Liga- al tercer año de aparecer en Primera, y el Sevilla, un debutante en la primera categoría, ganará el campeonato de España al imponerse al sorprendente campeón catalán, el C.E. Sabadell en la final de Copa en Chamartín por 3-0.

Imagen de un lance de la final de la Copa Presidente de la República de 1935, entre Sevilla FC -de blanco- y CE Sabadell -de camiseta arlequinada- en la que los hispalenses se proclamaron vencedores.

Imagen de un lance de la final de la Copa Presidente de la República de 1935, entre Sevilla FC -de blanco- y CE Sabadell -de camiseta arlequinada- en la que los hispalenses se proclamaron vencedores.

El que había sido el primer campeón liguero, el Barcelona, se encontraba por su parte inmerso en un proceso de reestructuración y pasaba por un momento de sequía tanto en el campeonato de Liga como en el Campeonato de España -Copa Presidente de la República. A pesar de eso, fue dos veces subcampeón de este último torneo, en las dos finales que lo harían con esa denominación: la de 1932 en Chamartín frente al Athletic  de Bilbao y la de 1936 en Mestalla (Valencia) ante el Madrid. En ambos casos los azulgrana cayeron por la mínima (1-0 y 2-1) ante rivales que se encontraban por entonces a un nivel superior (como destacaban los cronistas, incluso los de diarios deportivos catalanes como el señero “El Mundo Deportivo”), por lo que aquellos años, dentro de su modestia, fueron unos años aceptablemente buenos para el Barça, en especial en el campeonato de Cataluña, terreno en el que conquistó varios títulos frente a su gran rival ciudadano, el C.D. Español.

Imagen de la hinchada del Sevilla FC desplazada hasta Madrid para presenciar el triunfo de su equipo en la final copera de 1935.

Imagen de la hinchada del Sevilla FC desplazada hasta Madrid para presenciar el triunfo de su equipo en la final copera de 1935.

En el plano de las categorías inferiores y los campeonatos regionales y superregionales, debemos destacar la reorganización de que fue objeto la Segunda División para la temporada 1934/35, que pasó del grupo único a organizarse en tres grupos (según la proximidad regional) de ocho equipos cada uno, con la disputa de una fase final por el ascenso entre los seis mejores -los dos mejores de cada grupo-. De este modo, una pléyade de equipos que posteriormente formarán parte de la élite del fútbol español (o sus sucesores) comenzarán a surgir en ese momento en el segundo escalón nacional: Sabadell, Hércules, Levante, Mirandilla (futuro Cádiz), Xerez F.C. (posteriormente Xerez C.D.), Elche, Murcia, Granada Recreativo (luego Granada C.F.), C.D. Malacitano (germen del C.D. Málaga, hoy Málaga C.F.) o Girona F.C., que se unirán a otros como el Osasuna, el Celta, el Oviedo, el Deportivo de la Coruña o el Sporting de Gijón que a comienzos de los años treinta peleaban por un hueco en la categoría de oro. Por otro lado, el ascenso de estos nuevos clubes tendrá como contrapartida la caída de otros como el Castellón, el Arenas, el Logroño, el Unión de Irún, el Europa o el Alavés, a los que costará algunos o muchos años de travesía por el desierto recuperar el terreno perdido, e incluso desaparecerán, fundándose nuevas sociedades de sus cenizas.

Los campeonatos regionales y superregionales sustituirán a partir de mediados de la década a la Tercera División, en una decisión federativa que se impone por la mala situación económica y logística de los clubes inmersos en esta categoría, que les imposibilita para hacer frente a los requerimientos que impone esta categoría. Con buen criterio, se impone que sea desde estos campeonatos donde se decidan ascensos y descensos, además de las plazas que los clubes modestos adquieren para el campeonato de España, que antes se determinaban en la desaparecida Tercera. Los clubes más pequeños tienen en estos campeonatos además la oportunidad de enfrentarse con las plantillas más potentes del país, e incluso de “dar la campanada”, como fue el caso del Sabadell al ganar el campeonato de Cataluña frente a Barcelona y Español y colarse en la final copera de 1935 militando en Segunda División.  Y serán el lugar de nacimiento de rivalidades deportivas, o de dirimir viejas rivalidades regionales, aunque a veces se sobrepasaban estos límites (el hooliganismo no parece cosa de dos días): Deportivo y Celta, Oviedo y Sporting, Sevilla y Betis… rivalizaban sobre el terreno de juego para ver quien era el mejor equipo de su respectiva región. Algunas de estas rivalidades, aunque fueran por un puesto menor en la escala, eran antaño poderosas y hoy ya están desaparecidas, como entre Atlético de Madrid y Nacional o entre Mallorca y Constancia de Inca.

La Guardia Civil interviene tras producirse incidentes en el campo de El Parral en el transcurso del partido entre el Nacional y el Atlético de Madrid.

La Guardia Civil interviene tras producirse incidentes en el campo de El Parral en el transcurso del partido entre el Nacional y el Atlético de Madrid.

El mapa adjunto muestra a los equipos más destacados del panorama futbolístico tanto a nivel nacional como regional, y que por campeonatos solían distribuirse del siguiente modo:

Mapa

Galicia: Deportivo, Celta y Racing Ferrol.

Astur-Cántabro: Stadium Avilesino, Sporting, Oviedo y Racing Santander.

Centro: Madrid, Valladolid, Athletic Madrid, Nacional, Zaragoza, Ferroviaria, Salamanca y Logroño.

Vasco-Navarro: Arenas, Donostia, Osasuna, Unión Irún, Athletic Bilbao y Alavés.

Cataluña: Girona, Badalona, Sabadell, Europa, Barcelona y Español.

Valenciano: Castellón, Levante, Gimnástico y Valencia.

Alicante y Murcia: Murcia, Hércules, Elche y Alicante.

Baleares: Mallorca y Constancia.

Sur: Sevilla, Betis, Xerez, Mirandilla, Malacitano y Granada Recreativo.

Oeste: Onuba y Sport Club Badajoz.

Canario: Su principal dominador fue el Club Deportivo Tenerife.

Gran Canario: Competían en él un gran número de equipos, entre los que destacan Marino y Victoria, que formarán con otros más pequeños la futura UD Las Palmas.

Hispano-Marroquí: Agrupaba a los clubes de Ceuta y Melilla y el protectorado español de Marruecos.

Esta agrupación en campeonatos regionales y superregionales no quería decir que fuera estable. Según necesidades, los campeonatos podían ser una temporada entre clubes de dos o más regiones y a la temporada siguiente su configuración regional cambiar. Así, se dio el caso de existir un campeonato astur-cántabro y luego un campeonato astur-gallego, pasando a jugar clubes como el Racing de Santander el campeonato del Centro. En otros casos, surgían cismas en el seno de las propias federaciones, que determinaban su división en dos, como pasó en el seno de la Valenciana, surgiendo así una Federación Valenciana que agrupaba también a las provincias de Teruel y Cuenca y una Federación de Alicante y Murcia con clubes de la provincia levantina y de la Región de Murcia de entonces (que agrupaba a Murcia y Albacete). Este fue el caso que dio lugar también a la Federación del Oeste, agrupando a Extremadura y Huelva, saliendo así los clubes de la provincia onubense de la Federación Andaluza/Sur.

El último gran trofeo en disputa antes de la guerra: la final de la Copa Presidente de la República de 1936, jugada en Mestalla, dio lugar a un disputado "clásico" Madrid-Barcelona en el que los blancos se impusieron por 2-1.

El último gran trofeo en disputa antes de la guerra: la final de la Copa Presidente de la República de 1936, jugada en Mestalla, dio lugar a un disputado “clásico” Madrid-Barcelona en el que los blancos se impusieron por 2-1.

Esta maleabilidad y capacidad de adaptación, así como de acatar lo que las federaciones regionales determinaban, era una caracteristica de la Federación Española que hoy no existe. Las “órdenes”, por decirlo de algún modo, eran sobre todo de abajo hacia arriba, limitándose la FEF a directrices de carácter general para una mejor coordinación entre sus miembros -las federaciones regionales-. Esta diferencia básica entre el modo de hacer de la federación nacional antes y después de la guerra civil, o entre la federación “republicana” y la rebelde es muy útil para entender por qué no se reconoce el título copero del Levante o la liga mediterránea del Barcelona, así como los métodos de funcionamiento del organismo presidido por Ángel Villar.

Recibimiento por parte de la afición merengue al Madrid campeón de España tras su regreso de Valencia con la Copa conquistada frente al FC Barcelona. En las pancartas se pueden ver los nombres de algunos de los ídolos blancos: Emilín, Triana y, por supuesto, el "Divino" Ricardo Zamora, cuyas paradas fueron esenciales para la conquista del título.

Recibimiento por parte de la afición merengue al Madrid campeón de España tras su regreso de Valencia con la Copa conquistada frente al FC Barcelona. En las pancartas se pueden ver los nombres de algunos de los ídolos blancos: Emilín, Triana y, por supuesto, el “Divino” Ricardo Zamora, cuyas paradas fueron esenciales para la conquista del título.

Es importante saber de cual de las dos federaciones se considera heredera la actual: si de la de 1913 -cuya línea de continuidad representaba la FEF legítima desaparecida al final de la guerra- o de la que en 1937 bajo la autoridad rebelde se instauró en San Sebastián y en 1939 se impuso ya sobre todo el país. Cuestiones que se definen por una metodología, metodología que al fin y al cabo se define por una política.

Josep Sunyol (encendiendo un cigarrillo), presidente del FC Barcelona, y Lluís Companys, a su izquierda, presidente de la Generalitat de Cataluña, en el palco del campo barcelonista de Les Corts.

Josep Sunyol (encendiendo un cigarrillo), presidente del FC Barcelona, y Lluís Companys, a su izquierda, presidente de la Generalitat de Cataluña, en el palco del campo barcelonista de Les Corts.

Al comenzar la guerra, muchos equipos estaban realizando planes de futuro que hubieron de ser pospuestos, o se interrumpieron las trayectorias ascendentes de varios de ellos, entre los cuales está nuestro protagonista, el Levante, o el Girona, cerca de alcanzar la Primera División. El conflicto lastraría su futuro, amén del de otros muchos clubes a los que la guerra dejaría sin muchos jugadores muertos en combate, exiliados, víctimas de la represión o encarcelados, y al mismo tiempo las directivas de los equipos fueron sometidas a procesos de depuración y sustituidas por personalidades afines a los vencedores, mientras los clubes tenían sus arcas vacías o sus estadios destruidos. Este último fue el caso del Oviedo, que hubo de pasar dos años en Tercera División debido a que su estadio, Buenavista, no reunía condición alguna para la disputa de encuentros en la máxima categoría. El Barcelona vio como su presidente, Josep Sunyol, miembro prominente de Esquerra Republicana, era fusilado por los rebeldes en Guadalajara, al mismo tiempo que el talentoso delantero madridista Ramón Triana sufría la misma muerte por parte de elementos frentepopulistas en zona republicana. Algunos jugadores optaron por el exilio, como fue el caso de Ricardo Zamora, amenazado por sus ideas conservadoras, que pudo salir del territorio gubernamental y jugar en el Niza francés, y otros en el mismo territorio de la República se adscribieron a las milicias en el Batallón Deportivo. El Rayo -aún sin el gentilicio “vallecano” en su denominación social- tuvo que posponer su inscripción de la Federación Obrera a la Federación Castellana/Centro, y en la misma barriada -tan castigada por los bombardeos “nacionales”- el que con los años sería su estadio, el campo de Vallecas, fue convertido en campo de concentración por los vencedores. Otros clubes sufrirán la represión de modo arbitrario, como fue el caso del Hércules y el Alicante, los dos clubes de la ciudad que sería el último bastión republicano, y que por deseo de las nuevas autoridades serían obligados a fusionarse por el mero hecho de fastidiar a la última ciudad en la que ondeó por última vez la bandera tricolor. Incluso en los primeros cuarenta el Madrid, el que luego será bautizado como el “equipo del régimen”, será ninguneado frente al primer “niño mimado” del fútbol durante el franquismo: el Atlético-Aviación, resultado de la fusión del Atlético de Madrid con el equipo de las “alas” rebeldes: el Aviación Nacional.

VALENCIA Y LEVANTE: BURGUESES “VERSUS” PROLETARIOS EN LA CAPITAL DEL TURIA

Onces del Valencia FC (izqda.) en la final de Copa jugada contra el Madrid en 1934 en Montjuic, y del Levante FC (dcha.) en la final de la Copa de España Libre conquistada en 1937 frente a los "che" en el campo barcelonés de Sarriá.

Onces del Valencia FC (izqda.) en la final de Copa jugada contra el Madrid en 1934 en Montjuic, y del Levante FC (dcha.) en la final de la Copa de España Libre conquistada en 1937 frente a los “che” en el campo barcelonés de Sarriá.

El Valencia ha sido, y sigue siendo hoy día, el “grande” de la capital levantina y del País Valenciano. Otros equipos del país, cuya historia en Primera División ha sido más larga que la de los hoy “granotas” del Levante, como Hércules o Elche, no han conseguido los éxitos de un club donde han jugado figuras como Pasieguito, Puchades, Eizaguirre, Claramunt, Morena, Manzanedo, Kempes, Sempere, Penev, Claudio López o Albelda. Campeón de Liga, Copa y de trofeos continentales como la extinta Recopa o la Europa League y finalista en dos ocasiones de la Copa de Europa, se encuentra a mucha distancia del resto de equipos valencianos, entre los que se incluye un Levante que sólo en los últimos años (a excepción de un par de campañas en Primera en los años sesenta), gracias a su presencia continuada en la máxima categoría, ha recuperado la vieja rivalidad que existía con los “che”, forjada en el campeonato regional en los años veinte y treinta del pasado siglo.

El Levante -entonces como Levante Foot-ball Club-, sin embargo, se fundó primero. En 1909, diez años antes que el Valencia. Su orígen social era humilde. La vía de entrada más común del fútbol a finales del siglo XIX y principios del XX en España eran los puertos, donde la presencia británica a través de las navieras y los trabajadores de esta nacionalidad -y cuna del balompié- era importante. En Valencia ocurrió otro tanto, pero a diferencia de otras ciudades marítimas, en la ciudad del Turia el negocio mercante estaba más en manos españolas que anglosajonas, por lo que el “deporte rey” tuvo un orígen más español que extranjero en la ciudad. A principios del siglo XX, en barrios eminentemente obreros como El Cabanyal o El Grau surgieron numerosos clubes de fútbol, algunos de corta existencia y otros, como el Levante, que si bien al principio pasaron por dificultades para arrancar, poco a poco se hicieron competitivos. El equipo portuario (en cuyo seno se acogen futbolistas de un club ya existente en el primero de estos barrios, el F.C. Cabañal), al principio a la sombra del Gimnástico -el club con el que a finales de la guerra civil se fusionaría y del que adquirió sus colores actuales- y de su posterior gran rival ciudadano, el Valencia, superó a los “granotas” como segundo club de la ciudad y se dispuso a asaltar la Primera División a finales de los años treinta. Los entonces blanquiazules jugaban en el Campo de El Grau, y a pesar de que contaban hasta esta última década con una plantilla principalmente amateur, se mostraron como un equipo competitivo ante los equipos profesionales y un rival a batir en el campeonato regional. En 1935, tras ser ganador del Campeonato Valenciano, llegó hasta las semifinales de la Copa Presidente de la República, cayendo frente al subcampeón Sabadell. Teniendo en cuenta esa progresión de los levantinistas, que se acercaban asímismo a Primera en 1936, no resulta extraño que llegaran a ser campeones de la Copa de España Libre en 1937.

El Valencia, por su parte, surge de las cenizas de otro club existente, el Deportivo Español, nacido en 1912. Este club sufre un hecho desgraciado en 1919 cuando Luis Bonora, uno de los jugadores que habían fundando la sociedad, fallece de una embolia tras haberse roto una pierna durante la disputa de un encuentro amistoso en Elche. Los otros dos hermanos Bonora, amén de sus desolados compañeros, deciden sumarse a la iniciativa de Octavio Augusto Milego (quien desde mediados de 1918 preside el club tras su paso por el F.C. Sagunto) de fundar un nuevo club. El mes siguiente, junto al mecenas Gonzalo Medina (ex también del conjunto saguntino), deciden en el Bar Torino la labor de constituir un nuevo club que en el futuro compita con los grandes de entonces a nivel nacional. De este modo, el 1 de marzo de 1919 tiene lugar la constitución del Valencia Foot-ball Club. El Valencia, que cuenta con medios y jugadores altamente cualificados, tienen un cierto origen “burgués” y pronto es considerado por el resto de clubes de la ciudad como el gran rival a batir. Su expansión social comienza a ser fulgurante y pronto pasa del alquilado campo de Algirós a su propio campo de Mestalla. En 1931 alcanzará la Primera Divisón, convirtiéndose en uno de los más destacados del panorama nacional y el dominador del campeonato valenciano.

Valencia es en los años treinta una ciudad eminentemente republicana. Los equipos del Valencia y Levante son dos polos dentro de ese republicanismo; el primero, liberal, burgués y regionalista. El segundo, popular y obrero. No ocurre lo mismo con el caso del tercero en discordia, el Gimnástico. Un club fundado en 1915 bajo los auspicios del catolicismo social y cuyos dirigentes son eminentes conservadores y monárquicos. Por eso, cuando tiene lugar la fusión de los dos clubes “pequeños” de la ciudad, Gimnástico y Levante, se quiere disfrazar como una fusión entre un club, el Gimnástico, que posee el campo de Vallejo pero no dispone de jugadores y un Levante que dispone de jugadores pero no posee campo. En realidad, se tratará de una fusión contra natura: un club de adictos al “Nuevo Estado” (Gimnástico) frente a uno cuyos dirigentes son de lealtad a la República derrotada (Levante). El Levante-Gimnástico, la nueva entidad, tiene a los jugadores levantinistas y a los dirigentes gimnásticos o a los levantinistas que han podido sobrevivir a la depuración que la Comisión Nacional de Deportes instituida por el nuevo régimen ha realizado y seguirá realizando.Fusión Levante y Gimnástico

LA GUERRA CIVIL: INTERVENCIÓN DE LAS FEDERACIONES NACIONAL Y REGIONAL Y PARALIZACIÓN DE LAS COMPETICIONES A NIVEL NACIONAL

El 17 de julio de 1936, la guarnición de Melilla se adelanta a los planes conspirativos y toma los cuarteles de la ciudad norteafricana. Al día siguiente, la rebelión contra la República se extiende por el Protectorado marroquí y el archipiélago de las Canarias, donde Franco proclama el estado de guerra y viaja desde Santa Cruz de Tenerife hasta Las Palmas para tomar el famoso avión “Dragon Rapide” que le trasladará desde las islas hasta Marruecos. Las competiciones futbolísticas han finalizado apenas dos meses antes, proclamándose campeón de Liga el Athletic Club de Bilbao y del campeonato de España el Madrid F.C. Athletic de Madrid y Osasuna pierden la categoría, en tanto que ascienden Celta y Zaragoza. En la Segunda División, se decidió para ese año decidir los descensos en función de los resultados obtenidos en la liga y en los campeonatos regionales y superregionales que jugaran los clubes. De este modo, el histórico Donostia, entre otros, cae al pozo, mientras nuevos como Mallorca, Ferroviaria, Cartagena o Lemos obtienen su plaza para jugar en la categoría de plata.

Sin embargo, tras la guerra los descensos de Athletic de Madrid (posterior Atlético-Aviación) ni de Donostia (que recuperará su denominación de Real Sociedad), ni el que podría haber sido primer ascenso de los monforteños del Lemos a Segunda tendrán efecto. En el caso de los colchoneros, por el descenso del Oviedo a Tercera debido a la destrucción del campo carbayón de Buenavista. En el de los “txuri-urdin” y de rebote en el ascenso de los gallegos, por decisión federativa, al igual que ocurrió con la ampliación de Segunda -de tres a cinco grupos- para la temporada 1939/40, donde equipos de dudoso pedigrí y con nombres muy vinculados al nuevo régimen -Oriamendi Deportivo, Imperial Murcia o Imperio C.F. de Madrid- y otros vinculados a militares adictos a la causa nacional -Ceuta o Escuela Hispano-Marroquí de Tánger- estarán en esa división.

Pero antes de todos esos bailes, la sublevación militar, que se extiende por el norte de la península y zonas tradicionalmente conservadoras del país como Castilla la Vieja y León, obliga a tomar medidas desesperadas como armar a las milicias populares y en algunos casos contraproducentes, con la aparición y extensión del llamado “terror rojo” y la fragmentación del poder en la zona republicana. La FEF y las federacioens regionales de fútbol, como otros muchos organismos y empresas públicas, fue intervenida por las organizaciones políticas que sostenían al gobierno de la República. Así, la FEF se puso en manos de un comité, como ocurrió con el resto de intervenciones, donde tenían representación partidos o sindicatos que sostenían al Frente Popular, o bien personalidades del respectivo “mundillo” de probada lealtad al régimen republicano.

José María Mengual, presidente del comité incautador de la FEF en 1936, convertido en presidente interino de la misma entre 1936 y 1939.

José María Mengual, presidente del comité incautador de la FEF en 1936, convertido en presidente interino de la misma entre 1936 y 1939.

El comité frentepopulista de la FEF sustituirá a Leopoldo García Durán, el presidente electo, quién permanecerá desaparecido, por un antiguo directivo de la madrileña A.D. Ferroviaria, José María Mengual. Como escribe Vicent Masiá, Mengual “no tuvo dudas en mantener en su puesto por su diligencia e imparcialidad al que hasta la fecha era Secretario General de la FEF, Ricardo Cabot, presumiendo que el brote militar duraría escasas fechas y Cabot – el más indicado para ello -, podía cumplir con sus funciones de forma profesional durante lo que tardase e finiquitarse el conflicto. Las semanas pasaban, los meses también y Cabot, en vistas de que la situación cada vez iba a peor y nada presagiaba un armisticio, nada más tuvo ocasión se trasladó a Barcelona, su ciudad de origen, dejando prácticamente huérfana de funcionalidad efectiva la FEF en Madrid. Con García Durán desaparecido, la FEF incautada y Madrid aislado del resto de la zona fiel a la República, Ricardo Cabot desde Barcelona se convirtió en el máximo representante de la FEF gubernamental hasta el punto de ser él mismo casi la FEF, pero no sin antes de estos acontecimientos y de su traslado a Barcelona, como buen dirigente que era, dejar cerrada, dominada y bastante clara la situación legal y oficial del fútbol español.”

Ricardo Cabot, auténtico hombre "todoterreno" del fútbol español, fue una figura providencial en aquellos amargos años de la guerra y el responsable de que el fútbol pudiera continuar en medio del conflicto en la zona leal al gobierno de la República.

Ricardo Cabot, auténtico hombre “todoterreno” del fútbol español, fue una figura providencial en aquellos amargos años de la guerra y el responsable de que el fútbol pudiera continuar en medio del conflicto en la zona leal al gobierno de la República.

Ricardo Cabot había sido toda su vida un hombre de fútbol. Jugador, presidente de club, directivo de la federación y redactor de los estatutos que regían la misma, no existía duda alguna de que era la persona indicada para dejar clarificada la situación futbolística en plena guerra. Y lo que hizo fue dejar a discreción de las federaciones regionales, autónomas en cuanto a su funcionamiento de la FEF, la disputa de torneos oficiales en el ámbito de su federación o con otras federaciones regionales, en tanto que la nueva temporada 1936/37 a nivel nacional tendría que ser suspendida debido a que la situación bélica no mejoraba sino que, muy al contrario, empeoraba día a día. Madrid se encontraba a punto de ser sitiada por los rebeldes y la incomunicación entre la capital y el resto de la zona republicana, así como entre el norte en manos de la República y el resto de la zona leal era prácticamente imposible.

El 3 de octubre de 1936, Cabot redactó la siguiente circular para su puesta en conocimiento de las federaciones regionales y los clubes:

El comité Ejecutivo de la FEF ha tomado los siguientes acuerdos:

1º. Suspender la temporada en juego para toda clase de Competiciones oficiales de esta Federación, mientras no se dicten otras disposiciones que dejen sin efecto las presentes.

2º. Autorizar a las Federaciones Regionales para que procedan de igual manera en cuanto a las competiciones oficiales que les son propias, y en cuanto a las Superregionales en que estén interesadas, sin perjuicio de que si la situación especial de cada Región permite estimarla de otro modo subsistan aquellas que puedan jugarse, pero en la inteligencia de que, en este caso, será bajo su exclusiva responsabilidad.

De esta circular pueden extraerse dos conclusiones: la primera es que las competiciones nacionales, Liga y Campeonato de España-Copa Presidente de la República, quedaban suspendidas, y la segunda es que, empero, si las federaciones entendían que podían disputar sus campeonatos regionales o los superregionales que pudieran organizar conjuntamente, quedaban autorizadas bajo su responsabilidad a organizarlos. Ricardo Cabot autorizaba con su puño y letra que los Campeonatos Regionales dependientes única y exclusivamente de las federaciones territoriales se disputasen si la situación bélica lo propiciaba”. Este punto último, además de la consideración de oficialidad de los mismos, hacen que tanto la Liga del Mediterráneo del F.C. Barcelona como la Copa de España Libre-Trofeo Presidente de la República del Levante F.C. son trofeos legítimos y con rango de oficialidad, y por tanto sujetos a reconocimiento tanto por las federaciones regionales organizadoras de entonces como por la FEF.

El FC Barcelona, subcampeón de España, en la final de Copa disputada en 1936 ante el Madrid.

El FC Barcelona, subcampeón de España, en la final de Copa disputada en 1936 ante el Madrid.

Intervenidas por los comités (caso de la FEF,  la Federación Centro o la Federación de Murcia y Alicante), los sindicatos (como fue el caso de la Federación Valenciana por parte del Sindicato de Espectáculos Públicos de la CNT) o incluso los organismos guernamentales (en el de la Federació Catalana de Foot-ball por parte de la Generalitat autónoma), las federaciones decidieron  para la temporada 1936/37 celebrar sus respectivos campeonatos regionales o, por el contrario, dejarlos en suspenso como ocurrió en el caso del Superregional del Centro, donde la situación bélica en Madrid y la división del territorio de la federación entre una zona leal y una zona ocupada por los rebeldes lo imposibilitaba. Hubo, eso sí, negociaciones para que el Madrid jugara el Camponato Regional de Cataluña, a fin de que el equipo no perdiera rodaje, pero el Barcelona, observando el potencial que por entonces tenía el equipo blanco, muy superior al de los “blaugrana” -como incluso la prensa deportiva de Cataluña puso de manifiesto tras la disputa de la final copera de 1936-, se opuso. Así pues, el camponato catalán lo disputaron equipos de la región.

Tanto Cataluña como el País Valenciano y la Región de Murcia se encontraban alejadas del frente, por lo que promovieron la disputa de sus respectivos campeonatos regionales con el carácter oficial de siempre. Las federaciones murciana y valenciana organizaron conjuntamente el Campeonato Regional de Levante del cual fue vencedor el Valencia F.C. mientras que del Campeonato Regional de Cataluña lo fue el Club Deportivo Español. Ambos campeonatos dieron inicio el 4 de octubre, terminando el levantino el 13 de diciembre y el catalán el 20 de este último mes.

LA LIGA DEL MEDITERRÁNEO Y LA COPA DE ESPAÑA LIBRE

Al terminar 1936 y comenzar el nuevo año, sin que la situación bélica hubiera finalizado ni tampoco la temporada futbolística, surgió, a iniciativa del Barcelona, la idea de rellenar el espacio que quedaba con la disputa de un torneo liguero. La extensión de la idea a los clubes y las federaciones de Valencia y Murcia -rehusando a participar Hércules, Murcia y Cartagena, clubes de esta última federación, por dificultades tanto económicas como logísiticas- dará lugar a la primera Liga Cataluña-Valencia o Liga del Mediterráneo. Este torneo contaba con carácter oficial, bajo el patrocinio de la Federación Española y su secretario general, Ricardo Cabot, y en él participaron cuatro equipos catalanes -Barcelona, Español, Girona y Granollers, tras la renuncia a participar de Sabadell y Badalona- y cuatro valencianos -Valencia, Levante, Gimnástico y Athletic de Castellón, que recogió el testigo del C.D. Castellón y su sucesor, el Sport Club de La Plana, durante los últimos años de la década hasta el resurgimiento del primero-. La clasificación final de la Liga del Mediterráneo fue la siguiente:

Imagen16 CAMPEÓN: FC BARCELONA

Josep Rodríguez Tortajada, presidente del Valencia FC, ideó la Copa de España Libre como un torneo que llenara el espacio restante para finalizar la temporada 1936/37. Su idea fue recogida por las federaciones catalana y valenciana.

Josep Rodríguez Tortajada, presidente del Valencia FC, ideó la Copa de España Libre como un torneo que llenara el espacio restante para finalizar la temporada 1936/37. Su idea fue recogida por las federaciones catalana y valenciana.

El campeonato de Barça no ha sido reconocido por la Federación, al igual que el campeonato copero del Levante. Campeonato copero que, si bien no tendrá el carácter nacional que tiene el Campeonato de España anterior y posterior al conflicto, si tiene carácter oficial por cuanto es un torneo organizado por las federaciones regionales. Federaciones regionales, en este caso de Valencia y Cataluña, con autorización de la Española por vía de su secretario el señor Cabot, que recogerán la propuesta del presidente del Valencia, Josep Rodríguez Tortajada, para disputar un torneo copero. Al igual que sucederá en el caso de la Liga del Mediterráneo, los dirigentes de los clubes y las federaciones realizarán multitud de viajes entre Barcelona y Valencia con objeto de pulir los detalles para la disputa de esta copa. De igual modo, se consigue la donación de un trofeo por parte del presidente de la República, don Manuel Azaña, y para captar la atención de los aficionados, se da el empaque de un Campeonato de España -pese a la imposibilidad de participar en él los clubes que se encuentran en el territorio rebelde- al torneo, otorgándole el nombre de Copa de España Libre (aunque se había barajado darle el nombre de Copa Mare Nostrum, lo cual la emparentaba más con la liga de la que, al fin y al cabo, había surgido) al participar en el clubes de la zona leal a la República. El formato de su disputa parte de la base de la anterior Liga del Mediterraneo: los dos mejores equipos catalanes y los dos mejores valencianos de este torneo disputarán una fase previa en forma de liguilla a dos vueltas, en la que los dos primeros clasificados jugarán la final a partido único. En consecuencia, Barcelona, Español, Valencia y Levante eran los llamados a participar, pero el cuadro “culé”, campeón de la liga, renunció a su participación por hallarse inmerso en una gira internacional con objeto de recaudar fondos para sus arcas. Su puesto lo ocupó el Girona.

La Copa Presidente de la República y la Copa de España Libre.

La Copa Presidente de la República y la Copa de España Libre.

“El Mundo Deportivo” escribía, el 31 de mayo de 1937, lo siguiente sobre la disputa de esta nueva copa: “Ya tenemos una Copa de importancia para clausurar con ella la temporada oficial de fútbol. Se ha venido hablando de una Copa de España y con la imposibilidad de organizar una competición que pueda llamarse así por el número y calidad de los clubs participantes, surge la “Copa España Libre” por puntos pero con el anuncio de un partido final a disputar entre los dos clubs situados en primero y segundo lugar de la clasificación, después del último match de la segunda vuelta.”

La liguilla de la Copa de España Libre dejó los siguientes resultados:

Imagen17

FINAL (Sarriá, 18/07/1937): LEVANTE 1 VALENCIA 0. CAMPEÓN: LEVANTE FC

El Levante hizo un torneo copero extraordinario, superando en la fase de liguilla al Valencia, su rival ciudadano, por 5 a 2 en el campo de Vallejo -el prestado campo del Gimnástico- y por un sorprendente y contundente 0 a 4 en el campo de Mestalla, el feudo “che”. Los portuarios, asímismo, vencieron 4 a 1 al Español en terreno valenciano. Estos sorprendentes marcadores ante los rivales en teoría más fuertes le hicieron quedar en primer lugar y disputar la final frente a un Valencia que consiguió su plaza para la misma por mejor diferencia de goles con respecto al conjunto españolista.

La final se disputó a las 5 de la tarde (pocos estadios disponían en aquella época de luz artificial; de hecho, el primer campo de fútbol de España que disponía de iluminación artificial fue el de la Creu Alta, feudo del Sabadell, que se había inaugurado en 1933) del 18 de julio de 1937, primer aniversario de comienzo de la guerra, en el estadio barcelonés de Sarriá, el campo del Español.

El presidente de la República, Manuel Azaña, se encontraba precisamente en la ciudad de donde eran los dos equipos finalistas, pronunciando uno de sus discursos más célebres, en el Ayuntamiento de la capital levantina, en el que reprobaba la política de exterminio del adversario, por lo que no pudo entregar el trofeo al que daba su segundo nombre y que había donado.

Los onces de los equipos fueron:

Valencia FC: Antolín; Alepuz, Juan Ramón; Bertolí, Iturraspe, Arín; Domenech, Goiburu, Vilanova, Amadeo y Richart. Entrenador: Andrés Balsa.

Levante FC: Valero; Olivares, Calpe; Dolz, Calero, Rubio; Puig II, Nieto, Martínez, Gaspar Rubio y Fraisón. Entrenador: Juan Puig.

El encuentro fue arbitrado por D. Manuel Menal, siendo asistido por los jueces de línea Sres. Castro y Costabella.

Lejos de los antecedentes más inmediatos, en los que el Levante fue una suerte de “apisonadora” que pasó por encima del equipo “che” en los encuentros de la liguilla, la final fue muy disputada y se resolvió con un gol de Nieto a doce minutos para el final del encuentro. Los levantinistas se alzaron de este modo brillantemente con su primer trofeo oficial: la Copa de España Libre-Trofeo Presidente de la República.

LA ANULACIÓN DE LAS COMPETICIONES ORGANIZADAS DURANTE LA GUERRA EN LA ESPAÑA REPUBLICANA Y LA NEGATIVA AL RECONOCIMIENTO DE LA OFICIALIDAD EN LA ACTUALIDAD

Terminada la guerra con la victoria de las armas sublevadas contra la República, la FEF paralela organizada por los “nacionales” en San Sebastián bajo la presidencia del coronel Troncoso y la égida de la Delegación Nacional de Deportes dirigida por el general Moscardó, el llamado “héroe” del Alcázar de Toledo, ésta (que recupera el título de “Real”) se convierte en el organismo superior del fútbol español en sustitución de la federación legal de Madrid (y luego de Barcelona). Con la nueva legalidad adquirida por la victoria, la nueva federación reorganiza sus estatutos y se dota de un poder mayor en detrimento de las federaciones regionales y los clubes, y procede asimismo (al igual que ocurre en muchos otros estamentos de la sociedad) a llevar a cabo una profunda depuración ideológica en su propio seno, en el de las federaciones regionales y en el de los equipos, afectando a directivos, jugadores y al propio funcionamiento interno de las sociedades deportivas.

En lo que respecta al caso de la Copa levantinista (y también al título liguero superregional del FC Barcelona), la nueva Federación Española procede sin más a la anulación de las competiciones deportivas organizadas por la federación legítima, previamente existente, y las federaciones regionales que la componen y que han seguido las instrucciones que emanaban de su circular de 3 de octubre de 1936, dejando por tanto sin el carácter oficial que les es propio a los campeonatos regionales de Cataluña y Levante de 1936/37 ganados por Español y Valencia, respectivamente, así como la Liga del Mediterráneo y la Copa de España Libre de 1937 en que resultaron vencedores Barcelona y Levante. Pero con el agravante, además, de que las únicas decisiones que dejan de tener validez son los de la FEF que tiene funcionamiento en el territorio del régimen legal y legítimo de España, esto es, la FEF que funciona en territorio republicano. Por el contrario, las competiciones organizadas por la federación constituida por los rebeldes se consideran plenamente válidas y de carácter oficial. “Esta decisión que sólo es comprensible bajo la óptica de quien ha vencido en guerra, adquiriere el agravante de que no condenan ni invalidan aquellos torneos y competiciones organizados por la FEF con sede en San Sebastián como es el Torneo de las Brigadas Navarras o el Torneo Nacional de Fútbol de 1939 conocido como I Copa de S.E. el Generalísimo o Campeonato de España, afectando sólo a los organizados por la FEF de Madrid con sede provisional en Barcelona.”

Por este motivo, se considera -en la propia historia de la federación española y en las publicaciones deportivas como la Guía “MARCA”- como Campeonato de España y torneo copero equivalente a las Copas del Rey, del Presidente de la República o del Generalísimo, aun sin tener ese carácter -pues se disputó, como la Copa de España Libre, en una fracción del territorio y, además, organizada por una federación no reconocida oficialmente por la FIFA, sino de forma oficiosa (la FEF “republicana” seguía siendo la Federación Española de pleno derecho en el organismo internacional)- a la Copa del Generalísimo de 1939. Por esta razón, podemos decir que el Sevilla FC tiene un Campeonato de España de más, al igual que el Racing de Ferrol ha disputado una final de un Campeonato de España que en realidad no ha jugado. Ese torneo NO es un Campeonato de España, porque no fue organizado por una Federación Española legal y reconocida internacionalmente y no se pudo organizar con todas las federaciones regionales y con un ámbito que abarcase la globalidad del territorio nacional. La Copa de España Libre y la Liga del Mediterráneo tampoco fueron ni un Campeonato de España ni un Campeonato español de Liga, pero SÍ son torneos oficiales en tanto que contaron con el reconocimiento de una federación legal e internacionalmente reconocida y organizados por unas federaciones regionales que tenían tal potestad reconocida en los estatutos tanto propios como de la federación nacional.

¿Qué consideración puede tener la Copa del Generalísimo de 1939? La misma que la de los trofeos veraniegos: un torneo amistoso. Y justo lo contrario para el caso de la Liga del Mediterráneo o la Copa de España Libre. Al igual que los clubes catalanes siguen jugando hoy día su propio torneo regional, la Copa Catalunya, y es un torneo oficial aunque sin tener carácter nacional, el mismo reconocimiento deben tener los campeonatos obtenidos por “culés” y “granotas” en los años de la guerra civil. Más aún: si la actual Copa Catalunya es un torneo organizado por la Federació Catalana y su reconocimiento oficial no excede del ámbito territorial de esta federación (teniendo en cuenta que hoy día el poder de las federaciones regionales es bastante más limitado que antes de la guerra civil), en el caso de los trofeos de Barça y Levante ganados en 1937 se trata de títulos cuya oficialidad está reconocida por la propia federación nacional, por cuanto, como se dijo unas líneas más arriba, la FEF de entonces era una “federación de federaciones” y la legalidad ascendía de abajo arriba.

La decisión al final de la guerra, que se arrastra hasta nuestros días, es justo la contraria: lo que tiene legalidad es lo que establece el organismo sublevado; es oficial lo que sólo ostenta el carácter de oficioso. Si esto se extendiera al resto de competiciones, podemos imaginar lo que sentirían los seguidores madridistas al ver rebajado el carácter de la Copa de Europa al de un trofeo Ramón de Carranza o un Teresa Herrera y ascender el de la antigua (y predecesora de la anterior) Copa Latina al prestigio de la “orejona” -trofeo en el que Madrid y Barça están, si no empatados a títulos, mucho más parejos-. De nuevo, leemos a Vicent Masiá, que escribe con gran acierto que “historiadores de clubs o federativos enlazan la temporada 35/36 con la 39/40 como si nada hubiese ocurrido durante los años intermedios, hasta que ya en plena democracia y bien avanzada esta, surgen tímidas voces que hacen referencia a estos hechos que sucedieron, y tanto que sucedieron.”

Pero, desgraciadamente, en la actual democracia es difícil enlazar con la cada vez más lejana democracia republicana precedente. Si esto se ve en otros ámbitos -políticos, culturales, sociales o educativos-, el futbol (y especialmente en el caso de una federación española poco acostumbrada a discutir o a que discutan sus decisiones) no podía ser menos. Como en el caso del régimen político actual, en el que cada vez más voces tiene claro que la monarquía constitucional de hoy tiene su legitimidad del franquismo precedente, y ese lazo no es ni fácil de romper ni tampoco parece que existan muchas ganas de hacerlo, la FEF de nuestros días está claro (o lo parece) que se enlaza con aquella FEF victoriosa.

El órgano que preside Ángel María Villar -un ex defensa del Athletic de Bilbao, del que el recuerdo más perenne en la memoria de los aficionados en su etapa vistiendo de corto es una soberana patada a Johann Cruyff cuando el “Holandés Volador” militaba en las filas del FC Barcelona- negó reconocimiento oficial a la Copa de España Libre del Levante (y, aunque este asunto nunca se llegó a tratar, hizo de rebote lo mismo con la Liga del Mediterráneo del Barça), al contrario de lo que solicitaba la iniciativa planteada por el grupo parlamentario de Izquierda Unida, iniciativa que por otro lado salió bastante recortada del Congreso de los Diputados.

¿Qué adujo la Federación? En primer lugar, hay que destacar que el reconocimiento de oficialidad no lo estudió el propio organismo, sino que lo dejó en manos de una entidad privada, el CIHEFE, como si la propia FEF no contara con archivos e investigadores en sus filas. Este cambalache técnico se completó después con un cambalache argumental bastante pobre, que se desglosa a continuación:

1º) El CIHEFE no considera la Copa de España Libre un Campeonato de España, cosa que nadie había entrado a discutir. Lo que se discute es el reconocimiento oficial de la Copa de España Libre y el hecho de que el Levante F.C. (hoy Levante U.D.) fuera el campeón de un torneo oficial.

2º) El CIHEFE niega la oficialida de la Copa de España Libre, algo en lo que no puede entrar un organismo privado, sino sólo y exlusivamente los organismos oficiales pertinentes. Si sólo el ministerio de Educación puede expedir títulos oficiales de enseñanza, no me sirve de nada decir que soy cirujano si el título aparece expedido por el Círculo de Lectores y en vez de un sello oficial aparece un cromo de Panini. “Por segunda vez en la historia la RFEF se ve supeditada por la opinión de dos organismos ajenos, en 1939 por imposición de una Delegación Nacional de Deportes politizada y militarizada y en 2009 a petición propia delegando en un ente privado, CIHEFE, que le aconseja y marca las pautas a seguir ante su manifiesta incapacidad para evaluar una Proposición no de Ley a instancia del Congreso de los Diputados.”

3º) A instancias de este informe, la Federación Española somete a votación sus conclusiones después de haber sido incapaz de llegar por sí misma a una conclusión sobre la oficialidad o no de la Copa de España Libre, teniendo que encargar a un organismo externo un informe sobre el tema. En vistas de este hecho, sólo les queda someter a votación si es cierto o no que es blanco el caballo blanco de Santiago…

4º) CIHEFE alega que el trofeo, que llevaba como nombre “Copa de España Libre- Trofeo Presidente de la República” no fue entregado en persona al Levante por el propio Manuel Azaña, presidente a la sazón de la República. Por esa regla de tres, no sería válido el trofeo entregado al Madrid en la final de 2013 porque lo hizo el entonces príncipe Felipe en lugar del rey Juan Carlos. O ninguna de las copas de deporte femenino que llevan el apellido “de la Reina” dado que ni la reina Sofía ni la actual reina Letizia han acudido a entregarlo…

5º) Se alega que el trofeo fue organizado no por la FEF ni por las federaciones regionales de Valencia y Cataluña sino por el Valencia F.C. (de cuyo presidente Josep Rodríguez Tortajada surgió la idea), y tiene por tanto el carácter de un amistoso, algo que es falso. Una cosa es proponer la idea y otra es encargarse de la organización. Rodríguez Tortajada, efectivamente, propuso la idea, pero la organización corrió a cargo de las federaciones catalana y valenciana con el beneplácito de la española. Así que no estamos ante un Trofeo Naranja -el torneo veraniego de los “ches”-, sino ante un campeonato oficial con todas las letras.

6º) Que en la prensa no se nombra a las autoridades federativas -el presidente de la FEF, Mengual, o su secretario general Ricardo Cabot- y eso ya hace suponer a estos “lumbreras” que no estaban presentes y no entregaron el trofeo. La omisión de sus nombres por un medio no les hace necesariamente ausentes, y además, el hecho de que no estuvieran presentes en una época en la que además había -¿o acaso no lo sospechaban?- bombardeos, dificultades en el suministro de alimentos y gasolina, cortes en las comunicaciones de transporte, telefónicas y postales y un sin fin más de adversidades no quita un ápice de oficialidad al trofeo. Si fuera así, tendría que haber como mínimo delegados de la federación en absolutamente todos los partidos de las diferentes divisiones nacionales para que tuvieran validez, algo que logística y humanamente sabemos que es imposible.

7º) Dejamos ahora de nuevo hablar a nuestro experto: “Para rematar indican que el trasiego de jugadores fue constante, que no tenían ficha y que esto venía a enturbiar el desarrollo de una competición, llamémosle tradicional y al uso. Quizás estos señores hayan olvidado que estaban en medio de una situación anormal, en plena guerra, dentro de una situación terrible donde había centenares de muertos todos los días y sobre todo de la circular de la FEF del 23 de septiembre de 1936 que indicaba: “Los jugadores pertenecientes a las Federaciones Regionales enclavadas actualmente en zonas de guerra afectas a los rebeldes y que se hallen en zonas afectas al Gobierno, pueden fichar libremente, en la forma que gusten, por clubs enclavados en su actual residencia con la expresa condición de que una vez restablecida la normalidad y sofocada la rebelión, vuelvan al club de procedencia”. A esta circular hay que añadir una complementaria emitida esa misma fecha por el Sindicato de Profesionales del Fútbol de Cataluña con el beneplácito del sindicato UGT y de la Federación Catalana que decía: “Todos aquellos jugadores que el día 25 de septiembre no hubieran llegado a un acuerdo con su club para la renovación del contrato, quedan en libertad”. Además de estas circulares legales hay que sumar que algunos jugadores enclavados en zonas controladas por el ejército nacional, lograron escapar al cerco y movidos por el hambre y la única posibilidad de obtener dinero con lo que sabían hacer, se enrolaron en clubs bajo control gubernamental no por comodidad, sino por mera supervivencia.”

Como dice el refrán, “para este viaje no hacían falta tantas alforjas”. Si la federación no quería reconocer al Levante como campeón de un torneo oficial español, podía haber dicho simplemente “no nos sale de los…”, porque al menos los levantinistas (y de rebote el FC Barcelona y su hinchada) se hubieran quedado con la misma indignación, pero al menos no se habrían gastado ni recursos de la FEF, ni tiempo, ni saliva, entregándolos a un organismo externo y gastándolos en reuniones sin sentido en las que el pitorreo parece que no tenía fin. Aunque en 2009, dos años después de esta primera iniciativa, el Congreso volvió a actuar para que se reconociera la oficialidad de la competición, no ha habido éxito.

El cierre de este esperpento ha procedido del propio presidente “granota”, Francisco Catalán, que ha cedido en fechas recientes para el museo de la FEF el trofeo ganado por el club. Catalán ha expresado una insensibilidad con respecto a su propio equipo, su propia afición y la propia historia del Levante al donar a una institución que no reconoce el campeonato ganado en medio de tan duras circunstancias y con tanta brillantez por aquel equipo histórico la Copa de España Libre que ha sido, hasta ahora, el único título oficial obtenido por el club y su mayor logro junto con su clasificación para la Copa de la UEFA hace pocos años.

Una imagen que nunca ha debido darse: la entrega del trofeo por parte del Levante UD en la figura de su presidente a una federación que no reconoce su triunfo es una claudicación y -por decirlo de un modo suave- una tomadura de pelo a su memoria y su afición.

Una imagen que nunca ha debido darse: la entrega del trofeo por parte del Levante UD en la figura de su presidente a una federación que no reconoce su triunfo es una claudicación y -por decirlo de un modo suave- una tomadura de pelo a su memoria y su afición.

Nos hemos querido centrar en este estudio en el título levantinista, sin menospreciar el campeonato liguero del FC Barcelona, por tratarse de un equipo modesto, lo que hace que la injusticia sea todavía mayor si cabe, ya que se une el olvido de una historia propia, la del fútbol español por el fútbol español mismo, a la de que sea en la figura de un equipo pequeño pero que es, no cabe olvidarlo, uno de los más antiguos del País Valenciano y del propio panorama futbolístico español.

FUENTES:

A la hora de escribir este artículo, me he servido fundamentalmente de lafutbolteca.net, en especial del artículo sobre la Copa de España Libre escrito por Vicent Masiá. También la información contenida en la Wikipedia en español (es.wikipedia.org) sobre este extremo, así como las publicaciones de la Guía Marca de la Liga 2014/15 y los diarios AS, Marca y Levante-El Mercantil Valenciano. Sobre la selección española de fútbol en aquella época, y en especial el partido de Montjuic contra Alemania, es de gran interés consultar los blogs La Banda Izquierda y Búscame en el ciclo de la vida, que contiene un apreciable artículo sobre la figura del “Divino” Ricardo Zamora.

FE DE ERRORES:

El Athletic, actual Atlético, de Madrid y el C.D. Nacional, también de Madrid, no coincidieron en Segunda División durante la década de los treinta. Si bien es cierto que ambos equipos jugaron en la categoría de plata en estos años, lo hicieron en temporadas distintas. Así que si ambos equipos coincidieron sobre los terrenos de juego en competición oficial lo hicieron durante la disputa del Campeonato Superregional del Centro.

Lamentamos la omisión, por otra parte, de un club histórico de Cataluña que no aparece en el mapa incluido. Se trata del Club Esportiu Júpiter -entonces con su denominación en castellano, Club Deportivo Júpiter-. El histórico equipo del Poblenou barcelonés, fundado en 1909, alcanzó la Segunda división en la temporada 1934/35, llegando a jugar en esta categoría en las dos temporadas inmediatamente anteriores a la guerra civil. Actualmente, aunque el equipo gris y rojo se encuentra en los escalones inferiores del fútbol español, es un importante club de cantera en Cataluña.

Escudo del C.D. Júpiter durante los años de la Segunda República. Fue el escudo que recuperó el club con las cuatro barras de Cataluña y la estrella azul, después de que durante la dictadura de Primo de Rivera se viera obligado a usar otro con los colores de su uniforme, el gris y el rojo.

Escudo del C.D. Júpiter durante los años de la Segunda República. Fue el escudo que recuperó el club con las cuatro barras de Cataluña y la estrella azul, después de que durante la dictadura de Primo de Rivera se viera obligado a usar otro con los colores de su uniforme, el gris y el rojo.