Mujeres y movimientos de liberación nacional (II): la mujer y la lucha del Kurdistán

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Mujeres de las Unidades Femeninas de Protección (YPJ) de Rojava (Kurdistán sirio) en misión de rescate de los yezidíes amenazados por el ISIS en Sinyar (Irak), diciembre de 2014.

 

En las últimas semanas, fuerzas kurdas están combatiendo al ISIS junto al ejército iraquí en Mosul. Paralelamente, las Fuerzas Democráticas Sirias, una alianza multiétnica de la que también forman parte los kurdos de Rojava (el Kurdistán occidental o Kurdistán sirio) han lanzado una ofensiva sobre Raqqa. Las milicias kurdas (“peshmergas”, Unidades de Protección Popular o Cuerpos de Protección del Pueblo) se han convertido en un elemento crucial en una lucha antifascista de nuevo cuño: la que enfrenta a los pueblos de Oriente Medio contra el Estado Islámico.

En paralelo, el Kurdistán, y de modo especial los cantones de Rojava, está desarrollando su propia revolución política, un escalón más en su lucha por la autodeterminación. La guerra y la paz confluyen, y una pieza clave de la misma la forman sus mujeres, que ya sea en las milicias o en la retaguardia están conquistando también, con determinación, su propia libertad.

UN POCO DE HISTORIA

El pueblo kurdo, indoeuropeo, se encuentra -aunque con rasgos diferenciales- emparentado con los iraníes. Su lengua (de la que se hablan varios dialectos) parte del mismo tronco común y las religiones preislámicas que se extendieron por la antigua Persia, como el zoroastrismo y el mazdeísmo, también tuvieron gran influencia entre la población kurda. Sus orígenes se remontan a en torno al año 2000 a.C., con el asentamiento de diversas tribus en torno a los montes Zagros (en la parte occidental del actual Irán), las cuales se unirán en una misma entidad. Un área geográfica que, comprendiendo territorios de las actuales Turquía, Siria, Irak e Irán -aparte de algunos otros enclaves en el norte de ésta última u otras áreas del centro de la península de Anatolia-, siguen ocupando en la actualidad.

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Mapa de Oriente Próximo, finales de los años ochenta. En rojo pueden verse el territorio histórico del Kurdistán y otras zonas de población kurda.

Uno de los hechos de celebración de los kurdos, extendido sin distinción de fronteras estatales, es el Newruz, el Año Nuevo kurdo, en el que se conmemora la leyenda de Kawa, la victoria de un modesto herrero frente a un poderoso y temido monstruo llamado Zohak. Esta leyenda, que suele asociarse a la derrota y destrucción del imperio asirio por parte de los medos -considerados antecesores de los kurdos- en el 612 a.C., ilustra la voluntad de lucha y de resistencia de los kurdos y su búsqueda de un espacio propio y diferenciador frente a turcos, árabes e iraníes, así como, en la actualidad, contra la violencia, intransigencia y oscurantismo que representa el “fascismo islámico” del DAESH.

No es por casualidad que una de las amenazas más serias a la expansión de este “califato 3.0” -y motivo de recelo entre las élites políticas musulmanas, que se han apoyado en la religión como elemento unificador o estabilizador de sus naciones, pero también entre las potencias occidentales que defienden un cierto “status quo” sociopolítico o la inamovilidad de las fronteras- sea la lucha de los movimientos armados kurdos. La herencia cultural preislámica, la presencia de importantes minorías no musulmanas (cristianos, drusos, yezidíes, judíos) o de islámicos que siguen corrientes consideradas heréticas (como los alevíes turcos o los nasqbandis) y el sentimiento de pertenencia común a un pueblo frente a las divisiones religiosas, geográficas o ideológicas constituyen obstáculos muy poderosos a la penetración del fanatismo del califato y a los intentos de asimilación de los poderes estatales, que han pasado a combatirles a través de la marginación (como la negación de la nacionalidad o la imposibilidad de matricularse en las escuelas o universidades) o la violencia (con los episodios de la recurrente represión en Turquía, la de la República Autónoma de Mahabad en Irán tras la SGM o el genocidio cometido por Saddam Hussein en Irak en los ochenta). Un dato histórico curioso de esa tolerancia lo muestra la figura del sultán kurdo Yussuf Salah-al-Din. Más conocido en Occidente como Saladino, fue una de las grandes figuras históricas del Islam, al unificar Siria y Egipto -derrotando al califato chií de los fatimíes de El Cairo- y derrotar a los cruzados hasta la conquista de Jerusalén. Los escritores Tariq Ali en “El libro de Saladino” y Aamin Maalouf en “Las Cruzadas vistas por los árabes” describen su carácter pío para consigo mismo, pero tolerante con los demás, lo que se reflejó en que perdonó la vida de los prisioneros -previo pago de un rescate en el caso de los más pudientes-, permitió la práctica de la religión cristiana o la peregrinación a Jerusalén. E incluso llevó a cabo intercambios diplomáticos y comerciales con las ciudades “francas” y con los mercaderes europeos, o -como luego se le reprochó- desistió de tomar algunas ciudades cruzadas de la costa palestina, susceptibles de convertirse en una cabeza de puente para un contraataque.

El conflicto kurdo contemporáneo deriva del cese de las hostilidades tras la PGM. La derrota del Imperio Otomano -aliado de las también derrotadas Alemania y Austria-Hungría- y la fijación de las nuevas fronteras de Oriente Medio por parte de las potencias aliadas (EE.UU., Francia y Gran Bretaña). En aquel momento, surgen esperanzas para muchos pueblos, no sólo árabes -sirios, iraquíes, yemeníes- sometidos al yugo del sultán de Estambul, sino también para otros cuyas esperanzas fueron posteriormente alimentadas por los propios aliados (como los judíos, a través de la Declaración Balfour de 1917, que proyectaba la creación de una patria hebrea en Palestina) o que habían sufrido las consecuencias de una brutal represión por parte de Turquía (como los armenios, asesinados en un número estimado en torno a un millón y medio en 1915 acusados de espionaje a favor de Rusia, o los propios kurdos). Para estas dos últimas comunidades, sin embargo, las promesas realizadas en principio iban a caer en un desesperanzador saco roto.

Las nuevas fronteras culminaron, básicamente, en un reparto de territorios en favor de los aliados europeos, en el que las consultas a la población local brillaron por su ausencia o no se tuvieron en cuenta, generando en muchos casos el caldo de cultivo para conflictos todavía latentes, como la división religiosa del Líbano, el conflicto entre judíos y palestinos árabes -aunque la creación del Estado de Israel es posterior a la SGM, el comienzo del asentamiento de población judía, con visos de una inmigración masiva e inconsciente alentada por los británicos, data de aquellos días- y la imposición de la fuerza por parte de las potencias democráticas en sus nuevos “mandatos” en Medio Oriente (abriendo la vía para justificar, por parte de las nuevas clases dirigentes, la unión de las urnas con la de una dictadura de hecho) y el aprovechamiento de los recursos para sus propios fines, hecho que casaba muy mal con la fraseología demoliberal y con el fin último de los mandatos, que era cooperar con estas naciones en la consecución de su independencia. Así, el profesor Henry Laurens escribe que “La división de Medio Oriente en varios Estados no era en sí condenable [frente a la opción, presente en aquel momento, de un solo estado panárabe]. Pero ésta se llevó a cabo contra la voluntad de las poblaciones y utilizando una retórica liberal que el uso de la fuerza tornaba carente de sentido […] los acontecimientos de 1919-1920 se vivieron como una traición a los compromisos asumidos (en primer lugar, al derecho de autodeterminación de los pueblos). Privaron a las elites locales de su destino. Cuando el nacionalismo árabe recobre fuerzas, no reconocerá la legitimidad de esta división y llamará a la constitución de un Estado unitario, panacea para todos los males de la región [con intentos como la efímera República Árabe Unida, resultado de la unión de Siria y Egipto]. Los Estados reales serán así golpeados por la ilegitimidad y permanentemente debilitados. La constitución del hogar nacional judío llevará la región a un ciclo de conflictos que parece estar lejos de terminar.”

El Tratado de Sèvres de 1920 plasmará dos tentativas que, a la postre, ilustran el fracaso de las potencias occidentales a la hora de fijar las fronteras de este espacio geográfico. El presidente estadounidense Woodrow Wilson presentó la propuesta de la creación de una Armenia independiente, a la que posteriormente se sumó la independencia del Kurdistán (asentado, sin embargo, sobre una exigua tercera parte de su territorio histórico, sin las áreas más fértiles y los territorios de pastoreo tradicionales -los lugares en los que, con el tiempo, se encontrarán los yacimientos de petróleo y gas más importantes de la región- incluidos en él). La propuesta, sin embargo, presenta la característica de ser el punto de partida del cual parten todas las proclamas de legitimidad internacional del derecho de autodeterminación del Kurdistán.

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Mapa de los territorios de Armenia y del Kurdistán propuestos en el Tratado de Sèvres de 1920.

A la postre, sin embargo, ni armenios ni kurdos iban a obtener nada de los aliados en Sèvres. La subida al poder en las ruinas del Imperio Otomano de Mustafá Kemal “Ataturk” y la proclamación de la república llevó a una fuerte campaña nacionalista turca (un nacionalismo turco aún hoy vigente incluso en versiones de lo más extremo e irredentista, anhelante por unificar a todos los pueblos turcos en un solo estado, desde China hasta el Mediterráneo), que tuvo entre sus hitos la lucha para expulsar a los griegos de las ciudades costeras de Asia Menor o contra las veleidades independentistas o nacionalistas de las minorías. La búsqueda de una alianza entre Occidente y la nueva república, que dura hasta nuestros días (Turquía fue uno de los miembros fundadores de la OTAN) llevó a la firma de un nuevo tratado de paz en Lausana en 1923, que impidió la creación del Kurdistán, siquiera en esa “versión reducida”. Los armenios, por su parte, vieron también frustrado su deseo de poseer un estado independiente y, tras levantarse y proclamar una efímera República Popular de Armenia a raíz de las esperanzas de Lausana y la revolución bolchevique en Rusia (que prometía el derecho de autodeterminación de los pueblos, aunque serían los propios bolcheviques los que someterían la República Popular), sólo se vieron “compensados” con la fundación de la Armenia soviética integrada en la URSS. Stalin -que había sido, como comisario de las nacionalidades, el encargado de trazar un mapa que privó a esta nueva república soviética de un territorio como el Alto Karabag, de mayoría armenia, cedido desde entonces a Azerbaiyán- puso sobre la mesa, tras la SGM, algunas reivindicaciones históricas de armenios, así como de georgianos, respecto de Turquía, pero el apoyo angloestadounidense al gobierno de Ankara hizo que las retirara. De este modo, tras la disolución de la URSS y la independencia de la Armenia soviética en 1991, la nueva república resulta ser mucho más pequeña y se vio privada de territorios históricos y de alto valor simbólico, como el monte Ararat o el lago Van.

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Bandera del Kurdistán, alzada en 1920 durante la rebelión de los kurdos contra el imperio otomano. El sol -o la flor del narciso (nergis)- en el centro es considerado un reflejo de su herencia cultural preislámica y del culto solar propio del yazidismo y el zoroastrismo.

Fue precisamente el fin de la SGM antes mencionado lo que abría una nueva oportunidad para los kurdos en una lucha por la autodeterminación que se iba a convertir en recurrente a lo largo del siglo XX. Entre los diversos acontecimientos que, a lo largo de los años 1945 a 1947, tensaron las relaciones entre los aliados occidentales y la Unión Soviética y llevaron finalmente a la formación de los bloques y la guerra fría, es necesario hablar del de Irán. En agosto de 1941, apenas dos meses después del comienzo de la invasión alemana de la Unión Soviética, tanto rusos como británicos ocuparon el país (la URSS el norte y las fuerzas de Gran Bretaña el sur), debido a la considerable influencia que el III Reich tenía sobre el gobierno de Teherán y el propio monarca persa, así como al temor de que los alemanes pudieran acercarse desde la frontera iranio-soviética al petróleo del país. En la conferencia de Yalta, las potencias aliadas habían acordado la retirada de sus fuerzas a los seis meses de finalizada la guerra. El sha abdicó y fue relevado en el trono por su hijo, Mohammed Reza Pahlevi.

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Situación de las repúblicas autónomas de Azerbaiyán y Mahabad.

La presencia de los soviéticos en territorio iraní más allá de lo estipulado no dejaba de preocupar a Gran Bretaña, pues podía poner en peligro el monopolio que la Anglo-Iranian Company poseía sobre el petróleo persa -los soviéticos pedían participar, mediante empresas mixtas soviético-iraníes, sobre el petróleo del norte del país, donde creían existían grandes reservas- así como hacer crecer la influencia del nacionalista partido Tudeh, próximo a la URSS. Así, tanto británicos como estadounidenses animaron al reciente sha a denunciar ante la ONU la permanencia de tropas rusas en territorio iraní y a resistirse en el tema de las concesiones petrolíferas. La URSS, temiendo quedar aislada internacionalmente en un momento en que todavía quedaban varias cuestiones pendientes -como las negociaciones sobre Alemania y Berlín-, decidió retirar a las tropas del Ejército Rojo del norte de Irán.

Esta cuestión trajo consigo el desplome y la represión violenta de las revueltas autonomistas que, con apoyo soviético, se estaban desarrollando en el norte del país por parte de azeríes y kurdos -al mismo tiempo, Gran Bretaña también había alentado movimientos secesionistas de los árabes del Juzestán, al sur, con objeto de poder debilitar a cualquier gobierno que desde Teherán apoyara los intereses soviéticos-. Los kurdos, a través del Partido Democrático del Kurdistán liderado por el notable musulmán Qazi Mohammed, proclamaron la República Autónoma de Mahabad, con capital en la ciudad del mismo nombre, el 22 de enero de 1946. Las curiosidades del movimiento de Mahabad no dejaban de ser sorprendentes para lo que ha sido la tónica en el contexto del Medio Oriente, pero daban buena cuenta de los rasgos identitarios del movimiento político kurdo contemporáneo: un gobierno democrático presidido por un clérigo mahometano, un programa laicista que propugnaba la reforma social o un proyecto educativo que sacara a la población del secular atraso cultural y moral al que llevaba siendo condenado por parte de los poderes públicos tradicionales. Y sobre todo ponía en pie un proyecto unitario para los kurdos, por encima de divisiones tribales o de las fronteras entre los cuatro estados en que se encuentra dividido el territorio histórico del Kurdistán.

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Bandera de la República Autónoma de Mahabad (1946-1947)

La administración y la educación en la república tuvieron como idioma oficial el kurdo. Se editaron numerosos periódicos -incluidos Halala y Grougali Mindalan, dirigidos respectivamente a la mujer y los niños-. Las mujeres tuvieron por primera vez un papel político y social de primer orden, y se inició un proceso de reforma agraria que tuvo como objeto de distribución las tierras de los terratenientes huidos y colaboradores del gobierno del sha. Éstas fueron repartidas entre los campesinos y las familias kurdas iraquíes huidas de la represión del gobierno de Bagdad. La economía local mejoró gracias a las relaciones comerciales mantenidas con la Unión Soviética. Asimismo, el gobierno autonomista de Mahabad levantó un edificio administrativo que contaba con ministerios de Relaciones Exteriores y Defensa, y mantuvo una alianza con el vecino y también autonomista Azerbaiyán iraní, así como formó parte, junto con los azeríes, de un frente progresista con el partido Tudeh, opositor al régimen del sha.

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Proclamación de la República de Mahabad.

La experiencia duró apenas un año. En diciembre, tras la retirada del Ejército Rojo, ni kurdos ni azeríes pudieron contar ya con el apoyo político y militar soviético. Las fuerzas iraníes entraron a sangre y fuego tanto en el Azerbaiyán autónomo como en Mahabad, restableciendo la unidad centralista de Teherán. Qazi Mohammed y otros dos miembros de su gobierno -entre ellos, su hermano- fueron ahorcados y los libros kurdos usados en las instituciones de enseñanza creadas por el gobierno autónomo quemados en la hoguera. A pesar de su fracaso violento, la República de Mahabad es considerada como un hito en la lucha política del Kurdistán y un punto de partida para sus movimientos políticos contemporáneos, que ven en la reforma social propugnada entonces la base de sus programas.

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Imagen de Qazi Mohammed y su hermano, tras ser ajusticiados por el gobierno de Teherán.

Desde entonces, las revueltas de los kurdos en busca de su independencia o su autonomía han pasado a dirigirse ya no contra los reyes, califas o sultanes de Persia, Bagdad o Estambul, sino contra sus sucesores, sin que la respuesta occidental haya variado desde Lausana. Los modernos estados árabes, la República Islámica o la formalmente occidentalizada Turquía han alternado las autonomías con la represión o la estigmatización como movimientos terroristas de los grupos kurdos (olvidando la dinámica, las relaciones de causa-efecto o la historia de los atentados con bandera falsa que, en contextos como el turco, han estado a la orden del día en la historia moderna de la República). La respuesta, por ejemplo, de los movimientos socialistas árabes (baazistas) ha sido contradictoria en uno u otro país. En Irak, por ejemplo, se acordó un proyecto de autonomía para el Baskur, el Kurdistán iraquí, en 1970, al calor del golpe militar baazista acontecido dos años atrás, entre el gobierno de Ahmed Hasan al-Bakr y el líder del PDK iraquí Mustafá Barzani. Sin embargo, la cuestión de Kirkuk (ciudad petrolífera que desde Bagdad cuestionará su carácter kurdo) y la llegada al poder de Saddam Hussein en 1979, que abjurará de facto de los principios socialistas y se alineará con Occidente, darán al traste con dicha autonomía (Saddam incluso dará un paso más allá y llevará a cabo la terrible “Campaña Anfal” de genocidio de los kurdos tras la Primera Guerra del Golfo de 1991). En Siria, tanto Hafez como Bachar Al Assad llevarán a cabo planes de asentamiento de árabes en las poblaciones kurdas del norte, así como otras políticas discriminatorias como impedir el acceso a propiedades, y sólo en 2011 Bachar Al Assad corregirá la prohibición -vigente desde hacía cincuenta años- de inscribir a los kurdos como ciudadanos sirios. La situación de Turquía -con un conflicto entre Ankara y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán que dura ya tres décadas- y de Irán es similar a la de Siria.

BAKUR, BASHUR, ROJHILAT, ROJAVA: VARIOS PARTIDOS, IDEAS COMUNES.

Los diferentes grupos políticos del Kurdistán, repartido entre Turquía (al norte, denominado por los propios kurdos Bakur), Irak (al sur, Bashur), Irán (al este, Rojhilat) y Siria (al oeste, Rojava) vienen defendiendo un proyecto político que cuenta con unas líneas comunes. Es de destacar, en primer lugar, que, a pesar de la represión ejercida por los gobiernos de la zona (árabes, el turco o el iraní), los grupos kurdos se encuentran abiertos a la alianza con partidos políticos o milicias de estos grupos nacionales o de otras minorías étnicas. Tal fue el caso del PDK de Irán con el Tudeh iraní o, en la actualidad y al calor de la lucha contra el Estado Islámico, de los “peshmergas” kurdos con el ejército iraquí o la alianza opositora de las Fuerzas Democráticas en Siria, quienes plantean una Siria federal, laica y democrática, de la que forman parte milicias árabes, asiria, turcomana, circasiana y los kurdos que, en Rojava, han instaurado su propio autogobierno. Incluso en los mismos cantones de Rojava, el Partido Comunista Marxista-Leninista de Turquía (MLKP) se ha unido a la lucha que sobre el terreno están llevando a cabo las milicias kurdas de las Unidades de Protección Popular (YPG) y ha llevado a cabo un llamamiento para crear unas brigadas internacionales, a imagen y semejanza de las que combatieron en España del lado de la República. De hecho, en Rojava se han podido encontrar combatientes turcos, griegos, españoles, franceses, británicos, estadounidenses o alemanes al lado de los propios kurdos.

También merece la pena destacar que, a raíz de la experiencia de Mahabad, de las políticas llevadas a cabo por los gobiernos de los países entre los que está dividido el Kurdistán y de la actual lucha contra el ISIS, que ha puesto en peligro, entre otras cosas, la diversidad religiosa y el modo de vida tradicional del pueblo kurdo (la estructura tribal, las fiestas y costumbres preislámicas que son señas de identidad o la arraigada participación femenina en la vida productiva y social), han aumentado los contactos y las colaboraciones entre los diferentes grupos políticos allende las fronteras de Bakur, Bashur, Rojhilat y Rojava. Uno de los pocos beneficios que tuvo la invasión anglonorteamericana de Irak fue la consolidación de la autonomía para el Kurdistán iraquí, que fue celebrado como una victoria propia por los kurdos de toda la región (y motivo de represión, al otro lado de la frontera, en Irán, por parte de las autoridades de Teherán). Tanto las milicias del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), surgido en Turquía, como las Unidades de Protección Popular en el Kurdistán sirio han realizado operaciones conjuntas contra el ISIS, entre ellas la evacuación de los yezidíes atrapados en 2014 en las montañas de Sinyar, donde tuvieron que auxiliar a los “peshmergas”, las fuerzas kurdas iraquíes. En estos momentos, a la propia ofensiva kurdo-iraquí sobre Mosul se le complementa la de las Fuerzas Democráticas Sirias, de la que, como hemos mencionado, los kurdos de Rojava forman parte.

Los grupos de mayor ascendente entre la población kurda tienen una clara vocación izquierdista, con proyectos que aúnan el laicismo del Estado y en la educación -lógico en un contexto en el que a la religión islámica mayoritaria se le unen las arraigadas tradiciones procedentes del zoroastrismo y el mazdeísmo (presente en los propios símbolos del pueblo kurdo, que no tienen referencias islámicas, como la Alaya Rengîn, la bandera que con el sol en el centro alude al ancestral culto al astro rey) o la presencia de importantes minorías cristianas y de otras confesiones-; el feminismo y la igualdad de género (destacando así la presencia de numerosas mujeres entre tanto en la base como en los puestos de dirección de la política y las milicias del PKK, el Partido de la Unión Democrática, las Unidades de Protección Popular -que se han hecho conocidas en el combate contra ISIS en el norte de Siria y cuenta con sus propias unidades de muejres, las YPJ o Unidades Femeninas de Protección-, o en el Partido por la Vida Libre, en el Kurdistán iraní) y por amplios programas de transformación social y económica, muy necesarios en casos en los que la acción de los gobiernos ha buscado sumir en el atraso y la marginación a las regiones kurdas.

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Estandartes de las Unidades de Protección Popular (arriba) y de las Unidades Femeninas de Protección.

De este modo, en Irán podemos encontrar al Partido Democrático del Kurdistán, heredero de la República de Mahabad y adscrito a la Internacional Socialista, así como a los grupos Komala (Sociedad) y el mencionado Partido de la Vida Libre (PJAK). En Irak, la Unión Patriótica del Kurdistán, adscrita también a la Internacional Socialista, y el PDK, quienes a raíz de la proclamación de la estructura federal de Irak y del autogobierno del Kurdistán iraquí pudieron disponer de una estructura gubernamental que dispusiera de recursos propios para los propios kurdos de Irak, como el petróleo o los acuíferos. La región ha experimentado un gran auge económico que ha atraído -además de la amenaza del Daesh- a inversores y abierto negocios prósperos, aunque aún mantiene pendientes muchos temas, como la persistente influencia de la ley islámica o el consumismo que se ha abierto paso.

Por su planteamiento radical y por la importancia que posee el que hayan levantado sobre el terreno un proyecto político de nuevo cuño, en unas circunstancias no precisamente halagüeñas, enfrentado militarmente tanto al gobierno de Damasco como a los fanáticos fundamentalistas, el proyecto de la revolución de Rojava es quizá el más ambicioso de la contemporaneidad kurda, emparentado directamente con el pensamiento de Abdullah Öcalan, líder del hermano y proscrito PKK -a un paso, por cierto, de la misma ha quedado en Turquía el HDP, el izquierdista y prokurdo Partido Democrático de los Pueblos, en medio de la oleada represora abatida sobre el país otomano por Erdogan tras el supuesto y fallido golpe de los gülenistas-, quien pasó de una línea ortodoxa marxista-leninista a una defensa del socialismo democrático y la democracia participativa. El proyecto del confederalismo democrático de Öcalan, asumido sobre el terreno por la autonomía de Rojava y en su ideario por las Fuerzas Democráticas Sirias, se inspira directamente en los principios del anarquista y ecologista Murray Bookchin. Por su planteamiento, la experiencia de Rojava contiene ecos de otras experiencias y teorizaciones revolucionarias del siglo XX: la apertura del proceso político a sectores tradicionalmente excluidos y la apuesta por una democracia radical recuerda a la revolución burkinesa capitaneada por Thomas Sankara; el modelo de democracia participativa y asamblearia nos retrotrae a las aspiraciones políticas de la izquierda portuguesa durante el PREC tras la Revolución de los Claveles -defendida aún hoy por algunos de sus protagonistas, como el mayor Saraiva de Carvalho-; y la apuesta por el socialismo autogestionario y la propiedad social, frente a formas de socialismo estatista, a la Yugoslavia titoísta y a las propuestas de “estructuras descentralizadas y autogestionadas” y de “control colectivo de los trabajadores sobre las empresas y la sociedad” que formaban parte de los programas de la oposición al régimen de la RDA en los últimos momentos de éste.

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Bandera de la Federación de Rojava. Usada con profusión entre el exilio kurdo, es también denominada la “bandera de la victoria”.

De este modo, y según el propio Öcalan: “El Confederalismo Democrático de Kurdistán no es un sistema estatal, sino un sistema democrático de las personas sin un Estado. Con las mujeres y la juventud en vanguardia, es un sistema en el cual todos los sectores de la sociedad desarrollarán sus organizaciones democráticas propias. Es una política ejercida por los ciudadanos libres confederales, iguales para elegir sus representantes regionales. Esta basado en su propia fuerza y pericia. Su poder deriva de las personas en todas las áreas, incluyendo su economía, se buscará la autosuficiencia”. De este modo, el confederalismo democrático supone, en su concepción política, una apuesta por la democracia participativa y directa, dotando de instrumentos de voz y representación propios a los sectores más desfavorecidos en etapas anteriores (como las mujeres, los jóvenes o las minorías étnicas y religiosas, que cuentan con una representación mínima garantizada), y un proceso de toma de decisiones “de abajo a arriba”, agrupando (confederando) a las asambleas de barrio y locales en niveles superiores (comarcales, cantonales o provinciales, etc.). De acuerdo con Öcalan, “el Confederalismo Democrático está abierto a otros grupos y facciones políticas. Es flexible, multicultural, anti-monopólico, y orientado hacia el consenso. La ecología y el feminismo son pilares centrales”.

En cuanto a la estructura económica y de propiedad, se propone un tipo de socialismo autogestionario, alejado tanto del capitalismo como del socialismo estatista propio de las economías de planificación central. La superación del capitalismo se hace necesaria desde un punto de vista de la lucha contra las desigualdades y la pobreza y el deterioro del medio ambiente al que conduce un modo de producción y consumo desenfrenados. Por otro lado, frente al socialismo estatal y la economía centralizada -el confederalismo democrático busca, a largo plazo, la superación del Estado-nación y la organización de la vida social y política a través de comunidades libremente federadas-, el propietario de los medios de producción no sería el Estado, sino la propia comunidad, los propios trabajadores y productores, quienes orientaran la economía hacia la justicia retributiva y la satisfacción de las necesidades básicas de todos los individuos.

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Bandera del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), fundado en 1978 por Abdallah Öcallan para luchar contra la represión del gobierno de Ankara contra los kurdos de Turquía.

MÁS ALLÁ DE LOS “ROSTROS BONITOS”

La revolución que indicaban más arriba los principios del confederalismo democrático se está poniendo en marcha sobre el terreno en Rojava. A raíz de la guerra civil declarada en este país desde 2011, en la que fueron introduciéndose sucesivamente agentes externos como los fundamentalistas de Al-Nusra (rama local de Al-Qaeda) o el Estado Islámico y diferentes potencias con intereses a menudo divergentes como Rusia, la Unión Europea o Estados Unidos, el Kurdistán occidental o Kurdistán sirio formó su propio autogobierno siguiendo los patrones de la democracia participativa y asamblearia y bajo el liderazgo político del Partido de la Unidad Democrática y el Consejo Nacional Kurdo (cuyos representantes, un hombre, Mansur Selum, y una mujer, Hediya Yousef, ostentan la co-presidencia de Rojava) y la defensa militar de las YPG y las YPJ femeninas.

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Combatientes de las YPJ y las YPG rinden homenaje a los caídos en combate. Entre ellos se encontraba la famosa comandante Asia Ramazan Antar.

La actividad armada de las YPG no surge, sin embargo, de la guerra civil siria. Habían sido creadas en 2004 como un medio de autodefensa frente al hostigamiento del régimen de Bachar Al Assad. La guerra y el acuerdo entre los dos grupos políticos de Rojava permitieron que, con la toma inicial de Kobanê en 2012 y la expansión del territorio controlado por las YPG a lo largo de los cantones kurdos (Cízere, Kobanê y Efrîn), fuera posible el autogobierno de facto de la región y la experiencia revolucionaria puesta en marcha, defendida frente a Damasco y los grupos yihadistas.

En Rojava, hay tres idiomas oficiales, correspondientes a los tres grandes grupos de población de la región, el kurdo, el árabe y el asirio. En noviembre de 2013, representantes kurdos, árabes, asirios y de otras minorías anunciaron un gobierno interino en la región, y como hemos expresado anteriormente, las minorías tienen puestos reservados en las asambleas. En cada una de ellas -y en los diferentes niveles en que éstas se agrupan, locales, de distrito, etc.- se forman comisiones o ministerios que se encargan de llevar a cabo las decisiones ejecutivas aprobadas en las mismas: ecología, economía, industria, deporte, juventud… y, por supuesto, mujer.

Todos los puestos administrativos, desde la presidencia de una comunidad de vecinos a un ministerio, son ostentados por dos personas, una mujer y un hombre. Las mujeres cuentan con sus propias instituciones, organizadas de forma autónoma, tanto el ámbito militar como en el civil. Desde 2004, tanto en Rojava como en las organizaciones kurdas de Turquía, se ha establecido un sistema de representatividad en el que ambos géneros deben estar representados en las organizaciones políticas y en la milicia en al menos un 40%.

Apunta Pablo Prieto, periodista del Huffington Post, que el desarrollo de esta revolución tanto social como feminista es un fenómeno único tanto en la región como en el mundo. “Tendemos a pensar que Europa es la panacea social, la cima del feminismo, el cénit de los derechos humanos, el paraíso de los oprimidos. Acostumbrados a enseñar, se nos ha olvidado aprender”, escribe, pero al mismo tiempo advierte que existen todavía trabas que resolver, debido a que el proceso es muy incipiente y hay toda una herencia secular por detrás que no puede barrerse de un plumazo. “Más allá de las instituciones revolucionarias, en la vida privada de muchas familias sigue dominando la lógica patriarcal. La función opresora de los hombres es más bien pasiva, y son sobre todo las mujeres las que se reprimen unas a otras, perpetuando roles de sumisión y decencia a través de la presión social […] La gente de Rojava es muy consciente de que la auténtica revolución la va a hacer la siguiente generación. Saben que cuanto más grandes son las escuelas, más pequeñas son las cárceles, y están poniendo todo su esfuerzo en crear estructuras educativas libres para que esto no sea sólo un experimento social.”

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Combatiente de las Unidades Femeninas de Protección (Yekîneyên Parastina Jin o YPJ por sus siglas en kurdo) con uniforme estándar.

Manuel Martorell, en su anexo al libro “Un verano kurdo” de la periodista Zekine Türkery, escribe que las mujeres del Kurdistán “han convertido el derecho a lucir sus atrevidas prendas tradicionales, llenas de colorido, a maquillarse, prescindir del velo islámico o a vestirse a la europea en el estandarte contra el oscurantismo integrista. En las bodas y las fiestas, las mujeres bailan formando círculos junto a los hombres, y su literatura, en la que la poesía popular juega un lugar preferente, está plagada de historias de amor”. Esta imagen nada convencional, para el contexto del Próximo Oriente, que ofrecen las féminas kurdas ha hecho que muchas veces las propias combatientes que luchan contra el ISIS hayan sido más valoradas en Occidente en función de su belleza o su aspecto, por ejemplo con el cabello descubierto, que realmente como miembros de unas fuerzas armadas, cosa que no se haría en el caso de un hombre soldado y menos de un oficial. El hecho de que este patrón de conducta se repita con mujeres occidentales que ocupan puestos de responsabilidad política, en la sociedad civil o en el ejército no es un consuelo.

Un caso de estas características lo expone el referirse a la comandante de las YPJ Asia Ramazan Antar, caída en combate contra el Estado Islámico en septiembre de 2016, como la “Angelina Jolie” kurda. Resulta muy poco serio -independientemente de su parecido o no con la actriz estadounidense- pasar por alto los méritos de alguien que se está enfrentando sobre el terreno a lo que los políticos y militares occidentales califican de amenaza global y primeros enemigos públicos de la Humanidad mediante una comparación desafortunada con un icono del cine contemporáneo. Ni siquiera vale el hecho de que Angelina Jolie haya protagonizado películas de acción o patrocinado causas sociales para justificar el titular: cualquier parecido entre la ficción y los padrinazgos de la Jolie la realidad de los y las combatientes en Rojava son, como se suele decir y sin querer menospreciar a la actriz, pura coincidencia.

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Asia Ramazan Antar

Hay que decir que la guerra civil siria y la lucha contra el ISIS no han sido las únicas veces en las que las mujeres del Kurdistán han tomado las armas para defender su pueblo y su tierra. Desde 1978, año de la fundación del PKK en las regiones kurdas de Turquía, han sido muchas las mujeres que se han alistado en la guerrilla (y, como ya es norma, una mujer, Bese Hozat, es hoy copresidenta del PKK junto a Cemil Bayik). Muchas de ellas, por su cuenta; otras, después de haber visto a sus padres, maridos o hermanos detenidos por la policía turca o tras huir de sus casas debido al hostigamiento policial al tener a un miembro de la familia en las filas del PKK. Sólo hay un caso en que una mujer no pueda coger las armas en las filas de los HPG, los Cuerpos de Defensa Popular, la fuerza militar del PKK, aunque la condición es la misma que en el caso de los hombres: cuando ya haya habido dos personas de la misma familia que hayan perecido en combate. En el Kurdistán iraquí, el retrato de Margaret George, comandante “peshmerga” cristiana, adornaba los salones de muchos hogares kurdos en los años setenta.

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En el frente en Rojava.

Aunque muchas guerrilleras sólo han conocido la lucha armada y la realidad de la misma se impone hoy día para las milicianas, al igual que para sus compañeros hombres la esperanza de la libertad y de la paz siempre está presente. Por eso no puede dejar de mencionarse otras iniciativas en la que también están involucradas mujeres kurdas de dentro del país o de la diáspora (muy numerosa y repartida en países como Francia, Reino Unido, Alemania o España). En el ámbito de la política parlamentaria, Leyla Zana se convirtió en 1995 en la primera mujer kurda presente en el parlamento de Turquía. Y, por ser la primera persona que se expresó en el idioma del Kurdistán dentro de la asamblea legislativa, ostenta también el record de haber sido detenida y condenada a diez años de prisión. Al otro lado de la frontera, en el Bashur, Chinar Saad, socióloga, desempeñó durante un tiempo un cargo ministerial en la administración regional del Kurdistán iraquí. Ellas y las copresidentes de hoy no fueron las únicas mujeres con cargos políticos en la historia kurda: según cuenta la propia Saad, hay que contar con gobernadoras de tribus como Lady Adela a comienzos del siglo XX o la legendaria princesa Hamzad, en el XVIII.

Dentro de Rojava, además de las iniciativas políticas como los sistemas copresidenciales y las cuotas, se han instituido también sistemas de justicia para instruir los casos de violencia contra las mujeres y de formación, en aras de incrementar la autonomía sociopolítica y económica de las mismas. En el exilio, sin embargo, las mujeres kurdas también cuentan con redes propias de socialización y apoyo (como la Federación de Asociaciones Kurdas en Francia, objeto de un atentado en enero de 2013 que acabó con la vida de tres activistas y que las autoridades francesas relacionaron con los servicios secretos de la República de Turquía), en las que la lucha nacional y de género aparecen estrechamente vinculadas. Otra de las iniciativas a destacar es la de las Madres por la Paz, movimiento originado en Turquía, que lucha por el fin de la violencia no sólo en relación al Kurdistán, sino también el fin de la violencia de género en Turquía, un fenómeno que se cobra cinco víctimas diarias en el conjunto del país otomano.

EPÍLOGO

Durante muchos años, desde el tratado de Lausana de 1923, los kurdos han estado acostumbrados a ver decepcionadas sus esperanzas en relación a su liberación. La complicada amalgama de intereses internacionales en la región -y especialmente en el espacio geográfico que ocupa su nación histórica, donde se encuentran las reservas de petróleo y gas más importantes de Oriente Medio y de los cuatro países en que su territorio está dividido-, la alianza histórica de Occidente con Turquía o el peligro a que una revolución izquierdista como la desarrollada en Rojava pudiera contagiar al resto de estados y complicar el statu quo que mantienen las clases gobernantes y sus aliados puede servir de excusa para dejarles nuevamente de lado, aun cuando la aportación de las mujeres y los hombres del Kurdistán a la “guerra contra el terror” está siendo mucho más efectiva, o cuando menos más eficiente, si tenemos en cuenta los medios y los resultados obtenidos, que la que vienen desempeñando algunos de los ejércitos más poderosos del planeta. Conscientes de ello, las milicias kurdas prefieren depender de sí mismas, y aunque colaboren con otros grupos, como las Fuerzas Democráticas Sirias o el ejército iraquí o cuenten entre sus filas con combatientes extranjeros, no desean depender de financiación o armamento procedente de las potencias, confiando en las propias comunidades locales, aunque hayan recibido puntualmente alguna aportación, como en la batalla de Kobane. Nafiz Abdulaziz, responsable local del PKK, lo explicaba de la siguiente forma: “Lo último que deseamos es ser una isla en el desierto, sin ningún contacto con el mundo. Tenemos cosas que dar y ofrecer a Europa, a Estados Unidos y a nuestros vecinos, pero también tenemos reivindicaciones […] Menos de la esclavitud, podemos hablar de todo. Que nadie se presente ante nosotros con un maletín lleno de contratos de esclavitud”.

Las mujeres del PKK o las YPJ se han granjeado una reputación excelente. Son el auténtico terror de los milicianos del Daesh. Morir en combate abatido por una mujer dejaría, según la interpretación de las versiones islámicas fundamentalistas propugnadas por el EI, sin el paraíso para aquellos. Pero no es sólo ésta la razón por la que rendirles homenaje. Su lucha por construir un mundo nuevo, de igual a igual con sus camaradas hombres, desde los frentes y en la retaguardia, recuerda a los intentos más nobles de la Historia por buscar y llevar a cabo un presente y un futuro mejores. Ante esto, sólo puede desearse que su labor sea fructífera y la suerte les sea propicia.

Por ello, sería un gesto esperanzador que, cuando el Estado Islámico sea finalmente derrotado -aunque su derrota no sólo ha de obtenerse por medios militares: hay que responder a las causas por las que tiene tanto poder de atracción entre jóvenes desesperados, sin empleo y sin perspectivas en Oriente y en Occidente-, se reconozca el derecho de los kurdos a la autodeterminación y a gobernarse a sí mismos. Otra cosa es si la comunidad internacional será capaz de responder a tales expectativas y estar a la altura de los -y las- luchadores de Kurdistán.

FUENTES:

Zekine Türkery, “Un verano kurdo. Historias de resistencia al ISIS, a la ocupación y al exilio”. Barcelona, Descontrol, 2016.

Henry Laurens, “Cómo se repartió Oriente Medio”, Le Monde Diplomatique en español, abril de 2003. En http://monde-diplomatique.es/2003/04/laurens.html

Dr. A. Ghassemlou, “The Kurdish Republic of Mahabad”, En web PDKI-Canada. (http://web.archive.org/web/20050915214512/http://www.pdki.org/articles/THE%20KURDISH%20REPUBLIC%20OF%20MAHABAD.htm)

Confederalismo Democrático, en https://solidaridadkurdistan.wordpress.com/confederalismo-democrati co/

Pablo Prieto, “Ser mujer en el país más democrático del mundo”, Huffingtonpost.es, 25/03/2016. En http://www.huffingtonpost.es/pablo-prieto/

Verónica Gonzalo, “Mujeres kurdas, Guerra y Paz”, United Explanations, 29/07/2016, En http://www.unitedexplanations.org/2016/07/29/mujeres-kurdas-guerra-y-paz/

Nathalia Benavides, “Ni Angelina Jolie ni Penélope Cruz: ella era Asia Ramazan Antar, comandante de las YPJ”, 11/09/2016. En https://rojavaazadimadrid.wordpress.com/2016/09/11/ni-angelina-jolie-ni-penelope-cruz/

Wikipedia en español (es.wikipedia.org). Entradas: “Pueblo kurdo”, “República de Mahabad”, “Rojava”, “Fuerzas Democráticas Sirias”, “Unidades de Protección Popular” y “Unidades Femeninas de Protección”.

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